domingo, 19 de mayo de 2019

Lisboa 2019. Cascais, Setúbal, Caldas da Rainha, Peniche



Siempre resulta un placer viajar a Portugal y el hecho de hacerlo de manera intermitente permite analizar con más objetividad qué es lo que ha cambiado desde la última visita. La última vez que estuvimos en Lisboa fue en 2013. En Oporto estuvimos en 2015 y la última que volvimos fue apenas hace ocho meses. En esta última fecha, ya nos pareció que el turismo había crecido excesivamente y que el centro histórico de Oporto estaba literalmente saturado de extranjeros, especialmente ingleses. Afortunadamente, en la periferia de la ciudad, el clima era muy diferente. Ahora hemos podido comprobar esa misma tendencia en Lisboa. Y eso plantea la primera observación.



Lisboa y el turismo de todo el año

Portugal no es un país preparado para acoger a un número creciente y desmesurado de turistas. De hecho, ningún país está en condiciones de recibir a turistas sin límite alguno. Eso se nota en que infraestructuras, como el propio aeropuerto de Lisboa, hace apenas seis años estaban en condiciones de responder a las exigencias de la industria turística local, pero ahora están manifiestamente desbordados. Se trata de un aeropuerto de tamaño medio en el que, hasta no hace mucho, existían lugares cómodos y amplios para realizar las esperas. Ahora eso se ha acabado: cada vez más, los espacios alquilados a las compañías para que realicen los check-ing se van comiendo espacio para el turista. Han desaparecido aquellos lugares tan cómodos que, en otro tiempo, servían para relajarse y asumir una espera de horas, o para recargar los móviles. La primera sensación es que el aeropuerto se ha empequeñecido y que las masas que pasan por él son excesivas para su capacidad. 

Esta primera sensación de que el turismo ha crecido en Portugal más allá de lo soportable y que el país no estaba preparado para ello, se va reforzando a medida que el visitante prolonga su estancia. En condiciones normales, un país desciende sus niveles de actividad en los fines de semanas y, por tanto, se puede permitir la disminución de los empleados que están trabajando para las distintas compañías de transporte. Sin embargo, en un país turístico, el ritmo de trabajo no desciende en los fines de semana, sino que, incluso, aumenta. La estación de Cais do Sobre (tren, metro, bus, tranvía y ferry), por ejemplo, a las 11:00 de la mañana del domingo estaba saturada. Con solamente un empleado vendiendo billetes en ventanilla y tres máquinas automáticas, las cosas eran interminables y la espera media para comprar un billete no debía ser inferior a los 25 minutos. 

Otro problema es que, ni en día laborable ni mucho menos en festivos, existen ventanillas de información. Si se quiere alguna información hay que preguntarla al funcionario que vente el billete, aumentando así las colas, los retrasos, las esperas. Por lo demás, a los funcionarios se les requiere para que respondan a cuestiones variadas y, dada la dispersión existente en Portugal de compañías de transporte y a la inexistencia de ventanillas de información en muchas estaciones ferroviarias (y en todas las estaciones de autobuses), aquellos a los que se les pregunta responden, o bien de mal humor (porque su trabajo es vender un billete o conducir un autobús) o bien lo hacen con la mejor intención del mundo, pero sin tener información fehaciente sino hablando de oidas.

Inicialmente, pensábamos ir a Setúbal en tren, luego resultó que, al comprar el billete para Cascais nos informaron que se podía ir a Setúbal en trasbordador… lo que no nos dijeron era que, una vez al otro lado del Tajo, era preciso tomar un autobús y que en domingos esa línea, simplemente, no funcionaba… Lo que nos implicó ir y volver en trasbordador y esperar unos 45  minutos a un autobús que no existía en una estación bastante grande, pero en la que no había ninguna ventanilla de información (cómo luego nos volvió a ocurrir en la estación central próxima a la Zona de la Exposición Universal - Sete Ríos).

A esto se une el problema de que cuando se requiere a Google para que informe sobre recorridos, rutas y medios de acceso a tal o cual localidad, la información no solamente no es segura, sino que, en ocasiones, incluso, es errónea, engañosa o excesivamente complicada. Nos hemos encontrado en varios momentos con que las rutas que teníamos que seguir desde la estación de tren o de bus hasta el lugar al que queríamos ir, era el doble de larga siguiendo las instrucciones de Google. Hay que advertir que tampoco tiene incorporados los horarios de las líneas de autobuses.

Otro problema más: en Portugal existen varias líneas de ferrocarril y de buses y cada una de ellas lo hace con distintos principios y reglas. Un detalle curioso es que en la misma ventanilla de Caldas de Rainha en la que se vendían billetes para Lisboa, se vendían también para Peniche, pero las compañías (y las reglas) eran diferentes, con lo que, en una línea nos hacían descuentos por jubilados… y en la otra no.  Atención se pagaba en efectivo o tarjetas de crédito portuguesas, el resto no las admitían. 

En una parte importante de las estaciones de trenes y de buses, los empleados de ventanilla ignoran cualquier lenguaje que no sea el portugués. Y el portugués de Lisboa es muy cerrado y prácticamente imposible de comprender. Las explicaciones se hacen difíciles, casi imposibles y los malentendidos son frecuentes, incluso las informaciones erróneas. Es fácil ver vagando por las estaciones a turistas de todas las nacionalidades, desesperados y confundidos, sin saber bien ni dónde preguntar ni qué hacer. Moverse en esas circunstancias es una cuestión de azar: si se tiene suerte, algún funcionario simpático y servicial puede orientar al viajero, si no, está perdido. Otro problema: en alguna estación de autobuses (nos pasó en Setúbal) a determinada hora (19:00) se cierran las ventanillas, no hay paneles luminosos que indiquen salidas o llegadas, ni, por supuesto, mostrador de información.

Otro problema negativo: los recuerdos turísticos. Hace seis años existía más diversidad en los gadgets turísticos, ahora todas las tiendas de este ramo son propiedad de pakistaníes y todas, absolutamente todas, venden los mismos objetos en toda la ciudad… objetos que no son diferentes de los que se venden en Barcelona, en Roma, en Edimburgo o en París. También aquí, hay buenos vendedores y vendedores que pasan de todo y tienen al turista como a un incauto al que se le puede colocar cualquier baratija. Pero si alguien quería diseños lisboetas de ropa, joyería de vanguardia, recuerdos con diseños avanzados, tiendas de tejidos modernos, simplemente, han desaparecido. Algo que admirar y aprender.

