viernes, 12 de enero de 2018

El Extranjero... de Martin Campbell


Jackie Chan es uno de esos actores minusvalorado por el género en el que se le ha clasificado. En esta película tenemos la ocasión de verlo en un registro completamente diferente, aunque también reparte su habitual ración de mamporros. Su oponente es Pierce Brosnan, 007 otoñal, en esta película antiguo miembro del IRA pasado a asesorar al gobierno irlandés como pacificador. Ambos se encuentran en una trama de trasfondo político-terrorista dinámica, entretenida y sin muchas complicaciones. El Extranjero (que en algunos países se proyecta como El Implacable) es una de esas películas que pueden verse sin miedo a salir de la sala con la sensación de haber tirado el dinero. Incluso la película tiene algunos temas sobre los que reflexionar.

La acción nos muestra a un vietnamita que se ha establecido en Londres y regenta un restaurante chino. Su hija resulta muerta en un atentado reivindicado por el “IRA Auténtico” y el padre, que tiene más de sesenta años, se propone vengar la muerte. Inicialmente, no tiene intención de ejecutar él mismo la venganza, pretende que sea el gobierno y la policía quienes actúen contundentemente contra el nuevo grupo terrorista. Pero la indiferencia de unos y la imposibilidad de sobornar a otros, le inducen  finalmente a poner en práctica las enseñanzas aprendidas en los años de la Guerra del Vietnam cuando formó parte de las fuerzas de operaciones especiales. Así pues, ahí tenemos al soldado veterano “Ngoc Minh Quan” (Jackie Chan) desplazándose de Londres a Belfast para llegar a donde la policía no ha llegado.

En la capital del Ulster, “Quan” conoce a un viejo zorro del IRA devenido asesor de la política de pacificación, “Liam Nenessy” (Pierce Brosnan). Se trata de un antiguo terrorista ganado para el proceso de paz irlandés, pero que, en un momento dado ha experimentado la sensación de que era necesario acelerar la salida de los presos del IRA que todavía se encontraban en cárceles irlandesas y para ello ha promovido un terrorismo de baja cota que pronto se sale de cauce y se independiza de su mentor.

Sobre estas bases está construida una trama que, en primer lugar, nos habla del fenómeno terrorista y de lo difícil que ha resultado superarlo en el Reino Unido. En efecto, es rigurosamente cierto que, cuando el proceso de paz ya estaba consolidado, se produjo una extemporánea reaparición de una fracción del IRA que seguía todavía anhelando el retorno a las armas y que protagonizó el tristemente célebre “atentado de Omagh” el 15 de agosto de 1998 en el que se produjeron 29 muertos y 220 heridos, episodio al que se han consagrado algunas cintas (Omagh, 2004). El terrorismo siempre se resigna a morir (a menos que esté muy duramente tocado, como ocurrió en Argentina con los Montoneros, en Uruguay con los Tupamaros, en Italia con las Brigadas Rojas, en Alemania con la Fracción del Ejército Rojo o en España con ETA y con el GRAPO. Sin embargo, en Irlanda, en donde el IRA se identificaba con la totalidad de la comunidad católico irlandesa, siempre dejó un rescoldo del que el IRA-Auténtico (sigla que realmente existió) fue la muestra. Donde ha habido mucho, siempre queda algo…

La película ha sido dirigida por Martin Campbell, en cuyo historial se encuentran películas como La máscara del Zorro (1998) y La leyenda del Zorro (2005) y dos episodios de la serie 007, uno de ellos –GoldenEye (1995)– protagonizada por el propio Brosnan. Campbell en los inicio de su carrera rodó una memorable serie, Reilly: As de espías (1983) injustamente olvidada y que pasó desapercibida en España a pesar de sus méritos. Desde entonces es un director que siempre ha trabajado en producciones de alta gama pero al que no siempre ha acompañado el éxito y que, en algún momento, se ha arrojado en brazos de películas y series de consumo (también fue el responsable de Xena, la princesa guerrera). De lo que no cabe la menor duda es que sabe contar historias y que sus películas siempre resultan amenas y digeribles por parte del público.

La película, como hemos dicho al principio, sirve para ver a un Jackie Chan maduro y, lo más sorprendente, alejado de producciones de artes marciales con trasfondo cómico. Lo más sorprendente no es el hecho de, por primera vez, su papel esté completamente desprovisto de la vertiente humorística, sino el hecho de que a sus 63 años, cuando muchos están para comer sopas de ajo y pan tierno, el actor originario de Hong Kong, afable y simpático donde los haya, conserva toda su agilidad sin necesidad de ser reemplazado por especialistas. Da la talla de un actor consumado y demuestra ser algo más que un acróbata guasón.


Es una película de acción y, como tal, gustará especialmente a los predispuestos a ver este tipo de cine. También puede interesar a quienes sigan el cine político y, especialmente, películas sobre terrorismo; lo cierto es que induce a algunas reflexiones en este terreno. Para Pierce Brosnan, en cambio, es una película de trámite en la que no está ni mejor ni peor que en otras. Simplemente es un buen actor que da de sí lo que le exige el guión. Y en esta película, el guión conduce a una reflexión sobre el terrorismo y hacia la implacabilidad de la venganza.

domingo, 7 de enero de 2018

Me estás matando Susana... de Roberto Sneider


Hay películas que deberían derivarse directamente hacia el circuito televisivo. Ésta es una de ellas. La hubiéramos visto tranquilamente en la sobremesa de cualquier fin de semana en TVE o Antena 3. No es que ese tipo de tv-movies sean malos o de menor calidad, es que, en realidad, presentan temas intrascendentes, con guiones poco elaborados y personajes apenas descritos. Lo importante en ese tipo de películas es que entretengan durante el metraje y luego se olvidan. Meros productos de ocio, efímeros por definición e intrascendentes… pero no deleznables.

La película nos muestra a un actor mediocre y de corto recorrido que un día es abandonado por su esposa. Ésta se ha fugado sin dejarle ninguna explicación y él se pregunta una y otra vez qué ha podido pasar. Poco a poco, al intentar establecer dónde se encuentra su esposa, y hablando con amigos y conocidos, empieza a entrever lo que ha ocurrido. Ella, en efecto, no apreciaba en absoluto el estilo de vida que le proporcionaba su compañero y de ahí la tocata y fuga. La mujer se ha trasladado de México a los Estados Unidos y allí va él después de vender sus escasas propiedades. Nuestro hombre se encuentra allí completamente fuera de lugar, para colmo su esposa ha emprendido otra relación, lo que no es óbice para que ambos lleguen otra vez al clímax, reconciliándose en medio de un clima de felicidad y éxtasis… Luego la historia vuelve al comienzo y es él quien termina yéndose de nuevo a México.

Como puede observarse, el argumento es bastante tópico: pareja se rompe – pareja se reencuentra – pareja vuelve a romperse… el ciclo eterno de determinadas parejas. Nada importante, nada trascendental, ni siquiera nada que no hayamos conocido de cerca o de lejos. Por eso decíamos que el lugar de esta película no es la oscuridad de la sala de proyecciones, sino el plasma.
La película está basada en la novela Ciudades Desiertas de José Agustín y parece haber sido llevada al cine para lucimiento exclusivo de Gael García Bernal y, acaso, para aprovechar su tirón de taquilla. 

