viernes, 7 de diciembre de 2018

Galveston... de Mélanie Laurent



Tras ver esta película decidimos reflexionar durante 48 horas antes de escribir una crítica. Es bueno que las imágenes y el argumento reposen para que el ojo crítico pueda ver la película con mayor objetividad. Al cabo de ese tiempo me planteé lo que me llevó a ver esta película, y a responder a dos cuestiones: ¿Es olvidable? ¿Es una más de redenciones y violencias?

La película lleva el nombre de Galveston. Bernardo de Gálvez fue quien prestó su apellido a esta ciudad del Estado de Texas, en una de las zonas más azotadas por los huracanes de los EEUU. Si mencionamos esto es porque, como podrán comprobar los que decidan ver esta cinta, el huracán es un actor más,, con una importancia especial en el desenlace. En las novelas de Nick Pizzolato, los elementos de la naturaleza tienen siempre un relieve especial que completa su descripción de la “América profunda” que no aparece en los telediarios.

La historia no parece, en principio, excesivamente original. Un asesino a sueldo es víctima de una emboscada cuando va a cumplir un encargo y, a partir de ahí, los acontecimientos se disparan y, tras sobrevivir a duras penas, su vida se une a la de una joven gracias a la cual ha podido escapar, pero que, a partir de ese momento, le provocará sorpresas y sinsabores. Antes, ha ido al médico que le ha detectado una grave enfermedad pulmonar que acortará drásticamente su vida. A la vista de la situación, a partir de la mitad de la película, la vida del protagonista estará vinculada a su nueva amiga (y a sus circunstancias). Buscará redención pero lo que, inicialmente, obtendrá serán decepciones, palizas, persecuciones y desdichas. Será entonces cuando la naturaleza le ayude a resolver todo esto. Ir más allá de estas pistas implicaría desvelar los aspectos más sorprendentes de la trama.

La película tiene un punto débil y varios puntos fuertes. La novela de Pizzolatto (creador de la serie True Detective)  no ha registrado una buena adaptación a la gran pantalla. Algo falla en el argumento que hace que la drama de esta “road movie” no esté redondeada, abunde en situaciones poco justificables e incluso completamente increíbles. Así pues, el guión deja bastante que desear. Menos mal que el resto de componentes de la cinta, compensan esta carencia.
También figura entre los activos más notorios de Galveston, una fotografía oscura, triste, sombría que contribuye a resaltar con su Pantone de colores el drama de unos perdedores situados en la recta final, perseguidos y sin puntos de apoyo, solos uno con otro, sometidos a las traiciones, los cercos y la hostilidad de casi todo lo que les rodea.

La verdad es que me han interesado mucho y en gran medida las interpretaciones de los dos protagonistas: Ben Foster y Elle Fanning. He recordado una frase de la novela NP de Banana Yoshimoto: "Fui una mariposa que voló a la estancia de tu corazón, dónde había una bombilla a punto de fundirse". La fuerza e intensidad interpretativa de ambos, sirve, por si misma, para olvidar el guión e, incluso, hace que, a medida que avanza la trama, obviemos los puntos débiles del mismo para sumergirnos en el clima de los EEUU decadentes y crepusculares. Las frecuentes huidas de los protagonistas se realizan en esos coches norteamericanos, procedentes de los tiempos del glamour y de la gasolina barata, con más de cinco metros de longitud, aspecto de portaviones, motores de potencias inimaginables en Europa y consumos irresponsables de galones de gasolina. Cinta impensable si los protagonistas huyeran en Porsches deportivos o en Wolksvagen cucaracha. La cinta nos lleva por unos paisajes que destacan por su estado de abandono: máquinas oxidadas, decrepitud en las casas, grietas en las carreteras, ausencia de comodidades (para muchos norteamericanos, habitantes de parques de carabanas o teniendo minicasas como el techo de sus sueños) y, como si sobrevivir, fuera un préstamo mal pagado. El paisaje que nos muestra esta cinta recuerda a las zonas más dejadas de la mano de Dios tras la caída del comunismo soviético en Siberia o los Urales. 

La directora, Mélanie Laurent tiene todavía una escasa filmografía: un par de cortos, un documental, una película de adolescentes franceses, dos dramas románticos y poco más. En esta ocasión, ante la disyuntiva de priorizar los aspectos de cine negro, o los del drama romántico, ha optado por esto último, en donde tiene algo más de experiencia. Lo cierto es que, a los problemas ya mencionados del guión, se suman otros vinculados al giro romántico hacia el que se decanta la trama. Y éste es el problema: que en este terreno le falta profundidad en el contenido y se resuelve demasiado atropelladamente.

Cabe decir que, quizás la novela de Pizzolatto, más que una cinta para proyectar en la gran pantalla, hubiera debido tener el formado de miniserie: eso hubiera permitido a los guionistas realizar una tarea de adaptación mucho más fiel y detallada de una novela que, fundamentalmente, buena y que tiene poco de cine romántico: es más bien un thriller de intriga, persecuciones y asesinatos. Pero, a fuerza de comprimir y simplificar, la directora ha tirado por el camino que le resultaba más familiar. 

Con todo, la película es entretenida y el hecho de que se quede a medio gas no implica que, a la vista de lo que se está proyectando estas últimas semanas, no sea una buena alternativa que tener en cuenta a la hora de pasar una tarde entretenida, “sola o en compañía de otros”.

sábado, 24 de noviembre de 2018

The Guilty... de Gustav Möller



Hay películas que sorprenden por su sencillez y por su misma estructura, más próxima al teatro que a la pantalla. Tal es el caso de The Guilty, película danesa de la que lo menos que puede decirse es que es diferente a cualquier otra. La originalidad es relativa porque hemos visto algunas películas con un desarrollo paralelo (Buried [2010] de Rodrigo Cortés, o Locke [2013] de Steven Knigth), pero el impacto que causa en el espectador es inolvidable: lo difícil en el cine es evitar que quienes están sentados en la sala de proyecciones adopten una postura completamente pasiva y esperen que lo que entra por sus ojos sea suficientemente ilustrativo como para evitarles cualquier esfuerzo suplementario. El director de The Guilty ha operado a la manera inversa, exigiendo al espectador que ponga algo de su parte y que, emplee continuamente su imaginación para intuir lo que está ocurriendo. Así pues, a lo largo de los 85 minutos que dura el metraje, el espectador estará obligado a mantener la atención e interpretar las sugerencias que el director le pone como cebo para su imaginación.

Imaginemos la escena: cuatro paredes, un call center, “Asger Holm” (Jakob Cedergren) un policía sancionado recibe las llamadas en las que se requiere la intervención policial o algún consejo ante una situación imprevista. Hay llamadas de todo tipo. El policía, resignado, les aconseja como mejor sabe y puede, muchos de los casos se pueden resolver fácilmente o, simplemente, son situaciones irrelevantes que no exigen intervención ni presencia policial. Pero hay una llamada que le sorprende: la de una mujer que parece haber sido secuestrada; no se trata de una broma, la mujer está, literalmente, aterrada y no cabe la menor duda de su autenticidad. El policía quiere ayudarla: para ello cuenta con los recursos propios de la policía y con la capacidad para localizar la llamada, así mismo envía una patrulla a la vivienda de la mujer en la que, al parecer viven sus hijos…

Lo que vamos a ver a lo largo de los 85 minutos es, en tiempo real, todo el incidente en el cual, una vez más, nada es lo que parece y el compromiso del agente sancionado con la mujer tomará un sesgo inesperado. Mediante ese compromiso, el agente “Holm” intenta redimirse de pasadas culpas. Decir algo más sobre el guión supondría desvelar los giros más dramáticos y sorprendentes de la cinta.