La inmigración ha aumentado en Lisboa. En algunos barrios de manera espectacular. Lisboa es hoy lo que no era hace seis años: una ciudad con barrios multiétnicos. En las zonas más turísticas y durante el día hay muchos mendigos por las calles, bastante de nacionalidad rumana. 

Otro problema de la capital: así como hace seis años apenas habían pintadas en las calles, ahora hay zonas en las que la densidad de pintadas ha saturado los muros. Uno de los lugares más típicos de Lisboa es el elevador de Santa Justa que lleva desde la zona baja próxima al puerto, hasta el Bairro Alto. Todo el recorrido del elevador está absolutamente plagado de grafitis de malísimo gusto (firmas). Es una mala señal. Y eso que soy fan de las pinturas realizadas en murales que son obras artísticas estupendas.

Vayamos ahora a los aspectos positivos del viaje.

Hemos residido en Penha França, un barrio construido durante el “Estado Novo” y que, íntegramente, responde a las características de la arquitectura art-deco. No habíamos visto una aglomeración tal de edificios de estas características en ningún lugar del mundo. Es un barrio de los que nos gustan a nosotros: tranquilo, con gentes que trabajan y viven sin ruidos, sin estridencias, sin problemas de convivencia. 

En este tipo de barrios abundan las “pastalarias” y los restaurante populares, los establecimientos de venta de comida casera (frango, etc), las plazas con chiringuitos para sentarse, en donde los abuelos juegan a las cartas, los niños juegan y los colgaos -en toda Europa hay más o menos densidad de colgaos- fuman sus porritos. En uno de estos parques, una antigua cabina de teléfonos (estilo inglés) había sido transformada en “librería”: la gente dejaba dentro libros para que otros los lean. Una gran idea.

Las “pastelarias”: las hemos visto en todo Portugal, es una forma de desayunar o merendar. Cafés servidos de distintas maneras, pastas dulces y saladas. Lugares tranquilos para estar un buen rato (aunque muchos lo hacen fugazmente). El café portugués es muy suave. Algunas de estas “pastelarias” tienen el aspecto de los años 50 y 60. En la estación de autobuses de Caldas de Rainha, un edificio, típicamente art-deco de los años 40, la cafetería Capristanos responde a estas características. Incluso de puede comer a buen precio. 

Comer: cita en la cervecería Portugália en Lisboa. Buenos precios, buena comida y mejor cerveza. Bacalao y marisco. Un consejo: pedid solamente un plato, es suficiente. Incluso las ensaladas dejan lleno. La cerveza Super-Bock la sirven en todas partes a temperatura correcta. Suave y refrescante. Las croquetas de carne y bacalao las encontraréis aceptables en casi todos los lugares. Todo depende de la cantidad de puré de patatas que hayan añadido. En algún establecimiento del centro, de esos sólo para turistas incautos, se pasan. Lo aconsejable es pedir una croqueta, inicialmente, para probar y ver si es de calidad o sólo para público poco exigente. 

Cascais: un lugar a menos de una hora de distancia de Lisboa. Es una ciudad turística que, en otro tiempo, fue de pescadores y algo de eso ha quedado. Buenas playas. Caminando se puede ir a la más estirada Estoril donde residieron en la postguerra los reyes destronados de media Europa. Pero si, en lugar, de la línea de la costa, nos vamos algo hacia el interior, encontraremos algunos parques encantadores en Cascais. Uno particularmente nos ha llamado la atención: estaba repleto de patos y gallos por todas partes. Es el Parque Mariscal Carmona. Enorme y variopinto, especial para huir del ajetreo propio de la línea de la costa. A no perderse, el palacio de Seixas, una especie de capitanía marítima. Cascais mantiene algunos aspectos que me recuerdan a Sitges de los años 50-60: chalets con personalidad, edificios con gusto, calles que van a dar a parques agradables, zonas más ajetreadas, etc. Yo recomendaría que si el viajero va a Lisboa y tiene tiempo libre, tome el tren en la estación de Cais do Sodre (pasará por el monumentos a los descubridores, por delante del convento de los Jerónimos y por la Torre de Belén), todos bien visibles, y se plantará en menos de una hora en Cascais. Luego, el camino hasta Estoril se puede realizar a pie siguiendo la línea de la costa.

Setúbal: con un bonito centro histórico y un frente de mar con edificios art-deco, marisquerías y “pastelarias”. Es una población en la que va faltando gente joven que marchan a otras ciudades u otros países por trabajo. Hay una comunidad muy amplia de brasileños. Setúbal es ideal para perderse y para gente que quiera pasar desapercibida.

Peniche: situado a unos treinta kilómetros de Caldas de Rainha, en una especie de península rodeada de mar, población, en otro tiempo de pescadores, con un fuerte del siglo XVIII (como en casi todas las poblaciones portuguesas costeras) y miradores sobre el Atlántico. Es el único sitio del mundo en el que se multa a los vehículos -y no a las personas- que asoman excesivamente al vertiginoso acantilado que se abre sobre el atlántico.

Óbidos: próximo a Caldas de Rainha, rodeado con una muralla defensiva y con un largo acueducto romano que constituyen los atractivos esenciales de la población.

Caldas de Rainha: ciudad de tamaño medio, situada en el interior, al norte de Lisboa, extremadamente tranquila. Existe un centro comercial “La Vie” y, frente a él, un parque extraordinario con lugares recoletos, barcas, patos y cisnes. Tuvimos la suerte de albergarnos en un ático cómodo y muy bien decorado, situado muy cerca de la escuela de Bellas Artes y del Centro de formación de sargentos del ejército. También aquí abundan las pastalarias y los restaurantes en las calles más céntricas. Tiene unas calles comerciales en donde puede encontrarse de todo y un mercado de frutas al descubierto próximo al ayuntamiento y abierto por las mañanas. La ciudad fue termal hasta que el centro entró en desuso y hoy puede verse el edificio cerrado y abandonado, aunque en buen estado, solamente una galería cubierta se puede visitar. Al parecer, allí fueron a recibir tratamientos termales algunos personajes ilustres del siglo XIX y de ahí viene la fama del lugar. No es una ciudad enorme, pero sí una ciudad en donde hay de todo y en donde uno debe ir si lo que busca es tranquilidad.