Vale la pena mencionar a dos muy buenos actores: Verónica Echegui y Björn Hlynur Haraldsson a los que, recientemente, hemos visto trabajar juntos y muy bien conjuntados en la serie Fortitude en la que tuvieron actuaciones muy destacadas. Se trataba de una serie “fuerte”, un típico “nordic noir” de alto voltaje que va por la segunda temporada. En esta serie, ambos actores realizaban unas actuaciones brillantes y destacaban con luz propia. Aquí sin embargo, sus papeles resultan tan secundarios que casi pasan desapercibidos y que, en cualquier caso, sus roles no han merecido apenas atención por parte del director.

Para los que conocemos los EEUU, sabemos que resulta absolutamente estúpido intentar ridiculizar en la aduana a los policías norteamericanos y mucho más a través de un comportamiento infantil e irrespetuoso que puede conducir directamente a Alcatraz o poco menos. Poca broma en las aduanas de los EEUU. Habría otros aspectos sobre los que podría haberse cebado el guionista antes de transmitir la idea de que este tipo de bromas puede hacerse a la hora de entrar en ese país y salir indemne.

Lo peor es que el papel de García Bernal –insistimos, un actor excelente- es tan absolutamente ridículo que la discriminación de la que es objeto y de la que se queja parece completamente justificada. La mayor parte de los que han visto la película, probablemente cambiarían de acera si se cruzaran con él por las calles. Hay algo peor que eso, incluso: la creación de un estereotipo mexicano, pero no formulado por racistas o supremacistas blancos, sino por un guionista de aquel país. Los giros machistas están presentes y el planteamiento que presenta la película puede reducirse a un simple “tú eres mía aunque yo sea un capullo integral”.

Así pues, a la pregunta de ¿qué diablos es esta película? Podía contestarse simplemente afirmando que se trata de una oportunidad perdida de ver a García Bernal en una nueva y brillante actuación. Como hemos dicho se trata de un “cine de aprovechamiento”: se juega con la fama ganada por un actor en películas anteriores (los tres últimos años han sido muy buenos para este actor y sólo hay que advertirle que unas cuantas películas intrascendentes como ésta y su cotización puede perder enteros. 

Los guionistas utilizan el argot mexicano para evitar trabajar los diálogos. Esta técnica da resultados extremadamente convincentes en series como Club de Cuervos (que recomendamos encarecidamente) pero que aquí se quedan a medio gas). Hay momentos en los que, no solamente, se pierde el sentido del lenguaje, sino incluso de lo que se quiere decir. El personaje de la esposa es igualmente limitado y escasamente perfilado. 

Todo lo anterior no implica que sea una película aburrida o simplemente deleznable: es, por el contrario una película entretenida y llevadera, no cuesta ver ni aburre. El problema es que Me estás matando Susana, recuerda a uno de esos vehículos que se atascan en la nieve o en el barro y cuyas ruedas empiezan a girar sin que esté en condiciones de salir del lugar en que se ha quedado clavado. 


Película especialmente adecuada para espectadores que aspiran solamente a un mero entretenimiento y a sonrisas fáciles. Contraindicada para todos aquellos que deploren el machismo o las masacres lingüísticas. Dentro de poco, cuando la película se emita en circuitos televisivos, nos convenceremos de que ese hubiera sido, desde el principio, el canal más adecuado para comercializarla.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Entrevista a los autores del libro "Fotogenia de la Guerra Fría"





¿Qué han pretendido escribiendo esta voluminosa obra?

No es, desde luego, un catálogo de películas sobre la Guerra Fría, sino una incitación al estudio de la historia a través del cine. Hace cien años, el desarrollo del Séptimo Arte hizo que proliferaran distintos género, algunos de los cuales pueden ayudar a reforzar los conocimientos de historia de los jóvenes. Al joven, hoy, le cuesta leer, es difícil que se interese por gruesos volúmenes de historia en los que encontrará explicaciones a los sucesos del pasado, pero es mucho más fácil que aprenda historia a través de la vista, especialmente porque hoy existen películas sobre todos los temas históricos desde la más remota antigüedad hasta prácticamente nuestros días. No es que pretendamos que los estudios históricos sean sustituidos por películas, sino más bien, aspiramos a poner la historia al alcance de todos y que eso sirva para despertar algunas vocaciones y también para facilitar el trabajo de los profesores de Historia.

Es decir, que habéis enfocado la obra de cara a la enseñanza…

Especialmente de cara a la enseñanza. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la formación, no solamente se imparte en las escuelas. Es un libro que puede ser utilizado por los padres para estimular el interés de sus hijos por el tiempo pasado. Todos aquellos que tenemos hijos que están entre 30 y 40 años, hemos vivido la Guerra Fría. Dar a conocer este período a nuestros hijos es fundamental para establecer nexos entre generaciones. Especialmente porque en nuestra obra no solamente se aluden a fenómenos políticos internacionales, sino también a los cambios de costumbres que se produjeron entre el final de la Segunda Guerra Mundial y principios de los años 60. También aludimos a cambios en las concepciones religiosas y a cambios en el mundo de la ciencia. Por otra parte, no podemos olvidar que hay jóvenes que sienten un particular interés por el pasado reciente: a lo largo de las 500 páginas de esta obra, de más de una veintena de recuadros y de un millar de ilustraciones, cualquier joven puede encontrar un compendio de todo lo necesario para comprender el período histórico que abarca entre 1948 y 1989, es decir entre el “golpe de Praga” y la caída del Muro de Berlín.

¿Cómo habéis planteado el libro?

Básicamente consta de tres partes: en la primera nos limitamos a recordar lo que fue la Guerra Fría, su origen y su final, sus períodos, sus momentos de crisis, su naturaleza de lucha por la hegemonía mundial entre dos superpotencias y cómo se llegó al desenlace. En apenas 60 páginas el lector tendrá un recordatorio de todo lo esencial que cabe decir sobre este conflicto. En la segunda parte, compuesta por veintitrés capítulos, se pasa revista a cada uno de los aspectos de la guerra fría (Vietnam, el período Kennedy, el espionaje, las guerras de Oriente Medio, la descolonización, la guerra de Corea, los cambios sociales, la Iglesia, la conquista del espacio, el peligro nuclear… etc). Esta es la parte específicamente cinematográfica: sobre cada aspecto del conflicto se recomiendan una serie de películas (la mayoría de muy fácil acceso) cuyos argumentos están basados en esos aspectos del conflicto. Después de cada capítulo, resumimos las películas en un recuadro. Finalmente, en la última parte, exponemos cómo cambió el cine a lo largo de esos 40 años: en 1948 se “hacía cine” de una manera, en 1989 seguía haciéndose cine… pero de una manera completamente diferente. Entender lo que supusieron estos cambios de formato, adelantos técnicos, cambios en la industria, es fundamental para tener una perspectiva completo del cine en esos años.

¿Habéis llegado a alguna conclusión?

