domingo, 13 de enero de 2019

Border... de Alí Abbasi



Alí Abassi es un director nacido en Teherán que, en 2002, emigró a Suecia. Llegó a Suecia para estudiar Arquitectura y, una vez licenciado, se dio cuenta de que lo suyo era el cine. En 2011 obtuvo el título de director de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y, de momento ha filmado un corto y dos películas. Border (frontera) se ha estrenado el pasado 11 de enero en España. Ali Abbasi vive hoy en Copenhague con su pasaporte iraní, pero reconociendo que el cine occidental ofrece mayores posibilidades que el de su país de origen. Border, atestigua de su preparación y sus ideas estéticas, así como sus influencias e intenciones.

Porque, aun reconociendo el trabajo creativo de esta película y la sorpresa que causa en el espectador, hay que ver en ella un producto del sincretismo de distintas influencias:  por una parte, parece un cuenta de hadas, del estilo de la Bella y la Bestia o de cualquier relato que discurre sobre el trasfondo de las Mil y una noches; pero, también es cierto que, por otra parte, puede ser interpretada como crítica social, sin olvidar que la totalidad de los temas míticos que integra y de los que depende en el fondo la trama, están extraídos de las mitologías nórdicas (sería bueno que el espectador, antes de acudir a la sala oscura, se documentara sobre lo que son los “trolls” para el mundo de los Eddas y de las sagas nórdicas).

¿De qué va la película? Border resulta ser un frío cuento escandinavo, de terror en la tierra de la noche eterna que incluye mensajes subliminales sobre cómo tratamos a las personas que no encajan con la definición de "normal" que llevamos con nosotros. La historia arranca con una extraña aduanera que tiene la facultad de olisquear, no solamente drogas o productos ilegales, sino también ideas pervertidas y mentes degeneradas. Tiene un rostro extraño y es extraordinariamente efectiva en su trabajo. En el curso de sus funciones como aduanera, reconoce a alguien que parece como una réplica de sí misma, por el que siente una extraordinaria atracción. Este desconocido le explicará sus orígenes e intentará unirla a su “misión”. Resulta imposible ir más allá de estas líneas para explicar el resto de la película, so pena de desvelar los elementos más interesantes de la misma. 

A pesar de que el director no tiene absolutamente nada que ver con las recientes oleadas de inmigración (Abassi, no se fue de Irán por motivos económicos, ni políticos), ni siquiera con los países de procedencia mayoritaria de la inmigración en Europa (África, Magreb y China), alguna de las alegorías sobre “los diferentes”, parecen orientadas a defender la causa de las migraciones, en otros casos, nos conduce a los lugares comunes de las ideologías de género (la sexualidad de los personajes resulta muy curiosa e incluso su alteración de los roles en relación a la paternidad).  Si algo derrocha esta película es fantasía. Podría encuadrarse dentro del “realismo mágico”, pero es mucho más y, quizás, el exceso de ambiciones de su director, es lo más criticable de la misma.  El guión es una adaptación de un libro de John Ajvide Lindquist

Porque, el problema es que la historia termina siendo un pastiche de inmigración, paternidad y sexualidad, con una confusa e inextricable mezcla de géneros, temáticas sociales y fantasías extraídas de varias mitologías. Finalmente, la impresión que se lleva el espectador es que ha visto un thriller romántico y sobrenatural que cambia constantemente de género. Hay en esta cinta, emociones y también escalofríos. La podemos situar entre un thriller, un drama y un cuento de hadas. Da la sensación de que se han unificado varios guiones cosidos con alfileres. 

Border tiene éxito como un apasionante drama, principalmente por la fuerza de sus dos actuaciones principales, ambas realizando un excelente trabajo bajo pesadas máscaras de silicona que requirieron varias horas diarias de maquillaje para aplicarse y resultar creíbles. Aparece como actriz secundaria Josefin Neldén (como Margareta), por su presencia en la serie sueca The Restaurant.

El nombre le cuadra a la película. No en vano, Border (frontera) se sitúa en “el borde” de varios géneros, mientras explora nuevos territorios dentro de los reinos del amor, la belleza y la moralidad para transmitir lo que realmente lo distingue de ser un hombre o un monstruo. En su primera parte, todo esto resulta destacable y es, precisamente, lo que proporciona a la película su potencial. Pero este potencial se va diluyendo en la segunda parte e incluso resulta decepcionante por la falta de compromiso en todos los temas y subtemas que plantea y que no terminan de estar bien resueltos. 

Es de elogiar, en especial, el maquillaje, el trabajo intensísimo de los protagonistas; la combinación entre ambos atribuye a la cinta una expresividad turbadora. La patrullera fronteriza Tina (Eva Melander) y su atracción poco convincente por el extraño Byronic Vore (Eero Milonoff). Gracias a ellos y a algunos giros del guion, la película resulta atractiva. Pero el exceso de símbolos, la sensación de duda que embarga al espectador en algunos momentos sobre la naturaleza de tal o cual alegoría, y que atenúan la calificación. El director ha dicho de la cinta que es “ligeramente surrealista” y ha elogiado el cine de Buñuel. Es peligroso: ni todo lo que se hace pasar como surrealista lo es, ni siquiera todo el cine de Buñuel era genial ni surrealista, sorprendente sí, surrealista, no tanto. El problema con el cine surrealista es que, camina siempre al filo de la navaja: a un lado está lo sublime y a otro lo ridículo. A esta película le ocurre otro tanto: a buen seguro que la palabra que define mejor esta película es “sorprendente”.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Un Asunto de Familia (Manbiki Kazoku ó Shoplifters)... de Hirokazu Kore-eda



Película notable que ha recibido distintos galardones en festivales internacionales (Palma de Oro en Cannes, candidata a los Globos de Oro como mejor película de habla no inglesa, premio de la crítica inglesa, etc, etc, y enviada por Japón para los Oscar de 2019) y que todo cinéfilo debería ver, no sólo por sus valores estéticos y narrativos, sino porque describe la situación en la que están viviendo en el Japón de nuestros días, grupos sociales desfavorecidos por la fortuna.

La trama se inicia con un extraño atraco protagonizado, por lo que parece, por un padre y su hijo. A lo que sigue la presentación de la “extraña familia” que se ha formado: aparentemente, se trata de una familia estándar compuesta por padre, madre, hijo y abuela; lo sorprendente es que nadie tiene una relación de consanguinidad. La familia se amplia con una niña que parece haber sido maltratada y que cuando van a devolverla a su hogar deciden no hacerlo e integrarla en la “familia”. Todos sus componentes tienen dos características: han sido arrojados por el “sistema” japonés a los márgenes: unos porque son jubilados a los que se les ha dado una pensión que ni siquiera les permite sobrevivir, otros son trabajadores con sueldos de miseria, pero todos ellos son, al mismo tiempo, supervivientes capaces de hacer lo que en condiciones normales jamás hubieran hecho. Al mismo tiempo, han coincidido porque unos necesitan de otros y, en este sentido, aparecen como una familia tradicional. Pero no lo son… y a lo largo de las dos horas de la proyección tendremos ocasión de conocer cómo se ha formado el núcleo, cómo se han ido integrando cada uno de sus miembros y por qué lo han hecho. 

