martes, 19 de marzo de 2019

Los viajes de ficción a la Luna... conferencia de Javier Ordoñez en CosmoCaixa



Conferencia de Javier Ordoñez (12 de Marzo de 2019)
Francisco Javier Odón Ordóñez Rodríguez (Pamplona, 1947) es catedrático de Lógica en la Universidad Autónoma de Madrid (2000).
Conferencia en CosmoCaixa “Viatges imaginats a la Lluna: de Kepler, a Tintín” dentro del ciclo “50 anys de l’arribada a la Lluna” 
……………
Ha sido una master class que me ha permitido conocer la progresión literaria e imaginativa del misterio de la Luna con el deseo humano de viajar hasta ella y cómo hacerlo. 
Me ha hecho gracia saber cómo se editaban los libros en 1600 en el Siglo XVII. Entonces ya existía “autoedición” y el mismo autor, encargaba su impresión y se lo regalaba a los amigos (amigos que pudieran entender los escritos allí elaborados). Los libros, además, se hacían llegar a personajes importantes de la época como un signo de prestigio. 
Galileo Galilei
Este viaje misterioso con destino a la Luna se inicia con Galileo Galilei y su libro Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) de 1610. El científico pudo dibujar la topografía lunar aproximada gracias a su telescopio. El libro, de muy pocas páginas (apenas 30), fue enviado a Kepler el cual le soluciona a Galileo las aberraciones esféricas de su telescopio gracias a otra obra que escribió éste. 
En El Mensajero Sideral contaba cómo el uso del telescopio le había permitido observar las montañas y los valles de la Luna, la "muchedumbre de estrellas reunidas en conglomerados" que forma la Vía Láctea, y los cuatro satélites que giraban alrededor de Júpiter.


Luciano de Samósata
Javier Ordoñez nos habla de Kepler pero antes nos da a conocer Luciano de Samósata. Éste consideraba que los viajeros unos mentirosos por la forma en que detallan en sus viajes el encuentro con monstruos marinos, plantas gigantes y seres extraños. 
Escribió su Historia verdadera, donde menciona por primera vez la idea de un viaje a la Luna en un barco arrastrado por una providencial tromba de agua y en donde, entre otras maravillas, ve a los selenitas, de los que dicen que carecen de ano, hilan los metales y el vidrio para hacer trajes, beben zumo de aire, se quitan y se ponen los ojos y donde son los hombres quienes dan a luz los hombres en lugar de las mujeres, ya que se casan hombres con hombres; asiste a la guerra entre los caballeros buitres y lacanópteros del emperador selenita, Endimión, y los caballeros hormiga del solar, Faetón, así llamados por sus respectivas monturas. 
Johannes Kepler
Además de su trabajo como astrónomo, Johannes Kepler escribió Somnium, un fascinante relato de ciencia ficción acerca de un viaje a la Luna, en el que incluye el contacto extraterrestre.
Al igual que Ptolomeo, Copérnico, Brahe o Galileo, Kepler alzó su vista, reforzada con instrumentos de medición hacia las estrellas. Durante buena parte de su vida sin embargo también sondeó los cuerpos celestes con la imaginación. 
En Somnium Kepler relata la historia del islandés Duracoto, un joven que tras aprender astronomía con Tycho Brahe –guiño genial de Kepler, quien cuela al famoso astrónomo en su ficción– viaja a la Luna con su madre, Fiolxhilde. Gracias a un demonio que conoce la buena mujer, una suerte de hechicera que se gana la vida vendiendo pócimas a los marineros y tiene tratos con seres fantásticos.
Madre e hijo llegan al satélite tras un viaje fantástico durante un eclipse. Anticipándose en más de tres siglos al viaje del Apolo 11. Para la aventura necesitan pólvora y narcóticos con los que hacer más llevadero el trance a los viajeros. Para evitar que sufran lesiones durante el trayecto se insiste además en que los primitivos “astronautas” deben ir bien protegidos. El objetivo: “Que el tronco no se separe de sus nalgas o la cabeza del cuerpo”. El aire gélido del espacio exige además respirar a través de una esponja húmeda.
Kepler se pregunta cómo se verían los astros y planetas desde fuera de la Tierra, ¿qué percepción tendrían de sus movimientos en la Luna? Y la Tierra, ¿se vería su movimiento de rotación? ¿A qué atalaya mejor que la Luna se podría viajar para aclarar semejantes cuestiones? ¿La Tierra permanece quieta?
Una copia del manuscrito de Somnium se distribuyó sin su permiso hacia 1611 y las autoridades apresaron a la madre de Kepler, Katharina. Para ellos estaba claro que aquella bruja llamada Fiolxhilde tenía que ser su progenitora. La pobre mujer acabó entre rejas en el verano de 1620 y con serios riesgos de arder en la hoguera.


Francis Godwin 
Ordoñez nos aproxima a Francis Godwin quien, en 1658, escribe El hombre en la Luna. Era obispo de la localidad galesa de Llandaff y escribió la primera narración de viajes espaciales en lengua inglesa. The Man in the Moone: or A Discourse of a Voyage Thither, by Domingo Gonsales ("El hombre en la Luna o una disertación sobre el viaje hasta allí, por Domingo Gonsales"), otro trabajo clave en la ciencia ficción primitiva.
Publicado póstumamente en 1638, el obispo comenzó a escribir la obra en 1589. Por desgracia, no vivió para ver el fenomenal éxito que obtuvo la obra: dos docenas de ediciones hasta el siglo XVIII y traducciones a muchas otras lenguas, incluyendo el francés, el holandés o el alemán. La novela de Godwin fue considerada como el viaje espacial arquetípico durante los siguientes cien años. Incluso autores del siglo XIX, como Julio Verne o Edgar Allan Poe, lo mencionaban como una de sus principales influencias.
El Hombre en la Luna es el primer libro de la historia que narra un contacto alienígena. Godwin creía que dicho contacto era una posibilidad real; el que tuviera lugar sólo era cuestión de tiempo. Los descubrimientos de Galileo sobre la Luna aparecen en el libro de Godwin y, de hecho, el prefacio acredita a Galileo como descubridor de ese nuevo mundo.
El protagonista de El Hombre en la Luna es “Domingo Gonsales” (un español enjuto), cuyo viaje le lleva a lugares tan dispares como la isla de Santa Elena, la Luna y China. Durante su peripecia, “Gonsales” captura y adiestra cuatro gansos salvajes, utilizándolos como primitiva máquina voladora, pero, al retornar a España, su barco es atacado y hundido por corsarios británicos. En su evasión, “Gonsales” se amarra a los pájaros, que lo alzan por los cielos hacia su lugar de hibernación en la Luna. Su vuelo interplanetario, aunque fantástico, confirma el modelo copernicano: la Tierra no es el único centro de gravedad del Universo y gira sobre su propio eje.
Al dejar la Tierra, “Gonsales” pesa cada vez menos, recuperando peso al alcanzar la Luna. Está claro que Godwin trataba de expresar el principio de gravitación. Tanto en la ficción como en la realidad, había llegado el turno de la gravedad. Sugerida por Godwin y Kepler, fue finalmente comprendida, analizada y establecida en sus principios fundamentales por Isaac Newton en sus Principia (1687).
Tras un vuelo de doce días, “Gonsales” aluniza sobre una colina para encontrarse con que nuestro satélite se parece mucho a la Tierra, pero a mayor escala. La gente, las plantas y los animales alcanzan proporciones gigantescas. De hecho, en la jerarquía social selenita, la estatura es signo de nobleza. Los "lunares auténticos" son treinta veces más altos que los humanos y no sólo viven treinta veces más, sino que llevan una existencia idílica. En contraste, los "lunares enanos" son poco más altos que los terrestres, no viven más de ochenta años y están relegados a las tareas menos importantes. A la vista de este panorama, “Gonsales” no tiene más opción que considerarse inferior.
Godwin describe el mundo lunar como una utopía, pero al rascar la superficie, aparecen detalles que empañan esa visión sublime. Incluso los "lunares enanos" son más virtuosos que los terrícolas, las heridas más graves tienen fácil cura, el crimen es desconocido, las mujeres selenitas son tan bellas que ningún varón comete adulterio... Pero también se nos revela que practican una forma radical de eugenesia: los defectos congénitos se identifican al nacer y como los lunares no matan, esos seres "tarados" son enviados hacia la Tierra, concretamente a Norteamérica.
Godwin se atrevió a sugerir que los extraterrestres no sólo podían ser superiores a nosotros, sino también más felices. El Somnium de Kepler había planteado unas condiciones de vida en otro planeta miserables, una pesadilla si se comparaba con la Tierra, pero, desarrollando su idea de contacto extraterrestre, Godwin apuntó hacia la posibilidad de evolución: el universo puede albergar razas más evolucionadas que el hombre. Hubo que esperar doscientos años más tarde para que esta idea fuera aceptada de forma general.
El Hombre en la Luna es una obra clave de la ciencia ficción primitiva. La idea de vida alienígena era nueva y emocionante, y gracias a Kepler y Galileo, la posibilidad de vida extraterrestre parecía, por primera vez, real.


