lunes, 18 de septiembre de 2017

A War... de Tobias Lindholm


¿Qué hace un noruego en Afganistán? Sin duda no hay dos países tan alejados uno de otro como Noruega y la tierra de los talibanes. Por eso, esta película de contrastes filmada por Tobías Lindholm, A War (Una guerra), resulta tan sorprendente y convincente. La cuestión de fondo de la película es un incidente bélico en el que perdieron la vida un grupo de civiles afganos. El director nos muestra los antecedentes del drama, en qué circunstancias se produjo y cómo desembocó. 

¿Qué hace un contingente noruego en la tierra de los talibanes? 1) Ser un blanco (objetivo) viviente, 2) Realizar tareas humanitarias, 3) Estar lejos de sus familias y 4) Sobrevivir a cualquier precio. Las cuatro respuestas son correctas. No hay una quinta. Y esto es lo que se deduce siguiendo las tres partes de esta película: la primera en la que se nos muestra la actividad de una compañía del ejército noruego destacada en Afganistan y dirigida por el “comandante Noel M. Pedersen” (Pilou Asbaek) se trata de una parte esencialmente bélica con escenas de acción que reflejan bastante bien la realidad de aquel conflicto (emboscadas, población civil entre dos fuegos, crímenes de los talibanes que consideran “colaboracionista” a cualquiera que sea atendido por médicos militares extranjeros, compañeros que se desangran hasta la muerte ante los propios ojos y situaciones de máximo riesgo y tensión ante las que un oficial de carrera debe reaccionar ¿cómo indica el manual o cómo indica su instinto de supervivencia?

La segunda parte, nos muestra lo que el oficial (como símbolo de todos los soldados de su unidad) han dejado atrás: familia, hijos, amigos, hogar. El hecho de que un teléfono móvil o el ancho de banda de una manguera de cable óptico, permitan contactar con los que se han quedado en el país de origen, más que aliviar la sensación de lejanía, la agravan. Especialmente cuando nadie sabe porqué se está a 25.000 km del país cuya bandera se ha jurado defender cuando uno se alistó. 

El tramo final de la película nos muestra el proceso al que es sometido en su país el comandante en cuestión cuando es llevado a juicio por haber causado la muerte de varios civiles afganos. Aquí la lucha es casi peor: ya no es entre unos soldados enviados a defender una causa que nadie les ha explicado y unos cabreros primitivos cuya patria ha sido invadida y que responden con códigos éticos medievales y con una ferocidad primitiva, sino la lucha entre dos abogados cada uno de los cuales va de gallito por la vida, competitivos y con vocación de ganar, el abogado defensor y la fiscal, ambiciosos leguleyos, incapaces de llegar al “fondo de la cuestión”: que un noruego metido en la guerra de Afganistán (como un español, como un norteamericano, como un malayo) carecen de razones para participar en un conflicto que sólo interesaba a la cúpula del poder norteamericano de la época. Los abogados no pueden hacerse una idea de lo que suponía estar destacado en el Afganistán de los talibanes: lo suyo es el propio lucimiento personal a efectos de currículum.

Si de esto va la película, cabe hablar ahora de las características técnicas de la misma. De entre los actores destaca, claro está, el protagonista, Pilou Asbaek, más que convincente en las escenas de guerra, y Søren Mailling como abogado defensor. Ambos son suficientemente conocidos por sus múltiples intervenciones en series nórdicas que han llegado a España y de las que cabe celebrar su extraordinaria calidad: han aparecido juntos en 1864, Forbridelsen y en Borgen. Del director, Tobias Lindholm cabe decir que es danés de origen, alterna su trabajo de dirección con la guionización de películas y series caracterizadas por los dilemas morales que deben afrontar los protagonistas. Es el autor del guión de Borgen, por cierto, y de Bedrag.  Entre los filmes que ha dirigido guionizando destaca sobre todo Submarino (2010) que no se ha estrenado en España, R (2010, que además dirigió), un drama carcelario con giros imprevistos y de extraordinaria calidad, Un secuestro (2012, que recibió ese año el Premio Robert a la Mejor Película Danesa) y que se sitúa en la estela de Capitan Phillips (2013), precediéndola por un año y con el mismo tema argumental. Su trayectoria indica interés por realizar películas de cierto “compromiso” político, pero desde una óptica aséptica que permite al espectador sacar sus propias conclusiones. 
De entre lo mejor de la película figura la escena final en la que el protagonista, después del proceso, ya en casa con su esposa y sus tres hijos menores, sale a la terraza en la noche y se fuma un cigarrillo. Aquel momento es la antítesis de las jornadas que vivió en Afganistán. Es indudable que la película tiene un trasfondo pacifista. 

A pesar de que todas las guerras contengan elementos absurdos e irracionales, es bueno no olvidar lo que ha ocurrido (y en cierta medida sigue ocurriendo en Afganistán): con una excusa banal (que su increíble Bin Laden se encontraba escondido en una cueva en aquel país…), los EEUU iniciaron el bombardeo de aquel país generando una respuesta inmediata. Si bien los afganos no podían hacer nada para contener el diluvio de fuego que empezó a caerles desde el aire en octubre y noviembre de 2001, cuando el ejército de ocupación norteamericano apareció fue recibido por fuego cruzado. Bush, a toque de pito, ordenó (los imperios no negocian con sus vasallos, les ordenan) que todos los países aliados enviaran contingentes simbólicos a combatir al lado de los marines y todos sin excepción cumplieron (incluida la España  de ZP como antes había cumplido la España de Aznar). Y allí fueron a parar soldados que habían jurado defender y morir por la soberanía y las gentes de su país, trasladados a un horizonte geográfico y a una sociedad que vivía en la edad media, recibiendo como única explicación que iban a “combatir contra el terrorismo internacional”. Gobiernos pusilánimes de todo el mundo rehusaron decir la verdad (que no se jugaban nada en Afganistán y que lo único que estaba en el aire era la benevolencia del “amigo americano”) y enviaron a sus jóvenes a morir. ¿Cómo se les puede reprochar que, una vez allí, solamente trataran de salvar la vida? 

El director, en ningún momento, pretende predicar el pacifismo, no condena a los militares por el hecho de tener armas en las manos, sino que condena las guerras absurdas y la intervención de países cuyos gobiernos prefirieron enviar a sus hijos a morir, antes que ser “mal vistos” por el “imperio”. No es una película “pacifista”, propiamente dicha: ni el ejército, ni la guerra son condenados en bloque. Lo que se condena es una guerra en concreto. Y vale la pena no olvidar que aquel conflicto sigue vivo y activo para mayor vergüenza y oprobio de quienes lo iniciaron y de las administraciones posteriores que no han sabido detenerlo.

Probablemente esta película pueda especialmente ser entendida y admirada por los soldados españoles que fueron enviados a Afganistan o a Irak y por sus familias. 

martes, 12 de septiembre de 2017

domingo, 27 de agosto de 2017

El otro Guardaespaldas... Ryan Reynolds y Samuel L. Jackson


Si de lo que se trata es de reír y pasarlo bien, hay que reconocer que el verano de 2017 está siendo un buen momento para este tipo de cine ligero y sin complicaciones. En poco tiempo han llegado varias películas que destilan un innegable sentido del humor aun cuando cada una tenga sus propias coordenadas: En lugar del Señor Stein es una, la otra Una cita en el parque con Diane Keaton y Brendan Gleeson; se podría añadir también Tadeo Jones 2 y el Secreto del Rey Midas, producto carpetovetónico de animación a considerar y, finalmente, la que nos ocupa ahora, una película de acción, El otro guardaespaldas. 

Otro tema muy aprovechable es que ustedes la tienen que ver en versión original, si quieren tener una tarde de aprender the english que no enseñan en las academias... palabrotas, mermelada de palabrotas o lo que es lo mismo "swearing jam", es evidente que no las voy a escribir.