Lo que vamos a ver es la visión personal, pero al mismo tiempo, objetiva, que se hace su director y guionista, Hirokazi Kore-eda, sobre la sociedad japonesa actual. Es curioso que, en la familia japonesa, trabajadora y con estudios, sus integrantes convivan en la mayor soledad. Soledad que, todos los sociólogos coinciden en que parece estar afectando la estabilidad mental de padres, hijos y abuelos. En una sociedad que se está desplomando, aparece esta “familia” unida por las circunstancias y que ha hecho del robo (aunque el padre o la madre tengan trabajos mal pagados y la abuela cobre su pensión) un medio para sobrevivir.  

Lo más sorprendente es que hoy se está viviendo unos momentos en los que las teorías más avanzadas y progresistas cuestionan la perdurabilidad de la familia (padre, madre, hijo, hija, abuelos, tías). Y, sin embargo, en esta película vemos cómo se reconstruye la estructura de la familia tradicional con sus mismos parámetros en una estructura no consanguínea. El concepto de familia, roto en mil pedazos mediante un martillazo, ve como sus fragmentos vuelven a unirse -como las gotas de mercurio- en la misma o en otra estructura similar. 

Es una película japonesa que expone la vida que están llevando cada vez más japoneses. Y me llama la atención que a diferencia de en las películas norteamericanas en donde es frecuente que, a cualquier hora, se consuma alcohol en cantidades asombrosas, en las películas japonesas los diálogos y las escenas cumbre tienen lugar sorbiendo estrepitosamente tallarines. El ambiente que rodea los pequeños habitáculos, impresiona por su suciedad, el amontonamiento de objetos y el desorden como si se tuviera el síndrome de Diógenes. ¿Porque la pobreza es tan fea? ¿Es que el pobre ha perdido el sentido de la belleza?

En España, el guión no sorprenderá excesivamente: este es el país de la picaresca, aquí está a la orden del día desde el siglo XVII, lo que en el Japón ha aparecido con la crisis económica. En aquella serie de televisión, 7 Vidas, ya vimos como convivían en un pequeño espacio, varios integrantes que, en el fondo, no eran familia, pero que se comportaban y sentían como tales.

Es una película dura, emotiva, triste, pero extremadamente lúcida que nos envía distintos mensajes: el primero de todos es que algo está fallando en nuestras sociedades avanzadas, porque, tras el glamour de los bulevares y los centros comerciales de campanillas, oculto por el lujo de la superficie, se está formando un submundo cada vez más amplio hecho de sectores sociales, cada vez más amplios, que están en el límite del umbral de la pobreza o dentro de él. Y tienen que espabilar para mantenerse vivos. Los protagonistas de la película de Kore-eda lo hacen y, por mucho que sus acciones pudieran ser consideradas como reprobables en una sociedad “normal”, el espectador encuentra justificación ante la situación de crisis y desintegración económico-social de nuestros días.

Esta película no puede verse como una cinta sobre la picaresca japonesa. Es un grito desgarrador ante una sociedad que está muriendo y ante la pasividad general de las autoridades que siguen actuando con inercia como si no ocurriera nada. Es una película, probablemente, mucho más angustiosa que la anterior cinta del mismo director, El Tercer Asesinato (2017). No es, desde luego, un retrato familiar al estilo del que hizo en Nuestra hermana pequeña (2015), sino que afecta a toda una sociedad.

La película nos demuestra que Japón no es país para viejos. Una reciente estadística afirmaba que la criminalidad ha reaparecido con fuerza protagonizada por mayores de 60 años jubilados: de cada 10 hurtos en tiendas, 4 están cometidos por… jubilados. Por necesidad, pero también porque estos jubilados prefieren estar cuidados en la cárcel que solos o abandonados por sus familias. Pero tampoco lo es para trabajadores poco cualificados. Ni siquiera para jóvenes. Cada vez hay mayor número de personas que viven solos o, lo que es peor, en soledad acompañada por otros. Un hogar japonés actual tiende a ser una serie de habitaciones dentro de las que, cada miembro de la familia, se encierra y se comunicada con el mundo mediante la vía digital. La familia tradicional ha dejado de existir, ¿qué la ha sustituido? ¿nuevas unidades familiares? No, la soledad. ¿Qué la puede sustituir? Kore-eda lo pronostica: la familia tradicional no consanguínea…  Se puede discutir la fórmula, pero lo que no se puede discutir es la calidad de esta película y el grito de alarma que lanza.



Premios:



2018: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película)
2018: Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2018: Asociación de críticos de Los Angeles: Mejor film extranjero (ex aequo)
2018: National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año
2018: Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2018: Premios Independent Spirit: Nominada a mejor película extranjera
2018: Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor película extranjera
2018: British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a Mejor film internacional
2018: Satellite Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa

Sinopsis: Un asunto de familia cuenta la historia de una familia pobre y poco convencional, donde todo les une menos la sangre. Shota y su padre adoptivo Osamu se dedican a robar en los supermercados como si de un juego se tratara siempre bajo el pretexto de que se roba mientras la tienda no quiebre. Su madre adoptiva, Nobuko –que había huido de sus padres y ex-marido maltratador- trabaja en una tintorería, y en la casa familiar conviven también la abuela Hatsue y Aki. Una noche, mientras Shota y Osamu vuelven a casa se encuentran a Yuri, una pequeña abandonada por sus padres maltratadores. Shota y Osamu, sin dudarlo y con inocencia la invitan a cenar a su casa, y al ver que a Yuri nadie la reclama deciden acogerla y darle distracción y cariño. Así pasan sus días, tratando de esquivar la escuela –porque solo los niños que no saben estudiar en casa van a la escuela- y el trabajo, subsistiendo con poco pero con lo necesario para no quitarles la espontaneidad. La familia trastornada de Yuri acaba por llevar el caso a los medios y la pequeña empieza a salir en todos los telediarios. Intentando camuflarse, como habitualmente venía haciendo la familia, consiguen pasar desapercibidos y hacer la vida tal y como ellos quieren, bajo la elección. 

viernes, 7 de diciembre de 2018

Galveston... de Mélanie Laurent



Tras ver esta película decidimos reflexionar durante 48 horas antes de escribir una crítica. Es bueno que las imágenes y el argumento reposen para que el ojo crítico pueda ver la película con mayor objetividad. Al cabo de ese tiempo me planteé lo que me llevó a ver esta película, y a responder a dos cuestiones: ¿Es olvidable? ¿Es una más de redenciones y violencias?

La película lleva el nombre de Galveston. Bernardo de Gálvez fue quien prestó su apellido a esta ciudad del Estado de Texas, en una de las zonas más azotadas por los huracanes de los EEUU. Si mencionamos esto es porque, como podrán comprobar los que decidan ver esta cinta, el huracán es un actor más,, con una importancia especial en el desenlace. En las novelas de Nick Pizzolato, los elementos de la naturaleza tienen siempre un relieve especial que completa su descripción de la “América profunda” que no aparece en los telediarios.