Cyrano de Bergerac
Y por fin llegamos a Cyrano de Bergerac, autor de una Historia cómica de los estados e Imperios de la Luna, publicado en 1675.
En este ensayo cómico-fantástico, el autor, influido por las ideas racionalistas de su tiempo, repasa diversos aspectos de la condición humana, desde los más trascendentales, como la existencia de Dios, la creación del mundo o la inmortalidad del alma, hasta otros que descubren los prejuicios e incongruencias de nuestras costumbres.
El comienzo del viaje recuerda el que propuso Luciano de Samosata. Tras un intento fallido llega a Nueva Francia (Quebec canadiense). Por fin, mediante unos ingeniosos cohetes, consigue alcanzar a la Luna.
El satélite está habitado por seres humanos con doce pies que andan a cuatro patas y que miran hacia abajo. Al ver a Cyrano lo consideran un avestruz. Al utilizar las cuatro extremidades, los lunáticos miran al suelo con orgullo, pues así contemplan los bienes de los que son señores; la cabeza erguida de las bestias muestra, en cambio, su actitud suplicante ante el Cielo por depender de los cuadrúpedos. 
El viajero se encuentra también con un Demonio, el demonio “Sócrates”, un personaje interesante que se convierte en su guía y amigo durante su estancia lunar. Éste dice haber estado en la tierra en forma de Oráculo, de Genio, Dios de fuego, Vvmpiro, fantasma, etc. En realidad, se trata de un habitante del Sol, una raza de seres que llegan a tener de 3.000 a 4.000 años, cargados de experiencia y poderes. Entre estos, menciona como puede pasar de un cuerpo a otro. Su planteamiento resulta muy interesante porque todo lo trascendente e inexplicable queda reducido a ciencia. 
Nuestro viajero espacial renueva su asombro cuando contempla a un aborigen que camina tan tranquilo por su Luna luciendo un enorme pene, ceñido a la cintura como adorno. Le explican que es símbolo de caballerosidad y nobleza, al igual que la espada en la Tierra. Y se compadecen del terrícola porque se avergüenza de exhibir sus genitales que dan la vida, prefiriendo lucir un instrumento de la muerte.
¿cómo consigue llegar a la Luna un turista del siglo XVII? En su primera intentona se ciñe al cuerpo frascos de rocío, pero el sol lo atrae con tanta fuerza que pasa de largo y vuelve a caer a la Tierra. Por fin construye una máquina de hierro desde la que lanza hacia arriba un imán concentrado; la aeronave se eleva al encuentro del imán, hasta que es cogido por el piloto para ser así sucesivamente tirado y recogido en dirección a la Luna. 
Daniel Dafoe
En 1705 aparece The Consolidator (también llamado Memoirs of Sundry Transactions from the World in the Moon) cuento sobre un viaje lunar elaborado por el famoso escritor inglés Daniel Defoe. Defoe recrea diversas leyendas de viajes a la Luna y describe varios medios de transporte parecidos a lo que hoy llamamos naves espaciales. The Consolidator fue el más brillante de los viajes ingleses a la Luna, llegando a anticipar la gasolina como propulsor: "una llama ambiental alimentada por un cierto líquido". 
La novela es un excelente ejemplo de cómo se utilizaron los viajes interplanetarios para satirizar las costumbres terrenales, la política y la sociedad. La novela es original en su intento de dar un fundamento científico a su fantasía, incluyendo un vuelo a la luna por medio de una máquina voladora propulsada por un motor de combustión interna.
Fray Manuel Antonio Rivas 
Un viaje novohispano a la luna de fray Manuel Antonio de Rivas, franciscano, publicado en 1772 o 1773, es un relato que pertenece a la tradición de las sátiras sociales. Toma como pretexto un viaje espacial para criticar las costumbres y la sociedad, burlarse de ciertas actitudes y enjuiciar sistemas. Se trata de una supuesta carta que remite el secretario del Ateneo Lunar al bachiller don Ambrosio de Echeverría, en la que aquél narra la llegada al satélite de un científico francés, realizando una breve descripción de algunos lugares de interés. El autor se explaya en la mezquindad, incultura, lujuria y necedad de sus habitantes.
La carta contiene alusiones a la Biblia y a autores clásicos como Ovidio, Plinio o Marcial, además de efemérides y numerosos datos sobre física, astronomía, astrología y pronósticos de temporales. 
La obra formó parte de las pruebas que se presentaron en contra de su autor en el juicio que le incoó el Santo Oficio como presunto hereje. 
Karl Friedrich Hieronymus Freiherr von Münchhausen 
El barón Münchausen, existió realmente: se llamaba Karl Friedrich Hieronymus, descendía de una de las familias más antiguas de la Baja Sajonia, nació en Bodenwerder (Alemania) el 11 de mayo de 1720 y fue el primer “cantor” de sus propias presuntas aventuras. Su oficio de militar le llevó, a lo largo de su dilatada vida, a participar en numerosas campañas combatiendo con el ejército ruso y sirviendo como corneta, teniente y capitán de caballería. En Alemania no tardó en ser conocido por sus excentricidades y su fanfarronería. Rememoraba sus hazañas bélicas aderezándolas con todo tipo de exageraciones y detalles inverosímiles, que causaban fascinación entre la aristocracia teutona.
Entre sus múltiples ocurrencias se incluían, por ejemplo, cabalgar sobre una bala de cañón, viajar a la Luna, matar a un oso para cubrirse con su piel y pasar desapercibido entre los otros osos o salir de una ciénaga pestilente tirando de su propia coleta. Incluso el barón llegó a contar cómo pudo vivir durante meses en el estómago de una ballena. 
En 1785, el escritor y científico alemán Rudolf Erich Raspe (Hannover, 1737 – Donegall, Irlanda, 1794) escribió y publicó la primera versión de Las aventuras del barón Münchausen, titulada Narración de los maravillosos viajes y campañas del barón Münchausen en Rusia. 
El libro no tandó en llamar la atención de escritores, ilustradores y, posteriormente, de directores de cine. El mismísimo Georges Méliès realizó la primera adaptación al cine en 1911 con el cortometraje Les hallucinations du baron de Münchausen, seguido en 1929 por la película de animación de los estudios Mezhrabpomfilm titulada Las aventuras de Münchausen o por el film alemán de 1943 Münchausen, escrito por Erich Kästner y dirigido por Josef von Báky, entre otras. Sin embargo, la adaptación al cine más conocida es la que dirigió Terry Gilliam en 1988 bajo el título de Las aventuras del barón Munchausen.