Los recursos cinematográficos utilizados por el director, Gustav Möller, son dos: tomas largas y, el más esencial, el sonido. El espectador no ve lo que está sucediendo al otro lado del teléfono: tan solo cuenta como información con los sonidos que el propio policía va oyendo a través del auricular y con la expresión del policía. Algunas de las tomas sostenidas durante casi media hora (o quizás algo más). Puede entenderse porque, al principio, decíamos que hay algo de estructura teatral en esta cinta y, por lo mismo, puede entenderse lo arriesgado que es trasladar el planteamiento a la pantalla. Para los más mayores que crecieron oyendo la radio, cuando la televisión todavía no había invadido los hogares, esta producción les recordará a aquellas escenificaciones de novelas que hacían algunas emisoras de radio. Bastaba un sonido simulado para que la imaginación del oyente trabajara y reconstruyera por sí mismo las escenas. Aquí ocurre otro tanto. 

Pero esta película hubiera resultado muy diferente sin el concurso del protagonista, Jacob Cedergren, muy conocido en el mundo nórdico y que, además, ha participado en producciones inglesas, francesas, canadienses. Su gestualidad, su dominio de la expresividad y de la voz, hacen que la película fuera imposible sin el recurso a sus habilidades. Se trata de un actor experimentado que ha realizado una inmersión total en el personaje. 

En cuando al director, Gustav Möller, se trata de su ópera prima, su primer largometraje, si bien antes había rodado algún corto que no ha llegado a nuestro país. Möller ha ejercido también como co-guionista y el éxito ha acompañado a la producción. Por el momento, en el pasado Festival de Cine de Valladolid ha obtenido el premio al “mejor guión”, mientras que en el Festival de Cine Europeo ha sido nominada para los premios de “mejor actor”, “mejor guión” y en el Festival de Sundance ha obtenido el Premio del Público. Y estamos persuadidos de que, a la vista de la calidad de la cinta, no se detendrá aquí esta racha.

Una película sorprendente a la que, en lugar de añadir el calificativo de “claustrofónica” (con sus connotaciones negativas), podríamos decir que es exigente con el espectador: le sugiere imágenes que el espectador debe crear en su imaginación. Y nos parece bien que el cine requiera la complicidad y la atención del espectador.

La interpretación del actor  Jakob Cedergren carga con el desasosegante thriller "The Guilty"

Otro dato importante es que la tensión nos lleva a responder como humanos para estar dispuestos a juzgar según a los clichés.

Otro dato importante es el terror que se vive a cada instante que se corta la llamada de un teléfono o de un móvil. El terror a descolgar y el terror al oír el buzón de voz.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Kursk... de Thomas Vinterberg



La historia del submarino Kurtz es bien conocida: hundido, cuando Putin apenas llevaba unas semanas en el cargo y todavía no había tenido tiempo de enderezar la política de su país después de la catastrófica gestión de su predecesor, Boris Eltsin, los distintos intentos de rescatarlo fueron inútiles, precisamente por la política de abandono y corrupción que había caracterizado los años de gobierno del que podemos calificar como el presidente más alcoholizado de un país avanzado. Así pues, si decidimos ver esta película sabemos lo que vamos a ver: una tragedia. Pero lo que vamos a conocer también son los entresijos de ese drama que costó la vida a toda la tripulación del submarino.

Constituye todo un acontecimiento el que en 2018 se pueda ver una película de un suceso guardado como alto secreto hasta no hace mucho y puesto a salvo de la curiosidad de Occidente. Podemos estar seguros de que la verdad ficcionada que nos muestra esta película, no es toda la verdad y que, seguramente, muchos detalles, quedan en los cajones de “asuntos reservados” del Ministerio de Defensa ruso, pero, en cualquier caso, se trata de una aproximación satisfactoria a lo que ocurrió entonces y que puede ser calificado, en rigor, como tragedia humanitaria, más que como desastre militar. 

El primer mandamiento de la marina rusa obliga a prestar juramento de "es estar permanentemente dispuesto a defender mi país, y entregar, si fuera preciso, mi propia vida". La película no puede verse sin tener en cuenta este mandamiento.

Algunos recordamos perfectamente lo que hacíamos aquellos días, entre el 12 y el 21 de agosto del año 2000, y el interés con el que seguíamos por los medios de comunicación las noticias, servidas con cuentagotas, sobre el destino de los infortunados marineros del submarino nuclear Kurtz. Entonces, quedaron muchos interrogantes sin resolver y, a la postre, la única certeza es que, el último día -que coincidió con mi cumpleaños- se dio a la tripulación por perdida. Ahora nos llega la película presentando algunas claves y el desarrollo de los sucesos tal como se produjeron.

La película nos acerca a la vida cotidiana de los tripulantes, a la camaradería y fraternidad entre ellos, a las relaciones con sus familias, lo justo para convencernos de que esos valores son necesarios al convivir en el reducido espacio de un submarino varado a más de 108 metros de profundidad (Mar de Barents tiene 600m de profundidad) y para poder entender la espera angustiosa de los familiares.

A diferencia de otras películas cuyo protagonista es un submarino ruso (recuérdese K-19 [2002] o La caza del Octubre rojo [1990], Marea Roja [1995]), embarcado en alguna de las fases de la Guerra Fría, en donde todo lo que ocurre es ficción, los hechos que se narran no están lastrados por la propaganda propia de aquel conflicto: la película, en realidad, rinde un homenaje a las víctimas y a sus familiares, recordando al mundo, las vidas perdidas en ese día.

Los tripulantes de los submarinos de todo el mundo están hechos de otra pasta; no son los habituales lobos de mar conocedores de puertos de todo el mundo, sino gentes que aceptan el hecho de que un accidente o un ataque destructivo tiene como único resultado la imposibilidad de sobrevivir. Salir de un submarino hundido a 1.000 metros de profundidad es, incluso en la actualidad, prácticamente imposible. De ahí que el mantenimiento de estas unidades se lleve al día o de lo contrario, se corre el riesgo de que muera toda la tripulación. 

Los especialistas reconocen que el Kursk fue la última tragedia de una larga retahíla de desgraciados sucesos navales que afectaron en aquellos años de abandono a la marina rusa. La falta de presupuesto, pero sobre todo, el vacío de autoridad generado en el período de presidencia de Boris Eltsin, hicieron que, una pieza necesaria para el rescate del submarino, simplemente, hubiera sido vendida por algún desaprensivo. El Kursk escenificó lo que ya se intuía desde el desastre de Chernobyl: el colapso de la URSS como superpotencia, con todas sus implicaciones; la primera de todas, la imposibilidad de mantener una abultada, envejecida e insostenible máquina militar que había conducido a la URSS a la ruina económica. Cuando Putin dijo basta y liquidó de un plumazo el período Eltsin, encarceló a los oligarcas y asumió decididamente el timón de lo que se había convertido en una nave sin rumbo, las cosas empezaron a cambiar. Pero, desgraciadamente para los tripulantes del Kursk, Putin llegó al poder solamente tres meses antes de la tragedia. 

Lo que vamos a ver en esta película es un testimonio de historia contemporánea, inscrita en el período que sucedió a la Guerra Fría. En sí misma, la película es un producto notable de un director con un amplio historial, capaz de afrontar cualquier registro narrativo y salir indemne de todos ellos. 