Una y esencial: hay miles y miles de películas que prácticamente, en 2017 ya han tocado todos los episodios históricos, prácticamente desde las Guerras Púnicas hasta nuestros días. Quien quiere seguir la historia y no le gusta leer, ya no tiene excusa: el cine puede realizar una aproximación suficiente. No hemos incorporado TODAS las películas sobre la Guerra Fría, sino solamente las que nos han parecido más significativas. Sobre la Guerra del Vietnam, por ejemplo, se habrán filmado más de 400, de las que habremos destacado una treintena.

¿Cuál ha sido el criterio de selección?

Cuatro: 1) la relación directa de la película con un hecho histórico concreto que realmente haya sucedido, 2) la fidelidad de la película a lo que realmente ocurrió y 3) la calidad intrínseca de la cinta en sí misma y 4) el que, aún sin ser histórica, recogiera el “espíritu de la época”. Por ejemplo Doctor Strangelove no es una película histórica propiamente dicha, pero difícilmente otra cinta podría encarnar mejor el espíritu de los 60 y el miedo que generaba la carrera de armamentos y el peligro nuclear. Cintas como El puente de los espías, pueden considerarse traslaciones de calidad de momentos históricos concretos al mundo del cine. En películas sobre la Guerra del Vietnam, por ejemplo, nos hemos limitado a las mejores por distintas conceptos.

¿No os habéis topado con algún tema en el que no haya recibido atención por parte del cine?

Esto era lo que nos temíamos al principio. Luego, a medida que íbamos desgranando los capítulos nos hemos dado cuenta de que siempre había alguna película para informar sobre algún determinado episodio histórico. Lo que sí nos hemos encontrado es algunos temas, por ejemplo la descolonización del imperio portugués, en donde el material filmado está muy poco difundido, bien porque fue destruido después de la “Revolución de los Claveles” o bien porque se trata de productos de filmografías africanas muy minoritarias que apenas han llegado a Europa. Ahora bien, en un 95%, las películas que mencionamos son accesibles fácilmente –y ese ha sido también otro criterio de selección- o bien se pueden comprar en DVD o bien se pueden “bajar” mediante programas P2P, o bien son de libre disposiciones en youTube o Vimeo.

¿Qué fue para vosotros la Guerra Fría?

La Guerra Fría fue la continuación natural de la Segunda Guerra Mundial en la que, tal como preveían los estrategas del Tercer Reich, la URSS y los EEUU, estos es, el mundo capitalista y el mundo comunista terminarían por chocar. La novedad era que con el descubrimiento de la energía nuclear y la incorporación de estas armas a los arsenales de ambos países, la guerra frontal fue imposible y se desplazó hacia escenarios secundarios. Eso fue lo que salvo a Europa de ser destruida completa y para siempre. La Guerra Fría fueron, pues, una serie de enfrentamientos entre dos mundos opuestos que se prolongaron durante 40 años. Lo importante es que en el curso de esos años, el mundo cambio completamente hasta hacerse irreconocible. Por eso es importante tener claro cómo se llegó a ese período: nuestra modernidad es incomprensible e ininterpretable para quienes desconocen todo lo que ocurrió en esa época.

¿Estáis trabajando en algún otro libro?

Sí, en realidad, estamos elaborando ahora mismo, un trabajo similar a éste: la Segunda Guerra Mundial a través del cine. Abarcará un período situado entre principios de los años 30 y 1945. También estamos reuniendo material para una historia política de España en el siglo XX y estamos igualmente embarcados en completar y actualizar diariamente nuestra web sobre series de televisión que cuenta en la actualidad con casi un millar de series comentadas en profundidad y con varios miles de visitantes al día, a pesar de que aún no ha cumplido el primer año de vida.

¿A través de que canales vais a distribuir la obra? 

Nos negamos a pasar por el circuito de la distribución convencional de libros que ha sido la habitual hasta hoy. Nosotros que hemos trabajado en varias editoriales sabemos que se pierden libros, se destruyen, se olvidan, y que entre un 25% y un tercio de los libros que se entregan a una distribuidora nunca son reclamados y nada se sabe de su destino. Así que hemos optado por la distribución directa a través de Internet y de Amazon, mediante nuestra propia web de series, y directamente a través de las librerías en una condiciones que garantizan la viabilidad de nuestra iniciativa y un margen de beneficios muy aceptable para el punto de venta: con el 50% de descuento sobre el precio de venta al público. 

SUMARIO DE LA OBRA

INTRO     8
Saber lo que fue la guerra fría a través del cine     9

EL ASPECTO HISTÓRICO   20 
La Guerra Fría y su Guión   21
    INTRODUCCIÓN   21
    1ª Fase de la Guerra Fría: Ante el abismo. 1948-1962   30
    2ª Fase de la Guerra Fría: La distensión. 1962-1973   50
    3ª Fase de la Guerra Fría: La lucha por la energía. 1974-1980   56
    4ª Fase de la Guerra Fría: La doctrina Reagan. 1981-1989   64
    Fin de la Guerra Fría: Inicio de la globalización. 1989-1991   77

TEMÁTICAS Y PELÍCULAS.
La historia de la Guerra Fría a Través del cine   91
I. El Holocausto nuclear como obsesión   92       
II. Espías en acción (1ª parte) 106
III. Espías en acción (2ª parte)  124
IV. Macartismo y caza de brujas  142
V. Purgas stalinistas a cascoporro  156
VI. Así empezó la Guerra Fría  172
VII. Berlín, capital de la Guerra Fría  188
VIII. JFK, John Fitzgerald Kennedy  202
IX. Guerra en Vietnam (1ª parte)  218
X. Guerra en Vietnam (2ª parte)  238
XI. Descolonización e independencias  248
XII. África de las mil guerras y de las cien hambrunas  264
XIII. Guerrilleros y guerrillas (1ª parte)  280
XIV. Guerrilleros  y guerrillas (2ª parte)  292
XV. Así cambió el siglo (1ª parte)  304
XVI. Así cambió el siglo (2ª parte)  314
XVII. Así cambió el siglo (3ª parte)  330
XVIII. Así cambió el siglo (4ª parte)  340
XIX. Guerra de Corea, reñida con las cámaras  348
XX. Las guerras de Oriente Medio (1ª parte)  364
XXI. Las guerras de Oriente Medio (2ª parte)  378
XXII. La Iglesia Católica en la Guerra Fría  394
XXIII. La conquista del espacio  412

ADENDA  428

Apéndice:
LO QUE HA CAMBIADO EL CINE EN 40 AÑOS 446
40 AÑOS DE CINE. LO QUE VA DE 1948 A 1989 447
    Introducción 448
    El cine como ayudante y garante de la “defensa nacional” 449
    Lo que supuso la época de la Guerra Fría para el Cine 450
    La época dorada del Cine y su pérdida posterior de vigor 456
    El Cine como medio de comunicación influyente 460
    El cine como arte e industria 463
    La época de los grandes directores 467
    Del star system a la época de las grandes estrellas 469
    Géneros nuevos y sofisticación creciente 474
    Los problemas de la exhibición entre 1948 y 1989 477
    La tecnología aplicada al cine 481
    El cine como reflejo de intereses “ideológicos” 488


CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS
Formato: 15x23 cm.
Páginas: 492
Portada: cuatricomía, plastificada y con solapas.
Ilustraciones: + de 600
Recuadros resumen: 23
Precio de venta al público: 27,00 euros +4€ de (gastos de envío)
Precio a librerías: 50% de descuentos.