Julio Verne - Georges Méliès
Viaje a la Luna, proyectada en 1902 y con 14 minutos de duración, es el más conocido de los más de 500 cortometrajes producidos por el pionero del cine, Georges Méliès, entre 1896 y 1912. La imagen de un cohete en forma de bala metido en el ojo de una Luna molesta y dolorida, es una de las escenas clásicas de la historia del cine. La cinta estaba basada en dos populares obras, De la Tierra a la Luna (1865) de Julio Verne, y Los primeros hombres en la Luna (1901) de H. G. Wells y nos mostraba el primer alunizaje cinematográfico.
Viaje a la Luna cuenta la historia de los sabios excéntricos de un club de astrónomos de París, liderados por el profesor Barbenfouillis -interpretado por el propio Méliès-, quienes organizan una expedición al satélite, después de culminar uno de sus cotidianos congresos científicos. Para lograr su objetivo, construyen un obús espacial en el que se instalan para el viaje, el cual será propulsado por un cañón gigante. En la película se observa que el obús es introducido por unas coristas pertenecientes al teatro de Méliès. Los seis científicos embarcados van a parar en el ojo de una Luna. Cuando descienden, observan las curiosidades del suelo lunar y luego se acuestan para reponer energías. Pero su sueño es interrumpido por una ventisca y continúan con la exploración en la que descubren setas gigantes y extrañas criaturas.
La sorpresa se produce en el momento que hacen su aparición los selenitas -genialmente interpretados por unos acróbatas del Folies Bergère-, quienes se convertían en polvo al ser golpeados por los paraguas de los terrícolas. Al final, son llevados ante la presencia del Gran Rey de la Luna. Estando presos, se inicia una lucha y logran escapar volviendo a la Tierra con el obús cayendo desde un precipicio de la Luna. El proyectil espacial terminará estrellándose en el mar y arrastrando sin querer a un selenita que se había sujetado a su cola y que será exhibido en nuestro planeta con gran regocijo popular, mientras que los científicos son recibidos como héroes.
Si bien es una película corta, de tono irónico, humorístico, constituye el primer filme de Ciencia Ficción, al presentar uno de los temas que se harán habituales en el género: el viaje espacial. El tema era candente en la época en la que apareció el film porque el año anterior había aparecido la novela de Herbert George Wells con ese mismo tema. Hay que considerar Viaje a la Luna. Wells, escritor, novelista, historiador y filósofo británico, fue un autor prolífico que escribió en diversos géneros docenas de novelas, relatos cortos, obras de crítica social, sátiras, biografías y autobiografías
Fritz Lang 
La última película muda de Fritz Lang, La Mujer en la Luna, resultó ser también una de sus obras más memorables. Filmada en 1929, a partir de un guion de su esposa Thea von Harbou (guionista de todas sus grandes películas de su etapa alemana), este film de ciencia ficción nos narra la primera expedición llevada a cabo a la Luna desde una perspectiva seria, diferenciándose de la visión más fantasiosa del Viaje a la Luna de Méliès.
Pese a sus 160 minutos, La Mujer en la Luna no llega a aburrir en ningún momento debido a que Lang divide el film en dos argumentos claramente diferenciados. Durante la primera parte, cuenta cómo el anciano profesor Manfeldt confía a su amigo el ingeniero Helius sus escritos sobre un posible viaje a la Luna que planean realizar. Manfeldt teme que una poderosa organización trate de robarle esos valiosos documentos en la creencia de que haya oro en la Luna. La película nos está hablando de cómo las organizaciones poderosas que dominan el mundo se hacen con el control de dicha expedición científica para hacerse con el posible oro lunar.
En una segunda parte, nos sitúa en el despegue de la nave espacial. Tanto la nave como los procesos por los que pasa antes del despegue están tratados con una veracidad digna de asombro. La dirección de Lang y los excelentes efectos especiales consiguen que, incluso hoy, no notemos los numerosos trucajes y maquetas que tuvieron que emplear para recrear la nave y la maquinaria que la pone en funcionamiento. El ingeniero Hermann Oberth asesoró a Lang sobre la construcción de la nave que el gobierno alemán ordenaría destruir.
La voluntad de realismo también queda patente al tratar la ingravidez o la fuerte presión a la que se someten los aeronautas cuando la nave despega. Aunque el ridículo científico sucede al olvidarse de la falta de gravedad y permitir que los personajes puedan respirar sin necesidad de bombonas de oxígeno.
Como curiosidad histórica, se decidió que los segundos antes del despegue se hicieran con una cuenta atrás por un motivo de lo más lógico: si se cuenta hacia delante el espectador no sabe en qué número despegará la nave, pero contando hacia atrás todos sabemos que despegará al llegar a cero, por tanto es mucho más eficaz hacer una cuenta atrás desde el punto de vista dramático, porque así se genera suspense. A raíz de este film cuando se decidió adoptar la cuenta atrás previa al despegue no sólo en más obras de ciencia ficción sino incluso en la vida real.
Otro aspecto importantísimo que no olvida Lang es la repercusión que tiene este acontecimiento en la sociedad de masas y de los medios de comunicación. Miles de espectadores, locutores de radio y cámaras de cine siguen emocionados el desenlace de ese hito histórico. Como dice uno de los personajes, “el mundo entero está viendo y escuchando qué hacen”. 


Finalmente, el conferenciante aludió a la Luna en la Posguerra 1950 con referencias a Von Braum y a Koroliev, padre de la cosmonáutica soviética, finalizando con el libro de Hergé: Tintín Objetivo: la Luna. Gracias a los cómics, Tintín viajó a la Luna 20 años antes que Apollo 11… 






lunes, 11 de marzo de 2019

La Mula... de Clint Eastwood



Clint Eastwood cumplirá el 31 mayo de 2019, 89 años. No es normal que alguien a esa edad siga en activo y mucho menos en el mundo del cine que requiere esfuerzos, energía e imaginación superior a muchas otras profesiones. Pero, ahí está él, dirigiendo una media de una película al año. Ciertamente, no es el único director en activo a una edad avanzada: Woody Allen con cinco años menos, tiene un ritmo parecido. Pero hay que reconocer que si la producción de Allen es declinante y sus películas registran una progresiva pérdida de calidad y de interés, tratándose incluso de productos incomprensiblemente “alimentarios”, las películas que va dirigiendo y protagonizando Eastwood, mantienen unos niveles de calidad por encima de la media. En lo que llevamos de milenio, cuatro películas suyas han sido nominadas o han ganado el Oscar a la Mejor Película.

