viernes, 18 de mayo de 2018

The Habit of Beauty... de Vicenzo Amato



La Sala Texas, propiedad del veterano Ventura Pons ha estrenado en España la película de Mirko Pincelli, The Habit of Beauty. Rodada en el Reino Unido en 2016, no se había proyectado en España. El propio director reconoció que se trataba de una película casi autobiográfica, o al menos en donde el lastre personal de su vida pasada había tenido un papel decisivo en su configuración. Aquí reside el principal problema de esta cinta como veremos.

La película nos muestra una pareja de italianos residentes en Londres que se ha separado después de que su hijo perdiera la vida en un accidente. Ella ha logrado reconstruir su vida con un nuevo compañero, mientras que él se refugia en la fotografía y da cursos en las cárceles. En uno de estos cursillos, conoce a un chico joven, condenado por haber participado en un episodio propio del ambiente en el que se movía. A medida que avanza la película, siente cada vez más simpatía por este joven al que le regala cámaras de fotografiar y con el que sigue en contacto una vez liberado hasta el punto de entregarle las llaves de su apartamento para evitar que siga en contacto con los ambientes de la delincuencia que tratan de integrarlo. Es evidente que el fotógrafo está intentando compensar con el joven la pérdida de su hijo, máxime cuando a él le han diagnosticado una enfermedad terminal. El joven, como buen alumno, saldrá adelante y demostrará tener actitudes artísticas contrariamente a lo que creían sus padres. 

Hasta aquí el guión. No existen grandes sorpresas, giros inesperados, ni momentos cumbres. Y se entiende porque es la opera prima del director que, hasta ahora solamente había realizado documentales. Si tenemos en cuenta esto, veremos que es normal que no haya estado en condiciones de dirigir a los actores y que estos hayan ido por su cuenta: Vicenzo Amato, tiene experiencia suficiente como para salir airoso. Por su parte, Francesca Neri, actriz de ojos más que sugerentes, ha cometido el craso error de recauchutarse (innecesariamente) los labios. Su rostro se ha convertido en inexpresivo y ha adquirido una expresión extraña, si tiene la cara fija pero es que si empieza a gesticular, por mucho que uno se esfuerce, esos labios esculpidos a base de lingotazos de botox, no logra desaparecer. Es prometedor el actor joven Nico Mirallego, hace una interpretación muy convincente así como la inestimable interpretación de Noel Clarke.

El guión hubiera podido ser algo más elaborado y la carga de melancolía y tristeza, propia de alguna vertiente del alma italiana, habría debido atenuarse. Parece como si volver a las raíces fuera un trabajo metafísico propio de tragedia griega. Sobra algo de solemnidad pretenciosa. Obviamente, el título de la película –The habit of beauty- tiene que ver con la fotografía, así pues, con la imagen. Sin embargo, no vemos magnificencia en las imágenes.

No le faltan cualidades al director para ir progresando y adquiriendo oficio, o más bien, para transformar el oficio que tiene como documentalista, en director de películas con actores y guión. En esta primera, él mismo lo ha dicho, ha querido trabajar un tema que conoce bien: en rueda de prensa reconoció que, gracias a haberse alejado de Italia, pudo salir del circuito en el que se educó y de sus relaciones personales, que lo mantenían atrapado.

Se trata, pues, de una película muy personal, de autor, con un happy end final que no convencerá a todos (no siempre existe la esperanza de una redención para jóvenes que se sienten atrapados y tentados por caminos problemáticos o por la simple vagancia). La pregunta de por qué Ventura Pons la ha traído a Barcelona se responde por la tendencia que ha demostrado en favorecer las carreras de chicos jóvenes que, en el fondo, es el leit-motiv de The habit of Beauty. 

Película recomendable para gente joven que aspira a encontrar un mentor, especialmente si se encuentran en situaciones difíciles. Película para amantes del cine intimista y de los problemas internos de personajes desesperados y depresivos. 

Sweet Country... de Warwick Thorton



En 1929 tuvo lugar el asesinato del encargado de una explotación agrícola en Australia. Del crimen fue acusado un aborigen que resultó, finalmente, absuelto. Aparentemente, no es un gran tema. El tiempo transcurrido, la lejanía geográfica y el hecho de que la Australia de 1929 no sea la del 2018, parecen restar interés a la cinta. Y si lo tiene, porque nos enseña muchas cosas sobre aquel país e incluso porque se trata de una película bien realizada en la que la fotografía y el sonido –incluso su ausencia- son esenciales. 

Recientemente, la serie de tv Banished, nos ha enseñado cuál fue el origen de la ciudad australiana de Sidney. Gracias a ella sabemos que los primeros colonos que llegaron eran colonias penitenciarias. Determinados delincuentes presos en cárceles inglesas recibieron la oferta de abreviar sus condenas en la remota Australia, a cambio de no volver a la metrópoli. Muchos aceptaron y, por tanto, puede decirse que la población de algunas zonas de Australia tuvo un origen de destierro penitenciario: unos eran presos (de ambos sexos) y los otros guardianes. Claro está que unas generaciones después, la situación se había estabilizado. Sin embargo, en 1929, al parecer, quedaban algunos elementos “anómalos” en la vida australiana, como aquel anglosajón que llega para hacerse cargo de una explotación y con el que arranca la película Sweet Country.

Se trata de un tipo iracundo, racista e intolerante que al pedir ayuda a la explotación vecina, dirigida por un pastor protestante que trata a los aborígenes como iguales, al referirse a estos los llama “ganado de ovejas negras”. Aun así, el pastor transfiere a una familia para que apoyen al recién llegado en su explotación. Éste encadena al niño que va con ellos y su huida provoca una reacción extemporánea en la puerta de la vivienda de los aborígenes. Entonces se produce la muerte del anglosajón. Lo que sigue a continuación es la detención de la familia aborigen y el juicio por asesinato. Para saber cómo termina, deberán ver la película.

La cinta, podría ser un “western”, si esa palabra se aplicara en Australia. Como en las muestras de mayor calidad de este género, el paisaje es algo fundamental que el director, Warwick Thorton explota con habilidad y buen gusto. Gracias a las imágenes podemos hacernos una idea de que Australia es un país hostil, demoledor, desértico. Es cierto que apenas hay banda musical, pero, sin embargo, el sonido tiene mucho protagonismo y los silencios resultan extremadamente elocuentes. Y luego está el montaje en el que proliferan imágenes que anticipan desarrollos futuros que veremos en la película. Estos flash-backs a la inversa, lejos de constituir spoilers nos generan interés e inquietud por saber cómo se ha llegado a esas situaciones. Son como piezas de puzzle que nos entregan sin poderlas encajar dado que no se ha construido todavía la historia.