Posiblemente haya algunas concesiones al espectáculo, como la incorporación al reparto de Max Von Sydow, Collin Firth o Martin Brambach, sin olvidar el hecho de que el guion ha sido elaborado a partir del bestseller de Robert Moore, A Time to Die, que aquí ejerce como guionista. Vale la pena mencionar también que la película ha sido producida en Francia, dirigida por Thomas Vinterberg, cineasta danés, uno de los fundadores del movimiento Dogma95 y en cuyo historial encontramos una cinta con el nombre de Submarino (2010) que curiosamente, no se refiere a ningún navío sumergible, sino que resulta un viaje a las profundidades y al submundo de la sociedad danesa. El protagonista principal es Mattias Schoenaerts que, previamente, ya había trabajado con Vinterbegt en Lejos del mundanal ruido (2015) y, hoy por hoy, uno de los rostros más conocidos del cine centroeuropeo.

Una película que se estrenó en la pasada edición del Festival de Toronto cosechando buenas críticas y que, en realidad, puede ser considerado como un testimonio muy riguroso y respetuoso, sobre aquella tragedia. Gustará a los que, en su momento, no se explicaron el por qué de aquel hundimiento, ni la reacción de las autoridades rusas: aquí encontrarán algunas de las claves y entenderán la coherencia de lo ocurrido y por qué ocurrió. Existen aficionados al “cine de submarinos” que no deberían desaprovechar la ocasión de ver esta cinta. Para los amantes del cine de Vinterberg, resulta una cita ineludible. Y luego están todos aquellos espectadores en busca de argumentos originales que quieran ver una buena película. Esta lo es, por mucho que, desde el principio, sepamos cuál va a ser el desenlace final.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Dogman... de Matteo Garrone



Película basada en un hecho real que ocurrió en Italia a finales de los años 80, cuando un ex boxeador fue asesinado por el dueño de una peluquería canina que, de paso, era un pequeño camello de barriada, generó alarma social y, aún hoy, es considerado como uno de los crímenes más sangrientos e inexplicables que se han cometido en aquel país. Matteo Garrone, co-guionista y director de esta película intenta explicar lo inexplicable y, desde luego que lo consigue.

Desde que Jean Paul Sartre escribiera en la postguerra A puerta cerrada, sabemos que “el infierno son los otros”, algunos cineastas se han preocupado por demostrarlo, pero Garrone tiene intención de ir más allá: “sin la mirada del otro no somos nadie”. Dejamos de existir. Dado que resulta imposible vivir en soledad, buscamos la mirada del otro de forma angustiosa porque necesitamos saber que existimos. Tal es la moraleja que hemos extraído de esta cinta de 102 minutos. Si tuviéramos que dar una disertación sobre la existencia del ser humano y sobre su naturaleza, el visionado de esta película sería el obligado acompañamiento. Porque Dogman es una película valiosísima por la facilidad con que el director Matteo Garone y el actor Marcello Fonte nos llevan a bucear en la complejidad de las servidumbres humanas.

La trama se desarrolla en la Roma de finales de los años 80, en un arrabal de la periferia, hostil y agresivo, incómodo, vacío, polvoriento. El barrio está poblado de tipos pintorescos que evolucionan como perdidos en un mundo que no terminan de comprender: unos optan por sobrevivir como pueden, otros no han renunciado a la idea de ser los “amos del gallinero” y los hay que solamente se preocupan por su trabajo. El protagonista, pertenece a los primeros: no le importa tener unos modestos ingresos peinando a distintas razas caninas, ni tampoco sacarse algún beneficio extra trapicheando con cocaína. Con todo apenas puede proyectar algún viaje con su hija. Un mal día, su amigo Simone, un delincuente profesional le convencerá para que le deje las llaves de su establecimiento para cometer una maldad que… como cabría suponer no solamente acaba mal, sino que se convierte en el desencadenante de una serie de “castastróficas desdichas” sobre las cuales la cinta transmite su mensaje y su moraleja.

Las escenas nos muestran a una Roma que no es ni la “dolce vita”, ni la del Capitolio o la avenida de los Foros Imperiales, de Piazza Navona o del Vaticano. Es una Roma convertida en pesadilla, alejada de la civilización, con paisajes desamparados y que ha dado la espalda a cualquier noción de progreso. Y en medio de todo ese fango se mueven una serie de personajes, que, en el fondo, generan una irreprimible tristeza. El hecho de que el protagonista se dedique al negocio de la peluquería canina se podía haber prestado a afirmaciones como “lleva una vida de perros” y a algunas ironías en las que el director no cae: es más, aprovecha algunas tomas para mostrar a otros actores excepcionalmente fotogénicos, los perros. 

Al principio decíamos que la película se basa en un suceso real y que la intención del director y del equipo de guionización ha sido tratar de entender lo que ocurrió y por qué ocurrió. Además de lograr presentarnos una interpretación satisfactoria y convincente de los hechos, lo que esta película nos obliga casi es a empatizar con el protagonista y con sus motivos para hacer lo que hizo. Si el lema de la justicia, “odia el delito, compadece al delincuente”, tiene algún sentido, éste se encuentra en el metraje de esta cinta y en su protagonista principal. Tras verla se experimenta una sensación amarga: el protagonista no tiene redención posible, ha cometido su crimen bajo efecto de la cocaína y todo podía haber terminado de una manera mucho menos dramática. Ha querido ser visible, hacerse visible para todos aquellos que durante años lo han ignorado, y se ha hecho tan visible que ha terminado en primera página de la prensa sensacionalista.

Garrone, en su filmografía se ha sentido siempre atraído por el mundo de la delincuencia y el submundo romano que ya estaba presente en las tres historias de su primera película, Terra di mezzo (1996), sobre la lucha de los inmigrantes que tratan de salir adelante, como sea y sin reparar en lo que sea. A ésta siguió Ospiti (1988), también con el trasfondo de la inmigración albanesa que intenta integrarse en una Roma que cada vez desconfía más de ellos y mucho más en un barrio residencial en el que los alberga un amigo burgués. Tras dos comedias sin mucha historia, en 2002 rodó El taxidermista, en el que ya muestra un interés particular por el estudio de la condición humana. Gomorra (2008), será su cinta más celebrada y premiada; en ella nos introdujo de lleno en el mundo de los bajos fondos y en su ley impuesta en Nápoles y Caserta: la ley, no del Estado sino de la camorra. Por un sendero más amable circulo su siguiente película, Reality (2012), comedia dramática sobre un timador al que le convencen para que entre en el casting de El Gran Hermano. Tras El cuento de los cuentos (2015), una tragicomedia fantástica, regresa a la temática que más le interesa con esta película, Dogman de la que no dudamos que recibirá una granizada de premios en los próximos meses (los Oscar 2019 están a la vuelta de la esquina), como confirmación del galardón que ya recibió en el pasado Festival de Cine de Cannes.

Además del meritorio trabajo de Garrone en la dirección y en la guionización, merece destacarse especialmente la actuación de Marcello Fonte en el papel protagonista, una de las mejores actuaciones que recordamos en este año 2018. 

domingo, 21 de octubre de 2018

Un día más con vida... de Raúl de la Fuente y Damian Nenow



Lo primero que sorprende al leer la ficha de esta película es que es el producto de una cooperación hispano-polaca-germano-magiar-belga… La cosa parece todavía más complicada si tenemos en cuenta que el director es Raúl de la Fuente, navarro, que, hasta ahora, había filmado media docena de documentales que parecen tener poco que ver con una película de “dibus”. Porque, Un día más con vida, es precisamente una película de animación, en la que el co-guionista es el propio director. Luego resulta que todo es mucho mas simple de entender.