La historia no parece, en principio, excesivamente original. Un asesino a sueldo es víctima de una emboscada cuando va a cumplir un encargo y, a partir de ahí, los acontecimientos se disparan y, tras sobrevivir a duras penas, su vida se une a la de una joven gracias a la cual ha podido escapar, pero que, a partir de ese momento, le provocará sorpresas y sinsabores. Antes, ha ido al médico que le ha detectado una grave enfermedad pulmonar que acortará drásticamente su vida. A la vista de la situación, a partir de la mitad de la película, la vida del protagonista estará vinculada a su nueva amiga (y a sus circunstancias). Buscará redención pero lo que, inicialmente, obtendrá serán decepciones, palizas, persecuciones y desdichas. Será entonces cuando la naturaleza le ayude a resolver todo esto. Ir más allá de estas pistas implicaría desvelar los aspectos más sorprendentes de la trama.

La película tiene un punto débil y varios puntos fuertes. La novela de Pizzolatto (creador de la serie True Detective)  no ha registrado una buena adaptación a la gran pantalla. Algo falla en el argumento que hace que la drama de esta “road movie” no esté redondeada, abunde en situaciones poco justificables e incluso completamente increíbles. Así pues, el guión deja bastante que desear. Menos mal que el resto de componentes de la cinta, compensan esta carencia.
También figura entre los activos más notorios de Galveston, una fotografía oscura, triste, sombría que contribuye a resaltar con su Pantone de colores el drama de unos perdedores situados en la recta final, perseguidos y sin puntos de apoyo, solos uno con otro, sometidos a las traiciones, los cercos y la hostilidad de casi todo lo que les rodea.

La verdad es que me han interesado mucho y en gran medida las interpretaciones de los dos protagonistas: Ben Foster y Elle Fanning. He recordado una frase de la novela NP de Banana Yoshimoto: "Fui una mariposa que voló a la estancia de tu corazón, dónde había una bombilla a punto de fundirse". La fuerza e intensidad interpretativa de ambos, sirve, por si misma, para olvidar el guión e, incluso, hace que, a medida que avanza la trama, obviemos los puntos débiles del mismo para sumergirnos en el clima de los EEUU decadentes y crepusculares. Las frecuentes huidas de los protagonistas se realizan en esos coches norteamericanos, procedentes de los tiempos del glamour y de la gasolina barata, con más de cinco metros de longitud, aspecto de portaviones, motores de potencias inimaginables en Europa y consumos irresponsables de galones de gasolina. Cinta impensable si los protagonistas huyeran en Porsches deportivos o en Wolksvagen cucaracha. La cinta nos lleva por unos paisajes que destacan por su estado de abandono: máquinas oxidadas, decrepitud en las casas, grietas en las carreteras, ausencia de comodidades (para muchos norteamericanos, habitantes de parques de carabanas o teniendo minicasas como el techo de sus sueños) y, como si sobrevivir, fuera un préstamo mal pagado. El paisaje que nos muestra esta cinta recuerda a las zonas más dejadas de la mano de Dios tras la caída del comunismo soviético en Siberia o los Urales. 

La directora, Mélanie Laurent tiene todavía una escasa filmografía: un par de cortos, un documental, una película de adolescentes franceses, dos dramas románticos y poco más. En esta ocasión, ante la disyuntiva de priorizar los aspectos de cine negro, o los del drama romántico, ha optado por esto último, en donde tiene algo más de experiencia. Lo cierto es que, a los problemas ya mencionados del guión, se suman otros vinculados al giro romántico hacia el que se decanta la trama. Y éste es el problema: que en este terreno le falta profundidad en el contenido y se resuelve demasiado atropelladamente.

Cabe decir que, quizás la novela de Pizzolatto, más que una cinta para proyectar en la gran pantalla, hubiera debido tener el formado de miniserie: eso hubiera permitido a los guionistas realizar una tarea de adaptación mucho más fiel y detallada de una novela que, fundamentalmente, buena y que tiene poco de cine romántico: es más bien un thriller de intriga, persecuciones y asesinatos. Pero, a fuerza de comprimir y simplificar, la directora ha tirado por el camino que le resultaba más familiar. 

Con todo, la película es entretenida y el hecho de que se quede a medio gas no implica que, a la vista de lo que se está proyectando estas últimas semanas, no sea una buena alternativa que tener en cuenta a la hora de pasar una tarde entretenida, “sola o en compañía de otros”.

sábado, 24 de noviembre de 2018

The Guilty... de Gustav Möller



Hay películas que sorprenden por su sencillez y por su misma estructura, más próxima al teatro que a la pantalla. Tal es el caso de The Guilty, película danesa de la que lo menos que puede decirse es que es diferente a cualquier otra. La originalidad es relativa porque hemos visto algunas películas con un desarrollo paralelo (Buried [2010] de Rodrigo Cortés, o Locke [2013] de Steven Knigth), pero el impacto que causa en el espectador es inolvidable: lo difícil en el cine es evitar que quienes están sentados en la sala de proyecciones adopten una postura completamente pasiva y esperen que lo que entra por sus ojos sea suficientemente ilustrativo como para evitarles cualquier esfuerzo suplementario. El director de The Guilty ha operado a la manera inversa, exigiendo al espectador que ponga algo de su parte y que, emplee continuamente su imaginación para intuir lo que está ocurriendo. Así pues, a lo largo de los 85 minutos que dura el metraje, el espectador estará obligado a mantener la atención e interpretar las sugerencias que el director le pone como cebo para su imaginación.

Imaginemos la escena: cuatro paredes, un call center, “Asger Holm” (Jakob Cedergren) un policía sancionado recibe las llamadas en las que se requiere la intervención policial o algún consejo ante una situación imprevista. Hay llamadas de todo tipo. El policía, resignado, les aconseja como mejor sabe y puede, muchos de los casos se pueden resolver fácilmente o, simplemente, son situaciones irrelevantes que no exigen intervención ni presencia policial. Pero hay una llamada que le sorprende: la de una mujer que parece haber sido secuestrada; no se trata de una broma, la mujer está, literalmente, aterrada y no cabe la menor duda de su autenticidad. El policía quiere ayudarla: para ello cuenta con los recursos propios de la policía y con la capacidad para localizar la llamada, así mismo envía una patrulla a la vivienda de la mujer en la que, al parecer viven sus hijos…

Lo que vamos a ver a lo largo de los 85 minutos es, en tiempo real, todo el incidente en el cual, una vez más, nada es lo que parece y el compromiso del agente sancionado con la mujer tomará un sesgo inesperado. Mediante ese compromiso, el agente “Holm” intenta redimirse de pasadas culpas. Decir algo más sobre el guión supondría desvelar los giros más dramáticos y sorprendentes de la cinta.