Resultan particularmente curiosas las escenas del juicio, celebrado ante una taberna y con algunos espectadores tumbados en hamacas. Nos muestra que hace 100 años, el país estaba como el far-west a lo largo del siglo XIX. Alguno puede preguntar ¿por qué esta película y por qué ahora cuando los aborígenes australianos supervivientes son privilegiados a los que, solamente por el hecho de serlo, son objeto de subvenciones y subsidios reparadores de injusticias pasadas? La película intenta ser –y es lo que la justifica- un alegado contra el racismo colonialista y aparece en un momento en el que parece existir una ofensiva mundial en esa dirección, por mucho que ya no exista colonialismo. Otro elemento interesante es la percepción del alcohol como “arma de destrucción masiva” que trituró a los aborígenes.

No es originalidad, pues, lo que se le pide a esta cinta, especialmente en su fondo, sino que, si vale la pena verla es porque constituye un entretenimiento, que alcanza en algunos momentos rasgos espectaculares. El paisaje pasa a ser uno de los protagonistas, mudo e inerte, pero no por ello menos importante. 

Quedaría decir unas líneas sobre los actores y sobre el director. El director, claro está, es Australia y quizás se identifique con la última frase pronunciada por el pastor protestante con la que se cierra esta película “¿Qué será de este país?”, más que pregunta,  exclamación y lamento. En sus anteriores películas (We Don’t Need a Map, 2017; The Turning, 2013; Samson & Delilah, 2009…) ya había demostrado lo mucho que le interesa profundizar en las raíces históricas de su país y especialmente en la cultura aborigen. Ésta película va en la misma dirección. Hamilton Morris (“Sam”, el aborigen), hace un papel absolutamente convincente, mientras que Ewen Leslie, actor australiano, ejerce de granjero iracundo y violento como secuela de su participación en la Primera  Guerra Mundial. Bryan Bown está estupendo tanto o más que Sam Neill.

Una buena película que el espectador  sabrá apreciar, siempre y cuando lo que hemos dicho aquí encuentre algún eco en su interior. Pero, aun cuando el tema no le interese, quizás las imágenes logren hacerle permanecer sentado e emocionado en la oscuridad de la sala de proyección.

lunes, 14 de mayo de 2018

Le Semeur. La mujer que sabía leer... de Marine Francen



La opera prima de Marine Francen tiene la virtud de plantear el perfil femenino con extraordinaria naturalidad y de manera práctica. Quizás esa sea su mejor cualidad, junto a un buen trabajo de los actores y una excelente fotografía que en algunos momentos recuerda a los pintores clásicos. El guión, elaborado en parte por la propia directora, hace un esfuerzo por acercarnos a la feminidad y a la sensualidad, y lo hace de una manera particularmente comedida (lo que, en ocasiones, da la sensación de que los instintos más volcánicos están ausentes en muchas mujeres).

El título carece de importancia (tampoco es que estemos proponiendo títulos spoilers). No es, desde luego, tan relevante como se ha querido señalar para vender esta película en años de reivindicación feminista. Estamos en 2018 y, a estas alturas, se han producido innumerables películas sobre este o parecidos temas. 

La película de Marine Francen, está elaborada con tonos melodramáticos y situada en la segunda mitad del siglo XIX durante el comienzo del Segundo Imperio. Napoleón III, se convierte en el nuevo emperador de Francia. Esto hace que sus antiguos aliados republicanos pasen a ser considerados como sus enemigos. Allí donde existía un núcleo de resistencia republicana, allí acudían las tropas para desbaratarlo. En alguna de estas poblaciones –como la que esta película sitúa la trama- todos los hombres son arrestados. Quedan solamente las mujeres para realizar los trabajos (temática que constituye también la base de la serie de tv Cuando habla el corazón, si bien es una catástrofe en la mina la que ha hurtado al pueblo de todo varón). Pero hay un riesgo: ¿qué ocurre si aparece un hombre? Las mujeres pactan que no será para una sino para todas. Utilización “comunista” (y “consumista”) del varón. Tal es la reivindicación de la película. Obviamente, aparece ese hombre... No es cuestión de desvelar lo que ocurre a continuación.

Se trata de una situación extrema ante la que se abre la oportunidad de socializar y compartir un único recurso. Vemos a mujeres luchando con sus deseos… aunque de modo muy controlado y sin sobresaltos dentro de una modestia erótica. La película plantea una problemática curiosa, no sabemos si se ha producido en la vida de los numerosos pueblos masacrados por las guerras. 

La película está basada en una novela anterior que la directora-guionista ha adaptado. Se trata de un relato del siglo XIX escrito por una testigo presencial, Violette Ailhaud. Ésta no escribió una novela, sino que realizó algunos apuntes y diarios que entregó a sus hijos cuando estaba a punto de morir ya en las primeras décadas del siglo XX. Fue noventa años después, en 2006, cuando se publicó el texto que ahora se lleva a la pantalla de manera bastante fidedigna.

La parte positiva es que la historia resulta agradable, llevadera, a pesar de que hubiera podido ser contada con algo más de rapidez, sin duda producto disculpable de la primera incursión de Marine Francen en la dirección. No hemos de creer, sin embargo, que le falte experiencia: de hecho, la ha adquirido a la sombra de directores como Michael Haneke y Olivier Assayas. La fotografía es de una calidad envidiable y, en su conjunto, resulta interesante. Está rodada por completo en Lozère en la parte norte de Cevennes (Francia).


jueves, 3 de mayo de 2018

Custodia Compartida (Jusqu'à la garde)... de Xavier Legrand



Hasta ahora, Xavier Legrand solamente había dirigido un corto conocido en España (Antes que perderlo todo, 2013) firmado junto con Alexandre Gavras (cinematográfico apellido que, efectivamente, resulta ser el del hijo de Costa Gavras) y que mereció un premio de la Academia Francesa. Custodia compartida es, pues, su primer largometraje, que compitió en la 74ª Mostra de Venecia y en el Festival de San Sebastián, siendo premiada en ambos casos. Así que, en principio, la experiencia que le falta a Legrand, la suple con una opera prima que, indudablemente, ha sido reconocida internacionalmente.

La película nos habla de algo, lamentablemente, muy común: los problemas que arrastran los divorciados por la custodia de sus hijos. No hay legislación que pueda resolver el asunto. En realidad, el mero título de la película es casi un spoiler. Así pues, no es originalidad lo que podemos encontrar en esta cinta, sino el análisis de algo que se ha convertido en cada vez más cotidiano. El hecho de que el análisis de la situación sea extremadamente correcto es lo que hace que la película haya llamado la atención. El hecho de que Custodia Compartida sea casi una película de terror –terror doméstico, hay que decirlo- es, simplemente, por que una situación extrema es la mejor excusa como para plantear un problema que ha devenido casi cotidiano.