La mula es una historia de nuestro tiempo y la actividad de su protagonista (pasar drogas) es el producto de la crisis económica, los cambios de modelo de negocios y un sistema social radicalmente injusto que obliga a personas honradas a tener que realizar actividades ilícitas como único medio para poder sobrevivir. La película está basada en el caso real de Leo Sharp, ex combatiente de la guerra de Corea que se convirtió en traficante para el “cártel de Sinaloa”. Al regresar del frente, Sharp se ganó honesta y dignamente la vida, como floricultor, hasta que una oscilación en el mercado lo colocó ante la quiebra y los bancos se lanzaron como hienas sobre su negocio y sus propiedades. A partir de ahí se inició su actividad como “mula”. En efecto, el protagonista utiliza su “pick up” para pasar paquetes de cocaína de un lado a otro de la frontera

La película tiene dos méritos: el primero de todos, estar muy bien contada. Todas las escenas tienen rigor y coherencia y nos introducen en el mundo del protagonista y en su extraña aventura. El segundo elemento positivo es la elaboración de los diálogos y de las reflexiones que explican cómo un personaje que ha mantenido una vida honesta, al servicio de su país y respetando las leyes de su sociedad, bruscamente, se encuentra realizando una tarea que moralmente le debería repugnar. 

Los méritos de esta película se deben a un muy buen guion elaborado por Nick Schenk, un papel adaptado como un guante a la edad y a la personalidad de Clint Eastwood y una dirección sobria de él mismo como director, que no pretende innovar, revolucionar o crear una película rupturista, sino, simplemente, “contar una historia”. 

La película remite a Gran Torino (2008) y ambos protagonistas están hechos con la misma materia. Expresan el drama del norteamericano que, desde hace 60 años, está viendo como la sociedad cambia a un ritmo cada vez más endiablado y, por mucha que sea su habilidad para adaptarse a las nuevas situaciones que van apareciendo, antes o después se encuentra descarrilado del “progreso”. Como se sabe, Eastwood es, políticamente, conservador y transmite esa sensación tan extendida en ese grupo de opinión, de que, a pesar de la justeza de los ideales con los que fundó aquella nación, algo está fallando. Las alarmas se han encendido desde el momento en que trabajadores, honestos y responsables, que nunca han tenido encontronazos con la ley y que siempre se han preocupado del bienestar de su familia y de su comunidad, se ven empobrecidos y arrojados a los márgenes de la sociedad, privados de sus medios de vida y viéndose obligados a sobrevivir dependiendo del sistema de caridad pública o bien afrontando situaciones que jamás hubiera soñado en participar (algo de esto hay también en su anterior película Sully (2016), otra historia real, que nos muestra la figura del “héroe americano”, perseguido por los intereses de aseguradoras y que, solamente, en el último momento logra demostrar que actuó de la única forma que podía hacerlo.

Se ha dicho que ésta no es la mejor película de Eastwood, algo que puede asumirse a condición de añadir que, si no es la mejor, si al menos puede añadirse al pelotón de las más interesantes y, sobre todo, de las más actuales. En los últimos tiempos se diría que Eastwood solamente acepta contar historias reales (Tren a París en 2018, la citada Sully en 2017, El francotirador en 2014). El director alega que “siempre pasan cosas” y que mientras el público se interese, “siempre seguirá contándolas”.  Y esto es precisamente lo que ha hecho en esta película.

En esta película, Eastwood está acompañado por Alison Eastwood, su hija de 46 años, Lauren Fishburne, Andy García, Bradley Cooper, Dianne West, en papeles de distinta importancia, pero que contribuyen a realzar la cinta.  

Se trataba de una película difícil. En los EEUU, el caso del “abuelo narcotrafiante” dio mucho que hablar. Eastwood lo único que intenta es preguntarse por qué la historia de Leo Sharp evolucionó de la manera que lo hizo. Y, a lo largo de los 116 minutos de proyección, el público entiende perfectamente todos los elementos que entran en juego en la ecuación.

Película que puede recomendarse sobre todo a aquellos seguidores de Clint entre los que me incluyo, que apreciamos su forma de contarnos historias y que difícilmente no gustará a públicos muy exigentes.

Aunque con "Mula" somos testigos de la desaparición del héroe anónimo de USA, aterrorizado por que su tiempo se acaba.

miércoles, 6 de marzo de 2019

La Boda de mi ex... de Víctor Levin



No son precisamente buenas críticas lo que está cayendo sobre esta película protagonizada por dos actores que cimentaron su fama en los noventa, Winona Rider y Keanu Reeves. Sin embargo, es forzoso reconocer que, por su contenido, la película puede sintonizar con millones y millones de “singles” que se recrean en su soltería, forzada o voluntaria. Ellos constituyen el “nicho” sociológico para el que ha sido creada esta película. ¿Calidad? ¿para qué debería de tener calidad? La intención de sus promotores es que vayan a verla solteras y solteros.

Así pues, cuando se clasifica esta película como “comedia romántica” hay que ir con cuidado: si es comedia se supone que debería hacer reír y lo único que suscita a lo largo de sus interminables 90 minutos, son bostezos, aparte de alguna sonrisa furtiva. En cuanto a lo de “romántica” habría que matizar. Son dos personajes que van dialogando y cuyas voces es lo único que se oye en esos 90 minutos. Más que cine, podría ser considerada como una obra de teatro. A los actores secundarios se les ve, pero a los protagonistas no les interesa relacionarse con ellos. A decir verdad, esta es la forma en la que los solteros perciben a las personas: evitan implicarse con ellas. Por tanto, la carga romántica es relativa: amar no deja de ser ver el mundo con otra óptica, y los dos protagonistas, lo que hacen es inhibirse del mundo.

El título de la película es suficientemente elocuente del contenido de la misma. Dos personajes coinciden en la boda de la ex pareja de ella. Ambos se sienten desgraciados y expresan cierta hostilidad por todo lo que les rodea. El azar hace que se trate de dos personas superponibles y, a partir de sus conversaciones, experimentan cierta proximidad. Eso es todo.

La cinta nos habla de la mentalidad del soltero, de su salud mental, física y emocional, de cómo han enquistado su amargura y acidez, de sus manías, las filosofías existenciales que han creado para autojustificar sus propias situaciones y para calificar a la sociedad que les rodea. 

La película plantea el que la soltería es una enfermedad mental y física que se cura con el amor o con un brusco, repentino e intenso enamoramiento. No es una mala idea, pero si está pobremente desarrollada y los dos protagonistas no consiguen hacer llegar el mensaje al espectador, acaso por lo deslavazado del guion, lo insustancial y la escasa brillantez de los diálogos. Tampoco la fotografía ayuda a realzar la cinta. Ya hemos aludido a la poca gracia que tienen situaciones y comentarios que se supone deberían de incentivar carcajadas. Cuesta esbozar media sonrisa.

Wynona Rider no está sembrada. Después de haber recibido su carrera un empujón con su participación en la serie Stranger Things, en esta cinta aparece con una gestualidad exagerada, como si cejas, labios y ojos fueran cada uno por su parte y en absoluto descontrol. Reeves, por su parte, está simplemente gris y a tono con la cinta, incluso cabría decir que muestra su mejor cara de monolito.