Reír nunca viene mal y con los tiempos que corren casi es la única defensa para que no caigamos en la más profunda de las depresiones. Así pues, este tipo de películas son de agradecer. La película nos cuenta la historia de un guardaespaldas de campanillas que recibe el encargo de proteger la vida de un asesino a sueldo que debe prestar testimonio en el proceso celebrado contra un dictador en el Tribunal Internacional de La Haya. Los intérpretes son más que notables: el guardaespaldas es Ryan Reynolds, el asesino a sueldo Samuel L. Jackson y el dictador enfermizo Gary Oldman. Si a esto unimos la presencia de Salma Hayek y de Elodie Young, el quinteto de ases estará completo. Además, de ser actores consumados se esfuerzan en sus respectivos papeles. Los incondicionales de Oldman lamentará, eso sí, que su presencia sea episódica y que no aparezca en más escenas.

Además de ser una película acción, se cruzan las tramas amorosas de los dos protagonistas principales (Reynolds y Jackson). Y es aquí en donde la película vive sus momentos más cursilones y relamidos. Es como ver seguratas grandes como castillos lagrimeando al leer una novela rosa o como a un grupo de malvados asesinos encarcelados, degustar unos Petit Suiss. Por lo demás, exceptuadas esta línea argumental, la película casi parece un videojuego y remite a aquella serie del Equipo A: disparos a tutiplé y un notable litraje de sangre. Los protagonistas reciben tiros y estacazos, pero no hay que preocuparse: en la escena siguiente recuperarán la forma y en la otra ya ni tendrán rastros de las magulladuras. Así da gusto sobrevivir.

La fotografía es aceptable, el guión con los giros suficientes como para que la película haga reír lo suficientes para poder encuadrarla como “comedia de acción”. Atentos al género: “Comedia de acción”. No es una película arte y ensayo, ni ha sido diseñada para profundizar en la psicología torturada de personajes con una vida interior extraordinariamente rica, vistosa o sórdida. Y en cuanto a la música –que ha sido muy criticada- le ocurre lo mismo: ponga usted a una película como esta las Cuatro Estaciones de Vivaldi y el Carmina Burana y la hará polvo: la trama, la película en sí, es ligera y fácil de ver, por tanto la banda sonora debe seguir en esta línea por convencional que pueda parecer. Y no olvidemos a los especialistas que en cada escena de persecución en coche, barca y moto a través de calles y canales de Amsterdam, se han arriesgado a salir descalabrados y han contribuido a la espectacularidad de algunas escenas. 

Lo menos que se puede pedir hoy a una película, además de que nos entretenga, es que no nos engañe sobre lo que vamos a ver. Y esa no lo hace. Los clips difundidos indican a las claras de qué va y por qué nos debería gustar en esta cinta: la sobredosis de acción, los sobresaltos continuos,  el feeling entre los dos protagonistas (Jackson y Reynolds), e incluso lo intrascendente del tema que nos aleja de las desdichas de lo cotidiano, del calor sofocante y de la peor noticia de todas: las vacaciones terminarán en apenas siete días.


Película adecuada para parejas jóvenes en tardes sin muchos alicientes o para grupos de amigos que quieran regalarse unas risas. Almas sensibles abstenerse, no sólo por los continuos tiroteos, sino también por el lenguaje utilizado que rebasa los límites del buen gusto. Tampoco hace falta utilizar el sempiterno fucking-you y el shit para  hacer reír. ¡Qué tiempos aquellos en los que el código deontológico de Hollywood recomendaba limitar este tipo de excesos.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Tadeo Jones 2 y el Secreto de Rey Midas


En 2012 se entrenó Las aventuras de Tadeo Jones, que constituyo un aceptable éxito en taquilla y fue generalmente bien acogido por la crítica y el público. Aquella fue la primera gran película de animación realizada en España según las modernas técnicas de animación digital. Además, el argumento era simpático y parodiaba las andanzas ya agotadas por la edad de Indiana Jones. Era evidente que aquella primera experiencia iba a tener una segunda parte y hemos tenido que esperar cinco años para disfrutarla. Si en la primera entrega, la trama nos remitía al Perú, ahora  seguimos moviéndonos por entorno legendarios y vemos a un Tadeo Jones tratando de recuperar el “Collar del Rey Midas”.

Resumimos el argumento: una arqueóloga, Sara Lavroff, descubre un fragmento del collar del Rey Midas que muestra que aquel personaje mitológico que convertía en oro todo lo que tocaba. Tadeo Jones acompañará a su amiga a Las Vegas en donde presentará su hallazgo, pero una banda de malhechores roban el fragmento del collar para poder unirlo a los otros dos que permitirán reconstruir el mecanismo por el cual el Rey Midas estaba asociado a la producción de oro. Las aventuras de esta entrega discurren, pues, por varios países mediterráneos y contribuyen a acentuar el carácter aventurero del protagonista, un antiguo obrero de la construcción que, en la primera entrega, fue confundido con un arqueólogo y, a partir de entonces se sintió identificado con este rol. 

Resulta inevitable comparar esta segunda entrega con la primera. Acaso porque la proyectada en 2012 nos cogió a todos casi de sorpresa (especialmente a los que no conocían el personaje creado en 2001 por Enrique Gato) y en esta ya sabíamos lo que íbamos a ver, nos pareció más divertida la primera, si bien esta es entretenida, especialmente en lo relativo a la historia del Rey Midas. La interpolación de una “historia de amor” (¿por qué diablos en todas las series españolas y en algunos largos aparece siempre una “historia de amor” que aleja del vector principal de la cinta y no aporta gran cosa?) resulta particularmente cansina y desplaza el eje de la trama, del personaje que queríamos ver, Tadeo Jones, a dos chicas, formándose un triángulo imperfecto que, simplemente, desvía de la aventura central. El recurso del triángulo podría haberse abordado con humor, en lugar de eso, se recurre a la melancolía que no parece el mejor ingrediente para una película que debería estar pensada especialmente para un público infantil y adolescente.

Item mas: cuando veíamos la película nos resultaba inevitable pensar en el personaje de “Stuart”, el propietario de la tienda de cómics de la serie The Big-Bang-Theory: arquetipo del perdedor, incapaz de dar pie con bola en materia amorosa e incapaz de relacionarse de manera normal (porque la normalidad existe) con el otro sexo. Y esto da que pensar sobre si en el mundo del cómic o de los guionistas (incluida los de esta película) abunde la figura del perdedor en materia sexual. Recientemente hemos visto una serie inglesa que hubieran debido de ver los guionistas de Tadeo Jones 2 y el secreto del Rey Midas: Cazadores de Leyendas. Se trata de una serie de aventuras, amor y humor, en donde los protagonistas, hombres y mujer, incompatibles, él aventurero, ella arqueóloga reputada, recorren el mundo en busca de joyas y tesoros arqueológicos parecidos al collar del Rey Midas. Hubiera bastado adquirir los derechos de esta serie y adaptarla a la animación para obtener un resultado cómico superior al que hemos visto en esta entrega del bueno de Tadeo Jones.


La parte más positiva de la película es que técnicamente el modelado de las imágenes y su concepción rozan la perfección. Recordamos que en España, en unos pequeños estudios de animación situados en Vallcarca (Barcelona) se elaboró el primer largometraje de animación en color con el título de Garbancito de la Mancha (1945); el primitivismo y la falta de recursos eran lacerantes, pero la voluntad de sus artífices consiguió que la cinta pudiera salir adelante la cinta. Algo más de setenta años después, nuestra industria de animación llega a la mayoría de edad con la serie Tadeo Jones. Así pues, al menos, técnicamente, no podemos pedir más. Ahora solamente falta que los guiones estén a la altura en comicidad y brillantez. Y en este terreno seguimos estando por detrás de donde deberíamos.

Los “malvados” están muy bien diseñados y sus trajes y motos particularmente cuidados. Los recorridos por los países mediterráneos también aportan paletadas de perfección. Pero aquí debemos mencionar un pequeño problema: que en el extranjero se considere a España como el país de las gitanas con batas de cola es poco riguroso pero inevitable desde el momento en que Próspero Merimé puso de moda el arquetipo (en su versión de Carmen) y su amiga íntima, la emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo, lo popularizó entre las marquesonas de ambos lados de los Pirineos. Ésta aristocracia de muchos posibles y pocas neuronas, empezó a utilizar los faralaes y los tejidos a topos para fiestas y saraos y de ahí la identificación… pero podía evitarse en la producción nacional. 