La película nos muestra a una pareja de divorciados. Ella solicita la custodia exclusiva de su hijo. ¿El motivo? Sostiene en la demanda judicial que el padre es violento. La pareja ha tenido dos hijos. La mayor, es una muchacha insustancial que solamente piensa en su vida amorosa: cualquier cosa que vaya más allá le parece demasiado distante para ella. El hijo menor, en cambio es un maltratador hacia su padre, aunque, como podremos ver, a medida que avanza la película, el patrón de maltrato es algo que se aprende en familia y se copia. La película nos cuenta cómo se desarrolla la petición de custodia exclusiva. Nos mostrará las divagaciones de la judicatura y cómo los jueces ven el problema. El padre se ve a sí mismo, como un padre despreciado, no soporta el destierro del hogar familiar y el hecho de que su mujer haya reconstruido su vida, disfrute de un piso de protección para mujeres maltratadas, mientras él sigue en su amargada soledad. En un momento dado estalla y se toma la iniciativa sin considerar las leyes o los códigos de comportamiento social.

Seguro que a algunos este tema les sonará en carne propia o a través de algún conocido. Si atribuimos un valor universal a la película, lo visto es aplicable a muchos casos de divorcio con hijos. Obviamente, para elevarla a producción cinematográfica, ha habido que extremar los rasgos de algunos personajes, pero el fondo de la cuestión nos remite a tal o cual situación que conocemos bien. 

Es todavía más meritorio el hecho de que sea una ópera prima y que el director (y, al mismo tiempo, guionista) se haya atrevido con un tema que, en cualquier caso, resulta incómodo. Hubiera podido caer en una visión sentimentalista y emotiva a favor de una o de otra parte. Afortunadamente, lo que nos presenta es una visión áspera y realista de un problema que está presente en nuestras sociedades y que, se mire por donde se mire, tiene difíciles salidas. Existe además una correcta a inteligente dosificación de las situaciones de tensión. Y, además, lo que vamos a ver nos sorprende: lo que, en principio –a partir de las primeras escenas- creemos que va a ser un simple “drama social”, va convirtiéndose, a medida que avanza la trama, en un verdadera e intenso “thriller psicológico”.

Muy bueno el casting. Conocíamos a Léa Drucker, entre otras cosas, por haberla visto recientemente en series como Le bureau des légendes (2015, Oficina de infiltrados) que resume una larga trayectoria de interpretaciones. Otro tanto puede decirse de Denis Menochet, poliédrico actor con brillantes actuaciones en películas de género negro (incluso está presente en la versión de Asesinato en el Orient Espress, en la que David Suchet encarna a Hércules Poirot), en secuestros (7 Días en Entebbe)  y en dramas familiares (Pieds nus sur les limaces, 2010) o en películas de aventuras (Robin Hood, 2010), aportando su experiencia y buen hacer. Incluso el niño, Thomas Gioria, luce una genial interpretación.

Una película sobre la violencia doméstica y la mentira. Su interés y su alcance son universales. Gustará, claro está, a los que sientan cierta predilección por los dramas psicológicos. No crean que van a ver una réplica europea de Kramer contra Kramer (1979), ni que nada que se parezca a algo que hayan visto hasta ahora en la pantalla. Es otra cosa que casi se podría llamar “realidad mejorada”, de no ser porque éste término tiene hoy connotaciones cibernéticas. 

martes, 1 de mayo de 2018

BCN FILM FEST 2018. Roman J. Israel, Esq... de Dan Gilroy




El BCN FILM FEST de Barcelona ha terminado con la proyección de esta película cuyo principal atractivo es estar protagonizada por Denzel Washington  que cumple con creces las expectativas depositadas en él. Nos hubiera gustado mucho su presencia como guinda del pastel de la semana BCN FILM FEST porque estamos convencidos que le hubiera dado una mayor proyección internacional. 

Si debiéramos valorar la película en función de la actuación de su protagonista, merecería, indudablemente, un diez. Lamentablemente, es necesario considerar otros factores que entran en juego y que deslucen algo la cinta. 

La película lleva el nombre del protagonista y éste es un abogado idealista que trabaja para un pequeño bufete de Los Angeles propiedad de un respetado abogado que pronto cae en coma después de sufrir un ataque al corazón. El protagonista, que hasta ese momento, se ha limitado a preparar informes, debe de asumir recursos y apelaciones. El bufete está próximo a la quiebra, y el encargado de suceder al propietario, un ególatra codicioso, liquida el bufete y  ofrece trabajo al protagonista que, finalmente, acepta a regañadientes. Pero no termina de encajar en la empresa, a pesar de lo cual empieza a defender asuntos en los tribunales. Si este es el arranque de la historia, lo que la película nos ofrece a lo largo de sus casi dos horas de duración es un drama judicial clásico que es, como no podía ser de otra manera, una crítica al sistema judicial norteamericano.

El problema de la cinta es el argumento que presenta un despliegue de temas diversos que no logra tratar en profundidad. Aparecen demasiados personajes vinculados a un solo tema y que prolongan su presencia en las escenas más allá de lo necesario. Varias de las escenas son, así mismo, completamente prescindibles. Así mismo, cabría decir que uno de los principales elementos negativos de esta película es que tarda en entrar en materia y, cuando lo hace, queda ya poco metraje para poder desarrollarlo. La película está visiblemente descompensada y hubiera necesitado de un acelerador.

De los dos personajes centrales, Denzel Washington destaca y logra configurar un personaje introvertido, meticuloso, trabajador abnegado en las “máquinas del barco” y entregados a su vocación de defensor idealista de los derechos civiles. Una actuación igualmente impecable es la de Colin Farrell, si bien su actuación es algo más plana.  

Es el segundo largometraje de Dan Gilroy, su director, viene cuatro años después de Nightcrawler (2014) una de esas óperas primas que, extrañamente, dejó a todo el mundo satisfecho y cosechó críticas mayoritariamente positivas. Esta segunda película no tendrá la misma unanimidad.  Su estreno en los EEUU reportó apenas un poco más de la mitad de la inversión y la esperanza de la productora es que el mercado europeo transforme los números rojos en negros.
No es, desde luego, una película inolvidable. Puede verse porque su realización es pulcra y las actuaciones satisfarán a los seguidores de Denzel Washington y Colin Farrell, así como a los fanáticos de las películas de abogados, pero “falta algo”. Y ese algo es lo que separa a un película correcta de otra inolvidable y genial..

jueves, 26 de abril de 2018

BCN FILM FEST 2018. Chappaquiddick. El Escándalo de Ted Kennedy... de John Curran



En realidad, el título es reiterativo, porque mencionar el apellido Kennedy es ir de escándalo en escándalo. Claro está que a JFK, se los cubrieron en vida. Con el hermano mayor muerto en la guerra, JFK con su cita de Dallas, Bob Kennedy, cuando iba para la nominación como candidato demócrata, asesinado por Sirham Bishara Sirham, quedaba Ted como el “presidenciable” de la familia, el hermano menor. Sus esperanzas se hundieron en Chappaquiddick el 18 de julio de 1969.