El viaje ha resultado agradable, a pesar de sus baches generados por lo que hemos dicho al principio: los países deberían tener un “aforo completo”, es decir, un límite para visitantes. Portugal no lo tiene. Por lo que nos contaron, los ingleses prefieren el sur (aunque en Oporto, como comprobamos hace unos meses) también está lleno de turistas, incluso en algunas zonas del Alentejo, allí están borrachos desde primera hora del día, aprovechando cervezas a un precio que ni soñarían en su isla y sin que la policía se preocupe excesivamente por ellos. Portugal lleva camino de que algunas zonas se degraden con superabundancia de turismo. Lo dice una viajera, así que…

sábado, 4 de mayo de 2019

BCN FILM FEST 2019. Buñuel en el Laberinto de las Tortugas... de Salvador Simó Busom



Película original de animación que explica cómo se rodó el famoso documental Las Hurdes, tierra sin pan por parte de Luis Buñuel en el año 1933. El guion de la película está extraído del cómic de Fermín Solís del mismo título, publicado en 2008 por Astiberri Ediciones. Pretende ser un retrato crítico sobre la psicología del director. Pero la sensación es que se ha quedado en un fresco excesivamente simplista, cómodo y poco profundo.

De hecho, sorprende que ahora, en 2019, aparezca una película sobre los primeros pasos de Buñuel. No se trata de un director conocido por las generaciones que tienen menos de 50 años. Así pues, el primer problema de esta película es dirimir si tiene o no público, más allá de unos cuantos cientos de aficionados interesados por la historia del cine español. Quizás el gran mérito de esta película ha consistido en aproximarnos a la figura del Buñuel joven.

En aquella época, Buñuel era un cineasta marcado por su colaboración con Dalí en dos cintas previas que inauguraron el “cine surrealista”, Un perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930). En la primera la simbiosis entre ambos es perfecta, mientras que en el curso de la producción de la segunda surgieron discrepancias entre ambos. La situación se agravó cuando un comando de Camelots du Roi, grupo monárquico, asaltó el cine en el que se proyectaba la película y, al desastre comercial, se unió el miedo de los exhibidores a proyector películas surrealistas a la vista del destrozo ocasionado. Así pues, Buñuel se encontraba en 1931, sin dinero y con la convicción de que debía rectificar la vía emprendida. Y entonces, entró en juego el azar. 

Uno de sus amigos. Ramón Acín, le prometió que, si le tocaba la lotería, financiaría su próxima película. Y, por increíble que pueda parecer, le tocó la lotería.  Entonces Buñuel se reinventó como documentalista social. El resultado fue las Hurdes, tierra sin pan. A pesar de haberse desvinculado del surrealismo, Buñuel no había renunciado a la posibilidad de provocar a los espectadores. Y lo logra. Aún hoy el documental está sometido a críticas y revisiones: Buñuel alteró en algunos momentos la realidad, para lograr efectos más dramáticos. Al parecer, Buñuel se inspiró en un libro escrito por Maurice Legendre en 1927 para descubrir unas Hurdes atrasadas, endogámicas, casi salvajes y, desde luego, miserables. 

Lo cierto es que hubo bastante más de ficción de lo que el género “documental” hubiera permitido. Las orientaciones de Acín y de Buñuel no eran las mismas: el primero quería realizar lo que hoy se llamaría un “film solidario”, Buñuel, psicológicamente todavía sometido a la influencia surrealista, pretendía liberar algunos de sus fantasmas interiores. Y de esto, justamente, va la película que intenta dirimir la cuestión de si es lícito y está justificado manipular la realidad…

Hay que decir que el cómic de Fermín Solís es de una gran brillantez narrativa pero acompañado por un dibujo tosco. Salvador Simó, director de la cinta, ha conservado del cómic  ha sido el guion. La animación responde, en cambio, a los estándares actuales de ese género cinematográfico. Simó, en los últimos diez años, ha filmado cuatro cintas de animación: Las aventuras de Max (serie de tv, 2010) que tuvo una continuación el año siguiente en Max Adventures y Tikis y Mikis (2012) serie on-line de ocho episodios. Así pues, tiene suficiente experiencia técnica para salir airoso del trance por mucho que algunos aspectos no estén todo lo claros y bien desarrollados que deberían.

La película, sin duda, llamará la atención a los amantes de la historia del cine español y, por supuesto a quienes aprecian y consideran la obra de Buñuel, en especial de sus primeros trabajos post-surrealistas. 

BCN FILM FEST 2019. La Biblioteca de los Libros Rechazados. Le mystère Henri Pick... de Rèmi Beçanson




Un buen arranque para esta película, que promete un misterio y un divertimento, pero que luego se va desinflando poco a poco. Al finalizar nos queda la idea de que la película hubiera podido estar más consolidada, tanto en el humor como en la química entre Fabrice Luchini y Camile Cottin, los dos protagonistas. 

Una editora y su compañero, que también vive de la escritura reciben una noticia extraña por parte del padre de ella: existe una biblioteca que solamente reúne a manuscritos rechazados por las editoriales. La editora, decide visitar tan extraño centro y allí encuentra la novela escrita por un pizzero ya fallecido. Se pone en contacto con la familia ofreciéndose a publicar la novela. Lo sorprendente es que estos le indican que el pizzero jamás había leído una novela en su vida y nunca habían tenido noticias de que hubiera escrito un relato. La novela, una vez publicada, resulta ser un clamoroso éxito. Así que la hija del pizzero y un crítico literario deciden averiguar cómo se ha escrito y por qué nadie sabía nada del relato.

El planteamiento, como puede verse, es original e interesante y el desarrollo promete ser una comedia de misterio con ribetes extravagantes y elementos literarios. 

Por lo demás, la presencia de Fabrice Luchini, deja prever que la película tendrá una comicidad que esté a la altura de sus anteriores papeles. Y, ciertamente, Luchini tiene siempre una especial finura para el humor, pero en esta ocasión no está a la altura de sus anteriores intervenciones. Parece un parásito de si mismo.

Hay un tema que últimamente ha aparecido en muchas películas francesas (está presente tanto en esta como en Une intime conviction de Antoine Raimbault, o en Lola et ses frères de Jean-Paul Roure): la cuestión del paro que amenaza a las clases medias y también está presente en esta película. Es el síntoma de que la clase media francesa, la única clase verdaderamente ilustrada y que disfruta de un aceptable nivel cultural, tiene miedo de su futuro. En estas películas, los protagonistas abandonan sus trabajos y encuentran una motivación en resolver “misterios” como si se tratara de protagonistas de los relatos de Agatha Christie. Es la respuesta positiva al miedo que les atenaza: perder el empleo.