La parte cómica se ha cargado, sobre todo, en la Momia. Y tiene, efectivamente, gracia, pero a lo largo de los 87 minutos de proyección vemos al personaje hacer los mismos movimientos e idénticos guiños que sorprenden las primeras veces, pero constituyen una reiteración que hubiera podido evitarse en aras de una mayor creatividad. me pareció como esas personas que se empeñan en contarte un chiste que no tiene gracia. 


Así pues, al salir de la premiere nos hemos sentido afectados por una doble sensación: en primer lugar por la satisfacción de ver a un personaje que nos resulta particularmente simpático y un desarrollo técnico de alta calidad (posiblemente, incluso, superior a la primera entrega) que puede competir con cualquier producto de la Pixar; pero, por otra parte, como viene siendo habitual en las producciones españolas, el nivel de comicidad no está a la altura de la perfección técnica de las imágenes y las subtramas del triángulo amoroso, están, simplemente, fuera de lugar. Hay que ir al grano y no perderse en el tópico nacional de la historia de amor extrapolada en cualquier producto carpetovetónico: por sus características, Tadeo Jones solamente puede derivar –de hecho, solo debería de derivar- por los senderos de la comicidad. Y ésta ha faltado.


domingo, 20 de agosto de 2017

Una cita en el parque... con Diane Keaton y Brendan Gleeson




Los veranos tienen sus películas y las productoras suelen lanzar en esos meses películas sencillas, más o menos bien hechas, con argumentos banales, sin grandes complicaciones existenciales y, sobre todo, que sean entretenidas. No son meses para películas de grandes presupuestos (en verano baja el volumen de negocio de casi todos los sectores salvo el turismo y la hostelería) que serían difícilmente amortizables (prevemos un fracaso comercial para Dunkerke), sino para cintas como ésta: Una cita en el parque.

Del cúmulo de películas estrenadas en los veranos pocas se suelen salvar de la crítica. Pero hay algunas que sobresalen. Ésta, por ejemplo. La gracia de esta película es que es desengrasante, ligera, entretenida y puede gustar a determinado tipo de público que ha superado los sesenta y tiene más camino recorrido que el que le queda por delante. Un comentarista norteamericano decía que esa película “huele a desodorante”. Mejor que huela a desodorante que a desinfectante hospitalario, a zotal taleguero o a simple basura. Pero si es cierto que la película puede ser solamente asumida y admitida por un público de cierta edad. De hecho, la película ha sido concebida para ese segmento de población: se trata de un público que desde siempre estuvo habituado a visitar las salas de proyección, que ha llegado tarde a la era digital y que, en verano, tiene derecho a productos propios. 

¿De qué va Una cita en el parque? Lo que el espectador va a ver es un parque londinense en el que vive la protagonista, “Emili Walters” (Diane Keaton), viuda y descuidada que un buen día descubre a otro habitante de la zona (Brendan Gleeson) con el que hace buenas migas. Ambos son, en parte almas gemelas y en parte opuestos irreconciliables. Sin embargo, ella logra enderezar la vida de su nuevo amigo. ¿Cómo termina? Sería spoiler revelarlo, pero cabe decir que ni el final ni toda la película en sí es una novela rosa.

De todas formas, la cinta no puede evitar entregar algún mensaje ideológico a los espectadores. Éste viene dado por el hijo de “Emili”, preocupado por sus problemas económicos y por estar querer evitar mantenerla. Le conmina a que afronte urgentemente sus deudas, problemas económicos y futuro. Parece como si el Estado quisiera decir a la “tercera edad”: “búscate la vida, porque no sabemos hasta cuándo podremos pagarte la jubilación y, desde luego, con eso no te bastará”. Mensaje ultraliberal por excelencia y muy acorde con los tiempos que corren. Los espectadores asistirán a la escenificación de un cuento contado con la mejor de la intenciones adornado de ecologismo, luchas judiciales, inversores, inmobiliarias, rasgos todos, junto al ultraliberalismo, propios de nuestro tiempo.

Seguramente todos habremos conocido en nuestras vidas al personaje interpretado por Diane Keaton, una buena samaritana lastrada por su propia personalidad: preocupada por ayudar a los demás (en este caso a Gleeson), solidario, que vive los problemas ecológicos y medioambientales con una intensidad desmedida y que para colmo es capaz de luchar para resolver los problemas de la población de las Galápagos o de cualquier lugar olvidado de África, pero incapaz de ayudarse a sí misma. “Emily” se vuelca en ayudar al otro habitante del parque, lo protege, le quiere solucionar la vida, enderezar, mientras la suya propia va a la deriva. 


Y la Keaton está particularmente brillante. Si en Cuando menos te lo esperas (2003), trató de enamorar a un Keanu Reeves con 20 años menos de diferencia, ahora con sus buenos 71 años cumplidos, vuelve a repetir con un Gleeson diez años más joven. Hace un buen papel, mientras Gleeson defiende como puede el suyo, no por falta de méritos, sino porque los guionistas se han concentrado en el personaje femenino y han dejado el suyo bastante descuidado.

La película se apoya especialmente en la actuación de los dos protagonistas. El resto de elementos visuales y narrativos, son correctos. No esperen grandes tomas, ni una fotografía o una banda sonora de campanillas: es una película para el verano del 2017, no una genialidad destinada a ocupar una página propia en la historia del cine. De hecho, uno de los grandes méritos de la película es que aspira a contar una historia, intrascendente salvo para sus protagonistas, y a contarla bien. Lo que hoy puede ser considerado como un elogio a la vista de la calidad media de los productos veraniegos. 

¿Cuál es el mensaje final de la película? Es diáfano: si usted ha conocido el amor a lo largo de su vida, pero no le ha ido lo que se dice muy bien, si lo ha conocido pero lo perdió más tarde, si no lo ha conocido jamás, si espera encontrarlo algún día, esté tranquilo, a los setenta años todavía se puede encontrar un compañero de vida con el que recorrer juntos (o a algunos metros de distancia) el último tramo. O dicho de otra manera, no pierda la esperanza de que en algún lugar, en alguna dimensión, existirá alguien complementario a usted que pueda ser su compañero/a.


Como hemos dicho desde el principio, la película gustará sobre todo a los miembros de la “tercera edad”. Está pensada para ellos. Pero eso no quiere decir que no merezca ser vista por otros: cualquier hijo o nieto que quiera regalar a los abuelos una película entretenida, puede elegir esta con la seguridad de que les dará una satisfacción. Si usted también está próximo a esa edad y no ha logrado estabilizarse sentimentalmente, seguramente encontrará aquí alguna inspiración o argumentos para ver el futuro con más optimismo. También convendrá a los que quieran entender la psicología de los más veteranos, lo que piensan, lo que sienten y cómo perciben la vida que, definitivamente, es de manera diferente a la juventud o a los diferentes tramos de la madurez. 


miércoles, 2 de agosto de 2017

Regreso a Montauk... de Volker Schlöndorff


Volker Schlöndorff, ex marido de Margarethe Von Trotta, está a poco de cumplir los ochenta años. A pesar de su ascendencia alemana, es de formación cinematográfica francesa y, de hecho ha sido considerado como uno de los puntales del “nuevo cine alemán”, traslación de la Nouvelle Vague a su país. Destacamos estos elementos, no por afán de biografías al personaje sino porque tienen relación directa con su última película, Regreso a Montauk.

Schlöndorff nos habla de un escritor, “Max Zorn” que se reúne con su esposa en Nueva York para promocionar su última novela en Estados Unidos. Lo que el autor cuenta en su novela es una historia personal: su relación con una mujer de aquella ciudad y las razones por las que esa relación fracasó. Ambos, el escritor y su antiguo amor -como no podía ser de otra manera- se encuentran. Nada es ya como antes. Él es un escritor consagrado y ella una abogada cotizada, una neoyorkina más, así que deciden pasar unos días en Montauk, una población próxima a Nueva York y que, dicho sea de paso, reconocemos por haber aparecido en alguna película (¡Olvídate de mí! [2004] con Jim Carrey) y en series televisivas (Revenge y The Affair en donde transcurre la trama). La ciudad es identificable especialmente por su fotogénico faro.