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viernes, 22 de diciembre de 2017

The Disaster Artist... de James Franco


The Room es una película que no dejó huella. O mejor dicho, dejó el recuerdo de ser la peor película producida en el siglo XXI. Algo así como si un Ed Wood redivivo se hubiera superado a sí mismo. Este tipo de producciones, de tan malas, terminan convirtiéndose en objetos de culto. Hace falta ser muy freaky para ver este tipo de cine, aunque resulte mucho más razonable asistir a la reconstrucción de cómo se llegó a tal despropósito. Tal es la función de The Disaster Artist, una genial y recomendable película de James Franco.

Dicen que el original era insuperable: surrealista, absurda, con un montaje incoherente, unas interpretaciones pretenciosas y afectas y un guión marciano. Pero también se añade que de haber querido hacer a propósito un aborto así, jamás hubiera salido. Pues bien, gracias a los hermanos Franco, el universo de Tommy Wiseau, queda reconstruido en esta cinta. The Room costó 6.000.000 de dólares, de origen desconocido. El argumento de base fue una voluminosa novela de casi 600 páginas escritas por el propio Wiseau que, a todo esto, estaba convencido de que era un genio. La psiquiatría todavía no ha investigado exactamente el por qué en ilustres mediocridades (como el propio Ed Wood), personajes extraños y anómalos, anida una sobrevaloración desmesurada del propio ego, completamente divorciada de las capacidades y cualidades reales del personaje. Wiseau se quería influenciado por Marlon Brando, James Dean, Tennessee Williams, Orson Welles, Alfred Hichcock o Elisabeth Taylor.

El guión de The Disaster Artist se basa en el libro escrito en 2011 por el aspirante a actor Greg Sestero que tuvo un papel protagonista en la película de Wiseau. La película ha sido dirigida por James Franco que ha demostrado ser uno de los directores/actores más prolíficos del milenio. Todavía no hemos terminado de ver su serie televisiva The Deuce, cuando aún no nos habíamos repuesto de su papel en 11.22.63, Franco nos obsequia con esta película en la que además de dirigir y producir la película, interpreta el papel axial de Tommy Wiseau. Su hermano, Dave, por su parte, interpreta a Sestero. Desde las primeras escenas estamos seguros de que vamos a ver una película extremadamente divertida y con unas interpretaciones geniales (especialmente en lo que se refiere a los hermanos Franco). Se percibe que James Franco “comunica” e interpreta extremadamente bien con las características personales y la psicología de Wiseau. A los que acusen a Franco de sobreactuar, cabe decir que su personaje era (y sigue siendo) así de excéntrico y fuera de la realidad.

A pesar de que no hayamos visto The Room, no nos cabe la menor duda de que esta interpretación sobre cómo se hizo, supera amplísimamente al original. La historia, no sólo es hilarante en sí misma, sino que está perfectamente contada y el espectador sale, sin excepción, completamente satisfecho. La película no es más que un cuento afectuoso –como lo fue en su momento la biografía de Ed Wood, realizada por Tim Burton e interpretada por Johny Deep- pero no por ello menos real, realizado sin afán de ridiculización, ni mucho menos de venganza, sino de aproximación a lo que fueron estos personajes y sus circunstancias, y ambientado a la sombra de Hollywood. El resultado ha sido una película perversamente divertida. 

Quedan retratados algunos de los valores que están presentes en la sociedad norteamericana y que han convertido en famosos a algunos personajes. Dalí empezó a ser conocido en los EEUU cuando destruyó el escaparate que él mismo había creado para un lujoso almacén, cuando la dirección del mismo lo modificó. Acabó en comisaría, pero todo el país se interesó por aquel actor que defendía la integridad de su obra. Eso gustaba a los norteamericanos y, al parecer, sigue gustando… por absurdo que sea el trabajo de creación y por mediocres –o simplemente, lamentables- que sean sus frutos. Hay algo de crítica, pues, a la sociedad norteamericana en esta película de James Franco, pero también cierto respeto y admiración por un personaje que creía en sí mismo.

Otro de los rasgos memorables de esta película es el número de cameos que incorpora. El papel interpretado por Melanie Griffith es algo más que un cameo, pero vale la pena estar atento a la pantalla para identificar a la docena y media de actores, más o menos conocidos, que se han sumado a esta película. Y se entiende perfectamente que ninguno de estos actores, a menudo brillantes, hayan tenido inconveniente en aparecen en la cinta: ésta se muestra en todo momento ingeniosa y alejada del humor facilón o de la sal gruesa. Franco recalca la importancia de la amistad y de la lucha por triunfar… a pesar de que no se tengan cualidades para ello. El resultado final es una comedia ácida que llamó ya la atención en el pasado festival de cine de San Sebastián y que, es muy posible que reciba algún Oscar del próximo certamen.

Una película que se puede recomendar para todos los públicos. La sabrán apreciar especialmente los amantes de la historia del cine y los coleccionistas de rarezas, pero, cualquier espectador abierto podrá abandonar la sala de proyección con una sonrisa en los labios y la sensación de haber disfrutado durante los minutos.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

WONDER WHEEL...de Woody Allen enamorado de la belleza de Juno y Justin


Desde que estrenara la inolvidable Annie Hall en 1977, Woody Allen ha venido realizando una película anual, faltando únicamente a la cita en 1981. A eso se le llama regularidad. Unas veces ha producido películas geniales y otras mediocridades irrelevantes. En su conjunto, da la sensación de que el punto álgido de su cine se encuentra en los años 80 y que después se ha ido produciendo un descenso en la calidad media. Ahora, cuando ha cumplido los 82 años de edad lanza un producto, Wonder Wheel, que sabe a poco en relación a sus grandes éxitos pero que tampoco es un despropósito irrelevante como aquella lamentable Vicky, Cristina, Barcelona (2008). Lo principal que se le puede reprochar a Allen en esta película es que podría haber sacado mucha más punta a algunos de los temas que aparecen en el guión y que terminan siendo solamente detalles puntuales (el niño pirómano, el mafioso). Sin embargo, la película contiene algunos elementos interesantes que merecen ser comentados, sólo por ser quien es Woody Allen.

Quien verdaderamente sí se ha esforzado en esta cinta y el que será recordado cuando se hable de ella es el director de fotografía Vittorio Storaro, cuya fotografía es de una pulcritud, definición y luminosidad tan arriesgadas y tan próxima a la piel de los actores que el color del cristalino de los ojos de Justin Timberlake nos traslada a las doradas puestas del sol. El trabajo de Storaro bailando con las luces y las sombras, consigue fotografiar las emociones de forma magistral... pero ese magnífico trabajo resulta incompleto por que el director se pierde en sus obsesiones.  El guionista y director, Allen aparece en esta película como una mamá enamorada de sus bebés. ¿Y quiénes son ellos? La belleza de sus dos protagonistas, Juno Temple y Justin Timberlake.