En efecto, de la Fuente, se ha especializado en documentales sobre el llamado “tercer mundo” (La fiebre del oro [2017] situado en Mozambique, Alto el fuego [2017[ sobre el conflicto colombiano, I Am Haiti [2014] dice mucha sobre las tradiciones ancestrales de la población, en Minerita [2013] se alude a zonas mineras sin ley en Bolivia y, finalmente, Nömadak Tx [2006], sobre el viaje de dos protagonistas por todo el mundo en busca de afinidades a través de la Txalaparta). Puede sorprender que el director navarro se haya pasado a los dibujos animados, pero no tanto el tema que ha elegido: la estancia del periodista polaco Ryszard Kapuściński en Angola durante los últimos momentos de la presencia portuguesa en aquella colonia. De hecho, la temática de su anterior documental, La fiebre del oro, se desarrollaba en Angola.

La palabra que resume todo lo que Kapuściński vió y vivió en aquellas jornadas es: “confuçao”. Lo que vemos ocurrió en 1975: los portugueses se estaban retirando, los cubanos y los alemanes orientales estaban presentes al lado del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, uno de los grupos guerrilleros más activos contra la dominación lusitana. Pero en el otro lado del país, actuaban los pro-chinos del Frente Nacional de Liberación de Angola y, para colmo, en el sur del país, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, con bases en Sudáfrica, iba ocupando terreno y luchando, en tanto que fuerza anticomunista, contra los otros dos grupos. Mientras, los portugueses trataban de salvar lo salvable y hacer las maletas. Y en eso que Kapuściński aparece en tanto que corresponsal de la Agencia Polaca de Prensa (PAP) e intenta comprender qué es lo que está pasando en el país. No era la primera vez que aterrizaba en las colonias portuguesas en África. Lo había hecho en los años 60 y 70 y sus reportajes le proporcionaron fama mundial. Lo que vemos en la película es todo este caos tal como lo vio el periodista polaco. 

El film está rodado en “rotoscopia” (redibujar un fotograma, calcándolo del anterior mediante determinado software) y con formato documental. Es pues un interesante producto híbrido entre lo uno y lo otro que recuerda a Vals con Bashir (2008), Waking Life (2001) o Persépolis (2007). Todos ellos toman elementos de la realidad política o científica para hibridar documental y dibujo animado. Suele dar buen resultado por la posibilidad que hay de reconstruir episodios sobre los que no existe material gráfico o sería excesivamente costoso hacerlo con actores.

Kapuściński, además, es un personaje interesante. Fue premio Príncipe de Asturias en 2003 y, hasta su muerte gozó de fama internacional. Este docu-dibu (si se nos permite la licencia) está basado en los propios relatos que realizó el periodista. No hay garantía de que todo lo que cuenta sea la realidad que vio. De hecho, si de algo peca este documental, es de ensalzar excesivamente la trayectoria de Kapuściński hasta el extremo de atribuirle una aureola de heroísmo que el personaje no tuvo. Y, por lo demás, se olvidan algunos datos imprescindibles para valorar lo que estaba haciendo el periodista en Angola: como que fue miembro del Partido Obrero Unificado Polaco (el partido comunista que contribuyó a mantener durante 40 años la dictadura en su país) y que, no solamente trabajaba para la Agencia adicta al régimen, sino que, además, era su único corresponsal en el extranjero. Y esto era así, simplemente, porque Kapuściński trabajaba para el espionaje de su país, distorsionaba noticias en interés de su gobierno y, para colmo, nunca citaba fuentes comprobables. Elementos que están más que demostrados en la biografía elaborada por Artur Domaslawski (que colaboró con él).

Pero, a pesar de este aspecto, controvertido en la tarea profesional de Kapuściński, la película nos aproxima a aquellos caóticos momentos y nos dice mucho sobre cómo se llevó la “descolonización” en África (y no sólo en las colonias portuguesas). Nos dice también algo sobre el oficio de corresponsal de guerra. La película invita a buscar y visionar algunos de los muchos documentales de noticias que en aquellos momentos contaban la realidad sobre lo que ocurría en Angola. 

La pregunta que se formula el propio Kapuścińsken la película es “¿La presencia de los reporteros puede cambiar el curso de la Historia?”… pregunta, en nuestra opinión, demasiado engreída. Cualquier corresponsal que trabaje para un medio de comunicación sabe que ese medio publicará las informaciones que interesen a la empresa periodística propietaria. Y no digamos, si se trabaja para una agencia de prensa oficial de un país con régimen estalinista… 

La película es interesante, tanto por lo que cuenta, como por cómo lo cuenta y, por supuesto, por la técnica utilizada. No hubiera estado de más un poco de realismo a la hora de valorar el papel de Kapuścińskallí y entonces. El periodista solo dejó de ser un hombre del aparato estalinista algo más de un lustro después de lo que nos cuenta la cinta, cuando la revuelta de los astilleros de Danzig y la formación del sindicato Solidarnosc, auguraban que el régimen periclitaría en breve... Hubiera sido de desear que el co-guionista de la cinta, el polaco Damian Nenow (que no podía ignorar estos datos) hubiera puesto los puntos sobre las íes, y limitado los aspectos heroicos del periodista, para dar prioridad a la descripción del drama angolano, ante el que ni periodistas, ni observadores, ni nadie, podía hacer absolutamente nada. La “confuçao” es la “confuçao” y nada pueda hacerse cuando se apodera de un país.

Una muy buena película, con momentos culminantes, un dibujo sencillo, un buen ritmo narrativo y un nivel de calidad técnica próximo a la excelencia.

Puntuación: Confuçao (un guiño a la película) 

jueves, 11 de octubre de 2018

Burning, o el extraño thriller del pirómano coreano... de Lee Chang-Dong



Hay que ser muy aficionado al cine coreano para resistir una proyección de dos horas y media. Y, sin embargo, ésta lo merece. Se trata de una película interesante, misteriosa, parsimoniosamente lenta, en la que hay que interpretar los detalles y los símbolos. No puede evitarse caer en microsueños a lo largo de tan dilatado metraje como cuando conduces por una autopista de noche y tus párpados ceden a la suave monotonía hipnótica de las líneas blancas de la carretera.

La película fue una revelación en el último festival de Cannes recibiendo alabanzas y parabienes de la crítica y del público. Está basada en un relato corto de Haruki Murakami, autor japonés multilaureado con enfoques surrealistas y cierta tendencia al fatalismo. Con este material, el director Chang-Dong ha compuesto un thriller muy alejado de los estándares occidentales y que, seguramente por eso, sorprende al espectador.

La película nos muestra a un escritor que nunca ha publicado relato alguno y que, entre tanto, ejerce de mensajero y un joven adinerado que sueña con ejercer su pasatiempo: provocar incendios (de ahí el nombre de la película). “Jongsu”, el empleado de mensajería, que se encuentra por casualidad con una chica del vecindario, “Haemi”. Ambos simpatizan y ella le dice al mensajero que va a pasar unos meses en África y que le cuide su gato. Al volver, le presenta a un joven millonario y excéntrico que la corteja y con el que el mensajero se relacionará estrechamente hasta el punto de recibir una extraña propuesta: acompañarle en el incendio de un invernadero. El joven acomodado, al parecer, suele aliviar su estrés mediante el ejercicio de la piromanía. Eso le calma la tensión. Pero, a partir de ese momento, la cinta entra en “modo thriller” y entenderán que no les contemos más. 