Se sabe lo que ocurrió: el padre de los Kennedy se encontraba con la salud muy mermada y no reconocía la capacidad de su hijo para asumir la candidatura y la presidencia de los EEUU. Este es uno de los aspectos de la película: la lucha entre padre e hijo. Ted se va a presentar contra Nixon en las próximas elecciones. Es, al menos, el candidato demócrata más seguro. Además, “América” se lo debía a los Kennedy. Pero Ted, no solamente no era el más inteligente de la familia, sino que además, era un completo patoso en política. En esta película su figura, desde luego, no queda indemne. Venía de una fiesta junto a su secretaria y promotora de su campaña, Mary Jo Kopechne. No debía estar muy sereno porque al pasar por un puente el vehículo cayó y la joven pereció.  Estos son los hechos desnudos de los que nos habla esta película: esto y de la reacción de su padre quien intentó que, en lugar de presentarse a la policía, se buscara una coartada. El padre era perfectamente consciente de que en un país como los EEUU, un candidato presidencial quedaba inhabilitado por completo –fueran cuales fueran sus méritos, y los de Ted Kennedy no eran muchos- para estar presente en la competición electoral. !Que estupideces se hacen cuando la marca del padre produce un estigma de infantilismo!  

El Chappaquiddick cayó algo más que el vehículo en el que viajaban Kennedy y su secretaria: descarriló por completo su carrera política que desde entonces se mantuvo siempre en unos niveles bajos hasta su fallecimiento en 2009, a los 77 años. Lo que nos muestra la película, no es solamente el accidente o la relación que Ted podía tener con Mary Jo, sino cómo se puso en marcha el aparato para proteger la carrera política del candidato. Éste aparece como poco valorado por su padre, con una increíble tendencia a meter la pata y a no prever las consecuencias de sus actos (el padre fallecería apenas cuatro meses después del accidente).

La película está dirigida por John Curran, guionista y director que siempre ha trabajado con la flor y nata de Hollywood (con Edward Norton en El velo pintado, 2006; con Robert de Niro y Milla Jovovich en Stone, 2010) y ahora con los más discretos Jason Clarke (“Ted Kennedy”) y Kate Mara (“Mari Jo”). Desde luego, con esta película Kate Mara se configura como una de las actrices que más veces han muerto en las películas que ha filmado (una especie de Sean Bean en versión femenina).

Película bien realiza e, igualmente, correctamente interpretada, pero que dista mucho de alcanzar niveles de genialidad. Es una película que bien hubiera podido ser una tv-movie. Es, en cualquier caso, entretenida y puede interesar a los que recuerdan el tropezón de Ted Kennedy en su carrera presidencial, para los que quieren conocer un fragmento de la historia norteamericana del siglo XX, para los aficionados al cine “sobre los Kennedy”, que cada año, en la gran pantalla o en el plasma va registrando alguna incorporación nueva.  Para la historia: el accidente de Chappaquiddick ocurrirá tres días antes que la llegada del Apollo 11 a la Luna y cuando Franco nombra a Juan Carlos su sucesor a título de Rey (en uno de los diarios The New York Times que se muestran en la película, curiosamente la noticia aparece en pantalla).

Destaco la magnífica interpretación del actor Ed Helmes, aunque con un estilo propio de los años 60, se puede reconocer al integrante de la serie The Office

BCN FILM FEST 2018. Taxi Driver. Los Héroes de Gwangju... de Jang Hoon



A la vista de algunas series que circulan por los streammings televisivos, cuando a uno le dicen que tal o cual película es corea, en principio, toca madera. Si la “marcha china” es sinónimo de mala calidad, el cine coreano parece haber sacrificado la cantidad a la calidad. Y, sin embargo, si uno supera estas reservas mentales, puede ser que se tropiece con algún producto de mucha calidad y particularmente bien elaborado. Tal es el caso de Los Héroes de Gwangju, película filmada en 2017 y presentada hoy en el BCN FILM FEST de Barcelona.

La película, según se nos cuenta, está basada en hechos reales. En diciembre de 1979, un alto oficial del ejército de Corea del Sur, dirigió un golpe de Estado que instauró en el poder a un gobierno particularmente duro que se prolongó durante diez años. El nuevo presidente-dictador del país, Doo-hwan implantó la ley marcial, cerró las universidades y prohibió los derechos democráticos fundamentales. Se produjeron obviamente protestas masivas y disturbios que fueron particularmente duros en la ciudad de Gwangju en donde se sitúa la trama de esta película. Al parecer, los disturbios en esa localidad duraron varios días y dejaron un reguero de sangre. Durante casi una semana, la ciudad permaneció aislada, mientras el ejército proseguía con la desarticulación de la oposición.

Es en este contexto –que hemos recordado en sus líneas generales- es en el que se sitúa la trama de esta película. Nos muestra a un periodista germano que presenció en vivo y en directo las masacres que tuvieron lugar en esta ciudad, siendo ayudado por un taxista (taxi driver) de la capital coreana. La película nos muestra la historia de este taxista, un hombre modesto y sin complicaciones, al que solamente le interesa su trabajo y su familia. Para él, todo lo demás –incluida la situación y los cambios políticos que en ese momento se estaban produciendo- quedaba demasiado lejos de sus expectativas. Inicialmente, lo que mueve al taxista a aceptar el encargo (excepcionalmente bien remunerado) de llevar a un periodista a Gwangju es el dinero. Luego, sus orientaciones personales van variando a la vista de lo que se encuentra en la ciudad. La película, lo que nos está describe es un “viaje iniciático” en el que el taxista sufre una mutación interior. Su código del honor se rompe al implicarse en las manifestaciones

La película es excesivamente larga y quizás hubiera podido comprimirse en hora y media, quedando fuera otra hora de metraje. La fotografía es particularmente buena, y las imágenes de las manifestaciones y de las cargas policiales, están muy logradas. El guión y algunos diálogos figuran también entre lo más atractivo de esta cinta, en especial cuando los protagonistas evidencian sus dudas.

Se cuenta que la historia es verdadera y que, sin el concurso del taxista, el periodista alemán nunca hubiera podido transmitir informaciones sobre lo que estaba ocurriendo en aquella ciudad. Después, el periodista estuvo intentando contactar de nuevo con el taxista, pero éste le había dado un nombre falso y nunca lo encontró. Falleció en 2016.

Una película particularmente bien hecha que, simplemente, nos reconcilia con el cine coreano y que recomendamos, especialmente a los interesados por el cine político.

martes, 24 de abril de 2018

BCN FILM FEST 2018. El Mejor Verano de mi Vida... de Dani de la Orden



Cuando estaba viendo esta película, más que nunca, Leo Harlem, me ha recordado a aquel cómico catalán de los años 60, muerto prematuramente que fue Castro Sendra Barrufet, más conocido artísticamente como “Cassen”. Inicialmente Cassen era un humorista que participaba en programas de radio y en locales de variedades. Poco a poco, sin embargo, especialmente, a partir de que Berlanga le ofreciera debutar en el cine como protagonista de Plácido (1961), Cassen demostró ser un gran actor. Su repasan clips de youTube verán que el humor de Cassen no es muy diferente al de Leo Harlem: ambos eran hombres medios, a lo Sancho Panza, que aspiraban solamente a apurar de manera tranquila y realista lo que la vida ofrece a los humanos; les era muy fácil hacer el humor porque, en el fondo, reflejaba sus personalidades. Era, pues, un humor sincero. Por tanto, no me ha extrañado que Leo Harlem que viene haciéndonos reír durante una década, optará finalmente por pasarse al cine, por mucho que las ambiciones de esta cinta, El mejor verano de mi vida, ni el tono, no sean las mismas que las que depositó Berlanga en su Plácido.