¿De qué va la película? De los años 50 en el parque de atracciones de Coney Island. Todos los protagonistas son gente que, de una forma u otra, están relacionadas con el parque.  El mecánico de la noria (Jim Belushi), está caso con Kate Winslet, camarera del bar. No se llevan  particularmente bien y están atravesando una de sus habituales crisis, agravadas por el incipiente alcoholismo de él y las obsesiones de ella. Pronto aparece un personaje inesperado, la hija de la pareja (Juno Temple) que es perseguida por un mafioso. La historia es relatada por un joven que trabaja como salvavidas en el mismo parque pero que aspira a ser escritor y nos relata la historia. 

Y este es el problema: que hace falta algo más para componer una película. Woody no juega con la sorpresa de los detalles y por consiguiente no cautiva al espectador. El niño, la noria, la playa, los mafiosos. Nada de nada.  Si hubiera que definir una película por su fotografía, ésta lo es, ciertamente, pero es que una película es algo más que eso: es un guión bien perfilado, son unos personajes descritos en profundidad, son sorpresas, son giros inesperados, son diálogos inolvidables, son situación que arrebaten a la platea y sintonicen con los espectadores. Muy poco de todo encontraremos en esta cinta. Tal es el esquema argumental. 

Sorprende que el tratamiento del guión sea casi teatral. Los diálogos, las situaciones, todo evoca alguna pieza estrenada en Broadway, más que a un producto cinematográfico. Y, como en toda obra de este tipo, lo que se pretende transmitir al espectador son impulsos de la naturaleza humana. El problema es que para ello es necesario definir con más precisión a los personajes. 

Entre lo más destacable de la película figuran las interpretaciones del cuadro de actores, desde Kate Winslet hasta Jim Belushi y desde Timberlake hasta Juno Temple. La magistral interpretación de  la Winslet que encarna a una mujer agobiada y adicta al fracaso, con el hábito de romper su vida y la de los demás para ser salvada, es tan real como patética, es desde luego un elemento destacable. Incluso me da la sensación que su personaje iba por libre y que sólo su personaje hubiera dado para una película. Recuerdo ahora la escena de la escalera... Cuando el público ve a Timberlake, relacionado con la madre (Kate Winslet) y la presencia de la hija (Juno Temple), se diría que está asistiendo al triángulo  que formaron el propio Woody Allen, Mia Farrow  y su hija adoptiva, actual esposa del director de cine.  


Cabe decir que, en su conjunto, a esta película le faltan los elementos necesarios para superar la barrera del aprobado discreto. En realidad, a muchos , especialmente a los no familiarizados con la “época gloriosa” de Woody Allen, les parecerá un producto insípido y olvidable.

viernes, 24 de noviembre de 2017

En realidad, nunca estuviste aquí... Lynne Ramsay


Resulta difícil reciclar a los veteranos de guerra como dependientes de mercerías o funcionarios de correos. Quien ha vivido las batallas, ha estado expuesto al fuego enemigo y ha visto cómo quedaban despanzurrados sus compañeros, la fragilidad de la naturaleza humana ante la técnica armamentística y las situaciones sin salida, difícilmente puede reintegrarse en el honesto conformismo pequeño-burgués. Tal es la situación del protagonista de esta película, “Joe”, ex marine, veterano de las guerra coloniales desatadas por George W. Bush, perro de la guerra, que al dejar atrás los frentes, se recicla como “solucionador”. Tal es la historia que nos va a contar Lynne Ramsay, director y guionista de En realidad, nunca estuviste aquí.

La figura del “solucionador” se ha hecho habitual. En el momento en el que escribimos estas líneas, la quinta temporada de Ray Donovan, sigue cosechando éxito, en esta ocasión acompañado por Susan Sarandon en el papel de siniestra propietaria de unos estudios de Hollywood que requiere sus servicios. Y Donovan acude a resolver los problemas intrincados protagonizados por notables del mundo del cine. Esa figura existe en la sociedad norteamericana: llega allí a donde la justicia y la policía no pueden llegar o, si pueden, lo hacen con más lentitud. Lo importante es que al “solucionador” le queden principios morales. De lo contrario se convierte en un asesino que liquida a otros asesinos. 

Ni “Joe” (Joaquin Phoenix), ni “Ray Donovan” (Liev Schreiber) pertenecen a este modelo. A pesar de la brutalidad y contundencia de sus iniciativas, lo cierto es que mantienen una escala de valores casi nietzscheana: no son, ni buenos ni malos, son “grandes” que se enfrentan a un mundo dominado por los “pequeños”, por mucho que muchos de estos ostenten cargos importantes. Si en el caso de “Ray Donovan” las “pequeñas comadrejas” tienen mucho que ver con el mundo del cine, “Joe”  terminará enfrentándose a notables de la política y de las esferas del poder.

“Joey” se enfrenta a una trama de pederastia y abusos sexuales a menores que termina siendo protagonizada por “notables”. Lo que inicialmente es, solamente la localización y rescate de la hija de un conocido político, termina convirtiéndose  en el descubrimiento de una trama de corrupción en la que participan personajes aparentemente fuera de toda sospecha. Salvando las distancias la película remite a la tarea salvadora de “Travis” (Robert de Niro) en Taxi Driver, acaso porque también él era ex marine y ex veterano de Vietnam.  
Se producen escenas de violencia, derramamientos de sangre, aparición de cadáveres y escenas suficientemente explícitas como para que el guionista obvie diálogos. Lo que nos queda al finalizar los créditos y encenderse la luz de la sala de proyecciones es una película en la que lo esencial es el argumento, el sonido, la música y la fotografía. Obsérvese que distinguimos entre “sonido” y “música”. No es habitual aludir a los “ruidos” de una película, pero, si, por lo que fuera, viéramos la película sin los efectos de sonido, perdería calidad e interés. Esta cinta nos demuestra que el sonido puede desencadenar sensaciones inquietantes mucho más que las palabras. 

En cuanto a la música, ha sido compuesta por Jonny Greenwood el guitarrista de Radiohead. Quizás haya que volver a escuchar trabajos como: Bodysong, Smear, Convergence, Tehellet, Overtones. Ha compuesto la banda sonora de las películas Bodysong (2003), There Will Be Blood (2007), Norwegian Wood (2010), Tenemos que hablar de Kevin (2011), The Master (2012) e Inherent Vice (2014), y también fue compositor residente de la BBC Concert Orchestra

Quedaría hablar del papel de Joaquin Phoenix, en cada intervención mejor que en la anterior y que en esta película completa su elenco de personajes machados por la vida. Phoenix se nos muestra... como si estuviera a merced de un carpintero loco armado con un “cepillo” propio de su oficio que, sacando virutas de sus personajes, creara formas retorcidas por el dolor, con almas deformadas por los traumas que un ser humano ejerce sobre otro. 

