martes, 10 de abril de 2018

La Casa Torcida, Crooked House... de Gilles Paquet-Brenner



LA CASA TORCIDA, Crooked House
Las novelas de Agatha Christie han dado lugar a formidables adaptaciones (de las que la serie Poirot o aquella otra dedicada a Miss Marple, han sido sin duda, obras maestras y entretenido al espectador durante décadas). El problema es que, lo realizado parece difícilmente superable. No hace mucho se estrenó la versión de Kenneth Brannagh de uno de los clásicos de Agatha Christie, Asesinato en el Orient Express (2018) que demuestra que, siendo una superproducción, contando con abundantes medios técnicos y con un cuadro artístico de indudable cualidad, no iba mucho más allá de las versiones anteriores (e incluso se le podía achacar el final manipulado que no correspondía con las intenciones de la escritora inglesa). Ahora, La Casa Torcida, nos lleva a otro de los territorios de Agata Christie, con un resultado desalentador. 
La Casa Torcida fue una novela editada en 1949 cuando la autora la gozaba de un asentado prestigio. Hay, por supuesto, un crimen. Se trata de la historia de Arístides Leónides, un multimillonario griego que se establece en un palacete londinense que todos conocen como “la casa torcida” por su curiosa estructura.  Con él vivirán sobrinos, hijos, nietos… Él, de todas formas, tiene sus preferencias en Sophie Leónides, su nieta, cuyo novio es un inspector de Scotland Yard. Cuando el abuelo Arístides es asesinado mediante una inyección de encerina por alguien que convive bajo su mismo techo, Sophie le pide a su novio que investigue el caso. Sobre estos derroteros discurre la novela, y, poco más o menos, la película.
La novela, que no es de las mejores de Agatha Christie, sino de lo que podríamos clasificar como de calidad intermedia, hubiera podido dar lugar a una cinta detectivesca, a condición de haber dispuesto de un ritmo narrativo más ágil y vivo. Posiblemente, si el director francés Gilles Paquet-Brenner la ha elegido sea porque es de las pocas que no habían tenido ninguna adaptación previa. 
La película es una especie de Cluedo: discurre casi completamente en el interior de la casa, o en el despacho del inspector de Scotland Yard, y tiene como protagonistas a actores muy conocidos: Glenn Close, Terence Stamp, Gillian Anderson, Christiana Hendriks… Pero hay algo en esta adaptación que no termina de convencer y que, finalmente, a pesar del sorprendente final, termina por generarnos cierto desánimo. Y no por las escenas en la lúgubre mansión, ni por el preciosismo de algunos momentos, sino porque la figura del detective carismático que todos asociamos a las novelas de Agatha Christie está completamente ausente y eso deja un vacío que nada es capaz de llenar.
La película puede decepcionar a los que busquen algo más que unos cuantos actores conocidos sospechosos de cometer un crimen en un sórdido palacete. Puede satisfacer a los seguidores habituales de adaptaciones de la escritora inglesa, a los fanáticos de los relatos de investigación y a los que quieren ver productos de alto standing cinematográfico con actores suficientemente conocidos, una ambientación insuperable. Disgustará, eso sí, a los que busquen un ritmo narrativo más ágil y estén habituados a una velocidad mayor en la narración. Por el contrario, interesará a los seguidores de Paquet-Brenner cuyas últimas producciones parecen guiadas por el misterio y el interés por los temas policiacos y por la investigación criminal (véase, Lugares Oscuros, 2105 o Walled In, 2009, sus anteriores películas) que, en nuestra opinión son superiores a esta versión de La Casa torcida.
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