La película nos dice que el tiempo no pasa en vano. No solamente cambiamos nosotros sino que cambia nuestra percepción de otros que, por su parte, también han cambiado. No hay amores que resistan separaciones de muchos años. Tal es el mensaje de la cinta. ¿Entiende ahora por qué destacaba en el primer párrafo la edad de su director? Con cuarenta años menos y con las ideas de la “nouvelle vague” vivas y activas en sus neuronas de director, Schlöndorff habría hecho otra película, con otro mensaje. Probablemente con la cámara más libre y el argumento más desgarrador, sin excluir un suicidio final de los amantes después de una complicada velada existencialista, salpicada por planos detalles, picados y contrapicados o expresivos planos-secuencia. 

Buena parte del peso de la trama recae sobre Nina Hoss cuya actuación describe perfectamente la situación emocional de una mujer cuya atracción por el escritor tenía fecha de caducidad y, reactualizarla es algo tan inútil como tratar de ponerse un vestido del baúl de los recuerdos de hace veinte o treinta años: ni las hechuras, ni el estilo, ni los colores, nada, en definitiva, pueden salvarse, salvo el tener un buen recuerdo. Sin embargo, el escritor quiere que todavía exista fuego en unas cenizas que se extinguieron hace 20 años, y hoy están ya desintegradas y volatilizadas con el viento. Su personaje de “Rebecca”, por su parte, tiene una escena genial que, por algún motivo me remitió a la Marilyn Monroe de Vidas Rebeldes (1961).

Un veterano como Schlöndorff, en cuyo haber se cuentan películas memorables como El joven Törless (1966), El tambor de hojalata (1979), Homo Faber (1991) o El noveno día (2004), en nuestra opinión su mejor película, y cuyo recorrido en la dirección supera el medio siglo, no puede cometer errores en sus producciones. Si exceptuamos el tinte de pelo del veterano Stellan Skarsgard (que interpreta al escritor “Max Zorn”) que resulta increíble y que opera el efecto contrario al esperado, acentuando su edad, el resto de la película es técnica y estéticamente correcta. Skarsgard, por lo demás, defiende perfectamente al personaje, se identifica con él, insiste en conseguir verla de nuevo con tal vehemencia que casi podría dar la impresión de ser un acosador. Se ha dicho que la pareja protagonista no muestra empatía. Y efectivamente, así es, porque tal es el mensaje de la película: el pasado, es pasado y nunca ha retornado. 

Tras ver esta película podríamos preguntarnos si queda algo del “nuevo cine alemán”. Poco, de hecho. Si tenemos en cuenta que, en su origen, aquellos directores (Fassbinder, Herzog, Wenders, y Schlöndorff) solían tratar problemas de jóvenes y justificaban las posturas contestatarias de los 70 o que otro de sus rasgos era el plantearse problemas del pasado de su país (el trauma tanto del nazismo como de la desnazificación, de una Alemania, no solo vencida, sino rota y dividida), e incluso el interés por la mentalidad femenina y por examinar los problemas sociales a partir de esa óptica, veremos que esta película tiene muy poco de aquella escuela de la Schlöndorff fue uno de los introductores y, sin duda. A la pregunta de si debemos entonar el miserere por el “nuevo cine alemán”, la respuesta es sí. Esta película certifica una defunción y en el epitafio debería decir: “Aquí yace, vencido por el tiempo”. Porque, de hecho, esta película, con todo el interés que puede tener –y que, de hecho tiene– no deja de ser un melodrama sentimental, una película muy masculina de un director maduro, ya en la tercera edad, y dirigida, no a contestatarios, ni a jóvenes airados por su época, sino a aquellos que miran el ayer, a quienes están dejando atrás la madurez y empiezan a ser conscientes de que tienen más pasado que futuro. 


La película es recomendable, en primer lugar para amantes del cine alemán y para quienes aspiren a seguir su evolución. Luego muy recomendable para hombres maduros que precisen una ayudita para revisar su pasado y superar algunos atascos emotivos y sentimentales, especialmente para quienes tienen, de tanto en tanto, la tentación de contactar con mujeres que amaron en otro tiempo, como aquel tango de Gardel: “Volver al primer amor”, como si ese amor, esa vida se hubiera congelado, hibernado, esperando un regreso, como si no hubiera tenido vida propia. Seguro que muchos de ustedes conocen esta situación.

domingo, 30 de julio de 2017

LA DECISIÓN DEL REY... cuando el rey decidía


Una película noruega que revisa la historia de ese país en el momento en el que se vio, sin quererlo, embarcada en la Segunda Guerra Mundial. Era el mes de abril de 1940. Los ingleses, sabiendo que el mineral de hierro procedente de Suecia era vital para el esfuerzo bélico alemán, decidieron unilateralmente minar los puertos noruegos. Alemania respondió haciéndose con el control del país y ocupándolo durante los siguientes cinco años. 

Previamente, cuando estalló la guerra ruso-finlandesa, en el invierno de 1939, Churchill ya intentó poner un pie en Noruega alegando la ayuda que iba a prestar a Finlandia. El plan no pudo llevarse a cabo porque la guerra fue breve y no hubo tiempo para ponerlo en práctica. Más adelante, en febrero de 1940, un barco alemán desarmado que transportaba 303 prisioneros británicos, fue atacado por un destructor británico en aguas neutrales y se refugió en un fiordo noruego a donde fue perseguido y atacado. La acción, que en realidad, era una violación del estatuto de neutralidad noruego. El gobierno de este país reaccionó airadamente con Gran Bretaña. Era evidente que aspiraba a permanecer al margen de la guerra. 

Lamentablemente, estos antecedentes no son explicados en la película La decisión del rey, a pesar de que hubieran contribuido a que se entendiera mejor la trama. Incluso Shakespeare en su Julio César se vio obligado a retroceder a su llegada a Roma para explicar porqué Bruto, un mal día, le dio por emprender con él a cuchilladas. La historia siempre tiene justificaciones objetivas y es, a partir de ellas, sobre la que puede deducirse la actitud de cada parte, no empleando el subterfugio de limitar el acceso al pasado histórico para evitar el compromiso de tener que recordar que hubo responsabilidad compartida en los factores que introdujeron a Noruega en le conflicto.

El fondo de la cuestión es la actitud de un monarca anciano al que le resulta muy difícil comprender la situación y actuar en consecuencia. Acaso porque la situación no tenía solución y era evidente que Noruega había sido puesta en una situación difícil por los británicos y los alemanes no tenían la más mínima intención de dejarse sitiar desde la península escandinava y actuaron en consecuencia. La maquinaria militar alemana era muy superior a la noruega y el Reino Unido estaba demasiado lejos como para poder contrarrestarla. La película tiende a explicar y justificar el papel del Rey Haakon VII en aquellos cruciales momentos. Desde este punto de vista, la película satisface las conciencias de los habitantes de aquel país: el rey hizo lo que hizo porque no pudo hacer otra cosa. El cómo se llegó a esa situación es lo que queda cojo: la cinta evita remontarse a las fuentes del conflicto, seguramente porque, finalmente, los ingleses figuraban en el bando vencedor en 1945 y el relato que ofrecieron de los hechos es simple: Alemania invadió Noruega, porque el Reich llevaba en sus entrañas el agresivo virus expansionista.

Quizás esto sea lo que se puede reprochar a la película: que está orientada al consumo interior. Esto hace que parezca algo lenta especialmente en algunos tramos y se extienda en explicaciones y personajes sobre los que fuera de Noruega se sabe poco. El director, da la sensación, incluso, de que en algunos momentos, hubiera deseado salir de la corrección política y exponer lo que cada vez sospecha más gente: que la culpa del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial no correspondió solamente a Alemania, sino que Inglaterra –y Winston Churchill en concreto- tuvieron mucho que ver. En efecto, en un momento dado, el embajador alemán en Noruega pronuncia la frase: “Esta guerra entre Alemania e Inglaterra es absurda”. Y lo era. Pero el mantenimiento de la corrección política era lo que obligaba a que la trama empezara, eludiendo los antecedentes del conflicto, cuando el Rey Haakon VII se enfrentaba a la difícil decisión de negociar o resistir a las presiones alemanas y ante la agresividad británica. Obviamente, la película deja en muy buena posición a la dinastía noruega

La película está muy bien elaborada y la película es, desde todos los puntos de vista, interesante y valiosa. Es una película que trata sobre la entrada de Noruega en la Segunda Guerra Mundial, pero no es una película “de guerra”, sino más bien de reflexión sobre los callejones sin salida en los que puede encontrarse el máximo mandatario de un país. De todas formas, las pocas escenas bélicas (como el hundimiento del crucero alemán Blucher) están muy bien resueltas. Así mismo puede ser considerada como una “película política” en la que se muestran las tensiones entre la diplomacia y la fuerza, las limitaciones de una y de otra y los problemas y dudas que cada camino impone a quien debe elegir.