Por el momento, Phoenix ha ganado el premio al Mejor Actor en el pasado Festival de Cannes y la película se hizo con el galardón al Mejor Guión en el mismo evento. Así pues, sus méritos han sido reconocidos.


La película puede recomendarse sin fisuras. Es un thriller “especial”, no es un tipo de película habitual. A medida que va avanzando nos convencemos de que es un punto y aparte: tiene algo de otras películas, pero es radicalmente diferente a todo lo que hayamos visto. Sólo por esto, merece recomendarse.

jueves, 23 de noviembre de 2017

El sacrificio de un ciervo sagrado... de Yorgos Lanthimos


The Killing of Sacred Deer 

Hay películas que sorprenden por su argumento, otras por su reparto, por sus efectos especiales, sus escenas y las hay que, en sí mismas, constituyen una sorpresa y lo que creemos que vamos a ver, a partir de cierto momento, nos reserva un giro inesperado que genera una angustia irreprimible. Reconozco que cuando se inició la proyección de esta película no intuía ni remotamente la deriva que iba a tomar la cinta a partir de cierto punto. 

Me habían informado de que el argumento tenía como telón de fondo la contraposición entre ciencia y fe, uno de esos temas con los que el fabricante de best-sellers Dan Brown nos suele aburrir cada cuatro años y que ha reiterado en su novela Origen recientemente publicada y que, en gran medida, transcurre en Barcelona. “Otra divagación más...” me dije: y resulta que no: la temática se aproxima mucho más al mito de Ifigenia. No puede extrañar si tenemos en cuenta que el director, Yorgos Lanthimos, es de origen griego.

La película nos cuenta la historia de un cirujano de éxito que en el curso de una operación no puede evitar que un paciente muera. Aparentemente era el riesgo de la intervención, extremadamente complicada, y que la familia del fallecido asume. Sin embargo, el cirujano y la esposa del fallecido empiezan a aproximarse y, a partir de ese momento, empieza a ganar protagonismo el hijo de éste que se convierte en el verdadero protagonista de la trama. Simplemente, el hijo quiere una vida por otra vida: una vida de la familia del cirujano o la suya propia por la vida de su padre. Y lo que aparentaba ser una película de médicos, pacientes y acercamientos conflictivos, se convierte en una película extraña, próxima al terror psicológico cercana al thriller pero sin que veamos persecuciones trepidantes, sin embargo, si excesos adrenalíticos inquietanes de angustia… es simplemente, un tema clásico llevado a la modernidad.

La fuente originaria de esta cinta es el mito de Ifigenia. Ya hemos aludido al origen griego del director (que, de paso, es también el guionista). La hija del rey Agamenón, fue pedida en sacrificio para que su ejército pudiera seguir su marcha hacia Troya. ¿Cómo puede inferirse esta relación entre la película y el mito clásico? Muy sencillo: por el título. En efecto, todo el problema se desencadenó porque la diosa Artemisa quería castigar al rey Agamenón porque éste había matado en sus dominios a un ciervo blanco y alardeaba de ser el mejor cazador. La diosa detuvo a las naves de Agamenón: en Áulide ya no hubo viento que las moviera del puerto. Un adivino aconsejó que lo único que podía calmar a la diosa de los bosques y señora de los animales, era el sacrificio de la hija del Rey: Ifigenia. Una vida por otra vida. Con mucha menos poesía, los judíos llaman a esto “la ley del Talión”: “tú me has dañado, yo te daño…”. Pues bien, éste es el tema de esta inquietante cinta que atrapa al espectador y lo aferra a su butaca.

Todo es una metáfora. Está claro el porqué Yorgos Lanthinos ha elegido como profesión del protagonista, el “doctor Steven”, a un cirujano. Simplemente, en esa profesión se hacen “milagros”, se salvan vidas, se reconstruyen órganos, se extraen males… De entre las especialidades de la medicina, la de cirujano figura en la cúspide y, desde allí, algunos parecen estar más cerca de lo divino que de lo humano. Otra metáfora: el hijo que quiere un resarcimiento por la muerte de su padre. Él ocupa el papel de Artemisa. En realidad, se trataba de una diosa griega arcaica, quizás procedente del período minoico, tosca, brutal, ambigua, como el adolescente preocupado porque la salen pelos en las axilas y por exigir una vida por la vida de su padre. El cirujano debe de ser decidido pero al mismo tiempo racional en su trabajo. No puede caer ni en supersticiones ni ser presa del “pensamiento mágico”. Más que Dios es una especie de anti-Dios. El hijo, introduce el elemento irracional al que, en principio debería ser inmune el “doctor Steven”, sin embargo, poco a poco, éste se siente ganado por la sensación de que si se suicida o mata a alguien de su familia, algo terrible sucederá. Última metáfora: vivimos en un tiempo en el que se ha cerrado la puerta al pensamiento religioso y mítico, estamos atrincherados tras la barricada de la racionalidad y, sin embargo, las supersticiones y el “pensamiento mágico” siguen entrando por la ventana. 

La familia en la que vive el “doctor Steven” es fría, todos sus miembros son distantes unos de otros, neutros, recuerdan a aquellos protagonistas de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956, con sus tres remakes posteriores) en los que los ciudadanos de un pequeño pueblo son sustituidos por extraterrestres mansos y sin vida en los ojos. Así son las familias norteamericanas de clase media-alta: la racionalidad, conduce directamente a la frialdad y a la falta de emociones. Yorgos Lanthinos, simplemente, introduce la irracionalidad en un islote de positivismo y frialdad. Luego, todo estalla.

Con respecto a la música, bastante importante en el climax de la película desconozco el autor. Intentaré busca ese dato como sea. 


No es una película que pueda gustar a todos los públicos. Los habrá que lo consideren un folletín, otros una película casi paranormal para uso y disfrute de los que no se pierden Cuarto Milenio ni una sola semana. Habrá quienes la considerarán una película maligna y no soportarán la angustia creciente que la acompaña. Pero lo que verán no es nada de todo esto: en esta película nada es lo que parece. Acompañada por una música poderosa, luciendo un movimiento de cámara que recuerda a Kubrick, con unas interpretaciones memorables del trío protagonista que les ponen en la recta de los Oscars, lo cierto es que vale la pena ver esta película y no perderse los detalles.  


sábado, 18 de noviembre de 2017

La higuera de los Bastardos... de Ana Murugarren


El ciudadano medio español no piensa desde hace décadas en la Guerra Civil, ni se plantea, desde luego quién fue mejor o peor, como tampoco piensa en la guerra de Cuba o en las guerras del Rif. Sin embargo, estos conflictos se han convertido en permanente fuente de inspiración para los cineastas españoles que una y otra vez vuelven sobre estos temas: en ocasiones logran productos de aceptable calidad (Los últimos de Filipinas, 2017), en otras resultan rematadamente malos (Balada triste de trompeta, 2011) y, a veces se limitan a construir fábulas extrañas. Tal es el caso de La Higuera de los bastardos.