Lee Chang-Dong es, en estos momentos, el cineasta coreano por excelencia. Desde 1997 ha filmado distintas cintas, todas ellas ambiciosas y atípicas, que hasta ahora han llamado la atención en Occidente. Ésta, además, ha sido premiada y cubierta de elogios. Es un director que “trabaja” sus películas, siempre hay varios años de distancia entre ellas, tiempo que dedica a perfilarlas con obsesión compulsiva. El resultado son cintas muy bien acabadas que responden sobre todo a la estética y a la narrativa de aquellas latitudes: preciosismo parsimonioso. Los códigos con los que se mueve el cine coreano no son muy diferentes a los utilizados en Japón (por mucho que en ninguno de los dos países guste esta comparación).

El visionado de esta cinta aporta interesantes detalles -la importancia, siempre, está en los detalles- sobre aquel país. En efecto, Burning es interesante por las pinceladas de su morfología. Nos habla de una Corea del Sur dónde los jóvenes millenials sobreviven a duras penas como en cualquier país avanzado. En la actual y moderna Corea del Sur existen los jóvenes con economías modestas, angustiados por las deudas que van contrayendo sus tarjetas de crédito. Mientras, envidian a los “Gatsbys”, individuos misteriosos, adinerados y amorales. Los protagonistas de esta cinta responden a estos arquetipos. La vivienda en donde vive ella “Haemi” ha sido elegida como muestra de hasta qué punto los jóvenes que se han independizado de sus familias están obligados a vivir en chozas claustrofóbicas. 

La película también nos dice mucho sobre la situación política en la frontera entre las dos Coreas que es, justamente, donde se desarrolla la trama. Desde allí, los protagonistas pueden oír a través de altavoces y bafles derrochando vatios, los mensajes, las consignas y las arengas lanzadas desde Corea del Norte. Nos habla también de dos formas de ver la libertad de bailar y desnudarse en el atardecer.  El pobre, envidioso y obsesionado Jongsu le dice, al finalizar, a Haemi que es una puta. 

El espectador deberá estar pendiente y luchar contra la tendencia que le invadirá en algunos momentos y le sumirá en breves microsueños, no por aburrimiento, sino más bien por la hipnosis que sugieren algunas escenas. Si consigue mantener la lucidez a lo largo de toda la proyección verá la aparición de símbolos esparcidos a lo largo de todo el metraje. El primero de todos ellos es el que la protagonista femenina dice haber sido compañera de escuela del mensajero, pero éste no le recuerda. Ella afirma que ha cambiado… se ha hecho cirugía estética. Y que si lo ha hecho ha sido por culpa del mensajero que, siendo compañeros de clase, la consideraba fea. Ahora la ve con otros ojos y se deja seducir. Y luego está ese gato que ocupa un lugar preferente en la cinta (y el drama es que no podemos contarles el por qué, pero el final está marcado por la presencia de este misterioso animal doméstico). La sucesión de símbolos es tal que cada escena tiene alguno presente. Los orientales son así… y corresponde al espectador occidental captar, asimilar e integrar esos símbolos porque, en el cine coreano, suelen decir mucho más que las frases o la acción de los protagonistas.

Película muy interesante desde todos los puntos de vista, original, creativa, sugerente, misteriosa y transida de pasiones y obsesiones humanas. ¿Las dos horas y media? Su hándicap. Parece como si el tiempo Coreano transcurriera más lentamente en Europa. De ahí la inadaptación del cine coreano a la forma de ser europea. Pero tal inadaptación solamente puede ser compensada por un interés y una intriga crecientes en el relato. En esta película este elemento está presente y es el capital. Película para amantes de los ensayos cinematográficos orientales. Aconsejable para los aficionados a los thrillers que no tengan excesiva prisa en ver el final. Gustará a los amantes de películas atípicas y a los estudiosos del alma humana, a los que aman el pensamiento simbólico y a los lectores de Murakami.

martes, 18 de septiembre de 2018

Braga I... al norte de Oporto


La mañana se presentaba como nuestra despedida de Oporto y la bienvenida a Braga. Lo que habitualmente llamamos "Día de Tránsito".

La mañana pretendía y lo conseguía con creces, despedirse de nosotros con niebla, pero no la habitual de estos días, no, la niebla de hoy nos estaba mojando las ropas, la piel, las manos además con frío pastoso.

Listos y en estado de revista, ya estábamos con nuestra maletas delante del Barquero para llevarnos a la otra orilla y subir al bus 500 parada Gás con destino a la Estaçao Sao Bento y de allí tren a Braga.

En alguna ocasión me he acordado de Dante y Caronte, el barquero del Infierno. En el Canto III de la Divina Comedia de Dante, Caronte era el barquero de Hades, encargado de transportar las almas de los difuntos en su barca.

En una hora y algo, en un tren limpio, hemos dirigido nuestros pasos al apartamento en Braga. Céntrico y super agradable para una pareja con una terraza desde dónde divisamos la ciudad y su núcleo histórico. Unos 40m2 de terraza, casi una vivienda.

!!Una cama que no se mueve!! Todavía en según que momento noto el vaivén del barco y me da una sensación de mareo estando en suelo firme y eso que sólo he estado 4 noches. No sé como lo deben llevar los marineros, pescadores, gente que trabaja en cargueros, cruceros de ocio. 

Acabamos dar nuestro primer paseo por las calles más céntricas y en ellas están todos aquellos edificios más emblemáticos. También las firmas de moda más importantes, no al nivel de Glasgow, pero nada despreciables.

Hemos comprado frutas, galletas, agua, etc,. Y esta introducción viene a cuento porque mi marido que es un fan de las chuches o confites ha comprado una bolsa donde hay una indicación que no había leído. Los confites de geles dulces tienen el E102 e informan de que puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños. Por favor!!

Información del clima: hace un calor impresionante incluso las señoras, las chicas jóvenes van con colores alegres y veraniegos en sus ropas. 

Como ya he comentado que estamos en medios de edificios históricos religiosos porque algo que no sabía es que Braga desde el año 1070 d.C., la ciudad es símbolo de una importancia religiosa. Antes de Cristo, celtas, romanos, suevos y visigodos han ocupado Braga. Los romanos ya le dieron un nombre como ciudad Bracara Augusta fundada por Augusto en el año 16 a.C. 

lunes, 17 de septiembre de 2018

Oporto IV... visita a Fundaçao de Serralves



Estaba programada una maratón o prueba deportiva en Oporto. Calles cortadas y el tráfico desplazado a otras zonas.

Nuestros  planes eran de acrecentar nuestra cultura artística:
1. Visitar el Museu de Arte Comtemparânea
2. Fundaçao de Serralves

Ambos están ubicados en un espacio privilegiado. La Fundaçao es el centro cultural más importante de Oporto. Se compone de dos edificios notables: El Museu de Serralves diseñado por el arquitecto Siza Vieira y la Casa Serralves, de aire art decó, que fuera casa de los Condes de Vizela.

La visita al museo comprendía ver obras fotográficas. De la que me voy a recordar es una fotografía de Boyd Webb llamada The Conservationist de 1978. A partir del día 20 habrá una exposición del Robert Mapplethorpe. Si buscáis su biografía es todo un personaje polémico.

Vimos las obras de Anish Kapoor y su laboratorio de proyectos.

El resto de fotografías no llegaron a impresionarme porque las encontré muy básicas en el 2018. Cualquier experto artístico en Photoshop, hoy por hoy sorprende más. 