Los recursos cinematográficos utilizados por el director, Gustav Möller, son dos: tomas largas y, el más esencial, el sonido. El espectador no ve lo que está sucediendo al otro lado del teléfono: tan solo cuenta como información con los sonidos que el propio policía va oyendo a través del auricular y con la expresión del policía. Algunas de las tomas sostenidas durante casi media hora (o quizás algo más). Puede entenderse porque, al principio, decíamos que hay algo de estructura teatral en esta cinta y, por lo mismo, puede entenderse lo arriesgado que es trasladar el planteamiento a la pantalla. Para los más mayores que crecieron oyendo la radio, cuando la televisión todavía no había invadido los hogares, esta producción les recordará a aquellas escenificaciones de novelas que hacían algunas emisoras de radio. Bastaba un sonido simulado para que la imaginación del oyente trabajara y reconstruyera por sí mismo las escenas. Aquí ocurre otro tanto. 

Pero esta película hubiera resultado muy diferente sin el concurso del protagonista, Jacob Cedergren, muy conocido en el mundo nórdico y que, además, ha participado en producciones inglesas, francesas, canadienses. Su gestualidad, su dominio de la expresividad y de la voz, hacen que la película fuera imposible sin el recurso a sus habilidades. Se trata de un actor experimentado que ha realizado una inmersión total en el personaje. 

En cuando al director, Gustav Möller, se trata de su ópera prima, su primer largometraje, si bien antes había rodado algún corto que no ha llegado a nuestro país. Möller ha ejercido también como co-guionista y el éxito ha acompañado a la producción. Por el momento, en el pasado Festival de Cine de Valladolid ha obtenido el premio al “mejor guión”, mientras que en el Festival de Cine Europeo ha sido nominada para los premios de “mejor actor”, “mejor guión” y en el Festival de Sundance ha obtenido el Premio del Público. Y estamos persuadidos de que, a la vista de la calidad de la cinta, no se detendrá aquí esta racha.

Una película sorprendente a la que, en lugar de añadir el calificativo de “claustrofónica” (con sus connotaciones negativas), podríamos decir que es exigente con el espectador: le sugiere imágenes que el espectador debe crear en su imaginación. Y nos parece bien que el cine requiera la complicidad y la atención del espectador.

La interpretación del actor  Jakob Cedergren carga con el desasosegante thriller "The Guilty"

Otro dato importante es que la tensión nos lleva a responder como humanos para estar dispuestos a juzgar según a los clichés.

Otro dato importante es el terror que se vive a cada instante que se corta la llamada de un teléfono o de un móvil. El terror a descolgar y el terror al oír el buzón de voz.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Kursk... de Thomas Vinterberg



La historia del submarino Kurtz es bien conocida: hundido, cuando Putin apenas llevaba unas semanas en el cargo y todavía no había tenido tiempo de enderezar la política de su país después de la catastrófica gestión de su predecesor, Boris Eltsin, los distintos intentos de rescatarlo fueron inútiles, precisamente por la política de abandono y corrupción que había caracterizado los años de gobierno del que podemos calificar como el presidente más alcoholizado de un país avanzado. Así pues, si decidimos ver esta película sabemos lo que vamos a ver: una tragedia. Pero lo que vamos a conocer también son los entresijos de ese drama que costó la vida a toda la tripulación del submarino.

Constituye todo un acontecimiento el que en 2018 se pueda ver una película de un suceso guardado como alto secreto hasta no hace mucho y puesto a salvo de la curiosidad de Occidente. Podemos estar seguros de que la verdad ficcionada que nos muestra esta película, no es toda la verdad y que, seguramente, muchos detalles, quedan en los cajones de “asuntos reservados” del Ministerio de Defensa ruso, pero, en cualquier caso, se trata de una aproximación satisfactoria a lo que ocurrió entonces y que puede ser calificado, en rigor, como tragedia humanitaria, más que como desastre militar. 

El primer mandamiento de la marina rusa obliga a prestar juramento de "es estar permanentemente dispuesto a defender mi país, y entregar, si fuera preciso, mi propia vida". La película no puede verse sin tener en cuenta este mandamiento.

Algunos recordamos perfectamente lo que hacíamos aquellos días, entre el 12 y el 21 de agosto del año 2000, y el interés con el que seguíamos por los medios de comunicación las noticias, servidas con cuentagotas, sobre el destino de los infortunados marineros del submarino nuclear Kurtz. Entonces, quedaron muchos interrogantes sin resolver y, a la postre, la única certeza es que, el último día -que coincidió con mi cumpleaños- se dio a la tripulación por perdida. Ahora nos llega la película presentando algunas claves y el desarrollo de los sucesos tal como se produjeron.

La película nos acerca a la vida cotidiana de los tripulantes, a la camaradería y fraternidad entre ellos, a las relaciones con sus familias, lo justo para convencernos de que esos valores son necesarios al convivir en el reducido espacio de un submarino varado a más de 108 metros de profundidad (Mar de Barents tiene 600m de profundidad) y para poder entender la espera angustiosa de los familiares.

A diferencia de otras películas cuyo protagonista es un submarino ruso (recuérdese K-19 [2002] o La caza del Octubre rojo [1990], Marea Roja [1995]), embarcado en alguna de las fases de la Guerra Fría, en donde todo lo que ocurre es ficción, los hechos que se narran no están lastrados por la propaganda propia de aquel conflicto: la película, en realidad, rinde un homenaje a las víctimas y a sus familiares, recordando al mundo, las vidas perdidas en ese día.

Los tripulantes de los submarinos de todo el mundo están hechos de otra pasta; no son los habituales lobos de mar conocedores de puertos de todo el mundo, sino gentes que aceptan el hecho de que un accidente o un ataque destructivo tiene como único resultado la imposibilidad de sobrevivir. Salir de un submarino hundido a 1.000 metros de profundidad es, incluso en la actualidad, prácticamente imposible. De ahí que el mantenimiento de estas unidades se lleve al día o de lo contrario, se corre el riesgo de que muera toda la tripulación. 

Los especialistas reconocen que el Kursk fue la última tragedia de una larga retahíla de desgraciados sucesos navales que afectaron en aquellos años de abandono a la marina rusa. La falta de presupuesto, pero sobre todo, el vacío de autoridad generado en el período de presidencia de Boris Eltsin, hicieron que, una pieza necesaria para el rescate del submarino, simplemente, hubiera sido vendida por algún desaprensivo. El Kursk escenificó lo que ya se intuía desde el desastre de Chernobyl: el colapso de la URSS como superpotencia, con todas sus implicaciones; la primera de todas, la imposibilidad de mantener una abultada, envejecida e insostenible máquina militar que había conducido a la URSS a la ruina económica. Cuando Putin dijo basta y liquidó de un plumazo el período Eltsin, encarceló a los oligarcas y asumió decididamente el timón de lo que se había convertido en una nave sin rumbo, las cosas empezaron a cambiar. Pero, desgraciadamente para los tripulantes del Kursk, Putin llegó al poder solamente tres meses antes de la tragedia. 