Otro aspecto que reaparece con cierta frecuencia, en estos últimos tiempos en el cine francés, es la cuestión de la literatura. Los protagonistas -de clase media, no se olvide- hablan de libros, de autores literarios o teatrales reconocidos, citan frases de sus textos, como añorando un esplendor perdido. La cultura francesa lo añora  y lamenta que en la enseñanza actual, los profesores no consigan que sus alumnos sientas empatía y admiración por la cultura de su país. 

Aparte de estas reflexiones que nos ha inspirado esta película, cabe mencionar la belleza de los escenarios luminoso de la Bretaña francesa, en contraste con la lluviosa capital francesa. 

El relato original que ha servido para construir el argumento de esta película fue escrito por David Foenkinos con el título de Le Mystère Henri Pick. Pero el enigma literario que plantea es mucho más cautivador en la novela que en la cinta. Con todo, no es una película frustrada ni desechable. Tiene aires amables y algo extravagantes, constituye una especie de cóctel que contiene un poco de misterio, un poco policial y un poco literatura.

La película se ve amablemente gracias a Camile Cottin y Frabrice Luchini pero el resto de protagonistas desafortunadamente no están al mismo nivel, lo que hace que el resultado final no esté a la altura de las expectativas de un público exigente. En el formato en el que ha quedado, finalmente, sería más aconsejable su difusión como tv-movie.

jueves, 2 de mayo de 2019

BCN FILM FEST 2019. La Importancia de llamarse Oscar Wilde - The Happy Prince... de Rupert Everett



Los últimos cinco años en la vida de Oscar Wilde no fueron ninguna ganga. El padre de su amante Lord Alfred Douglas, sospechando la relación con su hijo, le envió una carta dedicada a “Oscar Wilde, aquel que presume de sodomita”. Wilde contraatacó denunciando al firmante de la misiva por calumnias y defendiendo la “amoralidad” del arte, pero no pudo evitar el juicio por sodomía y la condena a dos años de trabajos forzados. 

A salir de prisión, desengañado de la sociedad inglesa y arruinado, se estableció durante unos meses en las inmediaciones de Nápoles en 1897 y luego en París, donde vivió con el nombre falso de Sebastián Melmoth. Murió en el Hôtel d’Alsace a consecuencia de una meningitis y cuando su salud estaba ya muy deteriorada. The Happy Prince trata, precisamente, de los tres últimos años en la vida de Wilde. Porque la película es un biopic del autor inglés, que ha sido traducida al castellano como La importancia de llamarse Oscar Wilde.

El guion, la dirección y el rol protagonista han correspondido a Rupert Everett que ha tardado diez años en componer esta cinta e interiorizar las circunstancias del dandy inglés. Su interpretación no es solo buena, sino excelente, su pronunciación del francés perfecta, sus modales nos dan una idea de cómo debió ser Oscar Wilde en su etapa de declive, sórdido, desmoralizador y patético. La tonalidad de la filmación es ocre, oscura y a la luz de las velas.

Wilde, recluido en el hotel, acompañado por sus amigos, interpretados Edwin Thomas y Colin Firth, decide atravesar Europa para ver a su esposa, Emily Watson y a su amante, Lord Alfred Douglas, “Bossie”, interpretado por Colin Morgan. La cinta termina siendo una lección de vida. Nos transmite que la droga más dura es la soledad impuesta. Una situación así obliga a pagar por la compañía, llámese amor, sexo, lujuria. Algo que resulta aún más patético cuando se carece de dinero.

Habitualmente, en la vida de Wilde, se recuerda solamente su alegría, sus desafíos a la sociedad victoriana, su dandismo y su desbordante humor inglés, irrespetuoso y desafiante. Esta cinta nos muestra la etapa crepuscular del escritor, en la que todo esto es solamente un recuerdo. Everett nos muestra flashes del Wilde de otro tiempo que ahora, en sus últimos tres años, ya no es más que una sombra patética de sí mismo. Con todo, el personaje, en la versión de Everett, hasta el final intenta recuperar la “alegría de vivir” con su “Encore du champagne!” pronunciado en su lecho de muerte. 

La película es superior a otras interpretaciones cinematográficas de Wilde realizadas en las últimas décadas: Oscar Wilde’s the Nightingale and the Rose (2015), animación australiana no estrenada en España y Los juicios de Oscar Wilde (1960) en el que Peter Finch, dirigido por Ken Hughes, encarna al escritor inglés.

Película para quienes deseen completar sus conocimientos sobre Oscar Wilde o estudiar la mentalidad de la sociedad victoriana y el estado moral en el que había reducido a sus disidentes.

Estuvo programada su visita a Barcelona y no pudo ser. Otra vez será Maestro.

miércoles, 1 de mayo de 2019

BCN FILM FEST 2019. De la India a París en un armario de Ikea... de Ken Scott



Una película que se suma más a la temática excesivamente manida y siempre tratada con muy escasa seriedad, de la inmigración en Europa. La novedad es que, en esta ocasión, trata de ser una encantadora búsqueda del tesoro, contada como si fuera un cuento de hadas. Pero la historia no termina de funcionar y el resultado final es mediocre a pesar de las buenas intenciones, el empeño puesto por el director y los veinte millones de euros que ha costado la cinta. El resultado ha sido una cinta que puede verse (e incluso agradecerse) un sábado por la tarde, sentado ante el plasma hogareño, pero que no justifica el desplazamiento a una sala de proyección, las consabidas palomitas y la entrada correspondiente.

La película dirigida por Ken Scott (guionista, actor, director y comediante canadiense) deriva de una novela escrita por Romain Puertolas. Nos habla de un joven buscavidas, faquir y pillo de Mumbai que, al morir su madre, emprende la búsqueda de su padre -un francés- al que ni siquiera pudo conocer. El destino le lleva hasta un almacén de muebles suecos en la capital francesa; pero también aparece por Roma, Londres y sobre el Mediterráneo. Como si se tratara de un viaje iniciático (es, en realidad, una road movie), a través de todas estas etapas aprenderá lo que es el amor y la verdadera felicidad. O lo que es lo mismo, se encontrará a sí mismo. ¿El mensaje? El inmigrante puede triunfar sobre la adversidad.

