miércoles, 20 de diciembre de 2017

WONDER WHEEL...de Woody Allen enamorado de la belleza de Juno y Justin


Desde que estrenara la inolvidable Annie Hall en 1977, Woody Allen ha venido realizando una película anual, faltando únicamente a la cita en 1981. A eso se le llama regularidad. Unas veces ha producido películas geniales y otras mediocridades irrelevantes. En su conjunto, da la sensación de que el punto álgido de su cine se encuentra en los años 80 y que después se ha ido produciendo un descenso en la calidad media. Ahora, cuando ha cumplido los 82 años de edad lanza un producto, Wonder Wheel, que sabe a poco en relación a sus grandes éxitos pero que tampoco es un despropósito irrelevante como aquella lamentable Vicky, Cristina, Barcelona (2008). Lo principal que se le puede reprochar a Allen en esta película es que podría haber sacado mucha más punta a algunos de los temas que aparecen en el guión y que terminan siendo solamente detalles puntuales (el niño pirómano, el mafioso). Sin embargo, la película contiene algunos elementos interesantes que merecen ser comentados, sólo por ser quien es Woody Allen.

Quien verdaderamente sí se ha esforzado en esta cinta y el que será recordado cuando se hable de ella es el director de fotografía Vittorio Storaro, cuya fotografía es de una pulcritud, definición y luminosidad tan arriesgadas y tan próxima a la piel de los actores que el color del cristalino de los ojos de Justin Timberlake nos traslada a las doradas puestas del sol. El trabajo de Storaro bailando con las luces y las sombras, consigue fotografiar las emociones de forma magistral... pero ese magnífico trabajo resulta incompleto por que el director se pierde en sus obsesiones.  El guionista y director, Allen aparece en esta película como una mamá enamorada de sus bebés. ¿Y quiénes son ellos? La belleza de sus dos protagonistas, Juno Temple y Justin Timberlake.

¿De qué va la película? De los años 50 en el parque de atracciones de Coney Island. Todos los protagonistas son gente que, de una forma u otra, están relacionadas con el parque.  El mecánico de la noria (Jim Belushi), está caso con Kate Winslet, camarera del bar. No se llevan  particularmente bien y están atravesando una de sus habituales crisis, agravadas por el incipiente alcoholismo de él y las obsesiones de ella. Pronto aparece un personaje inesperado, la hija de la pareja (Juno Temple) que es perseguida por un mafioso. La historia es relatada por un joven que trabaja como salvavidas en el mismo parque pero que aspira a ser escritor y nos relata la historia. 

Y este es el problema: que hace falta algo más para componer una película. Woody no juega con la sorpresa de los detalles y por consiguiente no cautiva al espectador. El niño, la noria, la playa, los mafiosos. Nada de nada.  Si hubiera que definir una película por su fotografía, ésta lo es, ciertamente, pero es que una película es algo más que eso: es un guión bien perfilado, son unos personajes descritos en profundidad, son sorpresas, son giros inesperados, son diálogos inolvidables, son situación que arrebaten a la platea y sintonicen con los espectadores. Muy poco de todo encontraremos en esta cinta. Tal es el esquema argumental. 

Sorprende que el tratamiento del guión sea casi teatral. Los diálogos, las situaciones, todo evoca alguna pieza estrenada en Broadway, más que a un producto cinematográfico. Y, como en toda obra de este tipo, lo que se pretende transmitir al espectador son impulsos de la naturaleza humana. El problema es que para ello es necesario definir con más precisión a los personajes. 

Entre lo más destacable de la película figuran las interpretaciones del cuadro de actores, desde Kate Winslet hasta Jim Belushi y desde Timberlake hasta Juno Temple. La magistral interpretación de  la Winslet que encarna a una mujer agobiada y adicta al fracaso, con el hábito de romper su vida y la de los demás para ser salvada, es tan real como patética, es desde luego un elemento destacable. Incluso me da la sensación que su personaje iba por libre y que sólo su personaje hubiera dado para una película. Recuerdo ahora la escena de la escalera... Cuando el público ve a Timberlake, relacionado con la madre (Kate Winslet) y la presencia de la hija (Juno Temple), se diría que está asistiendo al triángulo  que formaron el propio Woody Allen, Mia Farrow  y su hija adoptiva, actual esposa del director de cine.  


Cabe decir que, en su conjunto, a esta película le faltan los elementos necesarios para superar la barrera del aprobado discreto. En realidad, a muchos , especialmente a los no familiarizados con la “época gloriosa” de Woody Allen, les parecerá un producto insípido y olvidable.
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