En su conjunto, la película es discreta y el guion de Víctor Levin hubiera debido atravesar por un proceso de mejoras y refinado para evitar quedar, como ha ocurrido, en un producto de consumo sólo apto para reflexión de millones de solteros y solteras. No basta con decir que un cínico escéptico y una madurita ansiosa de encontrar pareja, en su intercambio de ideas, van encontrando más cosas en común de las que inicialmente sospechaban, hace falta que la hora y media de metraje tenga convicción, efectividad y solidez. Elementos, de los que la película registra un déficit notable.

No es la primera vez que la Rider y Reeves coinciden en una película. Ambos estuvieron brillantes en una película memorable en sí misma, el Drácula de Stoker (1992) y en la mucho más discreta, pero original por la técnica de filmación, Una mirada en la obscuridad (2006). Aquí les ha faltado naturalidad, seguramente por lo insulso del guion que no se habrá escapado a ambos actores. 

Película para solteros que quieran reflexionar de su soltería a condición de que no se hagan excesivas ilusiones.

lunes, 11 de febrero de 2019

High Life... de Claire Denis



Los viajes espaciales tienen cierto punch en materia cinematográfica: una nave perdida en el espacio es como una isla desierta de la que no hay escapatoria posible, claustrofóbica y angustiosa, sean quienes sean sus tripulantes. En este caso -y no es el primero en la historia del cine- se trata de asesinos que redimen condena participando en un viaje espacial sin retorno. La conmutación de la pena de muerte a cambio de no volver jamás al planeta tierra parece algo inherente a la cultura europea. Los EEUU y Australia, algunas colonias en el Brasil y en Nueva España fueron, o bien tierra de promisión para disidentes religiosos que querían construir el Edén en el Nuevo Mundo (es decir, visionarios de la peor especie) o bien tuvieron en su origen colonias penitenciarias. Así pues, la idea de enviar al espacio a criminales, es una adaptación de los viejos usos del mundo europeo. En cualquier caso, es el punto de arranque de esta película francesa.

Un grupo de condenados a muerte, han accedido viajar a las puertas de un agujero negro cuya energía de rotación se pretende aprovechar para resolver los déficits energéticos del planeta. Son depredadores y se comportan como tales, pero están aislados de la única autoridad que hay en la nave, la “doctora Dibs” (Juliette Binoche). Esta empieza a realizar experimentos con los presos, incluyendo los de naturaleza sexual. Nace una niña en el interior de la nave. Poco a poco, los presos van tomando conciencia de su condición de cobayas y de que lo que se pretende de ellos, no tiene nada que ver con la tarea heroica y decisiva para el futuro de la humanidad que se les había propuesto cuando estaban en el corredor de la muerte. 

Alguien ha dicho que la película incorpora la mejor escena de sexo espacial jamás filmada. Otros la han definido como la nueva 2001, una Odisea Espacial. Los hay que han destacado sus disquisiciones filosóficas y sus símbolos, mientras que otros consideran este aspecto como un tostón. Ciertamente, los europeos no son muy aficionados a componer películas de ciencia ficción. Este trabajo está mayoritariamente desempeñado por los estudios de Hollywood y esta película tiene factura francesa. Así pues, si uno cree que va a asistir a un thriller espacial con escena de violencia compulsiva, aventuras sin fin, efectos especiales cada dos por tres o giros inesperados en la trama, se equivocan de producto. Su directora, Claire Denis, habitual del “cine de autor” (y que no cuenta con el presupuesto habitual en las superproducciones hollywoodienses), ha optado por realizar una reflexión sobre la condición humana, el futuro de la especie y las repercusiones del aislamiento en el sexo y en las percepciones que los sujetos se hacen de sí mismos, reflexiones sobre los desechados, los marginados, los diferentes y los proscritos… en definitiva, una película que intenta hacerse un hueco en el “cine comprometido”.

Para poder aceptarla, el espectador tendrá que compartir los criterios ideológicos con los que trabaja Claire Denis. Y no está claro que todos los espectadores los vayan a compartir. La ideología y el “mensaje” se han superpuesto a la aventura y el espectáculo en esta cinta. En los festivales en los que se ha presentado, ha generado división de opiniones. En varios, Toronto entre ellos, el público fue abandonando la sala de proyección. Y es que la carga ideológica termina generando lentitud en la trama. 

¿Lo mejor? Obviamente las actuaciones de Juliette Binoche y de Robert Pattinson. La ambientación es deliberadamente sórdida e inhóspita para obligar al público a estar pendiente de los diálogos y las situaciones ¿Lo peor? Lo limitado del presupuesto ha hecho que la nave espacial parezca un contenedor o que los trajes espaciales tengan muy poca credibilidad. 

No es una mala película, es una película para determinado público, producto de la mentalidad y de las vivencias de su directora (se crió en distintos países del tercer mundo y a los 14 años se trasladó a la banlieu parisina, sin embargo, siendo de nacionalidad francesa, se sentía como extranjera en su patria, da la sensación de que ella misma hubiera podido participar voluntariamente como tripulante de esta nave). Habitualmente, esta directora prefiere rodar sus películas en escenarios naturales y no en platós y su cine usa encuadres estáticos, intentando que las expresiones de los actores reflejen estados de ánimo. Sus temáticas suelen tratar temas de compromiso social y cierto nivel de ideologización siempre está presente por vía de la provocación: aquí reside se basa en la idea de unos astronautas que no son ingenieros, ni técnicos, ni pilotos de pruebas, ni biólogos, sino simples asesinos, enviados a morir a borde una patera espacial.

Todo lo cual hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar esta cinta. Puede seducir o aburrir. Puede ser vista como una obra maestra o como un producto pretencioso. Unos pueden considerarla provocadora y otros confusa. A mí me ha seducido… pero no es evidente que a usted le opere el mismo efecto.

sábado, 2 de febrero de 2019

Tres desconocidos idénticos...de Tim Wardle



Hay experimentos extraños, insólitos y sobre los que no está muy claro cuál era la finalidad que se perseguía. Parecen el fruto de cerebros enfermos o proyectos de científicos locos. Esta película narra una de estas historias reales que se unen a otros proyectos como el famoso MK-Ultra o el proyecto Haarp. Lamentablemente, el documental deja algunas cuestiones pendientes y suscita más preguntas que respuestas.

Situémonos: dos estudiantes universitarios descubren por pura casualidad que son hermanos nacidos en el mismo parto. Luego logran contactar con un tercero. Inexplicablemente, se trataba de trillizos que fueron separados al nacer. ¿Por qué? ¿Por quién? Ellos son los primeros interesados en recuperar sus raíces y, por tanto, aprovechan el interés mediático en su caso, para indagar. Cada uno de ellos criados en tres distintas clases sociales. Luego consiguieron enterarse que existió un cuarto hermano que murió en el parto. También consiguieron saber que las adopciones se habían realizado siempre en la misma agencia y que cada una de las familias, el año anterior había adoptado una niña. Indagando un poco más se enteraron de que los tres eran de origen judío y que fueron “recolocados” por una agencia judía especializada (Louise Wise Services de New York) y que respondía a un experimento diseñado por dos psiquiatras, igualmente judíos, Viola W. Bernard y Peter B. Neubauer que estaban realizando un experimento de larga duración sobre gemelos judíos adoptivos y trillizos, que fueran separados en la infancia. El experimento -probablemente- quería analizar las repercusiones derivadas del origen social sobre las personalidades de trillizos. Neubauer, de nacionalidad austríaca, dirigía el Centro de Desarrollo Infantil, que luego se integraría en la Junta Judía de Servicios para Familias y Niños. Al parecer, el origen de los fondos para realizar el proyecto salió del Instituto Nacional de Salud Mental y de la Agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EEUU.