Lo que vamos a ver en esta película es un testimonio de historia contemporánea, inscrita en el período que sucedió a la Guerra Fría. En sí misma, la película es un producto notable de un director con un amplio historial, capaz de afrontar cualquier registro narrativo y salir indemne de todos ellos. 

Posiblemente haya algunas concesiones al espectáculo, como la incorporación al reparto de Max Von Sydow, Collin Firth o Martin Brambach, sin olvidar el hecho de que el guion ha sido elaborado a partir del bestseller de Robert Moore, A Time to Die, que aquí ejerce como guionista. Vale la pena mencionar también que la película ha sido producida en Francia, dirigida por Thomas Vinterberg, cineasta danés, uno de los fundadores del movimiento Dogma95 y en cuyo historial encontramos una cinta con el nombre de Submarino (2010) que curiosamente, no se refiere a ningún navío sumergible, sino que resulta un viaje a las profundidades y al submundo de la sociedad danesa. El protagonista principal es Mattias Schoenaerts que, previamente, ya había trabajado con Vinterbegt en Lejos del mundanal ruido (2015) y, hoy por hoy, uno de los rostros más conocidos del cine centroeuropeo.

Una película que se estrenó en la pasada edición del Festival de Toronto cosechando buenas críticas y que, en realidad, puede ser considerado como un testimonio muy riguroso y respetuoso, sobre aquella tragedia. Gustará a los que, en su momento, no se explicaron el por qué de aquel hundimiento, ni la reacción de las autoridades rusas: aquí encontrarán algunas de las claves y entenderán la coherencia de lo ocurrido y por qué ocurrió. Existen aficionados al “cine de submarinos” que no deberían desaprovechar la ocasión de ver esta cinta. Para los amantes del cine de Vinterberg, resulta una cita ineludible. Y luego están todos aquellos espectadores en busca de argumentos originales que quieran ver una buena película. Esta lo es, por mucho que, desde el principio, sepamos cuál va a ser el desenlace final.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Dogman... de Matteo Garrone



Película basada en un hecho real que ocurrió en Italia a finales de los años 80, cuando un ex boxeador fue asesinado por el dueño de una peluquería canina que, de paso, era un pequeño camello de barriada, generó alarma social y, aún hoy, es considerado como uno de los crímenes más sangrientos e inexplicables que se han cometido en aquel país. Matteo Garrone, co-guionista y director de esta película intenta explicar lo inexplicable y, desde luego que lo consigue.

Desde que Jean Paul Sartre escribiera en la postguerra A puerta cerrada, sabemos que “el infierno son los otros”, algunos cineastas se han preocupado por demostrarlo, pero Garrone tiene intención de ir más allá: “sin la mirada del otro no somos nadie”. Dejamos de existir. Dado que resulta imposible vivir en soledad, buscamos la mirada del otro de forma angustiosa porque necesitamos saber que existimos. Tal es la moraleja que hemos extraído de esta cinta de 102 minutos. Si tuviéramos que dar una disertación sobre la existencia del ser humano y sobre su naturaleza, el visionado de esta película sería el obligado acompañamiento. Porque Dogman es una película valiosísima por la facilidad con que el director Matteo Garone y el actor Marcello Fonte nos llevan a bucear en la complejidad de las servidumbres humanas.

La trama se desarrolla en la Roma de finales de los años 80, en un arrabal de la periferia, hostil y agresivo, incómodo, vacío, polvoriento. El barrio está poblado de tipos pintorescos que evolucionan como perdidos en un mundo que no terminan de comprender: unos optan por sobrevivir como pueden, otros no han renunciado a la idea de ser los “amos del gallinero” y los hay que solamente se preocupan por su trabajo. El protagonista, pertenece a los primeros: no le importa tener unos modestos ingresos peinando a distintas razas caninas, ni tampoco sacarse algún beneficio extra trapicheando con cocaína. Con todo apenas puede proyectar algún viaje con su hija. Un mal día, su amigo Simone, un delincuente profesional le convencerá para que le deje las llaves de su establecimiento para cometer una maldad que… como cabría suponer no solamente acaba mal, sino que se convierte en el desencadenante de una serie de “castastróficas desdichas” sobre las cuales la cinta transmite su mensaje y su moraleja.

Las escenas nos muestran a una Roma que no es ni la “dolce vita”, ni la del Capitolio o la avenida de los Foros Imperiales, de Piazza Navona o del Vaticano. Es una Roma convertida en pesadilla, alejada de la civilización, con paisajes desamparados y que ha dado la espalda a cualquier noción de progreso. Y en medio de todo ese fango se mueven una serie de personajes, que, en el fondo, generan una irreprimible tristeza. El hecho de que el protagonista se dedique al negocio de la peluquería canina se podía haber prestado a afirmaciones como “lleva una vida de perros” y a algunas ironías en las que el director no cae: es más, aprovecha algunas tomas para mostrar a otros actores excepcionalmente fotogénicos, los perros. 

Al principio decíamos que la película se basa en un suceso real y que la intención del director y del equipo de guionización ha sido tratar de entender lo que ocurrió y por qué ocurrió. Además de lograr presentarnos una interpretación satisfactoria y convincente de los hechos, lo que esta película nos obliga casi es a empatizar con el protagonista y con sus motivos para hacer lo que hizo. Si el lema de la justicia, “odia el delito, compadece al delincuente”, tiene algún sentido, éste se encuentra en el metraje de esta cinta y en su protagonista principal. Tras verla se experimenta una sensación amarga: el protagonista no tiene redención posible, ha cometido su crimen bajo efecto de la cocaína y todo podía haber terminado de una manera mucho menos dramática. Ha querido ser visible, hacerse visible para todos aquellos que durante años lo han ignorado, y se ha hecho tan visible que ha terminado en primera página de la prensa sensacionalista.

Garrone, en su filmografía se ha sentido siempre atraído por el mundo de la delincuencia y el submundo romano que ya estaba presente en las tres historias de su primera película, Terra di mezzo (1996), sobre la lucha de los inmigrantes que tratan de salir adelante, como sea y sin reparar en lo que sea. A ésta siguió Ospiti (1988), también con el trasfondo de la inmigración albanesa que intenta integrarse en una Roma que cada vez desconfía más de ellos y mucho más en un barrio residencial en el que los alberga un amigo burgués. Tras dos comedias sin mucha historia, en 2002 rodó El taxidermista, en el que ya muestra un interés particular por el estudio de la condición humana. Gomorra (2008), será su cinta más celebrada y premiada; en ella nos introdujo de lleno en el mundo de los bajos fondos y en su ley impuesta en Nápoles y Caserta: la ley, no del Estado sino de la camorra. Por un sendero más amable circulo su siguiente película, Reality (2012), comedia dramática sobre un timador al que le convencen para que entre en el casting de El Gran Hermano. Tras El cuento de los cuentos (2015), una tragicomedia fantástica, regresa a la temática que más le interesa con esta película, Dogman de la que no dudamos que recibirá una granizada de premios en los próximos meses (los Oscar 2019 están a la vuelta de la esquina), como confirmación del galardón que ya recibió en el pasado Festival de Cine de Cannes.