Ramiro Pinilla fue uno de los mejores novelistas españoles a partir de los años 60. Obrero de la construcción y “maketo” en Bilbao, haciendo esfuerzos por “vasquizarse”. En 1960 ganó el premio Nadal  y once años después fue finalista del Planeta. La Higuera –en la que se basa esta película- fue escrita en 2006. Falleció en 2014 después de haber entregado otros cinco títulos más a la Editorial Tusquets. El hecho de que no sea de los autores más recordados de la literatura española, no quita que su envergadura no sea similar a la de un Juan Rulfo y no ande lejos de las alturas de García Márquez. 

Hay que decir que la película se parece sólo muy relativamente a la novela. Ha sido filmada como tragicomedia y rasgos muy acentuados con relación a la novela. Nos cuenta la historia de un falangista, Rogelio (Karra Elejalde)  que, junto a su grupo, realizaba ejecuciones durante la guerra civil. Se apunta ligeramente que tales ejecuciones eran respuesta a las que previamente había realizado el otro bando, pero una discusión de este tipo nos llevaría a Caín y Abel o a aquello otro de qué fue antes si la gallina o el huevo. El protagonista, en el curso de una de esas ejecuciones sumarias ve la mirada del hijo de la víctima, de apenas 10 años años. Aquella mirada le impresiona y, por algún motivo, se le mete entre ceja y ceja que ese niño terminará matándolo. Así que su carácter se vuelve huraño y sobre la tumba del asesinado, Rogelio planta una higuera y se convierte en ermitaño ante aquel arbolito que, poco a poco, va aumentando su volumen y retorciendo sus raíces. Nadie sabe qué hay debajo de la higuera. Empieza a circular el rumor de que Rogelio está custodiando un tesoro escondido. Pero, por otra parte, algunos empiezan a visitarlo e incluso le dejan una imagen de la Virgen, lo que hará que en torno a aquel lugar empiece a convertirse casi en lugar de peregrinación. Los antiguos camaradas falangistas de Rogelio, todos han ascendido y se han convertido en “hombres del régimen”, dando por perdido a su antiguo comilitón, a pesar de que intentarán por todos los medios de que Rogelio abandone su lugar de retiro y la higuera sea arrancada, sabedores de lo que contiene bajo sus raíces.

Se trata de una película que no aporta gran cosa sobre la Guerra Civil, ni aclara las circunstancias que se produjeron en la zona. Así pues, si alguien esperaba que ochenta años después de finalizado el conflicto, algún cineasta español se atreviera a tratar con distanciamiento y profundidad el tema, se equivoca. Tampoco la novela de Pinilla resulta ser su mejor relato. La fotografía es discreta, y entre las interpretaciones destaca especialmente la de Carlos Areces como chivato, siniestro y miserable, propagador de la leyenda de que Rogelio custodia un tesoro !Bravo!. En lo que se refiere a Elejalde, encasillado permanentemente desde Año Mariano (2000) en papeles de colgado (o, en cualquier caso, de excéntrico) repite actuación muy en su línea. Ha sido dirigida por Ana Murugarren de la que es su quinta película, una directora que suele elegir temas de interés socio-político siempre próximos a su origen vasco-navarro.


Si la película se toma como un cuento puede gustar. Y esta es la perspectiva desde la que recomendamos verla. Es entretenida, divertida, surrealista. La escena final resulta estremecedora y esa es la que, quien escribe esta crónica se lleva al salir del cine. 

Jupiter’s Moon... de Kornél Mundruczó


Ante determinadas películas, uno corre el riesgo de perder la perspectiva si se centra en los aspectos formales de la película y se olvida lo que la película es en sí misma, incluso al margen de las intenciones del director. Y esto es lo que sucede con Jupiter’s Moon que es una especie de caleidoscopio en el que lo que el director ha pretendido expresar, lo que un público sensibilizado por la “crisis de los refugiados” ve, lo que otro público propenso a las meditaciones religiosas puede ver por el mismo precio y lo que es, en definitiva, un cuento para adultos.

Nos ha sido imposible abordar esta película desde otra perspectiva que no sea la de un puro y simple "cuento", algo así como Caperucita Roja trasladada a una capital centroeuropea aquí y ahora. Caperucita era tan buena, tan remilgadamente azucarada que el coma diabético era inevitable. El azúcar, como se sabe, se utiliza para endulzar algo que, en principio o es insaboro o es, simplemente, amargo. Así que el cuento debía tener una contrapartida que no podía ser otro más que el lobo feroz. Porque todos los cuentos infantiles son extremadamente dualistas: buenos hasta la náusea y malvados en la puerta del infierno. Somos tan simples que en ocasiones hace falta extremar los rasgos de los personajes para que advirtamos el mensaje. El cuento, además, se completa, con elementos fantásticos y oníricos que no se dan en la vida cotidiana: de ahí que los cuentos fascinen a los niños. Pues bien, todos estos elementos se encuentran presentes en Jupiter’s Moon y son, precisamente, lo que nos impulsa a definirla y a verla como “cuento” en sentido positivo (y no como pamplina insípida y pelmaza, la otra acepción coloquial de la palabra “cuento”).

La película, en su conjunto, resulta entretenida, dinámica, trepidante en los tramos iniciales, muestra incluso algunas zonas monumentales de Budapest (la estación Keleti, las avenidas con soportales, e incluso el bus que navega por el Danubio), las interpretaciones buenas, los efectos especiales impecables. Queda hablar del argumento del cuento. Como todos los cuentos, resulta absolutamente simple y dualista: la lucha entre buenos y malos.

Un grupo de refugiados sirios intenta cruzar la frontera en medio de una confusión extrema. Los policías húngaros disparan a matar y uno de los refugiados, Aryan, cae al suelo herido. Sin embargo, sus gotas de sangre no siguen la ley de la gravedad sino que se elevan y él sigue el mismo camino ascendente. ¿Metáfora de la santidad, símbolo de pureza? Quizás solamente sea el elemento desencadenante de la narración.  El protagonista se recupera luego de sus heridas en el campo de refugiados. Un médico, Stern, endeudado hasta las trancas intenta aprovecharse de la “anormalidad” del joven. Hace unos meses, Stern había matado a un niño al haberle operado en estado de alcoholismo. Cree que con los beneficios que le puede reportar la rareza de Aryan conseguirá pagar a los padres de la víctima una cantidad que los neutralizará judicialmente. Sin embargo, el policía que ha disparado sobre Aryan trata de localizarlo para expulsarlo del país. Se suceden las persecuciones frenéticas seguidas de las reflexiones morales hasta el the end que nos confirmará lo dicho: hemos visto un cuento que ha durado dos horas.

Por supuesto, la película puede ser acusada de oportunismo y de deformación de los hechos. Oportunismo porque fuera de Hungría, el “ponga a un refugiado en su casa” parece haberse convertido en consigna desde las ONGs de ayuda al refugiado hasta cualquier partido que reivindica la etiqueta de progre. De ahí que esta película confirme que nadie es profeta en su tierra y que la cinta ha sido elaborada para triunfar fuera de Hungría y no en el interior del país en donde el gobierno ha sido claro desde el principio: no precisaba inmigración y no toleraba inmigración. Hay que reconocer que la opinión pública húngara ha aceptado unánimemente esta decisión de su gobierno. En cuanto a la deformación de los hechos viene a cuento de que no se han producido tiroteos ni muertos mientras se produjo la crisis de los refugiados, tan solo una periodista de la televisión local que hizo la zancadilla a un refugiado que terminó, por cierto, acogido en España. Eso fue todo: no hubo masacres sangrientas en la frontera húngara. 