Hay que decir, que los padres adoptivos no conocían el ser objeto permanente de observación por parte de los gestores del proyecto. Lo más sorprendente fue que otras familias y otros trillizos fueron igualmente separados de sus padres y confiados a distintas familias… ¿Quiénes? ¿Cuántos? Misterio, porque habrá que esperar a que los documentos del proyecto, legados a la Universidad de Yale, por el Neubauer, se liberen en 2066, cuando razonablemente se espere que el último de los implicados haya fallecido. Al parecer, los gestores del proyecto no pudieron prever que uno de los grupos de trillizos se conocieran casualmente… En cualquier caso, el proyecto con los gemelos monozigóticos es inquietante, estrafalario, misterioso y, cruel: el hecho de que lo protagonizaran sujetos activos y pasivos de origen judío, contribuye aún más a sorprender. 

Hay que decir que los tres hermanos en cuestión, desarrollaron, cada uno por su parte, distintas enfermedades mentales. Se llevaron bien entre sí, pero uno de ellos, al cabo de un tiempo, se suicidó. ¿Y las otras familias? Hasta el 2066 no se sabrá nada. 

El documental se realiza con filmaciones, entrevistas y testimonios de los implicados. Es brillante y no puede extrañar que se haya hecho acreedor de una granizada de premios y nominaciones: en los BAFTA al Mejor Documental, en Sundance Premio Especial del Jurado, en el National Board of Review, Mejor Documental del Año y así sucesivamente… El tema es perturbador, la realización excelente y la dirección del nobel Tim Wardle ha contribuido a darle amenidad, interés y agilidad. 

Se trata de una historia “potente” y “poderosa”, pero con algunos defectos: el primero de todos ellos es que más de la mitad del metraje está dedicado a dejarnos llevar por un encuentro happy, casi eufórico, entre los hermanos, mientras que el 40% restante nos conduce por revelaciones sórdidas e inquietantes. La segunda parte hubiera debido de ser más amplia, tanto como la primera habría debido contraerse, si de lo que se trataba era de alumbrar un documental “de investigación”. En cualquier caso, se trata de un producto notable que, eso sí, hubiera requerido algo más de refinado.

Claro está que, para el director, tratar este tema suponía caminar al filo de una navaja. Vale la pena observar que el experimento se inicio 15 años después del final de la Segunda Guerra Mundial y sólo veinte años después, en 1981 se produce el encuentro casual. Si este hubiera sido un experimento de los “médicos nazis locos”, incluso realizado en los mismos términos, hubiera sido condenado y tratado como un episodio criminal digno de figurar en los Procesos de Nuremberg… pero ¿porqué psiquiatras surgidos de la comunidad judía se ponen a realizar experimentos que podrían incluirse dentro de un esquema mental propio del “darwinismo social”, con bebés de su propia comunidad étnica? Parece evidente que se trataba de algo más que un “jeu d’esprit” y que el proyecto contaba con una amplia cobertura internacional y financiera a ambos lados del océano Atlántico…

El que al documental le falte “algo” no implica que la temática no sea absolutamente perturbadora y tras ella se esconda un “gran misterio” sin resolver… hasta 2066.



domingo, 27 de enero de 2019

El Reino... de Rodrigo Sorogoyen



En su momento, no pudimos asistir al estreno de la película El Reino de Rodrigo Sorogoyen y es ahora, cuando se ha editado el DVD cuando hemos tenido ocasión de ver una cinta que se ha llevado unos cuantos premios Feroz y cuyo nombre suena para los Goya de este año. La película se ha ganado fama de ser “comprometida” y de “sacar los colores” a nuestra clase política. Lo lamento, pero no compartimos este juicio. En España sigue sin haber un cine político “comprometido” digno de tal nombre. Esta película hubiera estado bien a mediados de los años 80, cuando ya existía la certidumbre de que la corrupción estaba anidada en el corazón del sistema político español (¿o es que ahora habrá alguien capaz de negarlo?), pero 35 años después, francamente, parece un arcaísmo o, incluso, un despropósito, por lo deslavazado de sus últimos 30 minutos. 

En la actualidad están cerrados ya muchos procesos y otros muchos siguen en los juzgados su curso o están a punto de verse ante los tribunales. No hubiera costado nada elegir uno, o incluso tres, que afectasen al centro-derecha, al centro-izquierda y al independentismo y haber armado una buena película, con nombre, siglas y apellidos, que nos ilustrase sobre las siglas y los rostros de la corrupción en España, sus colores políticos y los presidentes de gobiernos o de autonomías que les han dado amparo y tolerado, por activa o por pasiva. Pero eso de presentar a unos políticos de un partido indefinido, en una región mal definida, con acentos procedentes de todas las regiones de España, con situaciones y personajes construidos sobre la mesa de guionización y, para colmo, titular la película El Reino sugiriendo de tapadillo que esto no pasaría con una “república”, es dar una de cal, otra de arena y, en definitiva, amagar el golpe.

No basta con coger elementos de tal o cual caso de corrupción y jugar con la ambigüedad: en series políticas como Alpha House, A very English Scandal, Fatal News, El Puntero, 1992, La Mafia sólo mata en verano, Baron Noir, El Hombre de las mil caraspor citar solamente a unos pocos productos accesibles, se dan nombres, siglas, apellidos, sin miedo. En El Reino, el miedo a ofender a alguna sigla es palpable e incluso llega a quitar las castañas del fuego a locutoras de televisión fácilmente reconocibles como Ana Pastor y cuya figura se pretende dignificar….

A estas alturas, cuando se han cerrado judicialmente casos de corrupción y otros están ya en su tramo final, no valen alusiones vagas y fantasías simplistas. Hay que llamar al pan, pan y al vino, vino. ¿O es que vamos a preferir que sigan las ambigüedades y las medias tintas y que los votantes socialistas sigan creyendo que su partido es puro y los del PP que el suyo es inmaculado o que los nacionalistas catalanes se sigan permitiendo soslayar la corrupción en beneficio de la independencia como si la cosa no fuera con ellos, ni ellos protagonizado ningún caso?

