domingo, 27 de mayo de 2018

Corporate... de Nicolás Silhol




El 7 de Julio de 2016, la fiscalía francesa pidió procesar a los directivos de France Télécom por la oleada de suicidios de sus empleados. En efecto, entre 2007 y 2010, con el momento clave de la gran crisis económica mundial, la empresa inició su reestructuración interior con el despido de 22.000 empleados y el cambio de otros 14.000. Sesenta empleados de distintos grados se suicidaron en apenas tres años, muchos en su propia oficina y atribuyendo la responsabilidad de su acto a la empresa y a su política de despidos. La película Corporate, aborda esta temática y lo hace con una brillantez y claridad notables en lo que puede ser considerada, por el momento, como la mejor película de temática social del año.

Una directiva de Esen establecía un método de despido para que la empresa pudiera ahorrar miles de millones en indemnizaciones: se trataba, simplemente, de aprovechar los datos que el propio empleado había facilitado en sus entrevistas con el departamento de “recursos humanos” a la hora de ingresar en la empresa, para volverlos contra él y conseguir que, dimitiera de la empresa por iniciativa propia. Es evidente que estos métodos tenían mucho que ver con la mentalidad del trabajador francés (poco dado a la movilidad laboral y que rechazaba cambiar de ubicación por cuestiones familiares y por hábitos adquiridos) y con el descenso de la influencia de los sindicatos, especialmente entre los “cuellos blancos” (trabajadores del sector servicios).

La película nos muestra a una ejecutiva de recursos humanos especializada en iniciar esta forma de bullyng laboral. Lo hace fríamente y sin que le interese en nada el destino de los pobres diablos a los que condena a la indigencia económica, a la precarización de sus condiciones de vida o a la inestabilidad familiar. Después del suicidio, en la propia empresa, de uno de estos empleados, empieza a plantearse la moralidad de lo que está haciendo. Un grupo de ejecutivos japoneses de fiesta que conoce casualmente, se hacen llamar “asesinos” (asesinos laborales) y tienen la piel muy dura: ellos han despedido a cientos de trabajadores y tienen en su haber la responsabilidad de decenas de suicidios, así que por un solo despedido que se haya muerto, nuestra ejecutiva no debería de preocuparse. El problema es que, en un momento dado, la propia empresa aplica con ella, la misma política. Y es entonces cuando destapa el caso.

La película no es solamente el testimonio de un luctuoso suceso que sacudió la vida laboral francesa no hace mucho y cuyas responsabilidades penales todavía deben sustanciarse, sino que es la demostración de que la figura del psicópata es la más competitiva dentro del actual modelo político, económico y laboral. No es solamente que se tenga la sospecha de que las empresas están dirigidas por auténticos psicópatas, sino que las cúpulas exigen a sus directivos el que se comporten como tales. Además, la película nos muestra como un Estado (la Quinta República Francesa) tiene un parlamento que escupe leyes sociales, pero un sistema empresarial mucho más fuerte que cuenta con recursos suficientes para eludirlas, contornearlas, ante la deserción de los sindicatos que ni pinchan ni cortan, ni nadie toma ya en serio.

La película está en la línea de muchas películas sobre empresas, a vote pronto nos acordamos del Método Gronholm.

La película aborda, pues, un tema, a todas luces, interesante y actual. Y lo que es mejor: está bien realizada y perfectamente interpretada por Céline Sallette (que se llevó un César a la “Mejor Actriz Revelación”).  La habíamos visto fugazmente en El Capital (2012) de Costa Gavras o en la fallida revisión de The French Connection (Conexión Marsella, 2014), pero en esta película ha alcanzado su confirmación definitiva. La película está dirigida por Nicolás Silhol y constituye su ópera prima; un estreno brillante. Recomiendo consultar las entrevistas que la prensa ha realizado a  Nicolás Silhol… son muy sustanciosas.

Una última observación: hay que valorar correctamente el final de la película. No es que la protagonista se redima y pase a ser una “buena persona”, sigue siendo la “asesina laboral” de siempre, sólo que ha respondido al ataque del que ha sido objeto por parte de la empresa. Si este ataque no se hubiera producido, habría seguido aplicando la Directiva A-16 para despidos sin indemnización… y sin importarle lo que ocurriera después. 

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