El azar ha querido que la premiere de esta película se realizada apenas una semana después de que la autora de estas líneas regresara de un viaje por Budapest. A diferencia de otras capitales europeas, allí no hay ni velos islámicos en las calles, ni riesgo de atentados yihadistas. Los habitantes de la capital húngara no parece ninguno de los dos elementos, de ahí que pronostiquemos que Hungría no será tierra fértil para esta película.

Quizás no sea muy afortunado presentar a un “refugiado sirio” como ángel o como metáfora del mismísimo Cristo resucitado (mostrando sus agujeros de bala, ascendiendo a los cielos y con padre carpintero). Pero si uno decide hacer una cinta oportunista que pueda triunfar en la Europa comunitaria, está obligado a llegar hasta el final. De todas formas, las reflexiones teológicas figuran entre los más plúmbeo de una película que, por lo general, es bastante dinámica e, incluso, en algunos momentos trepidante. 


La película se proyectó en el pasado Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges en donde recibió críticas positivas y el premio a la Mejor Película. El director, Kornél Mundruczó tiene abundante experiencia a sus espaldas y es, sin duda, el director húngaro con más proyección internacional. En esta película se nota que ha realizado un film destinado a granjearse las simpatías de los europeos “políticamente correctos”. Si usted no pertenece a esta gama de espectadores, lo mejor es que mire la película tratando de identificar los elementos propios de un cuento infantil. No se pierda en disquisiciones teológicas, no intente abordar cuestiones político-sociales porque éste no es la división en la que puede jugar esta película.

martes, 7 de noviembre de 2017

Oro... de Agustín Díaz Yanes


España es el único país europeo que, hoy por hoy, carece de una “historia nacional”. Quizás si se entendiera mejor nuestro pasado, existirían menos problemas en el presente. En cualquier caso, no es éste el lugar para explicar el por qué, ni siquiera, sobre si existe una interpretación sobre la conquista (conquista y civilización) de América... ésta película asume este tema y lo hace mediante la aproximación a un grupo de conquistadores perdidos por la selva y en busca de Oro.

La expedición de López de Aguirre ha sido tratada en otras películas que tuvieron en su momento cierto relieve (Aguirre o la cólera de Dios [1972] de Werner Herzog y El Dorado [1988] de Carlos Saura), en ambos casos, el guión se basaba, más o menos, en hechos reales y en la crónica escrita por el propio protagonista. Esta tercera aproximación está realizada por Agustín Díaz Yanes sobre un texto de Arturo Pérez-Reverte, a su vez, inspirado en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre de Ramón J. Sénder. En los dos primeros casos, dos actores extranjeros, el excesivo Klaus Kinsky y el sobrio Omero Antonutti, alemán e italiano, daban sus versiones particulares sobre el personaje. Pérez Reverte, en una de las entrevistas promocionales explica que el protagonista “para esta película había que ser español, porque solamente desde dentro entiende el país del que se van, cómo se relacionan entre ellos, cómo se matan entre ellos y al enemigo”. 

El argumento es fácil de resumir: una treintena de hombres y un par de mujeres emprenden la expedición en busca de una ciudad hecha de oro que, efectivamente, existe, pero que no es exactamente cómo ellos se habían imaginado. A lo largo del camino suceden todo tipo de peripecias protagonizadas por hombres de natural turbulento que sólo respondían de manera unitaria y unánime en situaciones de combate ante el enemigo común. 

La intención de la película es mostrarnos cómo eran los aventureros españoles del siglo XVI. Y hay que decir que al terminar los 103 minutos de proyección, el objetivo se ha logrado ampliamente. Una cosa eran los propósitos del Cardenal Cisneros y de los Reyes Católicos y de sus sucesores, y otra muy diferente encontrarse perdidos en las selvas tropicales y tener que responder a situaciones de máxima tensión frente a la naturaleza y frente a los ataques de las poblaciones indígenas. No es que los ideales originarios que inspiraron la conquista de América no estuvieran presentes, es que para la empresa se precisaban aventureros y hombres de hierro. Hombres procedentes de Navarra y Extremadura, andaluces, maños y vascos, muestran la variedad de caracteres y tonos que existía en “las Españas” del siglo XVI. Podemos decir que así veían los guerreros de a pie la conquista de aquel continente.

La película es recomendable especialmente a la hora de reconstruir una “historia nacional” (nunca como hoy tan necesaria) y hacerla accesible y comprensible para todos. Eso, o de lo contrario, prevalecerá la idea de que allí se produjo un “genocidio”, como parte de nuestra “leyenda negra”. Es cierto que los aventureros del siglo XVI buscaban oro en América, muchos de ellos, los jefes, empezaban a ser mayores y se sentían fracasados si no encontraban la ciudad del Dorado. Otros huían de la pobreza. Eran los “desertores del arado” de la época. Todos los imperios se han forjado con gentes como estas: un proyecto de dominación y de traslación de los propios valores culturales a otras latitudes. Esto fue la “conquista de América”, sin las exaltaciones y ni las denigraciones extremas en las que se suele caer.

Si esta es la temática de Oro, cabe decir ahora algo de la película en sí misma. Sobre los actores, la ambientación, la fotografía y la música, los promotores de esta película pueden darse por muy satisfechos. Ver a Raúl Arévalo y a José Coronado embutidos en destartalados y roñosos uniformes ha supuesto ver revalidadas sus cualidades interpretativas. Ambos demuestran ser actores todoterreno que salen airosos de los más variados papeles que se les encargan. 

En cuando a la dirección de Díaz Yanes cabe decir que es lamentable que un director con estas cualidades no se prodigue más. Su última película, Sólo quiero caminar, data de 2008 y resulta incomprensible en casi nueve años no haya dirigido ninguna cinta, especialmente porque su carrera anterior se había visto plagada de nominaciones y premios. Aquí realiza un trabajo notable e incluso obteniendo un resultado superior a anteriores productos firmados por él. No es la primera vez que trabaja sobre un texto de Pérez-Reverte; en 2006 llevó a la pantalla Alatriste, su tercera cinta, en la que quizás lo único criticable era el acento de Vigo Mortensen que, aun hablando un castellano correcto, no termina de dar el perfil. Aun así, la película tuvo acentos épicos notables que le valieron tres Goyas.

Una película recomendable en todos los sentidos, especialmente para los que aspiran a recuperar y entender parcelas de nuestro pasado. Insistimos: la versión que nos da esta película es la de los hombres de a pie. Hubo por supuesto, otros niveles de decisión e ideales más elaborados en la epopeya americana que esperamos algún día asuman directores y empresas productoras de nuestro país. Ciento dos minutos bien empleados.


Y finalmente mi pregunta es:  ¿Cómo se va a tomar esta película cuando se proyecte en Iberoamérica…?