Lo que ha conseguido “El Reino” es “quemar” el tema de la corrupción. Tardará tiempo en el que algún director se decida hacer otra película sobre el mayor problema de la democracia española. Nosotros sostenemos que la realidad da situaciones mucho más escabrosas y reales, con personajes más siniestros y grotescos que los que aparecen en esta película. Bien por el cuerpo de actores, bien por el director de fotografía, pero mal, muy mal por el guion, y especialmente por el último tramo de la película que resulta increíble, risible, inasumible y muy mal resuelto. El clon de Ana Pastor termina dando una filípica sobre la honestidad del periodismo que, en el fondo, en esta España, no deja de ser hoy la voz de su amo. La película, desde el momento en el que el protagonista entra en la casa del jefe del clan mafioso para robar los cuadernos de notas, se convierte en inasumible y frustrada. Frustrada, además de ambigua: hoy ya no basta con denunciar la corrupción (que es, algo así como denunciar que el sol sale cada mañana por el Este y se pone por el oeste), además, si se quiere el marchamo de “director comprometido” hace falta tener el valor de dar nombres, apellidos y situaciones, no esperar que el público los identifique según su leal saber y entender. La corrupción, además, en este momento, no afecta solamente a las constructoras o a la obra pública, sino a las subvenciones, a las ayudas al desarrollo, a la gestión de las ONGs con el dinero público, dinero público entregado a los “amigos” que retorna, en parte, bajo mano, a quién ha firmado la transferencia. La “estafa humanitaria” que se llama… Y esto tampoco aparece en El Reino. 

No es una película completamente frustrada, pero ni merece buena parte de las 13 nominaciones a los Goya, ni los cinco premios Feroz que ya ha obtenido, por mucho que Antonio de la Torre, Josep María Pou o Luís Zahera hayan realizados actuaciones excelentes. Ha fallado el guion y la voluntad de denuncia. Estamos en el tiempo en el que como decía Unamuno en la introducción de su Vida de Don Quijote y Sancho, “hay que llamar ladrón, al ladrón, y adelante”. Cualquier película sobre la corrupción que no señales las sedes sociales en las que se han amparado y atrincherado los corruptos, no deja de ser una bagatela de pocos vuelos por mucho que se la encumbre…

domingo, 13 de enero de 2019

Border... de Alí Abbasi



Alí Abassi es un director nacido en Teherán que, en 2002, emigró a Suecia. Llegó a Suecia para estudiar Arquitectura y, una vez licenciado, se dio cuenta de que lo suyo era el cine. En 2011 obtuvo el título de director de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y, de momento ha filmado un corto y dos películas. Border (frontera) se ha estrenado el pasado 11 de enero en España. Ali Abbasi vive hoy en Copenhague con su pasaporte iraní, pero reconociendo que el cine occidental ofrece mayores posibilidades que el de su país de origen. Border, atestigua de su preparación y sus ideas estéticas, así como sus influencias e intenciones.

Porque, aun reconociendo el trabajo creativo de esta película y la sorpresa que causa en el espectador, hay que ver en ella un producto del sincretismo de distintas influencias:  por una parte, parece un cuenta de hadas, del estilo de la Bella y la Bestia o de cualquier relato que discurre sobre el trasfondo de las Mil y una noches; pero, también es cierto que, por otra parte, puede ser interpretada como crítica social, sin olvidar que la totalidad de los temas míticos que integra y de los que depende en el fondo la trama, están extraídos de las mitologías nórdicas (sería bueno que el espectador, antes de acudir a la sala oscura, se documentara sobre lo que son los “trolls” para el mundo de los Eddas y de las sagas nórdicas).

¿De qué va la película? Border resulta ser un frío cuento escandinavo, de terror en la tierra de la noche eterna que incluye mensajes subliminales sobre cómo tratamos a las personas que no encajan con la definición de "normal" que llevamos con nosotros. La historia arranca con una extraña aduanera que tiene la facultad de olisquear, no solamente drogas o productos ilegales, sino también ideas pervertidas y mentes degeneradas. Tiene un rostro extraño y es extraordinariamente efectiva en su trabajo. En el curso de sus funciones como aduanera, reconoce a alguien que parece como una réplica de sí misma, por el que siente una extraordinaria atracción. Este desconocido le explicará sus orígenes e intentará unirla a su “misión”. Resulta imposible ir más allá de estas líneas para explicar el resto de la película, so pena de desvelar los elementos más interesantes de la misma. 

A pesar de que el director no tiene absolutamente nada que ver con las recientes oleadas de inmigración (Abassi, no se fue de Irán por motivos económicos, ni políticos), ni siquiera con los países de procedencia mayoritaria de la inmigración en Europa (África, Magreb y China), alguna de las alegorías sobre “los diferentes”, parecen orientadas a defender la causa de las migraciones, en otros casos, nos conduce a los lugares comunes de las ideologías de género (la sexualidad de los personajes resulta muy curiosa e incluso su alteración de los roles en relación a la paternidad).  Si algo derrocha esta película es fantasía. Podría encuadrarse dentro del “realismo mágico”, pero es mucho más y, quizás, el exceso de ambiciones de su director, es lo más criticable de la misma.  El guión es una adaptación de un libro de John Ajvide Lindquist

Porque, el problema es que la historia termina siendo un pastiche de inmigración, paternidad y sexualidad, con una confusa e inextricable mezcla de géneros, temáticas sociales y fantasías extraídas de varias mitologías. Finalmente, la impresión que se lleva el espectador es que ha visto un thriller romántico y sobrenatural que cambia constantemente de género. Hay en esta cinta, emociones y también escalofríos. La podemos situar entre un thriller, un drama y un cuento de hadas. Da la sensación de que se han unificado varios guiones cosidos con alfileres. 

Border tiene éxito como un apasionante drama, principalmente por la fuerza de sus dos actuaciones principales, ambas realizando un excelente trabajo bajo pesadas máscaras de silicona que requirieron varias horas diarias de maquillaje para aplicarse y resultar creíbles. Aparece como actriz secundaria Josefin Neldén (como Margareta), por su presencia en la serie sueca The Restaurant.

El nombre le cuadra a la película. No en vano, Border (frontera) se sitúa en “el borde” de varios géneros, mientras explora nuevos territorios dentro de los reinos del amor, la belleza y la moralidad para transmitir lo que realmente lo distingue de ser un hombre o un monstruo. En su primera parte, todo esto resulta destacable y es, precisamente, lo que proporciona a la película su potencial. Pero este potencial se va diluyendo en la segunda parte e incluso resulta decepcionante por la falta de compromiso en todos los temas y subtemas que plantea y que no terminan de estar bien resueltos. 

Es de elogiar, en especial, el maquillaje, el trabajo intensísimo de los protagonistas; la combinación entre ambos atribuye a la cinta una expresividad turbadora. La patrullera fronteriza Tina (Eva Melander) y su atracción poco convincente por el extraño Byronic Vore (Eero Milonoff). Gracias a ellos y a algunos giros del guion, la película resulta atractiva. Pero el exceso de símbolos, la sensación de duda que embarga al espectador en algunos momentos sobre la naturaleza de tal o cual alegoría, y que atenúan la calificación. El director ha dicho de la cinta que es “ligeramente surrealista” y ha elogiado el cine de Buñuel. Es peligroso: ni todo lo que se hace pasar como surrealista lo es, ni siquiera todo el cine de Buñuel era genial ni surrealista, sorprendente sí, surrealista, no tanto. El problema con el cine surrealista es que, camina siempre al filo de la navaja: a un lado está lo sublime y a otro lo ridículo. A esta película le ocurre otro tanto: a buen seguro que la palabra que define mejor esta película es “sorprendente”.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Un Asunto de Familia (Manbiki Kazoku ó Shoplifters)... de Hirokazu Kore-eda



Película notable que ha recibido distintos galardones en festivales internacionales (Palma de Oro en Cannes, candidata a los Globos de Oro como mejor película de habla no inglesa, premio de la crítica inglesa, etc, etc, y enviada por Japón para los Oscar de 2019) y que todo cinéfilo debería ver, no sólo por sus valores estéticos y narrativos, sino porque describe la situación en la que están viviendo en el Japón de nuestros días, grupos sociales desfavorecidos por la fortuna.