Sobre las actuaciones cabe resaltar la interpretación de Jesper Christensen, veterano actor que el año pasado vimos en un papel secundario en Spectre (2016) junto a Daniel Craig, con el que ya había actuado en Casino Royale (2006). A pesar de encarnar al Rey de Noruega, se trata de un súbdito danés que suele actuar en películas británicas. Por aquello de las contradicciones, en 2006, rechazó recibir la Cruz de Caballero de la Orden de Dannebrog, máxima condecoración de su país, por que “toda idea de la monarquía es un delito perpetrado por los miembros de la familia real, y no encaja con el mundo actual”… Otro rostro conocido, tanto por su participación en las primeras temporadas de Rex, un policía diferente (1994-1996) y en las películas Los falsificadores (2007) y Gran Hotel Budapest (2014), es el del austríaco Karl Markovics, que aparece como el embajador alemán.


Los espectadores deben estar prevenidos cuando se sienten en la sala de proyecciones: la película dura algo más de dos horas y en algunos momentos, parece excesivamente lenta, pero es una buena película, digna de verse y, sobre todo, de juzgarse. Cualquiera que la vea puede interesarse por la historia de Noruega en aquellos años decisivos y remontarse a lo que, prudentemente, la película no cuenta: todo lo que ocurrió antes de que los cañones del fuerte Oskarborg dispararan contra el crucero alemán Blucher. De las mejores películas producidas por las cinematografías nórdicas en 2016.

NECKAN... buscando los orígenes en Tetuán


El Grado 30 del Rito Escocés de la masonería es el de Caballero Kadosh en el que a la pregunta del oficiante de “¿Qué otro objetivo perseguís?”, el aspirante debe decir: “Venganza contra todos los tiranos temporales y espirituales, cuyos representantes son el Rey de Francia, Felipe el Hermoso, y el papa Clemente V”. Cada Grado tiene un “palabra sagrada”. La del Grado 30 es “Neckan” (o “Nekam”) que seguida por “Adonai” quiere decir “Venganza, Señor”. De ahí deriva el título de esta película que puede ser considerada como interesante por determinados conceptos.

Un joven abogado, hijo de una familia muy vinculada al régimen franquista (su padre ha sido ministro de Exteriores y en ese momento asesora al régimen en materia de relaciones internacionales, formando parte, por tanto, de la élite del stablishment político de la época) llega a Tetuán en 1956. Está buscando al último miembro de una familia que resultaría beneficiado por un testamento. Intuye que hay algo que no está claro a raíz de haber recibido una carta anónima. España está a punto de dar la independencia a Marruecos y nada va a ser como antes. 

El joven, sin mucha experiencia en estos temas, se encuentra con que el matrimonio y uno de los hijos de la familia que busca, murieron en el curso de un incendio (él mismo ve las tumbas). El padre de familia muerto era maestro y director del colegio, su esposa, árabe y judía. La casa en la que vivían fue requisada y puesta a la venta. Con estos datos, el joven no da por terminada su investigación. Sin embargo, una serie de casualidades y el encuentro con un extraño individuo, al parecer con opiniones muy radicales sobre la situación le da pistas para proseguir adelante y encontrarse con una realidad que no esperaba. La clave del misterio de lo que busca tuvo lugar el 17 de julio de 1936, justo en el momento en el que se producía la sublevación del ejército de África y comenzaba la guerra civil.

El título de la película tiene que ver, tanto con la aparición de la masonería en la búsqueda del joven abogado, como por la temática misma que ha desencadenado el guión: “Venganza”, “Neckan”. Porque tal es el trasfondo de la película: un resumen de lo que fue la guerra civil. Resumen reduccionista, hay que decirlo, en la que todo se reduce, como dice uno de los personajes, a “curas contra maestros”. Y vencieron los “maestros”. Cabe decir que la película está bien realizada, aceptablemente interpretada, con un casting particularmente cuidado y una ambientación rigurosa y detallista, un buen guión realizado por Gonzalo Tapia y Michel Gaztambide, sobre la base de una historia de Juan Ramón Ruiz e Iñaki González. Y, sin embargo, la película tiene algo que la rebaja y es, precisamente, ese reduccionismo del que hace gala en su enfoque histórica. La Guerra Civil fue algo más que “curas contra maestros” (o la Iglesia contra la Masonería), fue la monarquía contra la república, fue el fascismo y la derecha contra la izquierda y el bolchevismo, fue un conflicto nacional que no era más que el choque entre los dos grandes movimientos internacionales de la época. Ochenta años después, era tiempo más que suficiente como para pasar de lo superficial a una interpretación más profunda y objetiva.

Dejando aparte, este problema de enfoque, lo cierto es que la película discurre a buen ritmo y con un interés creciente que hace que estemos pendientes de la trama la hora y media que dura el filme. Se trata de una muestra de “género negro español” ambientado en los años 50 y que gana exotismo con su ubicación en Tetuán. La película ha sido dirigida por Gonzalo Tapia que en 2011 había elaborado el documental Las misiones pedagógicas de la II República Española. Hay que decir que Gonzalo Tapia consta como presidente de la Federación Española del Derecho Humano, la rama más progresista de la masonería y, a partir de este dato, puede entenderse mejor el tono de la película e incluso lo interesado de su reduccionismo.

El peso de la interpretación recae especialmente en Pablo Rivero y subsidiariamente en Hermann Bonnin, con muy buenas actuaciones por parte de Manuel Manquiña (como ex combatiente de la División Azul) y del resto de secundarios. Bonnin tiene una sólida formación teatral y, por tanto, una modulación y un extraordinario dominio de la expresividad, aunque no ha intervenido en muchas películas. Lejos están los tiempos en los que Rivero era un adolescente en las series Compañeros o El comisario y casi lo vimos crecer en Cuéntame cómo pasó. Con el paso del tiempo ha mejorado como actor y su trabajo en esta película es uno de los factores que la hacen más creíble.

El reproche que se puede formular a la trama es que, a partir de la mitad del metraje, es fácil deducir lo qué ha ocurrido, por dónde va a discurrir la trama y cuál es la resolución del misterio. La película fue estrenada a principios de 2017, pasando bastante desapercibida a pesar de estar por encima de la calidad media de lo que el cine español viene estrenando en los últimos años. Y de ahí pasó a Netflix en donde la hemos visto.


domingo, 16 de julio de 2017

Personal Affairs... Asuntos de Familia de Maha Haj


Situémonos: estamos en Nazaret, en el Estado de Israel, no en tiempo de Cristo, sino en la actualidad. Protagonistas: una pareja que llevan años casados y empiezan a estar hartos el uno del otro, en la que los silencios son más frecuentes que los diálogos, cada uno ha ido desarrollando sus sueños y sus fantasías en secreto y fuera del alcance de su cónyuge. Tienen dos hijos, uno vive en Ramala(Ramallah), aspira a permanecer soltero durante toda su vida, a pesar de lo cual, por aquello de las contradicciones, tiene novia (aunque él opine que es sólo amiga con derecho a roce), otro hijo vive en Suecia y otra hija embarazada cuyo cuñado bruscamente se convierte en actor de cine. Finalmente, una abuela diabética a la que se le va la cabeza y empieza mostrar rasgos de senilidad. Tal es el cuadro de protagonistas.

