miércoles, 23 de agosto de 2017

Tadeo Jones 2 y el Secreto de Rey Midas


En 2012 se entrenó Las aventuras de Tadeo Jones, que constituyo un aceptable éxito en taquilla y fue generalmente bien acogido por la crítica y el público. Aquella fue la primera gran película de animación realizada en España según las modernas técnicas de animación digital. Además, el argumento era simpático y parodiaba las andanzas ya agotadas por la edad de Indiana Jones. Era evidente que aquella primera experiencia iba a tener una segunda parte y hemos tenido que esperar cinco años para disfrutarla. Si en la primera entrega, la trama nos remitía al Perú, ahora  seguimos moviéndonos por entorno legendarios y vemos a un Tadeo Jones tratando de recuperar el “Collar del Rey Midas”.

Resumimos el argumento: una arqueóloga, Sara Lavroff, descubre un fragmento del collar del Rey Midas que muestra que aquel personaje mitológico que convertía en oro todo lo que tocaba. Tadeo Jones acompañará a su amiga a Las Vegas en donde presentará su hallazgo, pero una banda de malhechores roban el fragmento del collar para poder unirlo a los otros dos que permitirán reconstruir el mecanismo por el cual el Rey Midas estaba asociado a la producción de oro. Las aventuras de esta entrega discurren, pues, por varios países mediterráneos y contribuyen a acentuar el carácter aventurero del protagonista, un antiguo obrero de la construcción que, en la primera entrega, fue confundido con un arqueólogo y, a partir de entonces se sintió identificado con este rol. 

Resulta inevitable comparar esta segunda entrega con la primera. Acaso porque la proyectada en 2012 nos cogió a todos casi de sorpresa (especialmente a los que no conocían el personaje creado en 2001 por Enrique Gato) y en esta ya sabíamos lo que íbamos a ver, nos pareció más divertida la primera, si bien esta es entretenida, especialmente en lo relativo a la historia del Rey Midas. La interpolación de una “historia de amor” (¿por qué diablos en todas las series españolas y en algunos largos aparece siempre una “historia de amor” que aleja del vector principal de la cinta y no aporta gran cosa?) resulta particularmente cansina y desplaza el eje de la trama, del personaje que queríamos ver, Tadeo Jones, a dos chicas, formándose un triángulo imperfecto que, simplemente, desvía de la aventura central. El recurso del triángulo podría haberse abordado con humor, en lugar de eso, se recurre a la melancolía que no parece el mejor ingrediente para una película que debería estar pensada especialmente para un público infantil y adolescente.

Item mas: cuando veíamos la película nos resultaba inevitable pensar en el personaje de “Stuart”, el propietario de la tienda de cómics de la serie The Big-Bang-Theory: arquetipo del perdedor, incapaz de dar pie con bola en materia amorosa e incapaz de relacionarse de manera normal (porque la normalidad existe) con el otro sexo. Y esto da que pensar sobre si en el mundo del cómic o de los guionistas (incluida los de esta película) abunde la figura del perdedor en materia sexual. Recientemente hemos visto una serie inglesa que hubieran debido de ver los guionistas de Tadeo Jones 2 y el secreto del Rey Midas: Cazadores de Leyendas. Se trata de una serie de aventuras, amor y humor, en donde los protagonistas, hombres y mujer, incompatibles, él aventurero, ella arqueóloga reputada, recorren el mundo en busca de joyas y tesoros arqueológicos parecidos al collar del Rey Midas. Hubiera bastado adquirir los derechos de esta serie y adaptarla a la animación para obtener un resultado cómico superior al que hemos visto en esta entrega del bueno de Tadeo Jones.


La parte más positiva de la película es que técnicamente el modelado de las imágenes y su concepción rozan la perfección. Recordamos que en España, en unos pequeños estudios de animación situados en Vallcarca (Barcelona) se elaboró el primer largometraje de animación en color con el título de Garbancito de la Mancha (1945); el primitivismo y la falta de recursos eran lacerantes, pero la voluntad de sus artífices consiguió que la cinta pudiera salir adelante la cinta. Algo más de setenta años después, nuestra industria de animación llega a la mayoría de edad con la serie Tadeo Jones. Así pues, al menos, técnicamente, no podemos pedir más. Ahora solamente falta que los guiones estén a la altura en comicidad y brillantez. Y en este terreno seguimos estando por detrás de donde deberíamos.

Los “malvados” están muy bien diseñados y sus trajes y motos particularmente cuidados. Los recorridos por los países mediterráneos también aportan paletadas de perfección. Pero aquí debemos mencionar un pequeño problema: que en el extranjero se considere a España como el país de las gitanas con batas de cola es poco riguroso pero inevitable desde el momento en que Próspero Merimé puso de moda el arquetipo (en su versión de Carmen) y su amiga íntima, la emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo, lo popularizó entre las marquesonas de ambos lados de los Pirineos. Ésta aristocracia de muchos posibles y pocas neuronas, empezó a utilizar los faralaes y los tejidos a topos para fiestas y saraos y de ahí la identificación… pero podía evitarse en la producción nacional. 

La parte cómica se ha cargado, sobre todo, en la Momia. Y tiene, efectivamente, gracia, pero a lo largo de los 87 minutos de proyección vemos al personaje hacer los mismos movimientos e idénticos guiños que sorprenden las primeras veces, pero constituyen una reiteración que hubiera podido evitarse en aras de una mayor creatividad. me pareció como esas personas que se empeñan en contarte un chiste que no tiene gracia. 


Así pues, al salir de la premiere nos hemos sentido afectados por una doble sensación: en primer lugar por la satisfacción de ver a un personaje que nos resulta particularmente simpático y un desarrollo técnico de alta calidad (posiblemente, incluso, superior a la primera entrega) que puede competir con cualquier producto de la Pixar; pero, por otra parte, como viene siendo habitual en las producciones españolas, el nivel de comicidad no está a la altura de la perfección técnica de las imágenes y las subtramas del triángulo amoroso, están, simplemente, fuera de lugar. Hay que ir al grano y no perderse en el tópico nacional de la historia de amor extrapolada en cualquier producto carpetovetónico: por sus características, Tadeo Jones solamente puede derivar –de hecho, solo debería de derivar- por los senderos de la comicidad. Y ésta ha faltado.


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