Además del meritorio trabajo de Garrone en la dirección y en la guionización, merece destacarse especialmente la actuación de Marcello Fonte en el papel protagonista, una de las mejores actuaciones que recordamos en este año 2018. 

domingo, 21 de octubre de 2018

Un día más con vida... de Raúl de la Fuente y Damian Nenow



Lo primero que sorprende al leer la ficha de esta película es que es el producto de una cooperación hispano-polaca-germano-magiar-belga… La cosa parece todavía más complicada si tenemos en cuenta que el director es Raúl de la Fuente, navarro, que, hasta ahora, había filmado media docena de documentales que parecen tener poco que ver con una película de “dibus”. Porque, Un día más con vida, es precisamente una película de animación, en la que el co-guionista es el propio director. Luego resulta que todo es mucho mas simple de entender.

En efecto, de la Fuente, se ha especializado en documentales sobre el llamado “tercer mundo” (La fiebre del oro [2017] situado en Mozambique, Alto el fuego [2017[ sobre el conflicto colombiano, I Am Haiti [2014] dice mucha sobre las tradiciones ancestrales de la población, en Minerita [2013] se alude a zonas mineras sin ley en Bolivia y, finalmente, Nömadak Tx [2006], sobre el viaje de dos protagonistas por todo el mundo en busca de afinidades a través de la Txalaparta). Puede sorprender que el director navarro se haya pasado a los dibujos animados, pero no tanto el tema que ha elegido: la estancia del periodista polaco Ryszard Kapuściński en Angola durante los últimos momentos de la presencia portuguesa en aquella colonia. De hecho, la temática de su anterior documental, La fiebre del oro, se desarrollaba en Angola.

La palabra que resume todo lo que Kapuściński vió y vivió en aquellas jornadas es: “confuçao”. Lo que vemos ocurrió en 1975: los portugueses se estaban retirando, los cubanos y los alemanes orientales estaban presentes al lado del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, uno de los grupos guerrilleros más activos contra la dominación lusitana. Pero en el otro lado del país, actuaban los pro-chinos del Frente Nacional de Liberación de Angola y, para colmo, en el sur del país, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, con bases en Sudáfrica, iba ocupando terreno y luchando, en tanto que fuerza anticomunista, contra los otros dos grupos. Mientras, los portugueses trataban de salvar lo salvable y hacer las maletas. Y en eso que Kapuściński aparece en tanto que corresponsal de la Agencia Polaca de Prensa (PAP) e intenta comprender qué es lo que está pasando en el país. No era la primera vez que aterrizaba en las colonias portuguesas en África. Lo había hecho en los años 60 y 70 y sus reportajes le proporcionaron fama mundial. Lo que vemos en la película es todo este caos tal como lo vio el periodista polaco. 

El film está rodado en “rotoscopia” (redibujar un fotograma, calcándolo del anterior mediante determinado software) y con formato documental. Es pues un interesante producto híbrido entre lo uno y lo otro que recuerda a Vals con Bashir (2008), Waking Life (2001) o Persépolis (2007). Todos ellos toman elementos de la realidad política o científica para hibridar documental y dibujo animado. Suele dar buen resultado por la posibilidad que hay de reconstruir episodios sobre los que no existe material gráfico o sería excesivamente costoso hacerlo con actores.

Kapuściński, además, es un personaje interesante. Fue premio Príncipe de Asturias en 2003 y, hasta su muerte gozó de fama internacional. Este docu-dibu (si se nos permite la licencia) está basado en los propios relatos que realizó el periodista. No hay garantía de que todo lo que cuenta sea la realidad que vio. De hecho, si de algo peca este documental, es de ensalzar excesivamente la trayectoria de Kapuściński hasta el extremo de atribuirle una aureola de heroísmo que el personaje no tuvo. Y, por lo demás, se olvidan algunos datos imprescindibles para valorar lo que estaba haciendo el periodista en Angola: como que fue miembro del Partido Obrero Unificado Polaco (el partido comunista que contribuyó a mantener durante 40 años la dictadura en su país) y que, no solamente trabajaba para la Agencia adicta al régimen, sino que, además, era su único corresponsal en el extranjero. Y esto era así, simplemente, porque Kapuściński trabajaba para el espionaje de su país, distorsionaba noticias en interés de su gobierno y, para colmo, nunca citaba fuentes comprobables. Elementos que están más que demostrados en la biografía elaborada por Artur Domaslawski (que colaboró con él).

Pero, a pesar de este aspecto, controvertido en la tarea profesional de Kapuściński, la película nos aproxima a aquellos caóticos momentos y nos dice mucho sobre cómo se llevó la “descolonización” en África (y no sólo en las colonias portuguesas). Nos dice también algo sobre el oficio de corresponsal de guerra. La película invita a buscar y visionar algunos de los muchos documentales de noticias que en aquellos momentos contaban la realidad sobre lo que ocurría en Angola. 

La pregunta que se formula el propio Kapuścińsken la película es “¿La presencia de los reporteros puede cambiar el curso de la Historia?”… pregunta, en nuestra opinión, demasiado engreída. Cualquier corresponsal que trabaje para un medio de comunicación sabe que ese medio publicará las informaciones que interesen a la empresa periodística propietaria. Y no digamos, si se trabaja para una agencia de prensa oficial de un país con régimen estalinista… 

La película es interesante, tanto por lo que cuenta, como por cómo lo cuenta y, por supuesto, por la técnica utilizada. No hubiera estado de más un poco de realismo a la hora de valorar el papel de Kapuścińskallí y entonces. El periodista solo dejó de ser un hombre del aparato estalinista algo más de un lustro después de lo que nos cuenta la cinta, cuando la revuelta de los astilleros de Danzig y la formación del sindicato Solidarnosc, auguraban que el régimen periclitaría en breve... Hubiera sido de desear que el co-guionista de la cinta, el polaco Damian Nenow (que no podía ignorar estos datos) hubiera puesto los puntos sobre las íes, y limitado los aspectos heroicos del periodista, para dar prioridad a la descripción del drama angolano, ante el que ni periodistas, ni observadores, ni nadie, podía hacer absolutamente nada. La “confuçao” es la “confuçao” y nada pueda hacerse cuando se apodera de un país.

Una muy buena película, con momentos culminantes, un dibujo sencillo, un buen ritmo narrativo y un nivel de calidad técnica próximo a la excelencia.

Puntuación: Confuçao (un guiño a la película) 

jueves, 11 de octubre de 2018

Burning, o el extraño thriller del pirómano coreano... de Lee Chang-Dong



Hay que ser muy aficionado al cine coreano para resistir una proyección de dos horas y media. Y, sin embargo, ésta lo merece. Se trata de una película interesante, misteriosa, parsimoniosamente lenta, en la que hay que interpretar los detalles y los símbolos. No puede evitarse caer en microsueños a lo largo de tan dilatado metraje como cuando conduces por una autopista de noche y tus párpados ceden a la suave monotonía hipnótica de las líneas blancas de la carretera.