Si algo subyace en esta película es la perfecta descripción de todos los personajes, algo que el espectador percibe a los pocos minutos de iniciada la trama. Hay que decir que se trata de una familia judeo-palestina, pero, paralelamente, tranquilizar al espectador diciendo que la influencia de aquel conflicto ya secular no tiene ninguna importancia en el desarrollo de la trama. Éste responde solamente a los rasgos de una comedia amable que hay que agradecer a su director, Maha Haj. La cosa es tanto más meritoria en la medida en que se trata de su ópera prima. Excelente comienzo, en cualquier caso.


La pareja protagonista nos muestra lo que es la rutina en el seno de una familia, especialmente cuando los hijos ya están criados, no hay nietos y ambos cónyuges deben sentarse uno frente al otro: si no hay nada que decir, si ambas partes han perdido la noción de que un matrimonio supone siempre la idea de compartir problemas, sueños, presente y futuro, mal asunto. Un hogar tranquilo puede convertirse en un infierno con el fuego siempre requemando la convivencia. Se sabe que ese momento ha llegado en una pareja cuando dejan de prestarse atención mutua.

La pareja decide ir a Suecia a visitar a su hijo, siguiendo los consejos del hombre y la invitación del vástago. Y allí que se van. Pero en aquel país repiten el mismo patrón de conducta, algo que no se escapa al hijo que les propone una actividad inédita para ambos: un viaje en barca. La única forma de romper las rutinas y enfrentar a la pareja a nuevas emociones. Decir algo más sobre el guión de la película supondría privar al espectador de conocer por sí mismo el desarrollo de esta cinta que, en cualquier caso se muestra agradable, encantadora y particularmente entretenida. 

La película tiene su moraleja: en lugar de apostar por las recriminaciones o los silencios, es mejor vivir haciendo cosas que sean nuevas y arriesgadas. Para una mujer que no sale de la rutina de su casa, arriesgado es ir a Suecia a ver su hijo. Para un hombre que no conoce el mar, arriesgado descubrir la arena mojada y penetrar en el agua aunque esté vestido. Y así, vemos a lo que se atreven los personajes de la familia.  Esta película nos recuerda que sólo hace falta ponerse a caminar sólo o de la mano del otro que nos mira. Salir de nuestra zona de confort para que el aire fresco de la aventura disuelva los bucles tóxicos de la mente.

Las historias de todos los personajes están magníficamente contadas. Todos aportan matices tan cotidianos de una familia que te hacen pensar en cómo describirías la tuya. Imagina, como si fuera tu familia y tuvieras que hacer un repaso para contárselo a tus amigos y disfrutaran escuchándote.

La dirección es hábil y particularmente ágil. Maha Haj muestra ser una directora con potencial. Igualmente notable es la actuación de los protagonistas, algunos de los cuales conocemos de otras interpretaciones en series de TV o largometrajes. A Ziad Bakri (Maisa), por ejemplo, lo hemos conocido en la serie francesa Le Bureau des Légendes y a Haran Hillo (Samar) en la serie Fauda.

Una buena película que gustará especialmente a los que amen las cinematografías minoritarias (la Israelí lo es) que pugnan por hacerse un hueco bajo el sol del Séptimo Arte. Es una historia pequeña, intimista, pero que tiene la habilidad de recoger una situación en la que, seguramente, muchas parejas maduras que van camino de la tercera edad, se habrán encontrado. El tratamiento es desenfadado y con toques de humor e ironía. Quizás haya en algunos momentos un poso dramático, pero éste no es desde luego el tono de la cinta.

El último Virrey de la India... Gurinder Chadha


Película inglesa dirigida por Gurinder Chadha, directora británica de origen indio y raíces sikhs (sij) (dato, como veremos, importante) de la que, además, es guionista, nos ofrece los últimos meses de presencia inglesa en la India.  El “último virrey de la India” no es otro que Lord Louis Mountbatten, un personaje que llenó la historia del Reino Unido desde 1924 hasta su asesinato por el IRA en 1979. 

Su misión en la India fue importante, pero no fue ni la única ni siquiera la de más envergadura que realizó para el gobierno de Londres. La película es interesante en unos momentos y discreta en otros; registra por un lado el trabajo de Mountbatten al poner el “the end” al dominio británico en aquella zona y, paralelamente, una historia de amor imposible entre dos asistentes de la pareja, uno hinduista y y la otra musulmana. 

Cabría decir que la directora presenta los amores interreligiosos como un símbolo de que los pueblos de distintas religión pueden entenderse si sobre ellos planea el amor… Demasiado alambicado, ingenuo-felizote e intolerablemente simple, porque la historia demuestra justo lo contrario, en el caso de la India. Menos mal que la comunidad hinduista y la musulmana fueron separadas en dos países en el momento de obtener la independencia (India y Paquistán), porque de lo contrario, la situación hoy en la zona sería peor de lo que ya es. De hecho, a principios de los 70, India invadió el Pakistán Oriental, Bangladesh, poblada por una mayoría de musulmanes, a lo que siguieron nueve meses de una guerra repleta de masacres seguidas por una hambruna inolvidable. Sin olvidar que, cada vez con mayor frecuencia estallan disturbios entre musulmanes e hinduistas especialmente en el centro y norte del país. No; en países que viven tan intensamente la cuestión religiosa, la convivencia no era posible en 1947 en el momento en el que la India logra su independencia, y mucho menos ahora, en donde el fundamentalismo islámico complica aún más la situación. Así pues, la historia de amor entre los dos asistentes de religiones diferentes es una interpolación intempestiva que desvía lo esencial de la película hacia un intimismo fuera de lugar. 

Nos quedamos, pues, con la parte histórica que está realizada con precisión aceptable. Churchill que en 1942 se había negado a la independencia de la India, encarcelado a muchos dirigentes y obligado a huir a otros, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial (en la que Lord Mountbatten había servido a su país dirigiendo las tropas inglesas en el sudeste asiático), aceptó dar la independencia ante el cariz que estaba tomando el movimiento nacionalista. Mountbatten lo hizo lo mejor que pudo. El problema esencial era el de los límites fronterizos y poner de acuerdo a grupos religiosos muy distintos para llegar a la partición del territorio. Era imposible. Además, Churchill envió a Mountbatten a la India cuando él, personalmente, ya había decidido la política a seguir (política que no le confió). Churchill, en efecto, aspiraba a balcanizar la India, convertirla en un mosaico de naciones y pueblos peleados unos con otros que jamás lograrían estabilizarse. Así consumirían armas y recursos británicos durante décadas. 

De hecho, si tenemos en cuenta la historia reciente de ese país en los últimos 70 años se verán los nefastos resultados de esa política: conflictos con China en 1959 y 1962, conflicto con Portugal por Goa en 1961, enfrentamientos con Pakistán por la cuestión de Cachemira en 1947, 1949, recrudecidos en 2000, invasión de Paquistán Oriental con la consiguiente guerra en 1971… Y, aún así, India es hoy una de las naciones del mundo con más potencial. Sin olvidar que India y Paquistán son hoy potencias nucleares y que, una vez más, es la amenaza de destrucción mutua asegurada lo que evita el estallido de un nuevo conflicto.

Si la película se hubiera centrado en la tarea de Lord Mountbatten y de su esposa (que tiene una gran relevancia en la cinta) hubiera podido contar lo mismo sin que la incrustación emotiva-sentimental-ingenua sobre los asistentes hubiera hecho perder el tiempo. De todas formas, el resultado de la cinta es aceptable: aprendemos un poco de historia. Lord Mountbatten era, y su historial puede confirmarlo, un aristócrata que sirvió a su país allí en donde su gobierno decidió enviarlo (que, por cierto, fueron, en la guerra y en la paz, siempre misiones delicadas). 


Lo cierto es que Lord Mountbatten desembarcó en la India en seis meses antes de que este país obtuviera la independencia y la tarea que tenía por delante era portentosa. La directora se recrea en demostrar que el Virrey de la India vivía en medio de un lujo extremo y decadente… olvidando que para los marajás autóctonos el nivel de vida era similar. La directora, como hemos dicho, de raíces hindúes parece albergar restos de resentimiento típico del antiguo colonizado. Incluso no puede evitar. Además, es de origen sikhs, religión que es una síntesis sincrética de hinduismo, islamismo y cristianismo… ¿entienden ahora el por qué introduce los forzados amores entre el hinduista y la musulmana?.