Me gustó más el continente (Edificio del Museo) con sus grandes ventanales que permiten perphormances artísticas. Ver el jardín, formando un lienzo fotográfico in situ y diferente por los cambios en segundos de luz y climatología.

Existe un circuito por toda la finca donde están instaladas obras escultóricas. La más simpática es la pala de jardinero de Claus Oldenburg & Coosje Van Bruggen de 2001.



En la entrada al museo nos recibe una obra cúbica de Anish Kapoor llamada "Bajada al Limbo". Hace poco salió en las noticias que un visitante italiano de 60 años fue hospitalizado por caer en la escultura ya que cuenta con un foso de 2,5 metros de profundidad.

Me encantaron las 56 maquetas concebidas por Anish Kapoor a lo largo de 40 años. Es verdad que están desarrolladas sólo desde un punto de visión. Al contemplar las 56 maquetas una tiene la sensación de estar escuchando el Bolero de Ravel... "variaciones sobre un mismo tema".

Posiblemente la base de cualquier arte sea la obsesión del artista por un tema. Desarrollado hasta la saciedad. También es verdad que el artista se obliga a exprimir su obra antes de que lo hagan otros por él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Oporto III... hasta las gaviotas necesitan faros


La mañana de sábado 15 la comenzamos tarde para nosotros. A las 10h. por fin! salimos a caminar con 3 objetivos:

1. Ver la Reserva Natural do Estuario do Douro
2. Ver el Atlántico del lado Norte de Oporto
3. Ver la city center desde la Estaçao do Sao Bento a la Catedral, Mercado Ferreira Borges

El primer reto era muy interesante por la cantidad de pájaros a cual más distinto allí congregados en las dunas. Distingo gaviotas, garzas, patos pero no me pidan más porque no entiendo de pájaros. 

Todo muy cuidado y con la información precisa de las variedad que llegan a esos remansos de agua y arena.

El destino cuenta con rutas para corredores, caminantes y una pista exclusiva para ciclistas en rojo que parece ha sido promovida por la UE. 

Hay dispuestos varias cajas de madera de observación afín de con unos prismáticos verlos sin que haya presencia humana. Al lado hay una playa espectacular aunque el tema de hoy sigue siendo la niebla o bruma nuevamente intensa.  

Después de este breve recorrido, hemos vuelto por el mismo camino para subir al barco Menino do Douro con la intención de ir a la otra margen del río, a la altura de la Rua do Ouro. Nada más bajar hemos llegado, en dirección hacia el Atlántico, a un nuevo observatorio de las aves sin tantas medidas se observación. Las gaviotas están super acostumbradas a la presencia humana. Allí hemos hecho un montón de fotos.

El Faro situado enfrente del Fuertte Sao Julio do Foz señala el inicio del mar dejando atrás el río. También es el inicio de la playa. 

Curioso ha sido ver que a pesar del intenso oleaje, a pesar de la niebla, a pesar de que no había esperanza de se asomara un rayo de Sol... la gente estaba en la playa, con bañador y parecían felices de disfrutar de un magnífico día de playa, eso si, ayudados con unos cortavientos individuales que les permitía leer cualquier libro. 

Cuando hemos visto la escena... recuerdo que la gente que frecuento en Barcelona y el Maresme en cuanto hay una sola nuvecilla ponen rumbo a la confortabilidad del hogar.

Para llegar a cumplir con la 3 opción hemos subido al bus 500 que nos ha llevado por las orillas del río hasta el centro de Oporto.

La verdad es que eran cerca de las 13h. y teníamos apetito, de modo que nos hemos alejado de los restaurantes para turistas y hemos entrado en uno de comida casera llamado CasaBalsas en la Rua Saraiva de Carvalho, 53 y ha ocurrido una escena que no daba crédito por ser la mar de divertida. 

Mi marido todo hay que decir es muy ansioso, pero mucho, mucho en general pero con la comida es tremendo y les pido que retengas este dato. Así que en el momento de pedir la comanda hemos elegido lo más típico: bacalao para los dos. Aunque yo añadí una sopa del día. No pregunté de que era. Muy rica, como una crema de patatas, zanahorias, con unas espinacas pelín amargas.

A medida que decía lo sabrosa que estaba, mi marido mirándome pensando... yo quiero algo mientras veo como se deleita con la sopa. Así que mira la carta y pide una salchicha alemana. Ah!... que bueno la reacción de la señorita que nos atendía. Ella con decisión le dijo que no, que no lo pidiera porque con el bacalao tenía suficiente. Que si, que no, que si, que no. Al final obedeció como un estudiante en el comedor del colegio. Cuando se fue la chica me entró la risa y la verdad es que no la podía contener, pero enseguida hice un esfuerzo por seguir con la comida. 

Llegó el esperado bacallao y la guarnición de patatas con unas sabrosas cebollas. Realmente te llenaban lo suficiente para no pedir nada más ni siquiera postre. 

Me sorprendió y me encantó como controlan a los clientes ansiosos. El personal que atiende a lo largo del día sabe que al final sobran y sobran comida y tirarla no puede ser rentable. De modo que la comida casera hizo que nos sintiéramos como niños de mala crianza.  

sábado, 15 de septiembre de 2018

Oporto II... recorriendo la city centre


El viernes 14 ha comenzado a las 7:30h caminando por la Rua de Praia con el objetivo de llegar a la Estaçao Sao Bento. De buena mañana y con las tiendas y comercios cerrados. No así los "motivadores del ejercicio" corredores, ciclistas y caminantes. 

Hasta el 1er. puente de Don Luiz I vienen a ser 1 hora y algo de caminar unos 4,5Km. Objetivo conseguido. Antes de atravesarlo en la base, ya que es para coches y peatones, nos hemos sentado primero para reponer el cansancio tomando unas nueces, avellanas y arándanos y segundo para ver los Rabelos de exposición de las bodegas de vinos de Oporto. Hay muchas con nombres ingleses o casi todas. Antes de llegar a este punto a la altura de las Bodegas Churchill y Ferreira en la Avd. Ramos Pinto hemos visto que reparaban y construían Rabelos con la estructura de barco nórdico-wikingo ya que no tienen quilla, no tienen profundidad o sea poco calado y son más aerodinámicos. 

Atravesamos el puente de Don Luiz I construído por Théophile Seyring y mi marido no se hace el subir las escaleras que nos dejan en línea con la Estaçao de So Bento. Así que observa, mirando con la esperanza de sentirse liberado de futuras güjetas en las pantorrillas, que hay un funicular y por 2,5€.

Quedo impactada por las cantidad de turistas, grupos de Inserso inglés o francés, que hay circulando por la Avd. Alfonso Henriquez, R. Mouzinho Silveira, Rua das Flores y más arriba llegamos a la Avda. Dos Aliados.

Demasiado turismo, demasiado. La suerte es que es bastante menos ruidoso. Aunque el cambio en 3 años es alarmante. Espero que no lleguen a los extremos de brutalización en que nos llega el turismo a Barcelona: incívico y de porro.

En la Estaçao de Sao Bento apenas se pueden hacer las fotografías de los azulejos que decoran las paredes, todas de color azul. representando escenas curiosas.

Hay un McDonald en letras de oro en un edificio con una entrada singular. Pedimos algo básico mientras decidimos el recorrido en el mapa. 

Después nos hemos querido acercar a la Livraria Lello en la calle R. Clérigos y R. Carmelitas. Imposible y aburrido por la hilera de personas haciendo cola con un calor impresionante. Además son de esas situaciones que después de horas de espera, entras y ya te van empujando para salir.