No esperaba más que una colección de chistes y gags mejor o peor dispuestos al estilo de aquellas películas olvidables del llorado Chiquito de la Calzada. Lo que me he encontrado, en cambio, ha sido una película de humor, bien realizada, mejor interpretada y con algunos destellos dispersos de genialidad.

La película nos muestra a un lunático representante comercial limitado al mundo de los electrodomésticos de gama baja y que aspira a devenir una especie de bróker financiero. La familia no está en muy buena situación económica. Han ido acumulando deudas e impagados y puede considerarse que está en la cuerda floja de los embargos y las demandas judiciales. Y es entonces cuando al protagonista se le ocurre prometer a su hijo de nueve años, Nico, que si saca sobresaliente en todas las asignaturas, le regalará las vacaciones inolvidables que dan título a la película. Obviamente, el niño, que no había dado nunca un palo al agua en sus estudios, se esmera y se hace acreedor del premio prometido. Así que el padre se ve obligado a partir con su hijo en un viaje que, desde el primer momento, resulta sorprendente y educativo.

Todos los protagonistas son ampliamente conocidos en la escena española. Los hemos visto decenas de veces en televisión y siempre han realizado actuaciones brillantes en comedias que nos han hecho reír a carcajadas o, simplemente, sonreír, o apuntar en esa dirección. Harlem está, simplemente genial y lo mismo puede decirse del resto del cuadro de actores. Solamente cabría recomendar a Toni Acosta que desacelerara un poco sus actuaciones. El conjunto hace que la hora y media que dura la proyección se nos haga particularmente entretenida y que disfrutemos con lo que estamos viendo.

¿Le sobra algo a la cinta? Sí. Sobran esas “tomas falsas” del final que solamente tienen que ver con errores en la dicción y que las hemos visto tantas veces que llegan a cansar y que aparecen ya como irrelevantes para el espectador.

Sobre el director, Dani de la Orden, vale la pena decir algunas palabras. En primer lugar, cualquiera que se proponga hacer reír y pasar un rato agradable a sus semejantes, merece un elogio y mucho más si logra su objetivo. Y en esta película, lo logra. La anterior –El Pregón,  proyectada hace solo unas semanas- contó con la colaboración de Berto Romero, Goyo Jiménez, Belén Cuesta, etc, y ahí Dani de la Orden ya manifestó su intención de trabajar el género humorístico. Fue en Barcelona, noche de invierno, en donde empezó a introducirse en este género mezclándolo con historias románticas y dramáticas. En el mejor verano de mi vida, insiste en esta línea (anteriormente había hecho algunos cortos y documentales ambientados en Barcelona) y el resultado nos parece más sólido que los anteriores.

BCN FILM FEST 2018. El Fútbol ó yo... de Marcos Carnevale



El título que adorna a esta película argentina hace que solamente tiendan a acercarse a ella todos los que, de alguna manera, son aficionados, sino fanáticos, del fútbol, pero repele a los que nos trae literalmente al fresco. De hecho, no era esa película la que está crítica tenía intención de ver en el Film Festival de Barcelona, sino Barefoot, pero un providencial retraso en su emisión me indujo a ver la cinta argentina, por su origen mucho más que por su temática.

El caso que presenta la película no es raro. Lo conocemos todos: un aficionado al fúbtol, más que aficionado fanático, insoportable, que está perdiendo cada vez más el sentido de la realidad y arruinando sus relaciones familiares y sociales. No es un caso único, todos hemos vivido una situación parecida en nuestra propia piel o cerca nuestro. Para algunos, como para el protagonista de esta película, el fútbol es algo parecido a una secta destructiva, que le lleva incluso a ser despedido (había visto muchos partidos de fútbol en el puesto de trabajo). De una vez por todas, la sufrida esposa, se cuadra y le da un ultimátum: o el fútbol o ella. Explicar lo que ocurre a continuación supondría desvelar lo que el espectador tiene que descubrir por sí mismo. En realidad, lo que vemos es a un hombre tiranizado por una afición y que desearía, o bien que su esposa lo compartiera o bien que se dedicara con la misma intensidad a cualquier otra afición.

La película se hace entretenida pero está muy lejos de apurar el tema. Hubiera hecho falta pulir un poco más el guión. Ciertamente, se trata de situaciones que son muy fáciles de interpretar y asumir y el trabajo ha sido fácil para los actores. Julieta Díaz realiza una espléndida actuación y dicción que es de agradecer. Lo mismo puede decirse de Alfredo Casero y de Peto Menahem. En cuando al protagonista, Adrián Suar, falta algo de expresividad en sus labios y, quizás por eso, cuesta entender su dicción y harían falta unos subtítulos.

Es una película llevadera y entretenida, con buenas dosis de comicidad, pero que se queda a medias. No es, desde luego, de las mejores comedias de su director Marcos Carnevale; como máximo, puede decirse que es ligeramente superior a su anterior comedia, Inseparables  (2016), pero bastante inferior a Viudas (2011).

Película de trámite, en cualquier caso, apta especialmente para familias y grupos sociales en los que alguno de sus miembros sea un adicto y fanático futbolero. Que, en España, por cierto, son legión.

lunes, 23 de abril de 2018

BCN FILM FEST 2018. Rebelde entre el Centeno... de Danny Strong


REBEL IN THE RYE


Se conoce la obra de Salinger El Guardian entre el centeno y mucho menos su vida. De hecho, en nuestro país, todos tendríamos dificultades en citar una segunda obra de Salinger. Y no es raro, porque salvo algunos cuentos, ésta fue su única novela cuyo eco, seguramente, se hubiera extinguido de no ser porque el texto ha sido vinculado a algunos asesinos en serie y a inadaptados. Tampoco puede extrañar el que apenas sepamos nada sobre su vida: él mismo se preocupó de velarla e, incluso, de aislarse a partir de 1967 y hasta su muerte a la provecta edad de 91 años. En efecto, había escrito: “los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”. Pues bien, esta película nos dice todo lo que Salinger quiso y consiguió ocultar en vida. Anteriormente, ya había merecido interés por parte de la industria del cine cuando Danny Strong, director de esta cinta, nos pone en claro la personalidad del biografiado.

Nicholas Hoult interpreta a D.J. Salinger, pero es ampliamente superado por Kevin Spacey, que interpreta a Whit Burnett, su profesor de literatura. Spacey da una lección de interpretación que, en condiciones normales, le hubiera aproximado a los grandes premios del cine, pero que el escándalo que protagonizó, ha aconsejado retrasar el estreno en Europa. Lo esencial de la película es el estudio de la psicología de Salinger y el proceso creativo que siguió en su gran novela y que, por supuesto, tenía algo que ver con su vida. El encuentro entre el escritor y el profesor y los diálogos que ambos mantienen, sin duda, son lo mejor de la película. La pregunta básica que el profesor le formula es “¿Por qué quieres escribir?”.