La película fue una revelación en el último festival de Cannes recibiendo alabanzas y parabienes de la crítica y del público. Está basada en un relato corto de Haruki Murakami, autor japonés multilaureado con enfoques surrealistas y cierta tendencia al fatalismo. Con este material, el director Chang-Dong ha compuesto un thriller muy alejado de los estándares occidentales y que, seguramente por eso, sorprende al espectador.

La película nos muestra a un escritor que nunca ha publicado relato alguno y que, entre tanto, ejerce de mensajero y un joven adinerado que sueña con ejercer su pasatiempo: provocar incendios (de ahí el nombre de la película). “Jongsu”, el empleado de mensajería, que se encuentra por casualidad con una chica del vecindario, “Haemi”. Ambos simpatizan y ella le dice al mensajero que va a pasar unos meses en África y que le cuide su gato. Al volver, le presenta a un joven millonario y excéntrico que la corteja y con el que el mensajero se relacionará estrechamente hasta el punto de recibir una extraña propuesta: acompañarle en el incendio de un invernadero. El joven acomodado, al parecer, suele aliviar su estrés mediante el ejercicio de la piromanía. Eso le calma la tensión. Pero, a partir de ese momento, la cinta entra en “modo thriller” y entenderán que no les contemos más. 

Lee Chang-Dong es, en estos momentos, el cineasta coreano por excelencia. Desde 1997 ha filmado distintas cintas, todas ellas ambiciosas y atípicas, que hasta ahora han llamado la atención en Occidente. Ésta, además, ha sido premiada y cubierta de elogios. Es un director que “trabaja” sus películas, siempre hay varios años de distancia entre ellas, tiempo que dedica a perfilarlas con obsesión compulsiva. El resultado son cintas muy bien acabadas que responden sobre todo a la estética y a la narrativa de aquellas latitudes: preciosismo parsimonioso. Los códigos con los que se mueve el cine coreano no son muy diferentes a los utilizados en Japón (por mucho que en ninguno de los dos países guste esta comparación).

El visionado de esta cinta aporta interesantes detalles -la importancia, siempre, está en los detalles- sobre aquel país. En efecto, Burning es interesante por las pinceladas de su morfología. Nos habla de una Corea del Sur dónde los jóvenes millenials sobreviven a duras penas como en cualquier país avanzado. En la actual y moderna Corea del Sur existen los jóvenes con economías modestas, angustiados por las deudas que van contrayendo sus tarjetas de crédito. Mientras, envidian a los “Gatsbys”, individuos misteriosos, adinerados y amorales. Los protagonistas de esta cinta responden a estos arquetipos. La vivienda en donde vive ella “Haemi” ha sido elegida como muestra de hasta qué punto los jóvenes que se han independizado de sus familias están obligados a vivir en chozas claustrofóbicas. 

La película también nos dice mucho sobre la situación política en la frontera entre las dos Coreas que es, justamente, donde se desarrolla la trama. Desde allí, los protagonistas pueden oír a través de altavoces y bafles derrochando vatios, los mensajes, las consignas y las arengas lanzadas desde Corea del Norte. Nos habla también de dos formas de ver la libertad de bailar y desnudarse en el atardecer.  El pobre, envidioso y obsesionado Jongsu le dice, al finalizar, a Haemi que es una puta. 

El espectador deberá estar pendiente y luchar contra la tendencia que le invadirá en algunos momentos y le sumirá en breves microsueños, no por aburrimiento, sino más bien por la hipnosis que sugieren algunas escenas. Si consigue mantener la lucidez a lo largo de toda la proyección verá la aparición de símbolos esparcidos a lo largo de todo el metraje. El primero de todos ellos es el que la protagonista femenina dice haber sido compañera de escuela del mensajero, pero éste no le recuerda. Ella afirma que ha cambiado… se ha hecho cirugía estética. Y que si lo ha hecho ha sido por culpa del mensajero que, siendo compañeros de clase, la consideraba fea. Ahora la ve con otros ojos y se deja seducir. Y luego está ese gato que ocupa un lugar preferente en la cinta (y el drama es que no podemos contarles el por qué, pero el final está marcado por la presencia de este misterioso animal doméstico). La sucesión de símbolos es tal que cada escena tiene alguno presente. Los orientales son así… y corresponde al espectador occidental captar, asimilar e integrar esos símbolos porque, en el cine coreano, suelen decir mucho más que las frases o la acción de los protagonistas.

Película muy interesante desde todos los puntos de vista, original, creativa, sugerente, misteriosa y transida de pasiones y obsesiones humanas. ¿Las dos horas y media? Su hándicap. Parece como si el tiempo Coreano transcurriera más lentamente en Europa. De ahí la inadaptación del cine coreano a la forma de ser europea. Pero tal inadaptación solamente puede ser compensada por un interés y una intriga crecientes en el relato. En esta película este elemento está presente y es el capital. Película para amantes de los ensayos cinematográficos orientales. Aconsejable para los aficionados a los thrillers que no tengan excesiva prisa en ver el final. Gustará a los amantes de películas atípicas y a los estudiosos del alma humana, a los que aman el pensamiento simbólico y a los lectores de Murakami.

martes, 18 de septiembre de 2018

Braga I... al norte de Oporto


La mañana se presentaba como nuestra despedida de Oporto y la bienvenida a Braga. Lo que habitualmente llamamos "Día de Tránsito".

La mañana pretendía y lo conseguía con creces, despedirse de nosotros con niebla, pero no la habitual de estos días, no, la niebla de hoy nos estaba mojando las ropas, la piel, las manos además con frío pastoso.

Listos y en estado de revista, ya estábamos con nuestra maletas delante del Barquero para llevarnos a la otra orilla y subir al bus 500 parada Gás con destino a la Estaçao Sao Bento y de allí tren a Braga.

En alguna ocasión me he acordado de Dante y Caronte, el barquero del Infierno. En el Canto III de la Divina Comedia de Dante, Caronte era el barquero de Hades, encargado de transportar las almas de los difuntos en su barca.

En una hora y algo, en un tren limpio, hemos dirigido nuestros pasos al apartamento en Braga. Céntrico y super agradable para una pareja con una terraza desde dónde divisamos la ciudad y su núcleo histórico. Unos 40m2 de terraza, casi una vivienda.

!!Una cama que no se mueve!! Todavía en según que momento noto el vaivén del barco y me da una sensación de mareo estando en suelo firme y eso que sólo he estado 4 noches. No sé como lo deben llevar los marineros, pescadores, gente que trabaja en cargueros, cruceros de ocio. 

Acabamos dar nuestro primer paseo por las calles más céntricas y en ellas están todos aquellos edificios más emblemáticos. También las firmas de moda más importantes, no al nivel de Glasgow, pero nada despreciables.