Los papeles protagonistas están desempeñados por Huhg Bonneville (un rostro conocido por Downton Abbey) en el papel de Lord Mountbatten y por Gillian Anderson (la agente Scully de Expediente X y luego protagonista de la serie The Fall). Ambos realizan un papel extraordinario. Uno no puede dejar de maravillarse de más que excelente dicción inglesa de Gillian Anderson (por mucho que sea de nacionalidad estadounidense). Es una delicia escucharla, aunque no se sepa mucho inglés. 

En cuanto a la directora, cabe decir que, hasta ahora Chadha había sido conocida en España especialmente por aquella película que recibió buenas críticas Quiero ser como Beckham (2002). Consigue transmitir lo esencial de lo que ocurrió en los seis meses previos a la independencia de la India y a la partición del país. Ésta es, desde luego, su película más ambiciosa.


En resumen, una película que interesará especialmente a los amigos de la Historia y a quienes quieran ver a Bonneville o a la Anderson en acción. 

domingo, 2 de julio de 2017

Estados Unidos del Amor... de Tomasz Wasilewski


Llega el tercer largometraje del joven director polaco Tomasz Wasilewski que nos muestra la situación material y emocional del país en el momento de la caída del “telón de acero”. Es el año 1990, en los 45 años anteriores, Polonia ha pasó de vivir las consecuencias de una guerra devastadora a un régimen comunista que, a partir de finales de 1980, con el inicio de la larga huelga en los astilleros de Danzig, empezó a encontrar dificultades internas. Polonia estuvo en la vanguardia de la enfermedad terminal que generó la destrucción de la cadena de alianzas de la Unión Soviética y que obligaron –junto a otros factores- a la política de “glasnost” y a la “perestroika” del presidente Gorbachov y, finalmente, a la disolución del mundo comunista. 

Bruscamente, en 1990, todo cambia; el consumo llega a Polonia, el país vuelve a ser lo que había sido siempre: un país tradicionalmente católico en el que el régimen socialista no había conseguido cambiar su forma de ver la vida, sino que trató de incorporarla. Hasta ese momento, la familia tradicional, compuesta por padre, madre e hijos, había sido el modelo universal de convivencia en Polonia. A partir de ese momento, con la apertura de fronteras y la homologación democrática, millones de padres se vieron obligados a recurrir a la emigración para aumentar las expectativas de consumo de sus familias. Nueva York se convirtió en la meca de muchos de ellos. Por entonces, Wasilewski era un niño de apenas 10 años, pero recuerda aquella situación de manera muy nítida. De hecho, esta película –en la que él mismo ha elaborado el guión además de asumir la dirección- es el resultado de sus recuerdos de infancia, una suma de situaciones que él mismo vió en el bloque en el que vivía. 

La película nos muestra cuatro historias, ligadas por el lugar en el que ocurren y simultáneas. Son las historias de cuatro mujeres: la primera es una chica joven que se casó a los 14 años, tiene una hija, la segunda es la directora de un instituto, la tercera vecina es una profesora mayor ya jubilada y la cuarta es una joven profesora de baile. En todos los casos se trata de personajes que sufren problemas psicológicos y situaciones de malestar interior. El título es accidental: las situaciones tienen que ver con los amores de estas cuatro mujeres, pero también con otros muchos sentimientos, pasiones y estados psicológicos. 

La película y el guión surgieron de los recuerdos infantiles de Wasilewski que siempre se planteaba qué ocurría detrás de cada puerta del bloque de pisos en el que vivía. Él mismo ha recordado que vivía en un bloque exactamente igual al que aparece en la película y que todos los personajes son absolutamente reales. Sin embargo, la trama es una fantasía creada por su imaginación sobre lo que ocurre al otro lado de la puerta. En Polonia, hasta la caída del Telón de Acero, los maridos se iban a trabajar a las 7:00, los niños iban al colegio llevados por sus madres y éstas, a partir de las 9:00 se quedaban solas, tras la puerta. A Wasilewski le fascinaba pensar qué pasaba por la mente de aquellas mujeres, cómo se comportarían, en esas horas de soledad que la nueva situación iniciada a partir de 1990 no mejoró: porque, a partir de entonces, los maridos no se iban a las 7:00 y volvían en la tarde, sino que emigraron para permanecer años y años fuera del país (muchos, para no volver), alejados de sus hogares y de sus familias. El propio entorno familiar de Wasilewski experimentó esta situación con un padre que enviaba dinero cada mes desde Nueva York, pero que permanecía lejos. 

La película resulta verosímil y convincente y nos muestra, no la historia de Polonia tras la caída del comunismo, sino cuatro historias de mujeres que reflejan y pueden extrapolarse a la historia de la sociedad polaca de aquella época. Es, tanto un estudio sociológico, como un relato psicológico cuyos méritos fueron reconocidos en el Festival de Cine de Berlín en donde Wasilewski recibió el premio al Mejor Guión o en el Festival de Cine Europeo en donde fue nominado en la misma categoría. 

La dirección es ágil y evita los tiempos muertos que suelen aparecer en películas de esta temática. Si se puede definir el contenido del guión y el resultado de la película con dos adjetivos, estos deberían ser, indudablemente, “sinceridad y autenticidad”. Era una película difícil y comprometida porque nos muestra a una sociedad polaca, a través del retrato de cuatro mujeres, de la época, en la que mientras las varones están ausentes, las mujeres buscan cariño, amor, comprensión, comunicación, expresar sentimientos y llenar de alguna manera sus vidas que perciben como vacías o, al menos, como incompletas en medio de una balsa de aceite social hecha de conformismo e inercia en relación a las tradiciones y usos del tiempo pasado.

Buena parte de la agilidad y frescura que despide la película se debe al concurso del director de fotografía (a cargo de un técnico rumano, Oleg Mutu) que pone especial cuidado en que las escenas más comprometidas, desnudos incluidos, no caigan en la vulgaridad. La fotografía, sin duda, acierta utilizando unos tonos grises y gélidos; no precisa una escenografía ampulosa, sino austera y concisa: con apenas unas pinceladas nos hacemos una idea de cómo fue aquella época y qué elementos ambientales decoraban la realidad polaca. Hay algo frío, casi glacial, que se debe en parte al clima de aquellas tierras, pero también responde al tono con el que fueron vividos esos años por las cuatro protagonistas: se mantienen en pie en medio del frío con la esperanza de que algo ocurra en sus vidas y la temperatura ascienda a grados más agradables. Eso mismo es lo que esperan de la vida. Oleg Mutu sabe recoger esta exigencia del guión con una simplicidad extraordinaria y, a ratos, sobrecogedora. 

Las interpretaciones están todas muy en su punto. En todos los casos se trata de actrices y actores con amplia experiencia en la cinematografía polacas y, por tanto, solamente conocidos por aquellos espectadores que tienen propensión por los cines minoritarios. Probablemente la más conocida sea Magdalena Cielecka, una de las protagonistas de la película de Andrzej Wajda, Katyn (2007) sobre la masacre de 15.000 oficiales polacos ejecutados por los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial, y de la serie de televisión El pacto (2015), primera producción de HBO en Polonia, en la que, por cierto, también aparece Marta Nieradkiewics, la vecina que aspira a ser modelo. Un reparto experimentado que asume con facilidad sus papeles y contribuye a aumentar su credibilidad.


El tránsito brusco, en apenas unos meses, del comunismo al capitalismo, acarreó en todas las sociedades del Este, problemas. Unos, porque pronto vieron, que el capitalismo no suponía atar los perros con longaniza, sino que los peces grandes se comían a los pequeños; otros porque no terminaban de estar seguros de que aquella situación fuera permanente, sino que creían que podía revertirse y que, nada garantizaba que el comunismo no volviera otra vez; los hubo que se desesperaron por ver lo que el libremercado era capaz de colocar en los escaparates de consumo, pero que ellos jamás podrían alcanzar; también hubo mujeres que, en su soledad, tras la puerta de sus austeros apartamentos, oscilaban entre las pequeñas alegrías y las decepciones de lo cotidiano. De estas últimas trata esta película.

sábado, 1 de julio de 2017

Entrevista a Tomasz Wasilewski... director de "Estados Unidos del Amor"


Nos ha encantado la película. Nos ha recordado mucho los tiempos narrativos al cine japonés. El perfil de lo que has querido contar con respecto a las mujeres, bueno no es que nos haya sorprendido (en la España de los años 50 habían mujeres con el mismo perfil) pero es que está muy bien contado. 

