lunes, 29 de enero de 2018

Last Flag Flying... de Richard Linklater



Hay películas poliédricas, iniciadas con muchas intenciones diferentes y que, al final, se quedan a mitad de camino en todas ellas, pero, por distintas circunstancias, “funcionan”. Tal es el caso de Last Flag Flying (La última bandera) cuyo “gancho” está formado por el trío protagonista: Steve Carrell (The Office), Bryan Cranston (Dalton Trumbo, Breaking Bad) y Laurence Fishburne (el Morfeo de la trilogía Matrix, pasado luego al CSI-Las Vegas). Con este trío de ases, era difícil que una producción fracasase. Ahora bien, por lo mismo, podría decirse: poco partido han sacado, director y guionistas, a unos actores con tanto tirón…

Hablábamos de “intenciones” diferentes: por una parte, el elogio de la amistad de aquellos que han estado bajo el fuego enemigo (un tema que no es nuevo y que se apuntaba con mucho mayor dramatismo en El Cazador); por otra, unos héroes que no lo son tanto, sino simples caídos en guerras absurdas y que la propaganda y el Pentágono eleva al Olimpo de los protagonistas de epopeyas; finalmente, un repaso de la Norteamérica de 2017 que, será la capital mundial del capitalismo, pero que, en cualquier caso, atraviesa una grave crisis que excede con mucho el marco económico y que, a fin de cuentas, registra una “convergencia de catásfrotes” (ecológicas, culturales, étnicas, religiosas, económico-sociales y políticas) que, antes o después (sin duda dentro de la primera mitad de este siglo) pondrán en entredicho la viabilidad del proyecto histórico de los EEUU tal como fue definido por los “padres fundadores”.

Y ahí en medio, están nuestros tres personajes, maduritos y otoñales que se conocieron en la guerra del Vietnam, tuvieron amigos comunes víctimas del Vietcong y emprendieron al retorno vidas divergentes, sin perder el contacto entre ellos, en tanto que miembros del Cuerpo de Marines de los EEUU. Como la historia se repite y la historia de las guerras en las que han participado los EEUU en los últimos 50 años, es una historia de despropósitos incomprensibles, uno de estos veteranos, tiene un hijo militar que ha caído en Iraq. Le han comunicado que ha muerto “gloriosamente” en combate y que tiene derecho a ser enterrado en el Cementerio de los Héroes en Arlington. El director muestra entonces el fantasma que persigue al Pentágono desde los días más lóbregos del conflicto vietnamita: el hangar con féretros cubiertos con la bandera de los EEUU. El padre del caído, ha ido a buscar a sus dos amigos veteranos y juntos realizan el viaje para asistir al entierro que se realizará con todos los honores.

Con este planteamiento inicial arranca una película de humor ácido, con momentos dramáticos y, más habitualmente, con comentarios irónicos en clave de humor. Podía haberse llegado mucho más lejos en cualquiera de las direcciones apuntadas en este arranque. Este es el principal problema que cabe destacar. Es una cinta aceptable, entretenida, con momentos culminantes tanto en su vertiente dramática como en sus aspectos irónicos… pero no es una película que vaya a pasar a la historia. Dicho lo cual, también podemos añadir que quien decida ir a verla, se lo va a pasar bien: es una de esas películas que no aburren, resultan entretenidas, amenas e, incluso, inducen a meditar, y a ir mucho más allá del punto en el que los guionistas se han detenido, como por ejemplo el poder de las amistades como proceso de curación.  Al final, lo que resulta es una película antibelicista pero patriótica. Hemos visto muchas otras así.
¿Lo más destacable? Además de la intervención de los tres protagonistas, una banda sonora deliciosa y algunos momentos de los diálogos en los que hablan del dolor, la amistad, la muerte, la amargura y el arrepentimiento, el servicio a la Nación, el respeto, la dignidad y el aprecio por el tiempo en el que fueron jóvenes y cumplieron con el compromiso que les exigía su país.

El artífice de esta película ha sido Richard Linklater que, al mismo tiempo, ha participado en la elaboración del guión, junto a Darryl Ponicsan. Éste último, escribió en 1973 la novela The Last Detail que sería algo así como la precuela no oficial de Last Flag Flying. La película ha sido producida y distribuida por Amazon Studios, lo que evidencia el interés de este gigante de la venta en Internet por asentarse sólidamente en otros terrenos igualmente lucrativos. 


La película se estrenó en los EEUU el pasado 3 de noviembre de 2017 y “funcionó” entre la crítica y entre el público. Éxito discreto y alejado de las películas más taquilleras del año que terminaba, pero que mereció un buen nivel de aceptación. Quizás el público norteamericano fue el primero en advertir que tratándose de una buena idea, hubiera hecho falta más arrojo por parte de los guionistas para llegar a las últimas consecuencias críticas de las perspectivas que abordan. La película es particularmente recomendable para quienes están enganchados a las actuaciones de Fishburne, Cranston o Carell y a los que gustan escuchar, de tanto en tanto, mensajes pacifistas. A pesar de los toques de humor y de los comentarios irónicos, esta no debe ser considerada de ninguna manera como una cinta cómica: es un drama ácido con toques de humor. Es importante no perder de vista esta perspectiva. 
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