Más que drama y más que comedia, la película puede ser adscrita al “realismo mágico”, incluyendo números musicales, comedia inexpresiva, momentos dramáticos y apuntes cómicos. La película es francesa y se resiente de todos los problemas del cine francés en la actualidad. Buenas intenciones aparte, no aporta absolutamente nada al tema de fondo: la llegada masiva de inmigrantes procedentes de todo el mundo a Europa. La película intenta emocionar al espectador y extraerle alguna lagrimita, después de hacerle sonreír. A mencionar que, en las escenas aparece también Barcelona como una especie de sumidero de inmigración ilegal. ¿Dónde está la parte graciosa e irónica de la cinta? En el simple hecho de que el protagonista tiene su pasaporte en regla y no es en absoluto un inmigrante ilegal… si lo que se pretendía era mostrar lo absurdo de las políticas migratorias de la Unión Europea, esto es evidente desde hace dos décadas e insistir sobre lo mismo, incluso en clave de cuento de hadas, es algo superfluo.

La película es demasiado ingenua y simplista como para tomarse en serio, incluso como fábula. Lo cual no quita para que el cuerpo de actores cumpla con su cometido y su trabajo sea irreprochable. Lo que ha fallado es la intencionalidad. No basta con dar un “mensaje positivo” y realizar una invitación a proseguir los sueños de un individuo, especialmente, cuando el problema de la inmigración no es individual sino colectivo. Resumiendo: “Aja”, el protagonista, es una historia individual que puede incluso hacer gracia; pero en India hay 1.300 millones de ciudadanos, en China más de 1.400 y en África 1.200 millones… que no pueden pensar en realizar sus sueños en Europa, por mucho que los europeos les abramos los brazos. “Aja”, como “Apu”, el del badulaque de los Simpson, son individualidades simpáticas, como el personaje de Barkhad Abdi (Capitán Phillips), pero el problema son los cientos de millones que quieren instalarse en Europa. Y esto no es ninguna broma.

Las risas y la moralina de mercadillo están muy bien, pero no hay que olvidar que el “viaje” a Europa les está costando la vida en el mar a muchos miles de inmigrantes. Y luego está el “sueño europeo” casi siempre decepcionado. Las películas sobre el fenómeno de la inmigración masiva en Europa son necesarias, pero, por favor, puestos a tratar el tema, mejor con seriedad, en lugar de servir como es el caso de esta cinta, una cascada de tópicos igual a la que generó el fenómeno hace un cuarto de siglo. Incluso se salvarían vidas. 

BCN FILM FEST 2019. Rojo.. de Benjamín Naishtat



Película argentina con diseño narrativo surrealista y que exige ir interpretando los símbolos que van apareciendo y que, por cierto, no son pocos. La trama nos adentra en el comportamiento de los argentinos y sobe todo de la Argentina burguesa en los prolegómenos de la dictadura del 1975. Golpe militar que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón. 

El hecho de que este tema vuelva una y otra vez al cine argentino demuestra que estamos ante un pasado que se niega a pasar… o de un futuro que se contempla tan negro que recordar, lo definido como el más negro de los pasados, puede aliviar al espectador.

La textura de la película en cuanto a fotografía nos traslada en el tiempo y nos remite a cómo eran las películas de 1975. Inicialmente, no somos conscientes de lo que estamos a punto de ver: un hombre de aspecto extraño llega a una pequeña ciudad en la que todo está tranquilo. Bruscamente, en un restaurante empieza a agredir a un conocido abogado. Los presentes tratan de detener la agresión y expulsan al extraño individuo, pero cuando el abogado y su esposa regresan a casa, se les aparece de nuevo el agresor que solamente está movido por el deseo de venganza. Como en toda guerra y en todos los regímenes políticos los hay que aprovechan las coyunturas para realizar sus propias limpiezas con venganzas personales. En medio de este río revuelto flotan las miserias humanas más siniestras. 

En la película destacan las interpretaciones de Dario Grandinetti y de Alfredo Castro. Magníficas en ambos casos. Por cierto, el actor argentino Daría Grandinetti ganó la Concha de Plata al mejor actor por Rojo en el 66 Festival de Cine de San Sebastián. 

Se trata de la tercera película de Benjamín Naishtat. Una vez más ejerce como director y guionista. Lo que nos ha querido mostrar es que en aquella época, mediados de los 70, la aparente tranquilidad no era tal y existía una violencia latente que podía salir a la superficie en cualquier momento. No estamos muy seguros de que esta sea la mejor interpretación de la realidad argentina de aquellos tiempos (la violencia estaba presente en ciudades grandes y en pueblos pequeños, en las avenidas de Buenos Aires y en los campos de Tucumán, la practicaban media docena de grupos terroristas, la policía que los combatía, el ejército que se implicó y los grupos paramilitares, sin contar con la delincuencia habitual).

En aquellos años, la historia de la República Argentina ya había descarrilado. El país estaba roto y la etapa en la que Buenos Aires era el París del cono sur ya había quedado definitivamente atrás. Hoy la situación no ha cambiado y hoy sigue existiendo miedo en Argentina: miedo a que el sistema económico se derrumbe, miedo a la proletarización y a caer por debajo del umbral de la pobreza, miedo al futuro. Quizás Argentina deba mirar hacia adelante en lugar de practicar la política del avestruz contemplando el pasado. 

Ante esta disyuntiva, el director opta por el surrealismo, la proliferación de símbolos, las escenas aparentemente inconexas y algunos tramos del guion en donde el relato hace aguas. Lo que desluce la película es un final que se nos antoja insignificante al menos para el recorrido de la película.

BCN FILM FEST 2019. Cartas a Roxane. Edmond... de Alexis Michalik



El cine francés no funciona como en otro tiempo. Se nota falta de ideas, angustia por la identidad perdida y desorientación. Se debate entre comedias fáciles, dramas depresivos y los eternos cansinos adulterios. Sin embargo, algunas cintas aparecidas últimamente, permiten intuir algunos síntomas para el optimismo. En general se trata de películas de época, que parecen indicar que el gusto de los franceses por retrotraerse a tiempos pasados que fueron mejores, mediante un vestuario, una ambientación y unos efectos especiales que están presentes en películas como El emperador de París (2018), Un pueblo y su rey (2018), ambientadas en los últimos siglos con trajes, sets y efectos especiales notables. No es raro que las mejores ideas tiendan hacia lo “clásico”. Tal es el caso de esta película que recupera la figura de Edmond Rostand y su obra de teatro “Cyrano de Bergerac”.