Es la primera película de Danny Strong como director. Le precede un largo aprendizaje como actor en series extremadamente populares (Buffy Cazavampiros, Las chicas Gilmore, e invitado en series como Seinfield) y en películas de éxito (Pleasantville y Mentes peligrosas). No es una película genial, pero sí una cinta bien realizada, equilibrada y a la que le podríamos pedir solamente el que hubiera sido menos convencional.

Obviamente, la trama se centra en la construcción literaria de la novela que le hizo entrar en la historia de la literatura norteamericana, pero no por ello deja de ser un biopic convencional. Cuando termina la proyección nos damos cuenta de que el personaje debía ser un individuo excepcional y de que lo que acabamos de ver es una película, correctamente realizada, pero a la que le falta el genio y la brillantez del biografiado. Bienvenida sea, de todas formas, si de lo que se trata es de ampliar nuestra cultura literaria. No sabíamos, por ejemplo, que Salinger estuvo enamorado de Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, pero mientras a Salinger le dio un arrebato patriótico y se alistó en el ejército, Charles Chaplin le birló a la novia y se casó con ella. Anécdota del corazón, pero cuando se trata de tres personajes como estos, bien vale recordarla.

La película es de visionado obligatorio para profesores de literatura y para que, a su vez, la hagan ver a sus alumnos. Así mismo, es recomendable para los que, en algún momento de su vida, leyeron El Guardián entre el centeno, obra ya clásica de la literatura sobre la personalidad juvenil.

BCN FILM FEST 2018. Algo Celosa... de David Foenkinos y Stéphane Foenkinos


JALOUSE

Después de la decepción que supuso la primera comedia proyectada en el Film Festival de Barcelona la película, Mi familia del Norte, la segunda proyectada, Algo celosa, nos reconcilia con el género y nos demuestra que en Francia todavía existen directores y guionistas con capacidad para hacer reír al público. Película de los hermanos Foenkinos describe la vida de una mujer de mediana edad que no es tan joven como le gustaría ser, pero que considera que todavía le queda mucho recorrido en su vida.

La protagonista es una madurita de buen ver, divorciada y que ejerce como profesora de Literatura. Tiene una hija que ronda los 20 años y de la que, poco a poco, va notando, no sin cierta sorpresa, que empieza a estar celosa. La chica, bailarina de ballet, es una belleza y, en principio, podría considerarse que ese impulso de la psique no es más que algo natural a lo que debe ir acostumbrándose: a ellos les gustan jóvenes, su hija lo es y ella empieza a dejar de serlo. Pero el problema no se detiene ahí, sino que los celos van ocupando más y más espacio en su vida, hasta que se convierten en el eje de la misma, tanto con sus compañeros de trabajo, como entre el vecindario. Un buen día decide coger el toro por los cuernos y confesar este impulso.

Entre broma y broma, la intención de la película es reivindicativa: tiende a demostrar y a defender el hecho de que las mujeres maduras existen, están ahí y tienen unos derechos laborales y sociales que Stephan Foekinos defiende en el Comité para la Igualdad entre Hombres y Mujeres en el Cine. Al menos eso es lo que los responsables de esta comedia dicen en sus entrevistas. En cualquier caso, la cinta es divertida, con algunos momentos memorables.

A decir verdad, la cinta es un síntoma de cómo está la sociedad francesa en estos momentos. Por una parte, no hay autoridad que se haga respetar (la propia protagonista insulta al Jurado que examina a su hija de ballet y considera que no está preparada), se ha olvidado lo que es la cultura clásica francesa (se cita a Rousseau, más por tópico que por lo que representa, pero todo empieza y termina en Rousseau), la multiculturalidad se impone (la mejor alumna de la profesora es china y el novio de la bailarina es africano), se percibe claramente que la cultura francesa no dice absolutamente nada a los nuevos grupos étnicos que viven en territorio galo.

La protagonista, Karin Viard, actriz cómica de largo recorrido, que lleva actuando desde 1990 (llamó la atención ese mismo año en Delicatessen), realiza un papel con una gran vis cómica y sobre ella y sus diálogos recae la responsabilidad de que la cinta cómica funcione. Es el segundo largometraje de los hermanos Foekinos. El anterior, una comedia romántica (nos pareció algo ñoña), en la que uno de los hermanos era el guionista, discurría por unos derroteros muy diferentes. Su hermano, Stéphane, hasta ahora ha adquirido una extraordinaria experiencia cinematográfica como director de casting de más de una treintena de películas (Harry Potter y el cáliz de fuego, 2005; Casino Royale, 2006, Belphégor, le fantôme du Louvre, 2001; etc.

Película redonda para los que deseen reir.

BCN FILM FEST 2018. María by Callas... de Tom Volf



Algunos artistas son tan brillantes como sencillos. Tal es el caso de María Callas, seguramente, la mejor soprano del siglo XX quien, fuera de los escenarios no pretendía otra cosa que tener una sencilla vida familiar y disfrutar de algo tan sencillo como el amor de otra persona. Esta película, un riguroso biopic que sigue la vida de la extraordinaria soprano desde que era una joven aspirante a entrar en el mundo del bel canto, hasta sus últimos días, haciendo particular énfasis en su aspecto más desgraciado: su vida amorosa.

La fórmula para este biopic es el documental que incluye entrevistas con la Callas, fragmentos de sus actuaciones, entrevistas, reportajes donde se la ve al lado de personajes importantes de la época y tan variopintos como Yves Saint-Laurent o Alain Delon, Kennedy o Lis Taylor, Visconti o Winston Churchill. Todo esto ayuda a conocerla un poco más y a centrar el valor y el drama de esta soprano: valor en su trabajo –de hecho, posiblemente lo más valioso de este documental sea el haber recogido buena parte de sus mejores actuaciones- y drama en su vida particular que nunca consiguió estabilizar completamente.

En el documental queda constancia de que lo que más le marcó en su vida personal fue el enterarse por los periódicos de las relaciones que mantenía el naviero Aristóteles Onassis –con el que tenía esperanzas de que le propusiera matrimonio- con la Jackie Kennedy (con la que, efectivamente, terminó casándose). En aquel momento, delante de los periodistas pronunció la frase que puede considerarse como el paradigma de lo que buscaba en su vida personal: “No debo hacerme ilusiones, la felicidad no es para mí ¿es demasiado pedir que me quieran las personas que están a mi lado?”. Un intento de suicidio y una muerte prematura a los 53 años, de la que se dijo que fue provocada por una “crisis cardíaca” (si bien la sombra del suicidio sigue planeando), pusieron fin a una vida tan brillante como trágica.