¿Sus películas son un retrato de la sociedad polaca moderna o si sólo es de un entorno que le llama la atención?

Desde el punto de vista emocional creo que esta película podría ocurrir hoy en día, porque habla de emociones y son algo muy universal, esas emociones son muy universales. Son personas que sienten dolor, aman, imaginan, sueñan en aquellos 1990. 

Pero a la vez creo que la elección de estas mujeres sería diferente hoy que entonces, porque la sociedad de 1990 era diferente entonces. Era un tiempo peculiar, específico, era 1990, porque había caído el Telón de Acero, el régimen comunista ya no existía, pero esa generación tenía una pierna metida todavía en el comunismo y otra piedra en la libertad. No sabían como manejarse, no sabían que hacer con esa libertad. No tenían las herramientas para usar la libertad. A finales de los 90, diez años después ya era totalmente diferente, era otra cosa. 

Hablé muchísimo con la actriz mayor que hace de Renata en la película, si, ella vivió la época del comunismo, obviamente por su edad, cuando ocurrió la caída del muro de Berlín tenía 30 años. La generación de estas mujeres que se ven en la película. Lo que hizo el comunismo, Renata me dió el ejemplo… imagínate un animal que nace en una jaula, toda la vida vive en una jaula, si le abres la puerta el animal no va a salir porque su casa es la jaula. Se llega a pensar…  pues me quedo en mi casa. Pero más allá, lo que les ocurría a mi generación es que la sensación, el comunismo lo que nos dió a sentir es que no nos merecíamos más, ósea no nos merecíamos desear otra cosa. Podríamos desearlo pero no podíamos tenerlo. No valíamos para ello. Todavía, todavía hoy 27 años después, ella por la mañana se despierta y piensa… “no, no, no me lo merezco”. Les marcó profundamente. 

En este sentido de marcar a fuego, creo que hay muchos factores aparte del comunismo. Hay la religión y también que creo que políticamente Polonia es un estado, un país tapón de una botella de champán. Está entre los alemanes y los rusos. Históricamente es un país muy contenido. Porque está contenido entre dos enemigos pero también estos dos enemigos están en contra de este tapón que es Polonia. Realmente es un país mal situado, quería la salida al mar a través de Danzing pero ahí se formó ya la I Guerra Mundial. 

Disculpa por la palabra que voy ha utilizar pero si es verdad siempre estamos jodidos. Geopolíticamente es una situación muy difícil como has dicho. Muy difícil.

Son dos cosas, bueno son tres… la situación geográfica de Polonia obviamente, pero también la iglesia que era muy potente, muy fuerte entonces incluso bajo el comunismo, y lo sigue siendo hoy aunque algo menos y las Traiciones. Es un pueblo muy tradicional, muy conservador.

La película transcurre en una ciudad pequeñita, no en Varsovia. Yo crecí en una ciudad igual de pequeña. En realidad en esta película las historias son inventadas obviamente, pero los personajes no, los personajes cuando era niño, conocí a estos personajes, a estas mujeres y hay una cosa muy curiosa hablando de tradiciones el hecho de que nadie se divorciaba, por ejemplo… yo cuando vivía en la ciudad pequeña, nací en 1980 y hasta 1996 no conocí a una niña producto de un matrimonio separado. Yo veía divorcios y separaciones en la TV pero no en carne y hueso. Entonces es un poco lo que le ocurre a Ágata también, Ágata no se separa de su marido aunque ya no tiene nada que ver el uno con el otro…. No se hace, no es así, no. Mantiene esas apariencias. Por eso esta película en lugar de situarse en 1990 se situase en 2015 no sería así. La reacción de estas mujeres sería completamente diferente. 

De todas formas, dejando a parte las circunstancias concretas de un país, Polonia, lo que explicas en la película me ha llevado a pensar que es un problema general que no está en un país sino que está en Occidente, el individualismo occidental que choca con la idea de perfección que se supone que tiene que ser el amor, todos juntos, despreciando la individualidad. Todos juntos es lo más importante y la individualidad es algo que tiene que estar clandestino. Es algo que ocurre aquí también. 

Si estoy totalmente de acuerdo contigo, efectivamente es lo que dices pero también es el hecho de que estas personas, cada una de ellas, esas cuatro mujeres, incluso los hombres, son individuales, tienen ideas propias, deseos, fantasías, deseos sexuales, ganas pero forman una sociedad super unida donde nada de esto aparece. Como he dicho antes yo crecí en un bloque así, exactamente igual que este. Los personajes son reales pero es una fantasía mía. ….porque siempre ocurría muy estructurado, padre, madre, dos hijos. Padre 7 de la mañana se va a trabajar. Niños se van al colegio y se quedan las mujeres solas. Siempre he pensado que detrás de esas puertas cerradas había gente… fantástica, llenos de deseos, con ideas, maravillosa, con tristeza, con penas, pero gente que vivía una historia sola y eso es lo que he querido retratar. 

¿Cómo se te ocurrió el título?

Entiendo que el amor sean muchas emociones, engloba muchísimas cosas, la pasión, el deseo, el amor, la tristeza, todo. Cuando empecé no tenía título. Fue casi lo último que llegó de la película. Estados Unidos del Amor no sólo se refiere a las cuatro mujeres sino a los hombres que también están dentro de la película, que también tienen sentimientos, los imagino para ellos. 

El actor que hacer de cura joven, hablando con él, fue el que dió con el título y lo dijo… pues los estados unidos del amor. !!Claro, es perfecto, es el título!! 

Ahora queríamos preguntar al director. He leído en biografía que hay por Google que fuiste a New York cuando todavía no tenías los estudios acabados, entonces debió de significar algo muy importante porque volviste y terminaste corriendo los estudios. ¿Qué vistes en New York que te hizo volver con unas energías y porque no Hollywood?

Verás hay una tradición, algo nos une con New York, os explico porqué, muy simple. En el 90 cuando cayó el Telón de Acero pudimos por fin ir al extranjero. Muchísimos hombres polacos emigraron, fueron a buscar trabajo al extranjero o Alemania del Oeste…… Mi padre se fue a New York. Trabajaban ilegalmente obviamente, pero mandaban dinero a casa, y por eso la película está vista desde el punto de vista de ellas mujeres porque yo me quedé a los 10 años solo con mi madre y mi hermana, y solo había mujeres en el bloque. Todos los hombres se habían ido. Ya no es que se fueran a las 7 de la mañana. No, es que no se iban ni volvían.  

Yo iba a New York cada año, habitualmente me quedaba el verano en New York, un mes, lo que sea. Y pensé, desde hace mucho tiempo, que quería ser cineasta, eso lo tenía muy claro y pensé voy a estudiar en la School of Visual Arts de New York. Me voy a New York y en vez de estudiar en Polonia estudio allí. Cuando llegué vi que era imposible, es carísimo. O te conceden una super beca o eres rico. Entonces me puse a trabajar. En lugar de estar los 15 días típicos pues me quedo más y me pongo a trabajar. Llegué a Queens, en el barrio de Queens y trabajaba en Manhattan en una especie de cafetería-restaurante. Entraba a las 6 a.m., hora y pico de metro para llegar hasta Manhattan, me levantaba a las 4 a.m.  Y aquí estoy una buena mañana, a las 7 de la mañana haciendo pizzas como un imbécil y pensé… !¿qué coño estoy haciendo yo aquí, haciendo pizzas cuando quiero ser cineasta, no estoy haciendo cine, hago pizzas y tengo dos años de escuela hechos en Polonia?!. Al día siguiente dije… señores adiós,  compré el billete y volví. 

Mi segundo film Floating Skyscrapers…. el estreno mundial fue en el Festival de Tribeca y dio la casualidad que el Festival está al lado del restaurante en que trabajaba.  

Pues te felicito… que a veces, el enemigo es nuestro mejor amigo. 

Entendí que había hecho bien en volver.  
Muchas gracias por esta entrevista y le deseo los mejores éxitos.