Se conoce la historia de Edmond Rostand. Autor teatral de poco éxito, que hubiera abandonado la creación dramática si hubiera sabido realizar otra actividad. En el París de finales del XIX, todas sus piezas teatrales habían resultado un fracaso o, simplemente, no habían conseguido llamar la atención. Sarah Bernhardt le presenta al mejor actor dramático del momento. Interpretará su próxima obra teatral (lo que es una garantía de éxito). Solamente existe un problema: la obra no está escrita y el plazo expira en unas pocas semanas. De hecho, Rostand, durante mucho tiempo solamente fue capaz de concebir el título: “Cyrano de Bergerac”. Estas semanas y todo lo que ocurre en ellas es el tema de esta película. 

No se trata de recrear una vez más la obra. Ésta ha sido llevada al cine en cuatro ocasiones: 1900, 1923, 1950 (con José Ferrer en el papel protagonista) y en 1990 (dirigida por Jean Paul Rappeneau y protagonizada por el mejor Depardieu). Se trataba de mostrar el proceso creativo y de dónde procedió la inspiración de Rostand. Prácticamente, todos los elementos que se encuentran en la inolvidable pieza teatral, tuvieron su equivalente en personajes y situaciones que aparecieron en la propia vida del autor en esas semanas. 

El resultado de esta cinta guionizada y dirigida por Alexis Michalik (cuyas dos películas anteriores, En tierra [2014] y Friday Night [2016] pasaron completamente desapercibidas en España) deja muy buen sabor de boca: es ágil, trepidante y con actores extremadamente motivados; muy recomendable en todos los sentidos, a condición de que se tenga una mínima sensibilidad artística y una inquietud cultural.

Michalik es considerado como el nuevo “niño prodigio” de la cinematografía francesa. Lo cierto es que esta película constituirá, sin duda, su consagración definitiva. Escrita en clave tragicómica, destaca especialmente el movimiento de la cámara. Cada toma hace que el espectador se sienta próximo a los personajes y pueda captar el nerviosismo, las dudas, la humanidad de los actores. Visualmente, la película está muy bien conseguida: la variedad de disfraces, los escenarios (desde las calles hasta los teatros, los cafés) suenan reales, e incluso los pocos efectos digitales utilizados en las tomas del París de la “belle époque” son correctos y sin estridenias. Reconocemos en el reparto a Blandine Bellavoir, la “Abril” de Los pequeños asesinatos de Agatha Christie. Olivier Gourment asume el papel de “Cyrano” (dada su versatilidad, recientemente lo hemos visto como abogado en la cinta Une Intime Conviction (2018).

Resulta algo inesperado el que, en los preludios del apoteosis final, Michalik se haya sacado de la chistera un magnífico Bolero de Ravel, bastante menos retórico que el filmado por Lelouch en 1981 en aquella ambiciosa, grandilocuente e interminable película que fue Les uns et les autres. Michalik lo hace todo mucho más simple, con continuos despuntes humorísticos y, por tanto, más llevadera.

La interpretación de Thomas Solivérès en su papel de Edmond Rostand está llena de comicidad y ternura por lo despistado que parece. El dúo Michalik-Silivérès convierte al “Edmond Rostand” en un torbellino que, a la postre, resulta un muy buen homenaje al mundo del teatro y que rezuma pasión por la literatura y el séptimo arte. El mejor homenaje que ha podido hacerse al literato, aventurero, espadachín y alquimista que fue el auténtico Cyrano de Bergerac en el cuarto centenario de su nacimiento.

Quizás lo menos brillante de la cinta sea el diálogo final entre Roxane y Cyrano que no consigue superar el que  nos regalaron Gerard Depardieu y Anne Brochet en el Cyrano de Bergerac de Rappeneau.

martes, 30 de abril de 2019

BCN FILM FEST 2019. Litus... de Dani de la Orden



Litus se ha suicidado, pero sigue presente en su círculo de amigos que hablan de él e intercambian opiniones y secretos. El guion ha sido compuesto a partir de una obra teatral de Marta Buchaca, reescrita por Dani de la Orden que ha conservado la estructura teatral originaria: todo discurre en el interior de un piso espacioso que no es precisamente el que conocen los jóvenes barceloneses. Los amigos de Litus van apareciendo a medida que avanza el guion. Él, sin embargo, no está presente ni en forma de flashbacks. Todos los amigos se están despidiendo de él, revelan lo que en vida del amigo no habían dicho y tratan de compartir secretos e intimidades que han mantenido con el amigo suicidado. 

Quim Gutierrez es el actor que, probablemente, destaca sobre el resto de actores. Asume el papel de hermano de Litus. Cuando aparece su carisma, su magnetismo provoca que sus compañeros sean invitados a recorrer el camino de la presentación con billantez. Nos expone la necesidad de expresar de mil maneras, los reproches o las virtudes de los seres queridos que han decidido poner fin a sus vidas. No todo el que muere es un santo. Puede ser perfectamente un cabronazo muy querido.  

A la pregunta de qué supone esta película, cabría responder que es un informe sobre el estado de la generación que hoy se resiste a entrar en la madurez y a dejar atrás la juventud. A lo largo de los diálogos se tocan los aspectos conflictivos de la generación que tiene treintitantos. Una generación que no está preparada a las responsabilidades y a la que le resulta difícil comprometerse con un trabajo, una casa, una pareja.  

El aspecto más dudoso de la película son los primeros veinte minutos en los que los actores (y el mismo guion) parecen tan acelerados como cuando descorchas una botella de champan. Sus personajes, sus voces, como se mueven, es como poner un bloque de confeti delante de un ventilador. Los actores españoles no salen de casa con el personaje interiorizado. Siguen siendo ellos mismos. Hay un tránsito costoso. Mi recomendación es que antes de pronunciar, el primer día de rodaje la palabra "Acción", deberían llegar a set de rodaje siendo ya los personajes. E incluso podría proponer que estuvieran en una masía apartados del mundanal ruido de móviles, amigos y familiares. Si este método propuesto no sirve, entonces Dani de la Orden tenía que volver a rodar el principio. 

La película resulta llevadera: el director cuida los detalles e incluso la música aparece en los momentos en los que se alude al ausente. Iván Ferreiro compuso los temas musicales. Es importante porque Litus y uno de los amigos presentes, han intentado la vía musical.

La película se estrenará el próximo 6 de septiembre y, de momento, le ha valido a Quim Gutiérrez el premio al Mejor Actor de Reparto en el Festival de Cine de Málaga.