Tom Volf es el director de este documental biográfico que consta como su primer trabajo estrenado en España. Se trata de una visión personal que ha querido –con buen tino- resaltar precisamente el aspecto mágico del arte de la Callas. Se trata de un joven realizador y fotógrafo francés de 31 años que hasta 2013 lo desconocía todo sobre la diva. Él mismo declara que descubrió su voz en un clip de youTube y a partir de aquí fue recogiendo una treintena de testimonios sobre la soprano.

Volf presenta la conclusión de que no existía “una”, sino dos “Maria Callas”, la diva y la persona. La primera era pública y notoria, la segunda una completa desconocida. Lo que ha pretendido con esta cinta es unificarlas ambas en un documental estrenado en España en el Film Festival de Barcelona y que, no dudamos, será uno de los mejores documentales exhibidos en esta edición.

Documental muy recomendable para todos aquellos que la voz de María Callas les emocione tanto o más, como lo que dijo el musicólogo Kurt Pahlen de ella: Su canto asemeja a una herida abierta, que sangra entregando sus fuerzas vitales, como si ella fuese la memoria del dolor del mundo. 

domingo, 22 de abril de 2018

BCN FILM FEST 2018. Mi Familia del Norte... de Dany Boon



Quizás recuerden aquella película que acaba de cumplir 10 años, Bienvenidos al Norte, en la que un funcionario de correos iba destinado a una pequeña oficina del Departamento de Nord-Pas de Calais, considerada como una de las regiones más inhóspitas y frías de Francia. Ya entonces llamaba la atención la dicción de los nativos de aquella región, que en la versión original hacía prácticamente ininteligible la comprensión de las frases. El mismo recurso se utiliza en esta película, ambientada, más o menos, en la misma región.

De hecho, el director es el mismo, Dany Boon que, desde entonces ha armado otras tres películas cómicas, ninguna de las cuales ha vuelto a tener la frescura y la gracia de aquella primera comedia proyectada en 2008.

El protagonista, Valentin, es un arquitecto y diseñador de altos vuelos que ha logrado escalar a lo más alto de su profesión y que se avergüenza de su familia. Ésta carece del pedigrí necesario para dar una buena imagen en su profesión: se trata de una familia de chatarreros del norte. El problema se origina cuando, en un exposición sobre su obra en el Palacio de Tokio, sus familiares aparecen inesperadamente: la hermana, el cuñado y la madre que acaba de cumplir 82 años, todos los cuales se expresan en la jerga dialectal de norte y con ese acento que, al parecer, hace tanta gracia a los parisinos. El problema es que, para evitar que le relacionen con su familia, el arquitecto siempre se ha presentado como huérfano. Solamente su novia está en el secreto. Ella, por cierto, también está en el negocio del diseño, vendiendo y elaborando mobiliario minimalista, prácticamente inutilizable pero que hace las delicias de las élites económico-culturales progres.

Tales son los presupuestos de partida. Hacia la mitad de la proyección, el espectador empieza a ser consciente de que toda la carga humorística radica en el dichoso dialecto Ch’ti que incluso debe ser traducido para los usuarios de la lengua de Molière. Hacia el último tramo de la película, se resigna a que todo gire en torno a los equívocos y malentendidos lingüísticos. Hay alguna sorpresa, por supuesto, pero el tema del acento incomprensible de los oriundos del Nord-Pas de Calais sigue presente en todo momento. Y llega a cansar.  Es una pena, porque aquella cinta de 2008, nos hizo reír y esperábamos algo del mismo o similar fuste: pero no el mismo –y único recurso- omnipresente.

Estamos ante una comedia francesa típica, pero no de alto voltaje. Más bien, de trámite o, en cualquier caso, realizada sin el afinado necesario. Los siete protagonistas realizan trabajos  aceptables e irreprochables, pero al servicio de un guión que le falta “algo”: gags cómicos que resistan la traducción. La traducción hace que pierdan el vigor cómico que tuvieron inicialmente y que en pocas ocasiones consigan el efecto deseado.

Siendo Bienvenidos al Norte una muy buena película, hay que reconocer que no es un filón en el que se pueda insistir una y otra vez. Habría que decirle al director: "oye tío ya basta, haz otra cosa.."

BCN FILM FEST 2018. Las Estrellas de Cine no Mueren en Liverpool... de Paul McGuigan



Anette Bening viene prodigándose regularmente a raíz de una película al año. Sin embargo, para este 2018 se han anunciado tres en la que estará presente como protagonista: Georgetown, The Seagull y Life Itself. Ésta que comentamos ahora, Las estrellas de cine no mueren en Liverpool, fue estrenada en el área anglosajona en 2017 y la presencia de la Bening no es  su único atractivo. También podremos ver en acción a Vanessa Redgrave en una memorable actuación.  Y a Julie Walters, a la que, recientemente, hemos visto en la serie Indian Summers. O a Stephan Graham, que salió airoso tras protagonizar Taboo, Boardwalk Empire o Little Boy Blue, entre otras series. Así pues, no son nombres y rostros brillantes lo que le falta a esta película.

Un actor británico recibe una llamada. Le comunican que su amiga y ex amante, una actriz oscarizada, ha sufrido un ataque al corazón. Ella se niega a ser atendida e ingresada en un hospital, así que el actor (Jamie Bell) deberá llevársela a su casa en Liverpool. La experiencia servirá para reavivar la relación que tuvieron años atrás y estudiar la psicología de cada uno de los personajes y el por qué aquel amor no fue posible. Cuando se conocieron ella era una diva y él un actor que empezaba a despuntar. La diferencia de edad entre ambos, no fue un obstáculo para que Cupido los asaeteara. Pero aquello, como todo lo humano, se presentó como finito y ahora los protagonistas se preguntan qué les ocurrió.

No hay que engañarse: la película es una historia de amor. Pero ocurre que hay historias de amor que caen en lo ñoño y en el intimismo, y otras que están perfectamente realizadas y medidas y dan valor universal a lo que, en principio, solamente era una historia entre dos personas. Las estrellas no mueren en Liverpool, pertenece a este segundo tipo. La psicología de los dos protagonistas es estudiada al milímetro y el espectador puede llegar a entender los motivos y las actitudes de ambos, tanto en los momentos de su tórrida historia de amor, como en el presente, cuando están de vuelta de todo.

El guión está basado en las memorias del actor Peter Turner, adaptados por Matt  Greenhalgh. El resultado es una película impecable, hecha a medida para el lucimiento de la Bening y en la que Vanessa Redgrave también despunta y en la que vemos a un Jamie Bell que entra en muy buena sintonía con la primera.  Se diría que el guión ha sido realizado para justificar el lucimiento de actrices maduras. Algo que, dicho sea de paso, es de agradecer y que hubieran merecido algún galardón en la pedrea de los Oscars.

BCN FILM FEST 2018. En Tiempos de Luz Menguante... de Matt Geschonneck



Película alemana en la que, una vez más, Bruno Ganz, realiza una lección de interpretación y abre el camino por el que discurren las actuaciones de otros actores menos conocidos pero que ejercen con la misma brillantez. Podría ser considerada como la “versión seria” de Good Bye Lenin (2003). En cualquier caso tiene un encuadre similar en la trama, aunque un desarrollo completamente divergente.