Hemos llegado al parque de la Pç da Cordoaria donde he vuelto a alegrarme pues hay unas esculturas que, no las olvidas  porque no las esperas y los árboles que conocemos como plataneros tienen una base cónica, hinchada y bastantes extraña como si tuviera parásitos haciendo un nido en la base, parecida la textura a los nidos de golondrinas.

Soy una enamorada de las formas clásicas y austeras en la arquitectura y el Palacio da Justiça es sin duda un ejemplo que admiro. Incluso la escultura de la diosa. Es muy curioso que no lleve una venda en los ojos, es muy curioso que debería sostener la balanza en el aire y bien visible. Esta aparece insignificante. El lenguaje poderoso de esta Diosa de la Justicia reside en la espada. la sugerencia es bastante evidente. 

Después de reponer las fuerza a base de agua, galletas y frutos secos enfilamos la Rua da Restauraçao que recuerdo habían graffitis muy interesantes. Hoy no hay grandes destellos y genialidades.

Salimos por fin a a orilla Norte del río Duero, concretamente en la Rua de Monchique, caminamos hasta la Rua de Ouro y allí esperamos el barco que por 2€ nos llevará al otro margen del río, a pocos metros de la Marina. 

Hay una curiosidad en la Marina... la gente tiende su ropa en la calle sobre unos artilugios de palos, piedras y cuerdas.. Hay uno de los pocos lavaderos, que sirve tanto para los lugareños, los que viajan en caravanas y algún que otro limpio indigente.

Lavadero de Afurada. El edificio de lavaderos públicos con señoras alegres que lavan mientras mantienen una animada charla. Hay señoras que incluso lavan por encargo. Es el Twitter y el Facebook de los tiempos antiguos. 

Una vez lavada la ropa la tienden fuera en pleno muelle pesquero donde la luz del Sol y la brisa del mar hacen que la escena sea maravillosa. Me produce un salto al mi pasado, a mi infancia donde mi mama y otros mujeres subíamos al terrado a tender las sábanas y los niños jugando al escondite. Una escena maravillosa. Las madres cansadas por el trabajo de lavar, aunque orgullosas de la blancura de las ropas,  y la risa y juegos de los niños.

Por fin sobre las 15h volvemos al barco y con los ánimos de hacer una siesta reparadora. 

viernes, 14 de septiembre de 2018

Oporto I... la ciudad que me invita a volver.


Escribo estas notas después de superar nuestra primera noche en un barco/barquito de 8m de eslora. Estamos en la Marina de Oporto, en el lado Sur del Río Duero. 

A medida que por la noche, con la sana intención de dormir, hemos cerrado las partes más vulnerales del barquiri, se ha ido reduciendo el espacio para movernos.

No he parado de reír, en plan ataque de risa. La risa seguía aumentado al acordarme de la película Una noche en la Opera(a Night at the Opera) de los hermano Marx. Mi marido de 1,83 cm y yo, movéndonos como si bailáramos un chotis de Madrid. El mini lavabo, la mini cocina y la cama del tamaño para un japonés. Hemos dormido como si fuéramos 2 varillas guiando una tomatera por los pies. 

He descansado mucho porque el barco se mece como si fuera un guisante flotando en el cazo de agua a punto de hervir. 

Resulta muy emocionante el regalo que me la dado el Destino... en el 2015 visité Oporto como quién en la guerra avanza dejando las tropas para descubrir zonas amigables. Ahora en septiembre de 2018 nunca pensé que volvería pudiendo dar la mano a mi marido. 

Volver a Oporto y volver a caminar por la ribera del río Duero supone una alegría placentera. Ver a la gente correr, caminar, ir en bicicleta en plan "tira millas en superficie plana". Los 6 puentes magníficos y por supuesto contemplar la ardiente y luminosa puesta de sol sobre el cruce del Duero con el Atlántico.

Hay barco turísticos de un color marrón rojizo. Se llaman Rabelos. Su diseño responde a que transportaba las barricas de Vino de Oporto con la finalidad de almacenar, comercializar y ser enviado a otros países. Responden a un estilo nórdico con aire wikingo desde 1792. Nada que ver con los barcos de estilo mediterráneo.

Ahora mismo el Sol de esta mañana de viernes 14 brilla intensamente y sale entre los mástiles de los barcos e iluminando el papel dónde escribo estas líneas. Nos acordamos de malta, concretamente de La Valletay los magníficos despertares.

Para finalizar recodar que... no puedo imaginar la vida sin salir de mi zona de confort.

jueves, 30 de agosto de 2018

La Novia del Desierto - The Desert Bride... de Cecilia Atán y Valeria Privato



“Lo que sucede en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, dice uno de los pocos dichos populares norteamericanos. Por lo mismo puede decirse que “Lo que sucede en el Desierto de San Juan (Buenos Aires) se queda en el Desierto”. Tal es la sensación que iba apoderando de nosotros mientras se desgranaban los 77 minutos de esta ópera primera de dos directoras del Cono Sur: Cecilia Atán y Valeria Privato. Vale la pena decir, en principio, que se trata de una road movie clásica. No por ser clásica es menos agradecida de ver. Bienvenido, pues, a La Novia del Desierto.

Es una historia simple en la que el Desvío y el Azar juegan con los protagonistas. Las dos directoras, que al mismo tiempo, han sido las guionistas, nos cuentan la historia de Teresa, una mujer madura que ha trabajado durante muchos años como sirvienta para una familia bonaerense. Sin embargo, sus patrones deciden vender la vivienda y emprender una nueva vida que repercute también en su sirvienta: lo que hasta ese momento había sido para ella un refugio de seguridad hecho a base de obligaciones y rutinas, con la contrapartida de tener el sustento y las necesidades mínimas aseguradas, a partir de aquí se convierte en una situación de dudas e incertidumbres. 

En el curso del viaje hacia su nuevo destino, pierde sus pertenencias en el interior de la furgoneta de un buhonero. Va a parar al santuario de Deolinda Correa (mujer que cruzó el desierto en busca de su marido con un bebé en los brazos y murió de sed, pero el niño logró sobrevivir alimentado por el pecho de la madre muerta) en el desierto de la provincia de Buenos Aires y, aunque no tiene mucha fe en ningún Dios, respeta y le impresiona la fe de otros. 

Acompañada por “el Gringo”, un atrabiliario y carismático personaje, charlatán y excesivo, atravesará se viaje iniciático para recuperar su bolso con sus pertenencias. “El Gringo” es un hombre que sabe esperarla. Teresa, que pierde el bolso pero irónicamente lleva a cuestas su incomodidad de relacionarse con la vida. Ambos son el día y la noche: circunspección frente a extroversión, elementos que realzan el carácter de la road movie. Las relaciones entre ambos derivan desde la desconfianza inicial hasta la amistad final. 

La película tiene a dos codirectoras noveles y a dos protagonistas que ejercen como columnas sobre las que se sostiene todo el relato. Cabe decir de las dos directoras han recibido varios premios por esta producción y previamente habían filmado algunos documentales y premios de guionización, así que no eran completamente desconocidas en el mundo del cine iberoamericano. En cuanto a los protagonistas cabe elogiar el trabajo tanto de Paulina García como el de Claudio Rissi, chilena y argentino respectivamente, muy conocidos en el Cono Sur y ampliamente premiados. Ambos componen sendos personajes que combinan perfectamente, ella por sus silencios y gestualidad corporal, y él por las frases provocadoras y excesivas.