 

 
 

 

miércoles, 17 de abril de 2019

La Viuda ó Greta... de Neil Jordan


Hay películas cuyo éxito reside en la simplicidad de su argumento y en un simple golpe de efecto situado en el interior de la trama. Esto hace que, una cinta, en principio, de presupuesto limitado y que parecía ser una simple película rutinaria, termine teniendo una inusitada brillantez y una intensidad capaz de generar angustia e, incluso, miedo. La Viuda es una de las películas bastante entretenida con un aire inquietante.

La Viuda (que en Irlanda cuya matrícula ostenta esta cinta, fue llamada Greta) nos presenta a dos amigas, una de ellas, niña bien, hija de millonarios y la otra, más modesta, debe trabajar para ganarse la vida. La madre de esta última ha muerto y ella se ha mudado a Manhattan viviendo en el domicilio de la primera. Un buen día se encuentra un bolso en el Metro, la oficina de objetos perdidos está cerrada así que se lo lleva a su domicilio, a la espera de devolverlo al lunes siguiente. Pero la voz de su conciencia le impulsa a desplazarse hasta el domicilio que figura en el documento de identidad que se encuentra en el interior del bolso. Allí, nuestra protagonista se encontrará con una pianista viuda, agradable pero hambrienta de compañía. Ambas mujeres simpatizan y, a partir de ahí, se inicia una estrecha amistad que, bruscamente, se verá detenida por un episodio casual y turbador que el espectador deberá ver por sí mismo. Y, vale la pena.

Neil Jordan ha dirigido esta cinta sobre un guion en el que también ha participado. No hace ni un año vimos la miniserie de 10 episodios, Riviera, dirigida por Jordan, en Movistar+ que nos dejó un muy buen recuerdo. Con todo, no ha sido el plasma su campo habitual de expresión, sino las salas oscuras y, vale la pena recordar, que se ha movido bien en géneros muy diversos: el biopic histórico sobre la figura del independentista irlandés Michael Collins (1996), vino después de la pretenciosa Entrevista con el vampiro (1994) en el que se adentraba en el terror gótico, repitiendo género años después en Byzantium (2012); pero también ha tocado el drama histórico en Los Borgia (2011), la crítica social en Contracorriente (1997), el romanticismo vintage en El fin del romance (1999), la intriga fantástica en Dentro de mis sueños (1999), el género negro en El buen ladrón (2002), la tragicomedia en Desayuno en Plutón (2005), el thriller en La extraña que hay en ti (2007)… Cada una de estas películas ha contado con un actor de primera fila: Jeremy Irons, Colin Farrel, Jodie Foster, Liam Nesson, Nick Nolte, Julian Moore, Annette Bening, Brendan Gleeson… y en esta que nos ocupa, La Viuda ó Greta con Isabelle Huppert. En general, Jordan, es un artesano que sabe imprimir una calidad media alta a sus producciones. Detalle importante: en todas sus películas, llegado a cierto punto, aparece la sorpresa… aquí también estará presente.

La Huppert se ve flanqueada por las dos amigas mucho más jóvenes, encarnadas respectivamente por Maika Monroe y Clóe Grace Moretz. Esta última ha dejado un buen recuerdo en Suspiria (2018), la revisión del clásico del terror realizada por Darío Argento en los 70, y en las dos docenas de cintas anteriores en las que, poco a poco, se ha ido afirmando y haciéndose imprescindible. También la hemos visto, como a Jordan, en registros muy diferentes demostrando una gran versatilidad. En cuanto a Maika Monroe, su historial es bastante similar, si bien le ha faltado esa película que la consagre como una “star”. Las tres protagonistas femeninas cumplen con creces con sus roles respectivos. 

No se trata de una película que pueda dar lugar a grandes escenas de acción o encuadres y fotografía inolvidables. Es, fundamentalmente, un thriller psicológico en el que los diálogos son importantes y están bien articulados. La atención del público no disminuirá. Es cierto que, podría ser considerado como una película de Serie B, pero la presencia de Isabelle Huppert le da más empaque y garantiza que el espectador saldrá satisfecho. 

La película fue preestrenada durante el festival de Toronto de 2018, recibiendo buenas críticas. Advirtamos que ni es la mejor película de Jordan, ni se trata de una película que merezca el calificativo de inolvidable, pero sí es una película entretenida, intensa, repleta de sobresaltos y con cierta vertiente teatral. Deja buen sabor de boca y gustará a los amantes de los thrillers y quieran comprobar que todavía hay espacio para guiones originales.

En busca de civilizaciones extraterrestres. Replanteando la paradoja de Fermi.. Conferencia del Dr. Jordi Bozzo




Conferencia de Jordi Bozzo en CosmoCaixa 9 de Abril de 2019
"En busca de civilizaciones extraterrestres. Replanteando la paradoja de Fermi"

Jordi Bozzo es Doctor en Biología por la Universidad de Barcelona. Miembro de la Agencia Astronómica de Barcelona. Realiza cursos, ponencias y artículos de divulgación sobre exobiología.

Al inicio de su conferencia, plantea la cuestión de si sabemos que hoy en día se está planteando la cuestión sobre la existencia, o no, de vida y de civilizaciones extraterrestres? ¿Estamos solos en el Universo? Luego pasa a definir lo que entendemos como civilización extraterrestre: seres inteligentes que han desarrollado alguna tecnología, con capacidad para enviar señales al espacio por medios que los humanos podamos identificar.


El gran impulso de los avances científicos ha permitido, desde hace algunos años, enviar mensajes y escuchar posibles sonidos extraterretres. 



Hemos enviado mensajes con los programas Apollo, en los Pioneer 10 y 11, en la sonda Voyager 1 y en otros ingenios enviados al espacio exterior. Nos sentimos como si escribiéramos un mensaje de papel en una botella y la lanzáramos al mar. 

El Disco de oro de las Voyager titulado en inglés "The Sounds of Earth". Las Placas de la Pioneer son un par de planchas metálicas que fueron colocadas a bordo de las sondas espaciales Pioneer 10 y Pioneer 11 transportaron un mensaje visual. Apollo 11 llevo un disco de silicio de unos 31 milímetros de diámetro metido en una caja de aluminio que incluye estos mensajes en microfilm. Se han incluido mensajes de buena voluntad de los líderes de 73 países de la Tierra…

Además de los mensajes enviados desde la Tierra en soporte físico, se han realizado intentos de comunicación a través de ondas de radio, como el ‘Arecibo’, enviado el 16 noviembre de 1974 desde Puerto Rico y que constaba de 1679 bits en código binario concebido por Drake y Sagan.