Ganz interpreta a un anciano militante comunista que tuvo que exiliarse durante el Tercer Reich y que siempre mantuvo su esperanza y su fe en el comunismo más ortodoxo que fuera capaz de concebirse en el interior del Kremlim. Estamos en el otoño de 1989. Hay alegría en la familia porque el abuelo está por cumplir los 90 años, pero al mismo tiempo, existe cierta tristeza porque en el ambiente planea el ocaso del régimen en la República Democrática Alemana. De momento, incluso un nieto del probo militante comunista, ha huido a Occidente atraído por los escaparates de consumo del capitalismo. El alborozo por el aniversario no puede ocultar la preocupación y las dudas por lo que puede ocurrir en los próximos meses.

El director Matt Geschonneck, hasta ahora, se había dedicado únicamente a realizar series de televisión y Tv-movies. Esta es su primera incursión en la gran pantalla (si exceptuamos una película que filmó en 2010 y que pasó desapercibida, a pesar de ser una intriga interesante y entretenida, Boxhagener Platz, en la que también tocada la problemática del Berlín Este y de la Alemania comunista).

Lo que nos muestra Geschonneck es el ocaso del comunismo, el valor del protagonista para afrontar los  cambios y el que estos se produzcan en su 90 cumpleaños, lo que le permite realizar el balance de toda una vida. Hay también algo de diálogo intergeneracional en la película.

Además de la muy brillante actuación de Bruno Ganz, cabe destacar la de la actriz Yevgenia Dodina (una gran belleza de madre rusa alcoholizada). O del mismo Alexander Fehling, del que la plataforma Filmin ofrece una de sus interpretaciones en la serie Der Fall Barschel-Fatal News.

Además de las actuaciones y de un guión repleto de diálogos brillantes, la película tiene una fotografía magnífica y consigue unos encuadres subyugantes que pueden evocar incluso determinados cuadros de Velázquez, en concreto, Las Meninas, por la colocación (la criada no es olvidada por el director) y  superposición de los personajes y la posibilidad de ver lo que ellos ven.

Una buena película, recomendable, especialmente para nostálgicos del régimen comunista y para gentes de la izquierda más tradicional, admiradores de la República Democrática Alemana, pero también un espectáculo que puede hacer reflexionar y pensar a gentes con otras simpatías.

BCN FILM FEST 2018. 7 Días de Entebbe... de José Padilha



De todos los secuestros aéreos que se han producido desde que el biplano de los hermanos Wright elevó por primera vez el vuelo en 1903, el llamado “secuestro de Entebbe” es el que ha generado más interés para la industria cinematográfica. Creíamos que el tema estaba agotado por casi media docena de películas de mejor o peor fortuna que trataron sobre este tema. Sin embargo, el director brasileño José Padilha (responsable de la serie Narcos) ha creído que existía espacio para otra reinterpretación del mismo episodio.

La cinta está basada en hechos reales. Es entretenida y bien interpretada, especialmente por Daniel Brühl y Rosamund Pike que les corresponden los papeles de terroristas de la Banda Baader-Meinhoff que, a diferencia de los miembros palestinos del comando, tienen unas personalidades perfectamente descritas. Sin embargo, lo más notable y, acaso lo que justifica esta película, es el duelo entre la cúpula israelita, en la que Isaac Rabin se enfrenta a Simon Peres, interpretados respectivamente por Lior Ashkenazi y por Eddie Marsan. Al primero lo vimos el año pasado en el Festival Internacional de Cine de Barcelona en la película Norman (2016), haciendo de ministro del Estado de Israel y es uno de los actores más populares de su país. En cuanto a Marsan, se ha convertido en un clásico de la televisión en series por su aparición en series como Ray Donovan, River o Jonathan Strange & Mister Norrell. Las disputas entre ambos mandatarios eran, quizás, lo que faltaba en otras versiones del mismo episodio y que ocupan buena parte del interés de esta.

Se sabe lo que ocurrió: a finales de mayo de 1976, un avión de Air France con casi 250 pasajeros y tripulantes a bordo fue secuestrado por un comando mixto formado por miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina y por la Fracción del Ejército Rojo (la conocida en Alemania como Banda Baader-Meinhof). El avión terminó en el aeropuerto de Entebbe, Uganda, en un momento en el que el país estaba dirigido por Idi Amin Dada. Los secuestradores exigieron la liberación de presos palestinos que se encontraban en distintos países. El secuestro se resolvió con la intervención de un comando del Ejército israelita que liberó a los rehenes, eficiente… aunque contrario a cualquier norma de derecho internacional. Todos los secuestradores, tres rehenes y cuarenta y cinco soldados ugandeses murieron y once Mig-17 de fabricación soviética resultaron destruidos en tierra. Un cuarto rehén fue asesinado por el ejército ugandés en un hospital cercano. La película nos cuenta este episodio y lo hace a través de una serie de flashbacks en los que podemos ver cómo se organizó el comando y, posteriormente, la operación “rescate”. No hay sorpresa posible: así como en Titanic, todos saben cuál va a ser el final, en 7 días de Entebbe, nadie duda que los comandos judíos atacarán el avión y liberarán a los rehenes.

Entre los pilotos franceses reconocemos a Denís Menochét que recientemente lo hemos visto en la película Custodia Compartida. Y también al actor Angel Bonanni que lo conocimos en la serie False Flag 

Que recordemos, la primera película sobre el asunto se filmó en 1976: Victoria en Entebbe, apenas una crónica idealizada de lo sucedido para mayor gloria del Estado de Israel. Siguió la tv-movie, Raid on Entebbe (1977, Brigada antisecuestro), prácticamente similar a la primera. No podía esperarse algo diferente de la película judía Mitsa Yonatan (1977, Operación Relámpago) que trata con rasgos épicos la actuación del comando judío que liberó a los rehenes. Las tres películas se filmaron en un tiempo récord y se emitieron antes de que pasara el primer aniversario de los sucesos del 4 de julio de 1976.

Es de agradecer que la película que comentamos ahora, deje atrás, estos tratamientos hagiográficos y se centre, especialmente, en que no todo fueron gloria y flowers, sino que el gobierno israelita mantuvo un pulso espectacular en su cúpula y el acompañamiento musical realza algunos momentos. Pero, a decir verdad, a pesar de estos elementos, todavía no es objetividad lo que se le pide a la cinta. De hecho, el conflicto hebreo-palestino sigue hoy como estaba hace cuarenta y tantos años cuando sucedieron los hechos de Entebbe. Hay cierto maniqueísmo y parcialidad: judíos agradables, palestinos toscos. Sobra esta parcialidad y falta algo de tensión, pero, en cualquier caso, se deja ver y resulta superior a las anteriores interpretaciones del mismo episodio que hemos reseñado antes.