Hemos comprado frutas, galletas, agua, etc,. Y esta introducción viene a cuento porque mi marido que es un fan de las chuches o confites ha comprado una bolsa donde hay una indicación que no había leído. Los confites de geles dulces tienen el E102 e informan de que puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños. Por favor!!

Información del clima: hace un calor impresionante incluso las señoras, las chicas jóvenes van con colores alegres y veraniegos en sus ropas. 

Como ya he comentado que estamos en medios de edificios históricos religiosos porque algo que no sabía es que Braga desde el año 1070 d.C., la ciudad es símbolo de una importancia religiosa. Antes de Cristo, celtas, romanos, suevos y visigodos han ocupado Braga. Los romanos ya le dieron un nombre como ciudad Bracara Augusta fundada por Augusto en el año 16 a.C. 

lunes, 17 de septiembre de 2018

Oporto IV... visita a Fundaçao de Serralves



Estaba programada una maratón o prueba deportiva en Oporto. Calles cortadas y el tráfico desplazado a otras zonas.

Nuestros  planes eran de acrecentar nuestra cultura artística:
1. Visitar el Museu de Arte Comtemparânea
2. Fundaçao de Serralves

Ambos están ubicados en un espacio privilegiado. La Fundaçao es el centro cultural más importante de Oporto. Se compone de dos edificios notables: El Museu de Serralves diseñado por el arquitecto Siza Vieira y la Casa Serralves, de aire art decó, que fuera casa de los Condes de Vizela.

La visita al museo comprendía ver obras fotográficas. De la que me voy a recordar es una fotografía de Boyd Webb llamada The Conservationist de 1978. A partir del día 20 habrá una exposición del Robert Mapplethorpe. Si buscáis su biografía es todo un personaje polémico.

Vimos las obras de Anish Kapoor y su laboratorio de proyectos.

El resto de fotografías no llegaron a impresionarme porque las encontré muy básicas en el 2018. Cualquier experto artístico en Photoshop, hoy por hoy sorprende más. 

Me gustó más el continente (Edificio del Museo) con sus grandes ventanales que permiten perphormances artísticas. Ver el jardín, formando un lienzo fotográfico in situ y diferente por los cambios en segundos de luz y climatología.

Existe un circuito por toda la finca donde están instaladas obras escultóricas. La más simpática es la pala de jardinero de Claus Oldenburg & Coosje Van Bruggen de 2001.



En la entrada al museo nos recibe una obra cúbica de Anish Kapoor llamada "Bajada al Limbo". Hace poco salió en las noticias que un visitante italiano de 60 años fue hospitalizado por caer en la escultura ya que cuenta con un foso de 2,5 metros de profundidad.

Me encantaron las 56 maquetas concebidas por Anish Kapoor a lo largo de 40 años. Es verdad que están desarrolladas sólo desde un punto de visión. Al contemplar las 56 maquetas una tiene la sensación de estar escuchando el Bolero de Ravel... "variaciones sobre un mismo tema".

Posiblemente la base de cualquier arte sea la obsesión del artista por un tema. Desarrollado hasta la saciedad. También es verdad que el artista se obliga a exprimir su obra antes de que lo hagan otros por él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Oporto III... hasta las gaviotas necesitan faros


La mañana de sábado 15 la comenzamos tarde para nosotros. A las 10h. por fin! salimos a caminar con 3 objetivos:

1. Ver la Reserva Natural do Estuario do Douro
2. Ver el Atlántico del lado Norte de Oporto
3. Ver la city center desde la Estaçao do Sao Bento a la Catedral, Mercado Ferreira Borges

El primer reto era muy interesante por la cantidad de pájaros a cual más distinto allí congregados en las dunas. Distingo gaviotas, garzas, patos pero no me pidan más porque no entiendo de pájaros. 

Todo muy cuidado y con la información precisa de las variedad que llegan a esos remansos de agua y arena.

El destino cuenta con rutas para corredores, caminantes y una pista exclusiva para ciclistas en rojo que parece ha sido promovida por la UE. 

Hay dispuestos varias cajas de madera de observación afín de con unos prismáticos verlos sin que haya presencia humana. Al lado hay una playa espectacular aunque el tema de hoy sigue siendo la niebla o bruma nuevamente intensa.  

Después de este breve recorrido, hemos vuelto por el mismo camino para subir al barco Menino do Douro con la intención de ir a la otra margen del río, a la altura de la Rua do Ouro. Nada más bajar hemos llegado, en dirección hacia el Atlántico, a un nuevo observatorio de las aves sin tantas medidas se observación. Las gaviotas están super acostumbradas a la presencia humana. Allí hemos hecho un montón de fotos.

El Faro situado enfrente del Fuertte Sao Julio do Foz señala el inicio del mar dejando atrás el río. También es el inicio de la playa. 

Curioso ha sido ver que a pesar del intenso oleaje, a pesar de la niebla, a pesar de que no había esperanza de se asomara un rayo de Sol... la gente estaba en la playa, con bañador y parecían felices de disfrutar de un magnífico día de playa, eso si, ayudados con unos cortavientos individuales que les permitía leer cualquier libro. 

Cuando hemos visto la escena... recuerdo que la gente que frecuento en Barcelona y el Maresme en cuanto hay una sola nuvecilla ponen rumbo a la confortabilidad del hogar.

Para llegar a cumplir con la 3 opción hemos subido al bus 500 que nos ha llevado por las orillas del río hasta el centro de Oporto.

La verdad es que eran cerca de las 13h. y teníamos apetito, de modo que nos hemos alejado de los restaurantes para turistas y hemos entrado en uno de comida casera llamado CasaBalsas en la Rua Saraiva de Carvalho, 53 y ha ocurrido una escena que no daba crédito por ser la mar de divertida. 

Mi marido todo hay que decir es muy ansioso, pero mucho, mucho en general pero con la comida es tremendo y les pido que retengas este dato. Así que en el momento de pedir la comanda hemos elegido lo más típico: bacalao para los dos. Aunque yo añadí una sopa del día. No pregunté de que era. Muy rica, como una crema de patatas, zanahorias, con unas espinacas pelín amargas.

A medida que decía lo sabrosa que estaba, mi marido mirándome pensando... yo quiero algo mientras veo como se deleita con la sopa. Así que mira la carta y pide una salchicha alemana. Ah!... que bueno la reacción de la señorita que nos atendía. Ella con decisión le dijo que no, que no lo pidiera porque con el bacalao tenía suficiente. Que si, que no, que si, que no. Al final obedeció como un estudiante en el comedor del colegio. Cuando se fue la chica me entró la risa y la verdad es que no la podía contener, pero enseguida hice un esfuerzo por seguir con la comida. 

Llegó el esperado bacallao y la guarnición de patatas con unas sabrosas cebollas. Realmente te llenaban lo suficiente para no pedir nada más ni siquiera postre. 

Me sorprendió y me encantó como controlan a los clientes ansiosos. El personal que atiende a lo largo del día sabe que al final sobran y sobran comida y tirarla no puede ser rentable. De modo que la comida casera hizo que nos sintiéramos como niños de mala crianza.