La trama se inicia con un extraño atraco protagonizado, por lo que parece, por un padre y su hijo. A lo que sigue la presentación de la “extraña familia” que se ha formado: aparentemente, se trata de una familia estándar compuesta por padre, madre, hijo y abuela; lo sorprendente es que nadie tiene una relación de consanguinidad. La familia se amplia con una niña que parece haber sido maltratada y que cuando van a devolverla a su hogar deciden no hacerlo e integrarla en la “familia”. Todos sus componentes tienen dos características: han sido arrojados por el “sistema” japonés a los márgenes: unos porque son jubilados a los que se les ha dado una pensión que ni siquiera les permite sobrevivir, otros son trabajadores con sueldos de miseria, pero todos ellos son, al mismo tiempo, supervivientes capaces de hacer lo que en condiciones normales jamás hubieran hecho. Al mismo tiempo, han coincidido porque unos necesitan de otros y, en este sentido, aparecen como una familia tradicional. Pero no lo son… y a lo largo de las dos horas de la proyección tendremos ocasión de conocer cómo se ha formado el núcleo, cómo se han ido integrando cada uno de sus miembros y por qué lo han hecho. 

Lo que vamos a ver es la visión personal, pero al mismo tiempo, objetiva, que se hace su director y guionista, Hirokazi Kore-eda, sobre la sociedad japonesa actual. Es curioso que, en la familia japonesa, trabajadora y con estudios, sus integrantes convivan en la mayor soledad. Soledad que, todos los sociólogos coinciden en que parece estar afectando la estabilidad mental de padres, hijos y abuelos. En una sociedad que se está desplomando, aparece esta “familia” unida por las circunstancias y que ha hecho del robo (aunque el padre o la madre tengan trabajos mal pagados y la abuela cobre su pensión) un medio para sobrevivir.  

Lo más sorprendente es que hoy se está viviendo unos momentos en los que las teorías más avanzadas y progresistas cuestionan la perdurabilidad de la familia (padre, madre, hijo, hija, abuelos, tías). Y, sin embargo, en esta película vemos cómo se reconstruye la estructura de la familia tradicional con sus mismos parámetros en una estructura no consanguínea. El concepto de familia, roto en mil pedazos mediante un martillazo, ve como sus fragmentos vuelven a unirse -como las gotas de mercurio- en la misma o en otra estructura similar. 

Es una película japonesa que expone la vida que están llevando cada vez más japoneses. Y me llama la atención que a diferencia de en las películas norteamericanas en donde es frecuente que, a cualquier hora, se consuma alcohol en cantidades asombrosas, en las películas japonesas los diálogos y las escenas cumbre tienen lugar sorbiendo estrepitosamente tallarines. El ambiente que rodea los pequeños habitáculos, impresiona por su suciedad, el amontonamiento de objetos y el desorden como si se tuviera el síndrome de Diógenes. ¿Porque la pobreza es tan fea? ¿Es que el pobre ha perdido el sentido de la belleza?

En España, el guión no sorprenderá excesivamente: este es el país de la picaresca, aquí está a la orden del día desde el siglo XVII, lo que en el Japón ha aparecido con la crisis económica. En aquella serie de televisión, 7 Vidas, ya vimos como convivían en un pequeño espacio, varios integrantes que, en el fondo, no eran familia, pero que se comportaban y sentían como tales.

Es una película dura, emotiva, triste, pero extremadamente lúcida que nos envía distintos mensajes: el primero de todos es que algo está fallando en nuestras sociedades avanzadas, porque, tras el glamour de los bulevares y los centros comerciales de campanillas, oculto por el lujo de la superficie, se está formando un submundo cada vez más amplio hecho de sectores sociales, cada vez más amplios, que están en el límite del umbral de la pobreza o dentro de él. Y tienen que espabilar para mantenerse vivos. Los protagonistas de la película de Kore-eda lo hacen y, por mucho que sus acciones pudieran ser consideradas como reprobables en una sociedad “normal”, el espectador encuentra justificación ante la situación de crisis y desintegración económico-social de nuestros días.

Esta película no puede verse como una cinta sobre la picaresca japonesa. Es un grito desgarrador ante una sociedad que está muriendo y ante la pasividad general de las autoridades que siguen actuando con inercia como si no ocurriera nada. Es una película, probablemente, mucho más angustiosa que la anterior cinta del mismo director, El Tercer Asesinato (2017). No es, desde luego, un retrato familiar al estilo del que hizo en Nuestra hermana pequeña (2015), sino que afecta a toda una sociedad.

La película nos demuestra que Japón no es país para viejos. Una reciente estadística afirmaba que la criminalidad ha reaparecido con fuerza protagonizada por mayores de 60 años jubilados: de cada 10 hurtos en tiendas, 4 están cometidos por… jubilados. Por necesidad, pero también porque estos jubilados prefieren estar cuidados en la cárcel que solos o abandonados por sus familias. Pero tampoco lo es para trabajadores poco cualificados. Ni siquiera para jóvenes. Cada vez hay mayor número de personas que viven solos o, lo que es peor, en soledad acompañada por otros. Un hogar japonés actual tiende a ser una serie de habitaciones dentro de las que, cada miembro de la familia, se encierra y se comunicada con el mundo mediante la vía digital. La familia tradicional ha dejado de existir, ¿qué la ha sustituido? ¿nuevas unidades familiares? No, la soledad. ¿Qué la puede sustituir? Kore-eda lo pronostica: la familia tradicional no consanguínea…  Se puede discutir la fórmula, pero lo que no se puede discutir es la calidad de esta película y el grito de alarma que lanza.



Premios:



2018: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película)
2018: Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2018: Asociación de críticos de Los Angeles: Mejor film extranjero (ex aequo)
2018: National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año
2018: Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2018: Premios Independent Spirit: Nominada a mejor película extranjera
2018: Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor película extranjera
2018: British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a Mejor film internacional
2018: Satellite Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa

Sinopsis: Un asunto de familia cuenta la historia de una familia pobre y poco convencional, donde todo les une menos la sangre. Shota y su padre adoptivo Osamu se dedican a robar en los supermercados como si de un juego se tratara siempre bajo el pretexto de que se roba mientras la tienda no quiebre. Su madre adoptiva, Nobuko –que había huido de sus padres y ex-marido maltratador- trabaja en una tintorería, y en la casa familiar conviven también la abuela Hatsue y Aki. Una noche, mientras Shota y Osamu vuelven a casa se encuentran a Yuri, una pequeña abandonada por sus padres maltratadores. Shota y Osamu, sin dudarlo y con inocencia la invitan a cenar a su casa, y al ver que a Yuri nadie la reclama deciden acogerla y darle distracción y cariño. Así pasan sus días, tratando de esquivar la escuela –porque solo los niños que no saben estudiar en casa van a la escuela- y el trabajo, subsistiendo con poco pero con lo necesario para no quitarles la espontaneidad. La familia trastornada de Yuri acaba por llevar el caso a los medios y la pequeña empieza a salir en todos los telediarios. Intentando camuflarse, como habitualmente venía haciendo la familia, consiguen pasar desapercibidos y hacer la vida tal y como ellos quieren, bajo la elección.