Algunos recursos de la fotografía son interesantes de comentar y no pasan desapercibidos para el espectador. El desenfoque de las personas a las que Teresa no presta atención nos ha parecido muy interesante. Nos dice que si Teresa no ve a los demás es que su vida está agotada. La banda sonora también merece destacarse. El ruido de los paisajes áridos, protagoniza en el espectador la sensación de estar ahí. Vanamente buscaríamos algún exceso en la película. El paisaje lo aporta todo. El espectador no va a sufrir un coma diabético de melodrama y sentimentalismo. La película, en este sentido, no es demasiado provocadora, sino más bien tranquila.

Al final se llega a la conclusión de que lo que hemos visto es entretenido, interesante y breve pero conciso. Es una buena película, en definitiva, que anima a observar las trayectorias posteriores de sus dos artífices. Ahora bien, hay que poner las cosas en su justa medida. Una cosa es reconocer las cualidades de esta película, sus valores y su interés, lo magistral de las interpretaciones y lo sobrio del guión, y otro muy diferente exaltarla hasta más allá de lo razonable como “uno de los grandes películas románticas de 2018”. Cabría más bien decir que la verdad es que no lo vemos como tal. Creemos que son dos personas que realizan un viaje con lo que cabe en sus mochilas. Es lo que han conseguido aquilatar en la vida y se reduce a lo útil y a lo inútil. Son dos personas que su carácter ha obligado a elegir su modo de vivir el día a día en círculos de confort muy distintos.

Presentada en la Sección Oficial del Festival de Cannes de 2017, la película resultó premiada. Así mismo se llevó el premio a la mejor película en el Festival de la Habana y en los Premios Sur fue nominada al mejor guión adaptado, a la mejor música y a la mejor ópera prima. 

Película interesante por determinados conceptos y que resulta un buen primer paso para las dos directoras. Película que gustará a un público muy diversificado con predisposición hacia el cine introspectivo y sereno. Obviamente si su perfil es de espectador con predisposición hacia las películas de acción, efectos especiales y bofetadas, esta no es, desde luego, su película. Pero, en cambio, si quiere aprender algo sobre la vida, los problemas, las historias mínimas bien contadas y los paisajes austeros, ésta es su película.

martes, 31 de julio de 2018

Loveling, Benzinho, Siempre juntos... de Gustavo Pizzi



Con cierta expectación se esperaba el estreno de esta película brasileña que ha obtenido algunos galardones internacionales (en el festival de Sundance y en el de Málaga). La película, en efecto tiene una calidad superior a la media de los estrenos de 2018 y merece verse, no solo por la depurada técnica que emplea, sino por la temática y las reflexiones a las que induce. En efecto, la película nos ofrece algunos datos sobre la sociedad brasileña de nuestros días.

La película nos muestra a una familia, no disfuncional según los parámetros europeos, pero sí original, como mínimo. No es frecuente en Europa encontrar con que cuando se estropea la cerradura de la puerta de acceso a la vivienda, el paterfamilias se limite a clavetear la puerta y colocar una escalera en la ventana… Sin embargo, en otros horizontes geográficos, es una solución. El verdadero cabeza de la familia que nos muestra la película es la madre, “Irene” (Karine Teles), cuarentona y sobre la que descansan las mayores responsabilidades. Ella es la que se preocupa por mantener a la familia unida y solventar los problemas de convivencia que pudieran aparecer. El problema viene porque, uno de sus hijos, el mayor, ha destacado en el balonmano y un equipo profesional lo contrata. El equipo es alemán y el hijo deberá trasladarse a otro país. En esas circunstancias, la figura de la madre se alza una vez más y, como siempre, trata de asumir la titánica tarea de mantenerlos a todos juntos. Le costará porque el hijo mayor debe decidir en apenas veinte días si aceptar la oferta alemana. Para colmo de problemas, la hermana mayor vuelve al hogar familiar después de que su esposo la agrediera. Y, por si esto fuera poco, el negocio familiar de fotocopias no termina de ir bien. 

Aparentemente se trata de problemas menores: no hay nada en la trama que no pueda ser solucionado de una forma u otra. Sin embargo, lo que Gustavo Pizzi está realizando, es un fresco de determinados sectores de la sociedad brasileña. La narración tiende a mostrar un análisis detallado y exhaustivo de los aspectos más cotidianos de las familias brasileña de la baja burguesía, rozando el umbral de la pobreza y con recursos económicos escasos.

Mi subtítulo preferido para esta película sería: “Una samba en descomposición”. Mi teoría es que si los miembros de la familia no bailan samba para romper las puertas amarradas del auto-control, utilizan la vibración de la palabra para que todos entren en un bucle dónde explotan y desbordan las energías de su vulnerabilidad. La protagonista no se permite a ella misma confesar sus miedos por el futuro prometedor del hijo y a ser abandonada por éste. 

Uno de los elementos más curiosos de la película es que la protagonista, Karine Teles, es, así mismo coguionista, junto con el director, Gustavo Pizzi. La anterior película del mismo director que nos llegó a España en 2010, Riscado, ofrecía la misma combinación Pizzi-Teles. El resultado es mejor que hace ocho años. Desde las primeras escenas, el espectador advierte que vamos a asistir a un abanico de emociones en torno a la figura materna. 

Hay un elemento de la película que merece destacarse particularmente: la utilización del sonido. En el libro El niño en América Latina de Ann Bar-Din, investigadora y psicoanalista de origen iraní, leo una nota sobre la mujer brasileña: usa unos rasgos específicos en su forma de comunicarse que podrían ser considerados como "habla de bebé".  Esta introducción viene a cuento de una escena de esta película que tiene que ver con el sonido. En un momento dado todos los miembros de la gran familia al hablar y hacerlo todos a la vez, crean un magma de sonidos y vibraciones como si fueran átomos chocando entre sí a una velocidad de vértigo. Es tal la intensidad que algunos de los integrantes de la reunión sufren una catarsis, como si su mente hubiera sido empujada por saturación a un precipicio. 

Estamos ante un inquietante y turbador relato femenino bastante real. La madre brasileña queda retratada con precisión milimétrica. Una madre que impide, obstaculiza y culpabiliza a los hijos que estén dispuestos a luchar por un status mejor basados en el esfuerzo, la tenacidad y las oportunidades que ofrece la vida. Incluso su pecho sirve de regazo para que su marido se consuele por no conseguir sus objetivos emprendedores. El título "Siempre juntos" nos invita a conocer una familia capitaneada por una madre que se limita al "enquistamiento" de la vida, ya sea no arreglando una casa que se cae a trozos en permanente descomposición (el detalle de la puerta es reveladora) o diseñar una casa improvisando los planos e intuyendo el espectador que no se acabará nunca. 

Una última reflexión. Hace ya mucho tiempo que nuestras sociedades no están habituadas, como lo estuvo Roma antes de Cristo, a que los hijos permanezcan con la madre hasta los 7 años. Ni entonces, ni en el Brasil de 2018, aunque por distintos motivos, estábamos ante el tema del "nido vacío". Alguna madres eligen a uno de sus hijos para cuide de ella cuando sea anciana. La decisión conlleva debilitar las expectativas humanas, sociales y profesionales del elegido que tendrá dificultades para casarse y formar una familia propia, no podrá destacar profesionalmente, ni alejarse de los cuidados y vigilancia de la madre. La madre siempre querrá dominar la situación y conjurar la posibilidad del abandono.

Así pues, prepararse, que lo que vamos a ver es el retrato de la madre brasileña.