Otro proyecto interesante fue el Cosmic Call con el que transmitió un mensaje en el verano de 1999, en dirección a las estrellas más cercanas a la Tierra. Se utilizó el radiotelescopio de plato único de 70 metros de diámetro que se encuentra en la península de Crimea, cerca de la ciudad de Evpatoria, en Ucrania. 

El Proyecto Ozma creado para la búsqueda de inteligencia extraterrestre, (SETI) tenía como objetivo el examen de estrellas seleccionadas para hallar indicadores de señales artificiales de radiofrecuencia. El proyecto fue iniciado por el astrónomo Frank Drake, quien eligió a Tau Ceti y Épsilon Eridani como objetivos iniciales.

SETI es una organización privada dedicada a la “investigación y búsqueda de inteligencia extraterrestre”. Uno de los proyectos más famosos del SETI es el SETI@Home, apoyado por millones de personas de todo el mundo que ofrecen el uso de los procesadores de  sus computadoras personales durante los intervalos de interrupción de sus propios trabajos, para que la información capturada por el gran radiotelescopio de Arecibo, emplazado en Puerto Rico, pueda ser analizada.

Así mismo se realiza una búsqueda de objetos naturales o artificiales localizados en los puntos de liberación de la Tierra-Luna (1980), un documento xenoarqueológico de Robert A. Freitas, Jr. y Francisco Valdés.


Se han descartado algunas señales recibidas o elementos que se atribuyeron, inicialmente, a inteligencias extraterrestres:

1. Los canales marcianos
2. Caso Phobol - Shklovsky
3. Quàsar CTA-102 Kardashev
4. Pulsars - Jocelyn Bell (LGM = Little Green Man)
5. Wow!! 15 de agosto 1977 de Jerry Ehman


Así mismo, se han recibido algunas señales sospechosas que en estos momentos están siendo sometidas a juicio de los científicos:

1. 2016 Tabetha Boyajian, la Estrella de Tabby
2. Oumuamua del 19 de Octubre de 2017 pensaron que era un objeto especial y artificial.



La conferencia fue muy densa en datos y cifras y permitió conocer todo el trabajo que se está realizando en investigación exoespacial en estos momentos. 

Se han realizado esfuerzos, se están realizando y se realizarán en las próximas décadas. La conclusión es que el Universo es un lugar extremadamente peligroso ya que se dan acontecimientos catrastróficos. Deberíamos ser conscientes, cada mañana al levantarnos, que vivimos en el Planeta Tierra más especial y privilegiado del Universo. E incluso, puede que exista una seguridad cada vez mayor de que seamos los únicos habitantes del mismo... 

sábado, 6 de abril de 2019

7 Razones para Huir (7 raons per fugir )... de Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras



Esta película, en el momento en el que se conoce su estructura, da la impresión de que es una especie de segunda parte o, incluso, de remake, de Relatos Salvajes (2014), aquella película argentina que tan buen recuerdo dejó en el espectador. En efecto, ambas películas se parecen en su temática y en su estructura como dos gotas de agua, pero esto no es lo esencial: lo importante es si el resultado final defrauda o no y si reconocemos que el esfuerzo realizado ha alcanzado algún resultado notable.  

Hay que reconocer que, en grandísima medida, éste objetivo ha sido alcanzado y que el resultado final es una comedia vitriólica con algunos sketches demoledores. Nos cuenta cosas de esas que todos somos testigos en algún momento de nuestro día a día y que marcan una acusada tendencia hacia el Apocalipsis…

La película está compuesta por siete historias cortas de humor absolutamente irreverente y gamberro. Surrealismo a cascoporro y humor negro en sobredosis hasta ribetear lo macabro. No parece haber ningún aspecto de la vida humana que quede a salvo de sus ironías. Todos los temas que se tocan tienen algo que ver con nuestro día a día cotidiano o, al menos, con algo que reflejan los medios de comunicación como problemas del español medio del siglo XXI. No está muy claro que el objetivo sea “remover conciencias” como se ha dicho, pero sí que la sociedad moderna y la cultura de masas quedan en entredicho, tocadas y hundidas.

El problema de la sociedad moderna es que proclama ser “progresista” (nadie -o casi nadie- admite ser reaccionario), pero la sociedad no “progresa” e, incluso, algunos pueden pensar que marcha hacia atrás como el cangrejo por mucho que el avance tecnológico sea cada día más espectacular. Ahora, quizás, podamos entender mejor la literatura “ciberpunk” que surgió en los años 80 y que describe paisajes de alta tecnología empotrados en marcos urbanos, sociales y culturales extremadamente deteriorados. Esta contradicción a la que parecemos abocados lleva a una sociedad absolutamente disfuncional que esta película denuncia en sus siete historias. Hay que agradecer que cada historia no vaya acompañada de una moralina y que sea el espectador el que extraiga sus propias conclusiones.

Como en toda película que supone la fusión de distintas historias, unas dejan mejor sabor de boca que otras. El sketch de la ambulancia con selfie sería, en nuestra opinión, de lo mejor, y luego, más atrás, figurarían el del hijo no deseado, el de la compra del piso, el de la escalera, el de la boda… Pero, como en botica, todo es cuestión de gustos.

Los actores están todos correctos en sus interpretaciones, unos son más y otros menos conocidos, todos ellos aparecen brevemente, pero, sin duda, su calidad interpretativa es uno de los elementos más positivos de esta recopilación de historias autoconcluidas o de sketches rápidos.



La película tiene algunas carencias. En algunos momentos casi parece que estemos viendo una película de formato teatral que recuerda a algunos Estudios 1, los más surrealistas de aquella TVE de otro tiempo o remiten a episodios de Dimensión Desconocida, la mítica serie de temática fantástica de la primera mitad de los años 60. Pero nada de todo esto termina por convencer: en el año 2019, lo que el público que acude a una sala oscura busca, es espectáculo. Este elemento está ausente porque los tres directores -Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras- que han estado al frente de los siete relatos, además de ser debutantes, proceden del mundo del teatro. Pasar del teatro al cine es un intento muy meritorio porque supone introducirse en un mundo completamente diferente provisto de otros códigos de comunicación completamente diferentes. El problema sería que la acumulación de premios y de menciones favorables a la película -que las merece- relajara a los directores y les ocultara el hecho de que en futuros proyectos están obligados a superarse. Y les animamos a ello.